ENTREVISTA PRIMERA
CAPÍTULO 1
En la tarde dominical el verde de las acacias se difumina en
el azul gastado del cielo, y los automóviles aparcados junto a las aceras
conforman el paisaje que rodea el estadio. JUEGA EL REAL MADRID. También hay
numerosos autobuses llegados de todos los rincones del país, unos trajeron a
sus peñas seguidoras, y otros a las de su rival de turno. La vida se ha detenido
y sólo rompe la calma urbana un griterío semejante al borboteo de una olla de
garbanzos puesta sobre el fogón cuando se produce una jugada interesante.
Dos policías
uniformados de marrón me exigieron que presentara la documentación antes de
franquearme la entrada al edificio. Cuando les informé del objeto de mi visita
se mostraron muy amables. Del cercano estadio surgió un clamor y los dos
miraron con expectación al portero de la finca, que sostenía un transistor
pegado junto a la oreja, inquiriéndole noticias.
- ¡Ha estado a
punto de entrar! –exclamó el hombrecillo.
-Haga el favor
de acompañar a la señorita hasta el ascensor, va al piso de don Julián.
El empleado se
mostró muy solícito pero sin dejar de apretar contra su cabeza el pequeño
aparato.
El espejo del
elevador me devolvió mi figura invertida. Una imagen elegante y agradable. El
vestido de paño verde sobre la blusa blanca y la gabardina color crudo terciada
sobre el mismo brazo en que sostenía mi cartera de cuero claro me
proporcionaban un aspecto muy adecuado para la ocasión. Me encontré con mi
mirada azul marino y me sonrieron unos labios finos sobre los que se extendía
un ligero toque de carmín pálido. Las canas me hacían parecer algo mayor, pero
me daban un toque muy interesante, y la piel del rostro conservaba una
magnífica tersura para mis treinta y tres años ya avanzados.
El ascensor se
había detenido con suavidad, y su puerta automática se abrió. Me encontré en un
pequeño recibidor ante una bella doncella de rasgos latinos vestida con un
sencillo uniforme.
-Me llamo Gloria
Ruíz y tengo una cita con don Julián -pronuncié con la media sonrisa que tenía
tan ensayada para cualquier tipo de presentaciones.
-Espere aquí un
momento, por favor, informaré al señor de su visita –me respondió una cantarina
voz, quizá con ecos centroamericanos.
Era evidente que
él ya estaba al tanto de mi llegada. La cita estaba concertada para aquella
hora, y el hecho de que la muchacha me esperara en la puerta del ascensor me
reafirmaba en la idea. “Pensará que va a encontrarse con la principianta de
hace unos años y me intentará deslumbrar”.
No era la primera vez que entrevistaba a
Julián Castro, aunque en la anterior ocasión la situación había sido muy
distinta, fue en la misma sede central de su partido, durante el transcurso de
la campaña electoral que había de llevarles al poder. Me pasé un poco de saliva
por una inoportuna carrera que descubrí en una media, y de paso di una toba a
mis zapatos de piel para quitarles el polvo. Sus elevados tacones me hacían
parecer más esbelta pero me torturaban los empeines. Me puse a fisgonear por la
puerta entreabierta, resultaba extraño que el piso estuviera decorado en un
estilo pasado de moda, una siempre se imaginó que la vivienda de un diputado
progresista estaría montada según las pautas de decoración más modernistas, tal
vez por transposición de unos esquemas preestablecidos sobre lo vanguardista.
Pero no tuve
tiempo de hacer más conjeturas porque enseguida regresó la doncella y me
condujo hasta el despacho de Julián. ¡Vaya un tipo completo!, además de ser un
excelente fotógrafo y un destacado político
podía ser considerado como el trasunto real de uno de los protagonistas de la
novela de mayor aceptación, tanto por la crítica como por el público, de los
últimos meses. Su autora, Thérèse de Lastignac, había pasado del anonimato a
cumbre del éxito con su primera obra publicada.
