CAPÍTULO 15
De las chabolas
que hubo no queda ni rastro, ahora grandes bloques de viviendas se extienden
hasta el cielo por toda la Meseta. Son paralelepípedos perfectos de hormigón y
cristal. Cada vecino tiene plena libertad para moverse a su libre albedrio
dentro de su celda decorada con papeles pintados con diseños de pésimo gusto, y
para mirar la televisión a cualquier hora del día. Los antiguos peones recién
inmigrados llegaron ya a capataces o se
convirtieron en honrados comerciantes, y reivindican para su barrio el
casticismo que acreditan sus largos años de luchas sociales. En el bar más
concurrido de la zona una pareja de municipales fuera de servicio increpan a un
par de jóvenes que acaban de darse un casto beso en la boca por su grave
atentado a la moral.
En el ascensor
hubo un silencio tenso. Vanesa estaba radiante de alegría y la gracia que
emanaba de su persona me impedía recriminarle su desobediencia. Sentía envidia
de su juventud libre y a la vez una serena felicidad por la misma causa. Ella
sonreía, pero en sus ojos, tan semejantes a los míos, una sombra denotaba que
se encontraba a la espera de escuchar mis reproches.
Al abrir la
puerta del piso noté un resplandor en el estar.
- ¡Vaya, Marina
se ha dejado encendidas las luces!
- A lo mejor no
tenía sueño y está leyendo -especuló Vanesa.
- ¡Menudas
horitas tenemos de regresar a casa! -escuché la voz grave de Gerardo y me quedé
pasmada.
- ¿Tú aquí?
-pregunté incrédula mientras iba a su encuentro a abrazarlo.
- Pero si vienes
bien acompañada. ¡Hola, Vanesa!
- ¡Hola,
Gerardo! -saludó ella y también se aproximó para besarlo.
- Una inesperada
reunión familiar a las tantas de la madrugada. ¿Habéis estado en el cine?
- No, por
extraño que te parezca venimos de un festival pacifista. A mi hija le entró la
perra por asistir y no tuve más remedio que acompañarla -mentí sin saber por
qué.
- Ha estado muy
divertido, ¿verdad, mamá? -de inmediato apoyó mi versión Vanesa como si lo
hubiéramos tenido preparado de antemano.
- Pero muy
cansado, yo ya no estoy para esos trotes -y me senté en el sofá, me quité los
martirizantes zapatos y me puse a frotarme las plantas de los pies-. No te
esperábamos hasta mañana.
- Como ayer
parecías enferma pensé que mi obligación era volver cuanto antes a tu lado,
pero ya veo que has mejorado con rapidez -dijo él con un deje de ironía.
- Ya te advertí
por la mañana que no era nada serio, los problemas habituales del comienzo de
la regla -le notaba muy aviejado, algo le había salido mal, en sus amoríos o en
sus empresas, y tenía dos grandes bolsas azules bajo los ojos-. ¿Qué tal fueron
los negocios?
-Dejé un buen
asunto a medias por regresar pero la próxima semana iré a rematarlo -respondió
sin demasiada convicción.
- ¡Qué suerte
tienes de estar siempre viajando, Gerardo! -exclamó mi hija-. A mí me encantan
los viajes.
- No es lo mismo
viajar por placer que por necesidad, uno acaba por cansarse de andar siempre de
un lado para otro como una maleta -explicó, y cambió de tema-: Así que a ti te
ha entrado también el sarampión pacifista, será cosa de la edad, como el acné.
- Por fortuna no
me han salido barrillos -respondió ella molesta por el tono que empleaba
Gerardo.
- Para las pocas
veces que os veis siempre tenéis que acabar discutiendo -intervine con decisión
y logré abortar el conato de disputa.
- Me estaba
tomando un güisqui para amenizar la espera, ¿queréis que os sirva algo a
vosotras? -ofreció Gerardo.
- Yo no, gracias
-me apresuré a contestar-, tengo el estómago lleno de cerveza, hacía tanto
calor en el pabellón que entraba el líquido sin sentir.
- A mí me
apetece un vaso de leche -dijo Vanesa-, yo misma me lo serviré en la cocina -y
salió de la estancia.
- Me da la
impresión de que no estáis dando a Vanesa la educación adecuada, los abuelos la
miman demasiado y tú también le das todos los caprichos. Ya sabes que decidí
lavarme las manos sobre ese asunto y que nunca te he dicho nada sobre el
particular, pero hay cuestiones que no se pueden pasar por alto. Una buena
fuente de riquezas para nuestro país es la exportación de armas y nosotros
mismos tenemos acciones en algunas empresas subsidiarias.
- Es tan solo una niña, querido, y no hace
ningún mal a nadie asistiendo a esas fiestas. Se trataba de un festival con
actuaciones musicales, había hasta un grupo que tocaban con gaitas y
tamboriles, seguro que te hubiera encantado escucharles…
- ¡Calla, por
Dios!, qué cosas tienes, asistir yo a un acto de esa índole. Esos “rojos” son muy
cicateros y se buscan las mañas para confundir a la gente, pero en el fondo de
toda la cuestión resulta muy evidente que su única pretensión es la que siempre
han tenido: acabar con el orden establecido y ponerlo todo patas arriba. Hemos
tenido que tragar con la coña marinera de la democracia porque era lo más
conveniente para nuestros intereses financieros, pero esto de consentir que los
socialdemócratas se hicieron con los mandos ya está pasando de castaño oscuro.
