miércoles, 8 de mayo de 2013

EPÍLOGO



EPÍLOGO

         La multitud llenaba las calzadas y aceras de la gran avenida, había grandes pancartas que se extendían de vereda a vereda, banderas de todas de todas las regiones y nacionalidades mezcladas con las pacifistas, republicanas, anarquistas, comunistas y hasta ugetistas, en un maremágnum airoso y multicolor. Las charangas entonaban diversas canciones y la gente chillaba y bailaba llena de alegría.


         Un soplete encendido iba caldeando el aire que hinchaba el globo aerostático. Junto a la barquilla de mimbre José Alfonso observaba con atención los rostros de los que pasaban con la esperanza de descubrir el alguno los queridos rasgos de Gloria. “Todavía es temprano”, se consolaba.
         Pasó una comparsa de jóvenes disfrazados de peces que portaban sobre sus brazos levantados una ballena de lona rellena de gomaespuma, otros con plumas sobre sus cabezas y las caras pintarrajeadas remedaban una tribu india y entonaban las estrofas del canto ritual que comienza : “Cuando resurja de entre las nubes el Guerrero del Arco Iris…”
         Dos de ellos se separaron del grupo y se acercaron a José Alfonso.
         - ¡Jau! -le saludaron Vanesa y Jaime al unísono.
         - ¡Jau! -les respondió él con alegría-. ¡Qué bonito disfraz lucís!
         - ¡Nunca había visto tanta gente junta! -exclamó la niña-. ¿Debemos ser más de un millón!
         - Siempre es difícil evaluar el número exacto en una gran concentración, y hasta el aproximado -dijo José Alfonso-, pero hay que reconocer que nos hemos congregado muchos más de los que pensaban los más optimistas de los organizadores.
         El aerostato estaba completamente hinchado y balanceaba sus vivos colores en el frío aire de la mañana.
         - Tenéis un globo precioso -apreció Jaime-, tiene una barquilla de mimbre y todo…
         - Cuando llegue tu madre subiremos en ella para que pueda hacer un buen reportaje fotográfico desde las alturas -anunció José Alfonso a Vanesa.
        - ¡Uhy!, ¿no sabías? Ella no va a venir -le rectificó la niña-. Se ha marchado al campo con Gerardo y los pequeños, quiere acabar el artículo sobre la novela con calma y de paso poner en orden sus pensamientos. Vuestro reencuentro la ha debido descolocar no poco.
         José Alfonso se quedó lívido.
         - En el fondo siempre pensé que no acudiría a la cita -balbució con tristeza.
        - ¡Ea!, no pongas esa cara -y la chiquilla le abrazó con ternura-, ¡hoy debe ser un día alegre para todos!
         - Está visto que no se te puede dejar solo, recién me doy la vuelta me la pegas con alguna…
         Aquella cristalina voz a sus espaldas era inconfundible.
         - ¡Charo!
                                               .         .         .

         Los niños miraban extasiados la majestuosa ascensión del aerostato hacia el límpido azul iluminado por un radiante sol cenital. Sus juntas cabecitas debían soñar lo mismo:
         ¡El Amor y la Libertad están en el aire!

lunes, 6 de mayo de 2013

Entrevista Tercera - Capítulo 15



CAPÍTULO 15

         De las chabolas que hubo no queda ni rastro, ahora grandes bloques de viviendas se extienden hasta el cielo por toda la Meseta. Son paralelepípedos perfectos de hormigón y cristal. Cada vecino tiene plena libertad para moverse a su libre albedrio dentro de su celda decorada con papeles pintados con diseños de pésimo gusto, y para mirar la televisión a cualquier hora del día. Los antiguos peones recién inmigrados llegaron ya  a capataces o se convirtieron en honrados comerciantes, y reivindican para su barrio el casticismo que acreditan sus largos años de luchas sociales. En el bar más concurrido de la zona una pareja de municipales fuera de servicio increpan a un par de jóvenes que acaban de darse un casto beso en la boca por su grave atentado a la moral.