Fui acogida con
mucho afecto, no había olvidado el personaje mi loatoria entrevista anterior, y
seguro que pensaba que gracias a ella había obtenido más de un voto. Encargó
unas bebidas a la doncella y me invitó a tomar asiento en un cómodo sillón de
cuero. Antes de entrar en materia, y mientras aguardábamos el regreso de la
criada, rememoramos por unos instantes el bizarro entorno que sirvió de fondo a
nuestro anterior encuentro. Pero la muchacha era eficaz y la evocación fue muy
corta, lo que agradecí, porque estaba impaciente por atacar la cuestión que me
había traído hasta allí, y debo confesar que fui demasiado impetuosa al
comenzar por preguntarle sin mayores preámbulos:
- ¿Se puede interpretar
la obra de Thérèse de Lastignac como una autobiografía?
- En absoluto
–se apresuró en responder él-. Aunque los nombres de los personajes están
tomados de personas reales y la cronología de la acción se corresponde con la
histórica de aquellos años es evidente que se trata de una obra de ficción,
como ella advierte en el prólogo de su novela - y me sonreía con la suficiencia
de quien ha estudiado al detalle una respuesta.
- Sí, pero
precisamente por ello se podría colegir que, al igual que ocurre en múltiples
casos, Thérèse esté empleando una figura retórica y pretende significar lo
contrario de lo que expone.
- Resulta
gracioso que ustedes los periodistas siempre tengan la costumbre de buscarle
tres pies al gato…
- Tal vez sea
que nos encontramos en más ocasiones de lo que sería habitual con gatos cojos.
- O que ustedes
hacen todo lo posible por cortarle una pata a cualquier gato que se encuentran
por el camino para tener oportunidad de sacar algo siempre noticiable. Y no es
ningún reproche personal, más bien está comúnmente aceptado como una
deformación profesional -y sonrió como el niño que hace una pequeña travesura
que espera sea aceptada como una broma.
- Es posible que
haya un poco de todo –admití-. No obstante el grupo artístico debió de tener
existencia, y según la novela la idea de su creación tuvo lugar en esta misma
casa.
- El salón que
describe Thérèse está al otro lado de este tabique…
“La música lo
llenaba todo, la octava sinfonía de Mahler chorreaba por las paredes enteladas
en marfil y los amplios cortinones dorados del salón. La decoración era austera
pero elegante. Un tresillo tapizado en tela, una mesita baja de caoba, el piano
de pared y un mueble-bar en el que estaba ubicado el tocadiscos. Algunos
lienzos clásicos enmarcados en gruesas artesanías doradas se esparcían por los
paramentos ubicados con armoniosa gusto.
Nando y Julián
permanecían absortos en la audición. No era fácil distinguir si pensaban o si
tan sólo soñaban. Ambos aparentaban la misma edad: unos veinte años, y usaban
prendas deportivas, tan agradables de llevar en un día de otoño. Nando era
alto, aunque no demasiado fornido, y su rostro tenía la serenidad y perfección
de una estatua griega, pero su pelo rizado y sus claros ojos verdes denotaban
la mezcolanza de sangre que corría por sus venas. El otro era menudo en comparación
con él y su rostro tenía algunos rasgos semitas. Su mirada era oscura y sus
cabellos crespos debían resultar difíciles de peinar.
Los últimos
compases flotaron por un momento en la atmósfera de la sala y acabaron por
desvanecerse al tiempo que un agudo ¡clik! Anunció la parada automática del
tocadiscos. Los dos amigos tardaron todavía un espacio en regresar de sus
respectivos pensamientos o ensoñaciones.
- Has hecho una
buena compra, en verdad que se trata de una versión excelente –rompió el
silencio Julián.
- Además el
álbum estaba en oferta y me ha resultado bastante barato.
- Algún día, no
muy lejano, se grabarán discos con tu música –halagó Julián a su amigo.
- Y en las
carpetas de los discos habrá fotografías que me habrás tomado en los mejores
auditorios y salas de grabación de todo el mundo –devolvió el cumplido Nando.
- Estamos
soñando… Es natural después de escuchar esta magnificencia de música.
