lunes, 6 de mayo de 2013

Entrevista Tercera - Capítulo 15



CAPÍTULO 15

         De las chabolas que hubo no queda ni rastro, ahora grandes bloques de viviendas se extienden hasta el cielo por toda la Meseta. Son paralelepípedos perfectos de hormigón y cristal. Cada vecino tiene plena libertad para moverse a su libre albedrio dentro de su celda decorada con papeles pintados con diseños de pésimo gusto, y para mirar la televisión a cualquier hora del día. Los antiguos peones recién inmigrados llegaron ya  a capataces o se convirtieron en honrados comerciantes, y reivindican para su barrio el casticismo que acreditan sus largos años de luchas sociales. En el bar más concurrido de la zona una pareja de municipales fuera de servicio increpan a un par de jóvenes que acaban de darse un casto beso en la boca por su grave atentado a la moral.

 
         En el ascensor hubo un silencio tenso. Vanesa estaba radiante de alegría y la gracia que emanaba de su persona me impedía recriminarle su desobediencia. Sentía envidia de su juventud libre y a la vez una serena felicidad por la misma causa. Ella sonreía, pero en sus ojos, tan semejantes a los míos, una sombra denotaba que se encontraba a la espera de escuchar mis reproches.
         Al abrir la puerta del piso noté un resplandor en el estar.
         - ¡Vaya, Marina se ha dejado encendidas las luces!
         - A lo mejor no tenía sueño y está leyendo -especuló Vanesa.
        - ¡Menudas horitas tenemos de regresar a casa! -escuché la voz grave de Gerardo y me quedé pasmada.
         - ¿Tú aquí? -pregunté incrédula mientras iba a su encuentro a abrazarlo.
         - Pero si vienes bien acompañada. ¡Hola, Vanesa!
         - ¡Hola, Gerardo! -saludó ella y también se aproximó para besarlo.
         - Una inesperada reunión familiar a las tantas de la madrugada. ¿Habéis estado en el cine?
        - No, por extraño que te parezca venimos de un festival pacifista. A mi hija le entró la perra por asistir y no tuve más remedio que acompañarla -mentí sin saber por qué.
       - Ha estado muy divertido, ¿verdad, mamá? -de inmediato apoyó mi versión Vanesa como si lo hubiéramos tenido preparado de antemano.
         - Pero muy cansado, yo ya no estoy para esos trotes -y me senté en el sofá, me quité los martirizantes zapatos y me puse a frotarme las plantas de los pies-. No te esperábamos hasta mañana.
         - Como ayer parecías enferma pensé que mi obligación era volver cuanto antes a tu lado, pero ya veo que has mejorado con rapidez -dijo él con un deje de ironía.
        - Ya te advertí por la mañana que no era nada serio, los problemas habituales del comienzo de la regla -le notaba muy aviejado, algo le había salido mal, en sus amoríos o en sus empresas, y tenía dos grandes bolsas azules bajo los ojos-. ¿Qué tal fueron los negocios?
         -Dejé un buen asunto a medias por regresar pero la próxima semana iré a rematarlo -respondió sin demasiada convicción.
         - ¡Qué suerte tienes de estar siempre viajando, Gerardo! -exclamó mi hija-. A mí me encantan los viajes.
       - No es lo mismo viajar por placer que por necesidad, uno acaba por cansarse de andar siempre de un lado para otro como una maleta -explicó, y cambió de tema-: Así que a ti te ha entrado también el sarampión pacifista, será cosa de la edad, como el acné.
       - Por fortuna no me han salido barrillos -respondió ella molesta por el tono que empleaba Gerardo.
          - Para las pocas veces que os veis siempre tenéis que acabar discutiendo -intervine con decisión y logré abortar el conato de disputa.
          - Me estaba tomando un güisqui para amenizar la espera, ¿queréis que os sirva algo a vosotras? -ofreció Gerardo.
         - Yo no, gracias -me apresuré a contestar-, tengo el estómago lleno de cerveza, hacía tanto calor en el pabellón que entraba el líquido sin sentir.
         - A mí me apetece un vaso de leche -dijo Vanesa-, yo misma me lo serviré en la cocina -y salió de la estancia.