 
         En el ascensor hubo un silencio tenso. Vanesa estaba radiante de alegría y la gracia que emanaba de su persona me impedía recriminarle su desobediencia. Sentía envidia de su juventud libre y a la vez una serena felicidad por la misma causa. Ella sonreía, pero en sus ojos, tan semejantes a los míos, una sombra denotaba que se encontraba a la espera de escuchar mis reproches.
         Al abrir la puerta del piso noté un resplandor en el estar.
         - ¡Vaya, Marina se ha dejado encendidas las luces!
         - A lo mejor no tenía sueño y está leyendo -especuló Vanesa.
        - ¡Menudas horitas tenemos de regresar a casa! -escuché la voz grave de Gerardo y me quedé pasmada.
         - ¿Tú aquí? -pregunté incrédula mientras iba a su encuentro a abrazarlo.
         - Pero si vienes bien acompañada. ¡Hola, Vanesa!
         - ¡Hola, Gerardo! -saludó ella y también se aproximó para besarlo.
         - Una inesperada reunión familiar a las tantas de la madrugada. ¿Habéis estado en el cine?
        - No, por extraño que te parezca venimos de un festival pacifista. A mi hija le entró la perra por asistir y no tuve más remedio que acompañarla -mentí sin saber por qué.
       - Ha estado muy divertido, ¿verdad, mamá? -de inmediato apoyó mi versión Vanesa como si lo hubiéramos tenido preparado de antemano.
         - Pero muy cansado, yo ya no estoy para esos trotes -y me senté en el sofá, me quité los martirizantes zapatos y me puse a frotarme las plantas de los pies-. No te esperábamos hasta mañana.
         - Como ayer parecías enferma pensé que mi obligación era volver cuanto antes a tu lado, pero ya veo que has mejorado con rapidez -dijo él con un deje de ironía.
        - Ya te advertí por la mañana que no era nada serio, los problemas habituales del comienzo de la regla -le notaba muy aviejado, algo le había salido mal, en sus amoríos o en sus empresas, y tenía dos grandes bolsas azules bajo los ojos-. ¿Qué tal fueron los negocios?
         -Dejé un buen asunto a medias por regresar pero la próxima semana iré a rematarlo -respondió sin demasiada convicción.
         - ¡Qué suerte tienes de estar siempre viajando, Gerardo! -exclamó mi hija-. A mí me encantan los viajes.
       - No es lo mismo viajar por placer que por necesidad, uno acaba por cansarse de andar siempre de un lado para otro como una maleta -explicó, y cambió de tema-: Así que a ti te ha entrado también el sarampión pacifista, será cosa de la edad, como el acné.
       - Por fortuna no me han salido barrillos -respondió ella molesta por el tono que empleaba Gerardo.
          - Para las pocas veces que os veis siempre tenéis que acabar discutiendo -intervine con decisión y logré abortar el conato de disputa.
          - Me estaba tomando un güisqui para amenizar la espera, ¿queréis que os sirva algo a vosotras? -ofreció Gerardo.
         - Yo no, gracias -me apresuré a contestar-, tengo el estómago lleno de cerveza, hacía tanto calor en el pabellón que entraba el líquido sin sentir.
         - A mí me apetece un vaso de leche -dijo Vanesa-, yo misma me lo serviré en la cocina -y salió de la estancia.