- Tú mismo
decías que era preferible apoyarlos que dejar la vía libre a los nostálgicos,
que se favorecería el mercado exterior y ganaríamos más dinero.
- Y así ha sido,
pero están sufriendo demasiadas presiones por parte de la izquierda radical y
pueden acabar por fastidiarnos la fiesta. El gobierno ha metido la patita hasta
el corvejón al consentir esta absurda consulta, si sale negativa es imposible
que pueda cumplir con la voluntad popular, los americanos nos cerrarían todos
los mercados y eso no lo podríamos consentir los empresarios ni tampoco lo
admitirían los banqueros, se tendría que buscar otra alternativa.
- No te
preocupes, ellos mismos piensan que van a perder, aunque podía ser divertido
que ganasen para ver lo que pasaba después y cuál era la alternativa que
encontrabais.
- No lo digas ni
en broma. Déjame que te bese, tenía muchas ganas de estar junto a ti, te he
añorado en estos días -se sentó a mi lado e intentó abrazarme.
- No seas bobo,
Gerardo, la niña va a volver de un momento a otro -y me aparté con delicadeza.
No quería mezclar su sabor con el que todavía conservaba de los besos de Pepe.
- No creo que se
asuste si nos ve besarnos, menudos espectáculos tendrá que presenciar en esos
antros de los “rojos”.
El tono
despectivo de sus palabras acabó por enfadarme y me levanté descalza del sofá
encarándome con él.
- ¿Qué te pasa
esta noche, te ha rechazado alguna “amiguita” para marcharse con un “rojo”?
Hacía años que no empleabas ese calificativo y a mí no me vas a engañar a estas
alturas, algo te está fastidiando…
Se puso colorado
como la grana y sus labios se movían sin articular palabra alguna. Lo veía
viejo y fofo, como si fuera un muñeco de borra desarticulado que habían dejado
caer sobre el sofá. Apenas si acababa de rebasar la cincuentena y jamás había
reparado demasiado en la diferencia de edad, ni ésta había impedido que
fuéramos felices durante muchos años, pero en esta ocasión me parecía un
nonagenario, más mi abuelo que mi amante. Y me daba pena.
- Déjate de
pamplinas y pongamos las cartas sobre la mesa, otras veces he estado enferma de
veras y no te has molestado en venir tan deprisa. No es que pretenda hacerte
ningún reproche, tu conducta para conmigo y los niños siempre ha sido
intachable, pero también es cierto que siempre has antepuesto tus negocios a
todo y a todos, sabía que era una de las reglas que permitían nuestra
convivencia y en todo momento la he respetado.
De sus ojos
grises y cansados brotaron lágrimas sentidas.
- Tengo la
extraña sensación de que el mundo se está desmoronando bajo mis pies -musitó.
-¿Por…?
- Se ha perdido
el respeto por las cosas más sagradas y estamos al borde del caos. Verás… una
de las administrativas de nuestra sucursal en Bilbao, a la que profesaba un
gran afecto por su eficiencia, parece ser que colaboraba con los separatistas.
Esta mañana la han detenido en la misma sede de nuestra empresa y ha sido una
situación terrible.
- Ya sería algo
más que afecto -dije sin dejarme conmover.
- No, te lo juro
-y cruzó los dedos índices de ambas manos junto a sus protuberantes labios-.
Reconozco que en alguna ocasión coquetee con ella, pero sin ninguna intención
reprobable. Siempre te he sido leal y jamás he antepuesto a ninguna mujer a ti.
- La leche está
estupenda, la he puesto unas gotas de granadina -dijo Vanesa entrando en la sala-,
¿no quieres tú otro vaso, mamá?
- Sí, por favor,
tráeme otro con lo mismo que me ha entrado mucha sed -la rogué con la intención
de mantener por unos minutos más mi intimidad con Gerardo.
- Toma éste que
ya me pondré yo otro -me ofreció ella sin reparar en el hombre que lloraba, y
tras de tomar un sorbo dejé el vaso sobre la mesa mientras mi hija salía de la
habitación.
Saqué mi pañuelo
del bolso y se lo ofrecí a Gerardo al tiempo que le acariciaba un mechón de
canas que le caía sobre la oreja. Aunque tenía el cráneo orondo como una bola
de billar se dejaba largo el poco cabello que le quedaba sobre los parietales
para aparentar menor edad.
- Suénate, la
niña va a pensar que somos una pareja de payasos.