- Es bueno
soñar, sin sueños es imposible la creación –se levantó y se puso a pasear por
la habitación-, todos los grandes artistas se han pasado una buena parte de su
vida soñando…
- ¿Te sirvo otra
copa de oporto? –propuso Julián.
- Es
imprescindible soñar, sólo el sueño es capar de hacer cambiar la realidad… Sí,
por favor, y brindaremos por los futuros proyectos –hizo un ademán triunfante
elevando con un giro la mano derecha como quien levanta un trofeo mientras con
la otra recogía la copa y se la aproximaba a su amigo, quien tomando una
botella mediada de la mesita baja, sin abandonar su sillón, lleno la copa que
le presentaba Nando y la suya propia.
- Te noto
eufórico e intranquilo –dijo mientras escanciaba el selecto vino.
- Tengo razones
para debatirme entre ambos sentimientos –se sentó en el brazo del sillón en que
reposaba su amigo y pasó un brazo sobre sus hombros-, vengo madurando una idea
desde hacía varios día y me ha llegado el momento de comentarla contigo. A
veces en vez de soñar nos dormimos…
- ¿Qué se te
habrá ocurrido ahora? En muchas ocasiones eres sorprendente, pero sea cual sea
tu idea brindaremos por ella por anticipado: ¡Salud! –y golpeó ligeramente su
copa contra la de Nando, éste se levantó y adoptó una actitud teatral.
- Mientras todo
el mundo sigue avanzando a nuestro alrededor nosotros holgamos…
- Pero si no
paramos ni un momento –se apresuró a apuntar Julián-, estamos tan atareados que
apenas si nos queda un rato para charlar apaciblemente con los amigos y
escuchar un poco de música con tranquilidad.
- Sí, sí, nos
movemos, eso es cierto, pero somos como los peces de colores dentro de una
pecera, hacemos círculos y círculos sin llegar a nada práctico; muchas horas de
estudio, de trabajo, de creación… Y, ¿a quién aprovecha todo nuestro esfuerzo?,
¿quién se entera de que estamos luchando y sufriendo?... Hay que promocionarse,
es el signo de los tiempos, ¿por qué bebemos una cierta bebida o nos compramos
la ropa en un conocido almacén?, porque nos lo meten por los ojos y los oídos.
Todo el mundo tiene que enterarse de que estamos aquí y de que tenemos muchas
cosas nuevas que mostrar –su apasionamiento iba en aumento ante la mirada
atenta y escéptica de Julián, que se pasaba de tanto en tanto la mano por sus
indomables cabellos-. Debo dar conciertos con mi propia música y dirigir una
gran orquesta, tienes que exponer tus fotografías, y que publicarlas en las
mejores revistas – cerraba el puño cuando terminaba cada frase para poner mayor
énfasis a lo que decía.
- Sabes que eso
no es nada fácil de conseguir, somos demasiado jóvenes, y ni a ti te van a
dejar una gran orquesta para que dirijas tu propia y desconocida música ni a mí
me cederán una sala para que muestre mis fotos, y menos me contratará una
revista de amplia difusión para que las publique. El mundillo del arte y de la
cultura es un coto cerrado y controlado y las buenas oportunidades no se las
dan a cualquier principiante. Tenemos que madurar…
- ¿Madurar, para
qué? Ya llevamos demasiado tiempo colgando de la rama y nos vamos a podrir en
el árbol. Ahora es cuando tenemos la fuerza, cuando estamos en forma y nos lo
podemos comer todo. Tú lo has dicho, es un coto privado y hay que entrar a
cazar en él como sea. Si no nos dejan hacerlo por la puerta principal
penetraremos por alguna ventana que se hayan dejado entreabierta. Tenemos que publicar
una revista que sea el vocero de nuestras ideas…
- ¡¿Una
revista?! –se asustó Julián.
- Lo que has
oído. Esa es la idea que me preocupaba y que andaba madurando.
- ¿Te has vuelto
loco, cómo vamos a sacar adelante una cosa tan complicada entre los dos? Para
eso hace falta echarle mucho trabajo y… lo peor, ¡mucha pasta!