         - Me da la impresión de que no estáis dando a Vanesa la educación adecuada, los abuelos la miman demasiado y tú también le das todos los caprichos. Ya sabes que decidí lavarme las manos sobre ese asunto y que nunca te he dicho nada sobre el particular, pero hay cuestiones que no se pueden pasar por alto. Una buena fuente de riquezas para nuestro país es la exportación de armas y nosotros mismos tenemos acciones en algunas empresas subsidiarias.
         - Es tan solo una niña, querido, y no hace ningún mal a nadie asistiendo a esas fiestas. Se trataba de un festival con actuaciones musicales, había hasta un grupo que tocaban con gaitas y tamboriles, seguro que te hubiera encantado escucharles…
            - ¡Calla, por Dios!, qué cosas tienes, asistir yo a un acto de esa índole. Esos “rojos” son muy cicateros y se buscan las mañas para confundir a la gente, pero en el fondo de toda la cuestión resulta muy evidente que su única pretensión es la que siempre han tenido: acabar con el orden establecido y ponerlo todo patas arriba. Hemos tenido que tragar con la coña marinera de la democracia porque era lo más conveniente para nuestros intereses financieros, pero esto de consentir que los socialdemócratas se hicieron con los mandos ya está pasando de castaño oscuro.
      - Tú mismo decías que era preferible apoyarlos que dejar la vía libre a los nostálgicos, que se favorecería el mercado exterior y ganaríamos más dinero.
         - Y así ha sido, pero están sufriendo demasiadas presiones por parte de la izquierda radical y pueden acabar por fastidiarnos la fiesta. El gobierno ha metido la patita hasta el corvejón al consentir esta absurda consulta, si sale negativa es imposible que pueda cumplir con la voluntad popular, los americanos nos cerrarían todos los mercados y eso no lo podríamos consentir los empresarios ni tampoco lo admitirían los banqueros, se tendría que buscar otra alternativa.
        - No te preocupes, ellos mismos piensan que van a perder, aunque podía ser divertido que ganasen para ver lo que pasaba después y cuál era la alternativa que encontrabais.
       - No lo digas ni en broma. Déjame que te bese, tenía muchas ganas de estar junto a ti, te he añorado en estos días -se sentó a mi lado e intentó abrazarme.
       - No seas bobo, Gerardo, la niña va a volver de un momento a otro -y me aparté con delicadeza. No quería mezclar su sabor con el que todavía conservaba de los besos de Pepe.
     - No creo que se asuste si nos ve besarnos, menudos espectáculos tendrá que presenciar en esos antros de los “rojos”.
         El tono despectivo de sus palabras acabó por enfadarme y me levanté descalza del sofá encarándome con él.
         - ¿Qué te pasa esta noche, te ha rechazado alguna “amiguita” para marcharse con un “rojo”? Hacía años que no empleabas ese calificativo y a mí no me vas a engañar a estas alturas, algo te está fastidiando…
         Se puso colorado como la grana y sus labios se movían sin articular palabra alguna. Lo veía viejo y fofo, como si fuera un muñeco de borra desarticulado que habían dejado caer sobre el sofá. Apenas si acababa de rebasar la cincuentena y jamás había reparado demasiado en la diferencia de edad, ni ésta había impedido que fuéramos felices durante muchos años, pero en esta ocasión me parecía un nonagenario, más mi abuelo que mi amante. Y me daba pena.
         - Déjate de pamplinas y pongamos las cartas sobre la mesa, otras veces he estado enferma de veras y no te has molestado en venir tan deprisa. No es que pretenda hacerte ningún reproche, tu conducta para conmigo y los niños siempre ha sido intachable, pero también es cierto que siempre has antepuesto tus negocios a todo y a todos, sabía que era una de las reglas que permitían nuestra convivencia y en todo momento la he respetado.
           De sus ojos grises y cansados brotaron lágrimas sentidas.
         - Tengo la extraña sensación de que el mundo se está desmoronando bajo mis pies -musitó.
         -¿Por…?
         - Se ha perdido el respeto por las cosas más sagradas y estamos al borde del caos. Verás… una de las administrativas de nuestra sucursal en Bilbao, a la que profesaba un gran afecto por su eficiencia, parece ser que colaboraba con los separatistas. Esta mañana la han detenido en la misma sede de nuestra empresa y ha sido una situación terrible.
         - Ya sería algo más que afecto -dije sin dejarme conmover.
        - No, te lo juro -y cruzó los dedos índices de ambas manos junto a sus protuberantes labios-. Reconozco que en alguna ocasión coquetee con ella, pero sin ninguna intención reprobable. Siempre te he sido leal y jamás he antepuesto a ninguna mujer a ti.
       - La leche está estupenda, la he puesto unas gotas de granadina -dijo Vanesa entrando en la sala-, ¿no quieres tú otro vaso, mamá?
         - Sí, por favor, tráeme otro con lo mismo que me ha entrado mucha sed -la rogué con la intención de mantener por unos minutos más mi intimidad con Gerardo.
         - Toma éste que ya me pondré yo otro -me ofreció ella sin reparar en el hombre que lloraba, y tras de tomar un sorbo dejé el vaso sobre la mesa mientras mi hija salía de la habitación.