- Es que esto
puede ser el final de nuestra prosperidad, vamos a perder mucho crédito del
ganado después de largos años de esfuerzos y dedicación. Temo por lo que pueda
ser de ti y de nuestros hijos…
- Yo sigo
confiando en ti, sé que eres fuerte y que te repondrás con presteza. Para
ayudarte estoy dispuesta como siempre a darte todo mi cariño y mi comprensión,
pero te ruego que no me pidas amor esta noche porque no te lo podría dar. Antes
te he mentido por primera vez en toda nuestra relación y me siento muy
incómoda. Con Vanesa me encontré por casualidad en el festival, allí había ido
en compañía de un viejo conocido de mi adolescencia que pertenece a los
organizadores del acto, ya te contaré en otro momento como sucedió todo.
- Ya no se puede
confiar en nadie, el mundo está dislocado, y no lo digo por ti, pero…
- Sí que lo
dices también por mí, y me lo merezco.
De sus ojos ya
habían desaparecido las lágrimas pero estaban rojos e irritados. Se puso las
gafas que empleaba para leer con objeto de disimularlo.
- No, de veras.
En estos últimos meses hemos estado demasiado alejados el uno del otro, tú con
tu trabajo en la revista y yo con mis negocios, y el cariño es una flor que hay
regar todos los días si queremos que no se marchite. Soy el único culpable de
todo lo sucedido, me he dormido en mis laureles, en la empresa también, algunos
miembros del consejo me habían advertido de que la muchacha frecuentaba malas
compañías, pero yo la veía tan inocente y tan afectuosa que nos les hice ningún
caso. Cuando se está en la cumbre no se puede bajar la guardia ni un solo
segundo, los cuervos siempre están aguardando a que el águila tenga algún
desfallecimiento para abatirla y ahora los del directorio pedirán mi dimisión,
¡ya lo creo que la pedirán, no desaprovecharán la oportunidad!
- Te conozco
bien y estoy segura de que tendrás alguna carta guardada en la manga.
- Por desgracia
esta vez no la tengo, pero hace mucho que no juego de farol y ya iba siendo
hora de hacerlo. De paso limpiaré un poco el consejo, hay algunos tipos que no
me caen nada bien, están jugando a dos bandas, miran hacia Vitoria o hacia
Madrid según mejor les conviene, y esta puede ser una oportunidad óptima para
acoquinarlos. ¡Ya que quieren pelea sucia la tendrán embadurnada! -en sus ojos
volvía a brillar ahora el resplandor del acero.
- ¡Así me gusta
oírte hablar, vuelves a ser mi hombre: el ganador innato! -y me abracé a él.
- ¿Interrumpo
algo? -ironizó Vanesa que regresaba al salón.
- Ya que
pretendes por tu cuenta comportarte como una persona adulta te tendrás que ir
acostumbrando a presenciar espectáculos para mayores -la contesté.
- Sabía que
antes o después tendría que soportar una retahíla de reproches, escucho.
- “No habrá
reproches ni olvido”. Es la letra de un tango que me han recordado esta mañana.
Creo que esta será una jornada inolvidable para todos… -y una sombra de
tristeza sembró arrugas en mi rostro.
- ¡Me siento tan
feliz, mamá! -y se arrojó sobre mí.
Gerardo sonrió
por primera vez en toda la noche.
- ¡Cuánto se
parece a ti! En tu adolescencia seguro que también serías una diablesa como
ella.
- En el físico
nos podemos semejar, pero yo a su edad era mucho más pacata que ella, y lo sigo
siendo, supongo que es un problema de la educación recibida que arrastraré
hasta que me muera. Me da mucha alegría saber que Vanesa podrá enfrentarse a la
vida de una manera más favorable, y no estoy de acuerdo contigo en que la
estamos dando una mala educación y mimándola en demasía. Olvida por un momento
tus intereses económicos y contempla la cuestión con tolerancia. Ella tiene derecho
a soñar y a creer en un mundo de paz y amor en el que las personas no nos
comportemos como chacales con nuestros semejantes -me sentía como una gran mamá
osa con mi cachorro reposando sobre el regazo-, ya tendrá tiempo para despertar
y adaptarse a la fría realidad, y como todos los adultos tendrá que recurrir a
dormir como única manera de poder soñar…
- ¿Con qué
soñabas tú a mi edad?
- Con tener un
novio guapo y rico, como todas mis compañeras. ¿Sabes, Gerardo?, he descubierto
que mi hija tiene un noviejo…
- Sólo es un
amigo, un buen amigo, ¡ja, ja, ja, ja! -su risa era fresca y cantarina.
- ¿Por qué te
ríes así? -preguntó Gerardo.
- Pensaba en el
tinglao que se iba a montar si él y tú os pusierais a defender vuestras
respectivas posiciones ideológicas.
- ¿No será un
separatista? -se alarmó Gerardo.
- No, no tengas
cuidado -me apresuré a explicar-, es rubio y pecoso como un tejano.
- Pues odia a
muerte a todos los yanquis, los considera nuestros invasores.
- Esta juventud
no sabe de la misa la media -dijo Gerardo-, sino hubiera sido por ellos la
barbarie hitleriana se hubiera enseñoreado por toda la faz de la tierra.
- Hay quienes
sostienen que las esvásticas se transformaron en barras y estrellas.
- Hablando de
estrellas -medié asustada ante la perspectiva de una nueva discusión-, ¿no
pensáis que ya va siendo hora de irnos a dormir?

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