- Tampoco se
trata de sacar un “Triunfo”, puede ser algo agradable y reducido, una especie
de panfleto encuadernado que aunque sencillo resulte lo bastante digno para que
se pueda llevar a las librerías especializadas y a las tiendas de música, a
sitios donde la cultura represente algo más que una palabra vacía de contenido
– hizo una pausa-. Y, en lo referente a tener que realizar el tema sólo
nosotros dos, no hay ningún problema: tenemos cantidad de amigos y conocidos
que se encuentran en nuestra misma situación, es decir, cargados de juventud y
de potencia, y condenados a tener que esperar a que les salgan canas para que
los prebostes que llevan las riendas de la cultura les tomen en consideración.
No nos resultará nada difícil formar un grupo de animación artística como los
que montaban los dadás, será muy divertido...
- Ellos contaban
con otros medios y eran unos tiempos muy diferentes. Además eso sería algo
todavía mucho más complicado que la revista, habría que moverse demasiado y
contracorriente.
- No hay que ser
nunca pesimista, Julián, cualquier cosa menos eso -le miró desafiante.
- Tampoco hay
que ser optimista hasta la locura - le aguantó la mirada. Durante unos segundos
de incómodo silencio Nando se afanó en buscar nuevos argumentos categóricos que
reforzaran su posición.
- Nadie es capaz
de llegar a conocer la fuerza ingente que lleva dentro sí hasta que no es capaz
de ponerla en funcionamiento. ¡Estoy seguro de que vamos a causar sensación!
–se exaltaba el novel músico y le brillaba la verde mirada-. Ahora es nuestro
tiempo, el sistema se está tambaleando y tenemos toda la fuerza de la juventud
y de la creatividad. El Mayo de Paris está reciente, ¡fíjate en como la
conjunción de los estudiantes con los artistas fue suficiente para poner contra
las cuerdas a todo el establecimiento burgués! En las calles se hacía música, y
¡música culta!, tocada sin ningún ensayo y por personas sin demasiada
preparación, se vivía una continua fiesta revolucionaria. ¡Me gustaría vivir
siempre con la sensación de estar en la cumbre de un orgasmo!
- A veces me
asustas, Fernando, deseas cosas imposibles de conseguir.
- Sí, la
perfección es imposible de conseguir… pero convendrás conmigo en que no es lo
mismo vivir intentando conseguirla que dejarse arrastrar por la corriente como
una oveja.
- Hay que llegar
a un equilibrio entre lo que se sueña y lo que es posible llegar a hacer dentro
de la propia capacidad para optar a conseguir la felicidad. Puedes estar seguro
de que no me siento en disposición de balar ninguna consigna que se dicte desde
las alturas, pero tampoco me parece una actitud razonable adoptar la postura de
una cabra agreste. Por otra parte, los franceses tienen otra mentalidad, muchos
años de experiencias democráticas, y, además, los estudiantes estaban apoyados
por los obreros.
- Los franchutes
son todavía más reaccionarios que nuestros compatriotas, y los currelas no
fueron más que una comparsa que bailaba al ritmo de una música que jamás habían
soñado escuchar. Hay que coger a los ciudadanos anodinos y pincharles y
epatarles, ¡ya verás como saltan!
- Lo más
probable es que seamos nosotros los que nos pongamos a botar si se nos ocurre
hacer algo demasiado avanzado o estrafalario. Ambos procedemos de familias bien
situadas y nuestros propios padres serán los primeros en impedirnos tomar
posturas demasiado progresistas. Hay que tener los pies puestos en el suelo si
queremos que nuestra cabera permanezca a la altura necesaria para poder
observar las estrellas.
- Nuestros
respectivos padres están hasta el gorro del franquismo, el tuyo está con la
corte de don Juan y el mío se perece por una democracia de corte europeo que le
permita aumentar las exportaciones de los productos de sus empresas.
- Tú mismo lo
estás diciendo , ellos están por las reformas tanto en la política como en la
cultura, y la concepción que tenemos nosotros del arte es plenamente
revolucionaria. Y, lo fundamental es que todavía nos queda mucho por aprender,
no estamos preparados para asumir…
- ¿Qué madurez
tenían Picabia o Arp en el 16? –le interrumpió Nando-. Pero tenían decisión,
que es lo que me temo que te falta a ti.