         Saqué mi pañuelo del bolso y se lo ofrecí a Gerardo al tiempo que le acariciaba un mechón de canas que le caía sobre la oreja. Aunque tenía el cráneo orondo como una bola de billar se dejaba largo el poco cabello que le quedaba sobre los parietales para aparentar menor edad.
         - Suénate, la niña va a pensar que somos una pareja de payasos.
      - Es que esto puede ser el final de nuestra prosperidad, vamos a perder mucho crédito del ganado después de largos años de esfuerzos y dedicación. Temo por lo que pueda ser de ti y de nuestros hijos…
         - Yo sigo confiando en ti, sé que eres fuerte y que te repondrás con presteza. Para ayudarte estoy dispuesta como siempre a darte todo mi cariño y mi comprensión, pero te ruego que no me pidas amor esta noche porque no te lo podría dar. Antes te he mentido por primera vez en toda nuestra relación y me siento muy incómoda. Con Vanesa me encontré por casualidad en el festival, allí había ido en compañía de un viejo conocido de mi adolescencia que pertenece a los organizadores del acto, ya te contaré en otro momento como sucedió todo.
         - Ya no se puede confiar en nadie, el mundo está dislocado, y no lo digo por ti, pero…
           - Sí que lo dices también por mí, y me lo merezco.
           De sus ojos ya habían desaparecido las lágrimas pero estaban rojos e irritados. Se puso las gafas que empleaba para leer con objeto de disimularlo.
         - No, de veras. En estos últimos meses hemos estado demasiado alejados el uno del otro, tú con tu trabajo en la revista y yo con mis negocios, y el cariño es una flor que hay regar todos los días si queremos que no se marchite. Soy el único culpable de todo lo sucedido, me he dormido en mis laureles, en la empresa también, algunos miembros del consejo me habían advertido de que la muchacha frecuentaba malas compañías, pero yo la veía tan inocente y tan afectuosa que nos les hice ningún caso. Cuando se está en la cumbre no se puede bajar la guardia ni un solo segundo, los cuervos siempre están aguardando a que el águila tenga algún desfallecimiento para abatirla y ahora los del directorio pedirán mi dimisión, ¡ya lo creo que la pedirán, no desaprovecharán la oportunidad!
         - Te conozco bien y estoy segura de que tendrás alguna carta guardada en la manga.
         - Por desgracia esta vez no la tengo, pero hace mucho que no juego de farol y ya iba siendo hora de hacerlo. De paso limpiaré un poco el consejo, hay algunos tipos que no me caen nada bien, están jugando a dos bandas, miran hacia Vitoria o hacia Madrid según mejor les conviene, y esta puede ser una oportunidad óptima para acoquinarlos. ¡Ya que quieren pelea sucia la tendrán embadurnada! -en sus ojos volvía a brillar ahora el resplandor del acero.
       - ¡Así me gusta oírte hablar, vuelves a ser mi hombre: el ganador innato! -y me abracé a él.
          - ¿Interrumpo algo? -ironizó Vanesa que regresaba al salón.     
         - Ya que pretendes por tu cuenta comportarte como una persona adulta te tendrás que ir acostumbrando a presenciar espectáculos para mayores -la contesté.
        - Sabía que antes o después tendría que soportar una retahíla de reproches, escucho.
       - “No habrá reproches ni olvido”. Es la letra de un tango que me han recordado esta mañana. Creo que esta será una jornada inolvidable para todos… -y una sombra de tristeza sembró arrugas en mi rostro.
         - ¡Me siento tan feliz, mamá! -y se arrojó sobre mí.
         Gerardo sonrió por primera vez en toda la noche.
        - ¡Cuánto se parece a ti! En tu adolescencia seguro que también serías una diablesa como ella.
        - En el físico nos podemos semejar, pero yo a su edad era mucho más pacata que ella, y lo sigo siendo, supongo que es un problema de la educación recibida que arrastraré hasta que me muera. Me da mucha alegría saber que Vanesa podrá enfrentarse a la vida de una manera más favorable, y no estoy de acuerdo contigo en que la estamos dando una mala educación y mimándola en demasía. Olvida por un momento tus intereses económicos y contempla la cuestión con tolerancia. Ella tiene derecho a soñar y a creer en un mundo de paz y amor en el que las personas no nos comportemos como chacales con nuestros semejantes -me sentía como una gran mamá osa con mi cachorro reposando sobre el regazo-, ya tendrá tiempo para despertar y adaptarse a la fría realidad, y como todos los adultos tendrá que recurrir a dormir como única manera de poder soñar…
         - ¿Con qué soñabas tú a mi edad?
         - Con tener un novio guapo y rico, como todas mis compañeras. ¿Sabes, Gerardo?, he descubierto que mi hija tiene un noviejo…
         - Sólo es un amigo, un buen amigo, ¡ja, ja, ja, ja! -su risa era fresca y cantarina.
         - ¿Por qué te ríes así? -preguntó Gerardo.
       - Pensaba en el tinglao que se iba a montar si él y tú os pusierais a defender vuestras respectivas posiciones ideológicas.
         - ¿No será un separatista? -se alarmó Gerardo.
         - No, no tengas cuidado -me apresuré a explicar-, es rubio y pecoso como un tejano.
         - Pues odia a muerte a todos los yanquis, los considera nuestros invasores.
       - Esta juventud no sabe de la misa la media -dijo Gerardo-, sino hubiera sido por ellos la barbarie hitleriana se hubiera enseñoreado por toda la faz de la tierra.
         - Hay quienes sostienen que las esvásticas se transformaron en barras y estrellas.
        - Hablando de estrellas -medié asustada ante la perspectiva de una nueva discusión-, ¿no pensáis que ya va siendo hora de irnos a dormir?