         - Me da la impresión de que no estáis dando a Vanesa la educación adecuada, los abuelos la miman demasiado y tú también le das todos los caprichos. Ya sabes que decidí lavarme las manos sobre ese asunto y que nunca te he dicho nada sobre el particular, pero hay cuestiones que no se pueden pasar por alto. Una buena fuente de riquezas para nuestro país es la exportación de armas y nosotros mismos tenemos acciones en algunas empresas subsidiarias.
         - Es tan solo una niña, querido, y no hace ningún mal a nadie asistiendo a esas fiestas. Se trataba de un festival con actuaciones musicales, había hasta un grupo que tocaban con gaitas y tamboriles, seguro que te hubiera encantado escucharles…
            - ¡Calla, por Dios!, qué cosas tienes, asistir yo a un acto de esa índole. Esos “rojos” son muy cicateros y se buscan las mañas para confundir a la gente, pero en el fondo de toda la cuestión resulta muy evidente que su única pretensión es la que siempre han tenido: acabar con el orden establecido y ponerlo todo patas arriba. Hemos tenido que tragar con la coña marinera de la democracia porque era lo más conveniente para nuestros intereses financieros, pero esto de consentir que los socialdemócratas se hicieron con los mandos ya está pasando de castaño oscuro.
      - Tú mismo decías que era preferible apoyarlos que dejar la vía libre a los nostálgicos, que se favorecería el mercado exterior y ganaríamos más dinero.
         - Y así ha sido, pero están sufriendo demasiadas presiones por parte de la izquierda radical y pueden acabar por fastidiarnos la fiesta. El gobierno ha metido la patita hasta el corvejón al consentir esta absurda consulta, si sale negativa es imposible que pueda cumplir con la voluntad popular, los americanos nos cerrarían todos los mercados y eso no lo podríamos consentir los empresarios ni tampoco lo admitirían los banqueros, se tendría que buscar otra alternativa.
        - No te preocupes, ellos mismos piensan que van a perder, aunque podía ser divertido que ganasen para ver lo que pasaba después y cuál era la alternativa que encontrabais.
       - No lo digas ni en broma. Déjame que te bese, tenía muchas ganas de estar junto a ti, te he añorado en estos días -se sentó a mi lado e intentó abrazarme.
       - No seas bobo, Gerardo, la niña va a volver de un momento a otro -y me aparté con delicadeza. No quería mezclar su sabor con el que todavía conservaba de los besos de Pepe.
     - No creo que se asuste si nos ve besarnos, menudos espectáculos tendrá que presenciar en esos antros de los “rojos”.
         El tono despectivo de sus palabras acabó por enfadarme y me levanté descalza del sofá encarándome con él.
         - ¿Qué te pasa esta noche, te ha rechazado alguna “amiguita” para marcharse con un “rojo”? Hacía años que no empleabas ese calificativo y a mí no me vas a engañar a estas alturas, algo te está fastidiando…
         Se puso colorado como la grana y sus labios se movían sin articular palabra alguna. Lo veía viejo y fofo, como si fuera un muñeco de borra desarticulado que habían dejado caer sobre el sofá. Apenas si acababa de rebasar la cincuentena y jamás había reparado demasiado en la diferencia de edad, ni ésta había impedido que fuéramos felices durante muchos años, pero en esta ocasión me parecía un nonagenario, más mi abuelo que mi amante. Y me daba pena.
         - Déjate de pamplinas y pongamos las cartas sobre la mesa, otras veces he estado enferma de veras y no te has molestado en venir tan deprisa. No es que pretenda hacerte ningún reproche, tu conducta para conmigo y los niños siempre ha sido intachable, pero también es cierto que siempre has antepuesto tus negocios a todo y a todos, sabía que era una de las reglas que permitían nuestra convivencia y en todo momento la he respetado.
           De sus ojos grises y cansados brotaron lágrimas sentidas.
         - Tengo la extraña sensación de que el mundo se está desmoronando bajo mis pies -musitó.
         -¿Por…?
         - Se ha perdido el respeto por las cosas más sagradas y estamos al borde del caos. Verás… una de las administrativas de nuestra sucursal en Bilbao, a la que profesaba un gran afecto por su eficiencia, parece ser que colaboraba con los separatistas. Esta mañana la han detenido en la misma sede de nuestra empresa y ha sido una situación terrible.
         - Ya sería algo más que afecto -dije sin dejarme conmover.
        - No, te lo juro -y cruzó los dedos índices de ambas manos junto a sus protuberantes labios-. Reconozco que en alguna ocasión coquetee con ella, pero sin ninguna intención reprobable. Siempre te he sido leal y jamás he antepuesto a ninguna mujer a ti.
       - La leche está estupenda, la he puesto unas gotas de granadina -dijo Vanesa entrando en la sala-, ¿no quieres tú otro vaso, mamá?
         - Sí, por favor, tráeme otro con lo mismo que me ha entrado mucha sed -la rogué con la intención de mantener por unos minutos más mi intimidad con Gerardo.
         - Toma éste que ya me pondré yo otro -me ofreció ella sin reparar en el hombre que lloraba, y tras de tomar un sorbo dejé el vaso sobre la mesa mientras mi hija salía de la habitación.