- Somos amigos
desde la infancia y sabes muy bien que siempre he sido emprendedor, pero con
fundamentos. Me parece que lo ves todo demasiado fácil, Nando, trato de
encontrar entre nuestros conocidos a cualquiera que estuviera dispuesto a
embarcarse en ese proyecto y no consigo dar con ninguno que tuviera la
suficiente consistencia para ello.
- Por eso no
debes tener cuidado, contamos de seguro con Ernesto.
- El muchacho
aquel que conociste en un concierto… Pinta de dadá si que tiene, es la persona
más estrambótica que he visto en su forma de vestir.
- Y de
comportarse: siempre se cuela en los conciertos. Comenzó a entrar contándole al
portero la trola de que era muy amigo de un acomodador del “gallinero” , y al
final ha acabado por hacerse íntimo del uno y del otro, al que no conocía de
nada.
- ¡Ja, ja, ja,
ja! – rió de buena gana Julián con la anécdota que contaba su amigo, lo que le
sirvió para relajarse un tanto de la tensión que le producía el conato de
discusión -. Desde luego tiene gracia el asunto, pero el interfecto debe ser un
pájaro de cuidado, un chirlero.. o algo peor.
- Te aseguro que
es muy buena persona, un alma cándida, que se dice vulgarmente, aunque no deja
de ser un notable escultor, me ha mostrado algunas de sus obras y puedo jurar
que tiene mucha fuerza y que el muchacho llegará lejos. Tal vez sea demasiado
ingenuo en el trato con las personas, pero eso no deja de ser un tanto a
nuestro favor, así será mucho más fácil que acepte nuestra proposición de
formar parte del grupo y que no ponga muchos obstáculos en que este siga la
trayectoria que nosotros deseemos.
- Espero que no hayas
hablado todavía con él sobre este tema.
- Por supuesto
que no, antes de nada deseaba conocer tu opinión, para eso eres mi mejor amigo.
Nosotros somos la parte imprescindible en este proyecto, los que lo vamos a
manejar –y le guiñó un ojo.
- Ya, los demás
serán sólo la comparsa, alaga mi vanidad pero me parece poco ético.
- No vamos a
andarnos a estas alturas con sensiblerías. Tenemos un objetivo claro que
cumplir y sabemos lo que queremos… Siempre ha habido personas más inteligentes
que otras, los encargados de idear y dirigir las altas empresas, es una ley de
vida. También había pensado que formara parte del grupo Alfonso, aquel
compañero de estudios de tu hermana que leyó unos poemas en la fiesta de su
cumpleaños. No estaban nada mal…
- No sé que
opinar sobre él, es un personaje muy oscuro, nunca consigo saber a qué carta
podrá quedarse, algunas de sus actitudes son muy ambiguas.
- Pues habló de
una manera muy elocuente sobre el poder corrosivo de la palabra y de sus
posibilidades revolucionarias.
- Suele ser
bastante tímido y retraído, pero supongo que en aquella ocasión debió de tomar
alguna copa de más que le dotó de una elocuencia añadida. Por lo que a tus
propósitos se refiere creo que anda algo enamoriscado de mi hermana, el pobre,
y por ella sería capaz de formar parte hasta de un grupo de acróbatas…”
- Por lo demás,
ella no estuvo presente en aquellas primeras conversaciones del grupo, y tan
sólo se imagina como pudieron haber sido. Apareció en nuestras vidas algún
tiempo después, ninguno la conocíamos entonces, y no hubo ninguna primera
conversación formal sobre el tema de la revista, los que la publicamos nos
veíamos por aquellas fechas con mucha frecuencia, íbamos juntos a exposiciones,
a conciertos, formábamos tertulias espontáneas en algún café de renombre. De
hecho éramos ya un grupo antes de que apareciera la idea de la revista, y no
sería capaz de discernir con acierto en qué momento surgió la idea de su
publicación, si es que a aquel engendro se le puede dar tal calificativo, que
me resulta en estos momentos demasiado presuntuoso.

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