viernes, 3 de mayo de 2013

Entrevista Tercera - Capítulo 14



CAPÍTULO 14

         “Lleva una vida muy traqueteada, cuando están en marcha ella está parada, y cuando se detienen comienza su…” “¿Siempre está mojada?” “Sólo cuando llueve, lo que es poco frecuente porque la primavera y el otoño son muy cortos; le salen trabajos en la otra punta de la ciudad, y la ciudad es una estrella de seis puntas, seis. Los cuatro puntos cardinales son Irún, Barcelona, Valencia, Cádiz, Lisboa y La Coruña. Siete son los pecados capitales, ocho las patas del pulpo, nueve las tres hijas de las tres hermanas y diez es la hora en que me voy a la cama. Amén.

        
         - ¡Vanesa! ¿Qué haces tú aquí y a estas horas? -la sorpresa acabó de secarme los ojos y mi pregunta adoptó un tono duro, demasiado duro.
         - Lo mismo que tú, he venido al festival - dijo la cría con espontaneidad arrojándose en mis brazos.
        - No puedo dar crédito a mis ojos, es igualita que tú cuando nos conocimos -se admiró Pepe.
         - ¿Cómo te han dejado venir los abuelos? -seguí preguntando sin responder a sus afectuosas caricias.
          - Bueno… -dudó ella sonrojándose-, no les dije exactamente que venía aquí, ya sabes que son muy carcas.
       Me encontraba muy enfadada y dispuesta a reprenderla con severidad y casi decidida a llevarla hasta casa prendida por una oreja.
         - Soy Fonso, un viejo amigo de tu madre -se estaba presentando Pepe-, no sé si ella te habrá hablado en alguna ocasión de mí, y estos son dos formidables compañeros: Claudina y Pedro.
         - Mucho gusto -dijo mi hija tendiéndoles la mano.
        - Ya veo que si te habló en alguna ocasión no lo recuerdas, déjame que te bese, somos camaradas -y la besó en ambas mejillas-. ¡Es extraordinario, se parece a ti como una gota de agua a otra! -mi buen amigo estaba exultante de alegría y no me sentía capaz de persistir en mi ofuscación.
         - Sólo en la apariencia externa, yo nunca hubiera engañado a mis padres para salir una noche de fiesta. No está nada bien lo que has hecho.
        - Deje ya de reprenderla y no le amargue la noche -medió Claudina-, aquí hay muchos jóvenes de su misma edad y en ningún sitio iba a estar mejor y más segura. ¿Te estás divirtiendo?
       - Sí, mucho, esto es fabuloso. También a mí me ha extrañado cantidad verte aquí, mamá, como escribes para una revista algo fachosa…
         Me dejó de piedra.
         - Y mi hija me ha salido una revolucionaria incendiaria.
       - ¡No exageres!, ya sabes que soy ecologista y que casi todos los fines de semana, cuando hace buen tiempo, me voy de excursión al campo con los compañeros para hacer estudios sobre la naturaleza.
       - Eso es lo que pensaba, que ese asunto de la ecología se trataba de cuidar de los árboles y los bichitos.
         - Quién ama la Naturaleza tiene por fuerza que amar la Paz -sentenció Pepe.
         - Todavía voy a tener que darle la razón a esta mocosa y aplaudir su desobediencia. ¿No habrás venido sola?
         - Qué va, hemos venido todos los del grupo. Están por ahí. Mira, ese es mi tronco, Jaime. ¡Jaime, Jaime! -gritó.
         Se nos acercó un muchachito rubio y pecoso que vestía ropa vaquera y se mostraba muy cohibido. ¡Debíamos parecerle vejestorios!
         - Bueno, vamos a cercarnos al escenario que ya comienza su actuación nuestro grupo favorito, luego nos vemos -y cogió de la mano con naturalidad al que ella llamaba su tronco y se perdieron entre la muchedumbre al tiempo que se apagaban las luces del recinto y se encendían focos coloreados alumbrando a los músicos.
         - Es muy guapito tu futuro Yerno -bromeó pepe.
         - No me digas esas cosas ni e coña que me da un repelús. ¡Vaya con la renacuaja!
       - Estoy seguro de que a tus padres no les contabas que salías conmigo cuando tenías aproximadamente la misma edad.
         - Es que no salía contigo, íbamos con toda una panda de amigos y siempre era por la tarde, jamás se ocurrió llegar a casa después de las diez, ni mis padres me lo hubieran consentido y, ya ves, cualquiera que sea la disculpa que les ha dado Vanesa, a la nieta sí que se lo consienten.
       - Es que son otros tiempos -intervino Claudina-, la niña está convencida de obrar bien, por eso te ha saludado, si pensara que estaba cometiendo una fechoría hubiera intentado ocultarse. Tal vez en lo único que se haya liberalizado un poco la sociedad en los últimos años sea en que existe una mayor comunicación y comprensión entre los padres y los hijos, y una mayor sinceridad en la forma de actuar cada cual.
         - No sé hasta qué punto será beneficioso para ellos dejarles las riendas tan sueltas, pueden llegar a creerse que todo el monte es orégano y llevarse algún día un buen chasco. Y luego la responsabilidad será para los padres, porque hasta ellos mismos nos hacen pasar por culpables cuando se llevan algún desengaño.
        - Me da la impresión de que estamos haciendo una montaña de un grano de arena -dijo Pedro-, mejor sería que siguiéramos disfrutando de la fiesta, y mis más sinceras felicitaciones por tener una hija tan hermosa y tan desenvuelta.
         - Gracias -mi orgullo de madre me hizo ruborizarme, lo que provocó una oleada de risas entre mis acompañantes,


         La alegría y el entusiasmo subían de tono con toda la gente coreando y palmeando las canciones pacifistas de la banda de Rosendo, y nosotros disfrutábamos desde las gradas del espectáculo que formaba la multitud.
         Cuando finalizó la actuación del grupo se nos unieron los amigos ecologistas de mi hija que brincaron de entusiasmo cuando Pepe les propuso presentarles a su amigo el cantante.
         Rosendo era un muchacho sencillo y afable al que no se le habían subido las lentejuelas a la cabeza a pesar de la fama que tenía entre los aficionados al rock. Departió alegremente con todos mientras nos acercábamos al bar a tomar una penúltima consumición.
         - ¡Coño, Valentín! -exclamó en músico al ver a su viejo compañero al otro lado del mostrador-, ¿qué eres fotógrafo o camarero?
         - Melenudo, ante todo sigo siendo camarada. Ahora estoy jubilado del trabajo pero en mis actividades revolucionarias no cejaré hasta que me lleven con los pies pa’lante, sigo colaborando todo cuanto puedo, que ya con mis muchos años y achaques no puede ser mucho.
         -Todavía estás hecho un pimpollo -le animó Pepe-, mira si aún queda algo por ahí para refrescar a toda esta basca.
          - ¡Menuda peña sois, vais a terminar con todas las existencias!
         - A nosotros no se te vaya a ocurrir servirnos botes, los refrescos los queremos en recipientes de vidrio que sean retornables -exigió Vanesa.
          - ¡Niña no seas impertinente! -la recriminé.
        - Ya que por fuerza hemos de depredar a la Naturaleza que sea lo imprescindible -explicó Jaime.
         - ¡Estos jovenzuelos vienen pisando fuerte! -exclamó Valentín lleno de dicha- ¡Así me gusta, que sepan lo que quieren y que no tengan temor de exigirlo! Por verlos tan decididos vale la pena haber luchado toda una vida sin conseguir más que lacras -y levantó con orgullo su célebre muñón.
         - ¡Milagro hubiera sido que no te hubieras tirado el pisto con tu trofeo de guerra -bromeó Pepe.
         - ¡No has cambiado ni un ápice! -le palmeó la espalda Rosendo medio subido sobre el aluminio del mostrador.
         La conversación se prolongó todavía un buen rato, el pabellón estaba ya casi vacío y me encontraba muy cansada y con muchas ganas de dormir. Pepe se ofreció a llevarme a casa y nos despedimos del grupo, que aún se resistía a dar por finalizada la velada.
         - Será mejor que primero llevemos a Vanesa a casa de los abuelos -propuse.

          “La cama estaba deshecha, tal y como la había dejado cuando me levanté por la mañana.
       - Perdona, pero he tenido un día tan ajetreado que no me ha dado tiempo… en un momento la ordenamos.
       Pero el deseo era demasiado exigente y caímos abrazados sobre las revueltas sábanas.
         - Estoy con el periodo -me creí obligada a advertirle.
         - Siempre estuve enamorado de ti -me decía él amasándome en dulces caricias.
         - Yo también lo he estado de ti, pero el orgullo no me dejaba reconocerlo.
      - Olvidaremos todo el pasado y disfrutaremos de nuestro dichoso presente. ¡Te quiero!
        - ¡Mi amor! -nuestras bocas se confundieron en un beso ardiente y lo atraje hacia mi interior.
         Estabamos a punto de culminar nuestro mutuo placer cuando un grupo de personas penetró en la habitación y zarandeando la cama nos elevaba por los aires. No podía distinguir sus rostros pero el acento de sus risas me resultaba muy familiar. Sí, allí estaban mis padres, y también mi exmarido y Gerardo, y Julián tomaba fotografías con una cámara provista de flash. Pepe y yo estábamos avergonzados y nos intentábamos separar pero nuestros sexos se encontraban fundidos y nos resultaba imposible desengancharnos.
         Los santiaguinos entraron portando gaitas y un voluminoso piano flotaba en el aire. Nando golpeaba sobre sus teclas con frenesí y tenia clavadas sendas jeringuillas en los ojos. Miriam y Cristal cantaban sentadas sobre el piano y Ernesto las envolvía con serpentinas multicolores ante los aplausos de Charo. Se impuso el silencio cuando penetró Valentín dirigiendo un piquete de hombres armados con fusiles. Eran Rosendo y su banda que traían un prisionero con ropas doradas que cubría su cabeza con un tiara. Lo colocaron contra la pared y se formó el pelotón de fusilamiento. Con el estruendo de la descarga me caí de la cama”.

            Desperté sobresaltada.
       - Te has quedado roque, mamá -me explicó Vanesa. El automóvil se había detenido frente a mi casa-. He pensado que era mejor no despertar a los abuelos a estas horas y venirme contigo. ¡Hace mucho que no pasamos una noche juntas y tenemos tanto de que hablar!
         - He tenido una pesadilla tonta -dije recobrando el sentido de la realidad.
           Descendimos los tres del vehículo.
         - Espero que a partir de ahora ya nos podremos seguir viendo con alguna frecuencia -propuse a Pepe.
         - El próximo domingo se va a celebrar una gran manifestación desde Argüelles hasta la Plaza del Descubrimiento, y vendrá gente de todos los rincones del país. Allí nos podríamos encontrar de nuevo.
       - Puedes estar seguro de que asistiremos -afirmó Vanesa, y le besó en las mejillas- ¡Os dejo solos para que podáis despediros con una mayor intimidad! -y se alejó hacia el portal.
        - ¡Es un zascandil! -reí-, ¿qué se habrá pensado?
      - Ha sido un día inolvidable -dijo Pepe y rozó su labios con los míos-, y tienes una hija fantástica… -se alejó de mi lado y abrió la portezuela del “Dos Caballos”-. Hasta el domingo, estaré cerca de un aerostato con los colores del arco iris decorando toda su superficie, podrás hacer un buen reportaje desde las alturas si lo deseas -y se introdujo en el coche.
      - ¡Buena suerte! -le grité agitando mi mano en alto.