         Saqué mi pañuelo del bolso y se lo ofrecí a Gerardo al tiempo que le acariciaba un mechón de canas que le caía sobre la oreja. Aunque tenía el cráneo orondo como una bola de billar se dejaba largo el poco cabello que le quedaba sobre los parietales para aparentar menor edad.
         - Suénate, la niña va a pensar que somos una pareja de payasos.
      - Es que esto puede ser el final de nuestra prosperidad, vamos a perder mucho crédito del ganado después de largos años de esfuerzos y dedicación. Temo por lo que pueda ser de ti y de nuestros hijos…
         - Yo sigo confiando en ti, sé que eres fuerte y que te repondrás con presteza. Para ayudarte estoy dispuesta como siempre a darte todo mi cariño y mi comprensión, pero te ruego que no me pidas amor esta noche porque no te lo podría dar. Antes te he mentido por primera vez en toda nuestra relación y me siento muy incómoda. Con Vanesa me encontré por casualidad en el festival, allí había ido en compañía de un viejo conocido de mi adolescencia que pertenece a los organizadores del acto, ya te contaré en otro momento como sucedió todo.
         - Ya no se puede confiar en nadie, el mundo está dislocado, y no lo digo por ti, pero…
           - Sí que lo dices también por mí, y me lo merezco.
           De sus ojos ya habían desaparecido las lágrimas pero estaban rojos e irritados. Se puso las gafas que empleaba para leer con objeto de disimularlo.
         - No, de veras. En estos últimos meses hemos estado demasiado alejados el uno del otro, tú con tu trabajo en la revista y yo con mis negocios, y el cariño es una flor que hay regar todos los días si queremos que no se marchite. Soy el único culpable de todo lo sucedido, me he dormido en mis laureles, en la empresa también, algunos miembros del consejo me habían advertido de que la muchacha frecuentaba malas compañías, pero yo la veía tan inocente y tan afectuosa que nos les hice ningún caso. Cuando se está en la cumbre no se puede bajar la guardia ni un solo segundo, los cuervos siempre están aguardando a que el águila tenga algún desfallecimiento para abatirla y ahora los del directorio pedirán mi dimisión, ¡ya lo creo que la pedirán, no desaprovecharán la oportunidad!
         - Te conozco bien y estoy segura de que tendrás alguna carta guardada en la manga.
         - Por desgracia esta vez no la tengo, pero hace mucho que no juego de farol y ya iba siendo hora de hacerlo. De paso limpiaré un poco el consejo, hay algunos tipos que no me caen nada bien, están jugando a dos bandas, miran hacia Vitoria o hacia Madrid según mejor les conviene, y esta puede ser una oportunidad óptima para acoquinarlos. ¡Ya que quieren pelea sucia la tendrán embadurnada! -en sus ojos volvía a brillar ahora el resplandor del acero.
       - ¡Así me gusta oírte hablar, vuelves a ser mi hombre: el ganador innato! -y me abracé a él.
          - ¿Interrumpo algo? -ironizó Vanesa que regresaba al salón.     
         - Ya que pretendes por tu cuenta comportarte como una persona adulta te tendrás que ir acostumbrando a presenciar espectáculos para mayores -la contesté.
        - Sabía que antes o después tendría que soportar una retahíla de reproches, escucho.
       - “No habrá reproches ni olvido”. Es la letra de un tango que me han recordado esta mañana. Creo que esta será una jornada inolvidable para todos… -y una sombra de tristeza sembró arrugas en mi rostro.
         - ¡Me siento tan feliz, mamá! -y se arrojó sobre mí.
         Gerardo sonrió por primera vez en toda la noche.
        - ¡Cuánto se parece a ti! En tu adolescencia seguro que también serías una diablesa como ella.
        - En el físico nos podemos semejar, pero yo a su edad era mucho más pacata que ella, y lo sigo siendo, supongo que es un problema de la educación recibida que arrastraré hasta que me muera. Me da mucha alegría saber que Vanesa podrá enfrentarse a la vida de una manera más favorable, y no estoy de acuerdo contigo en que la estamos dando una mala educación y mimándola en demasía. Olvida por un momento tus intereses económicos y contempla la cuestión con tolerancia. Ella tiene derecho a soñar y a creer en un mundo de paz y amor en el que las personas no nos comportemos como chacales con nuestros semejantes -me sentía como una gran mamá osa con mi cachorro reposando sobre el regazo-, ya tendrá tiempo para despertar y adaptarse a la fría realidad, y como todos los adultos tendrá que recurrir a dormir como única manera de poder soñar…
         - ¿Con qué soñabas tú a mi edad?
         - Con tener un novio guapo y rico, como todas mis compañeras. ¿Sabes, Gerardo?, he descubierto que mi hija tiene un noviejo…
         - Sólo es un amigo, un buen amigo, ¡ja, ja, ja, ja! -su risa era fresca y cantarina.
         - ¿Por qué te ríes así? -preguntó Gerardo.
       - Pensaba en el tinglao que se iba a montar si él y tú os pusierais a defender vuestras respectivas posiciones ideológicas.
         - ¿No será un separatista? -se alarmó Gerardo.
         - No, no tengas cuidado -me apresuré a explicar-, es rubio y pecoso como un tejano.
         - Pues odia a muerte a todos los yanquis, los considera nuestros invasores.
       - Esta juventud no sabe de la misa la media -dijo Gerardo-, sino hubiera sido por ellos la barbarie hitleriana se hubiera enseñoreado por toda la faz de la tierra.
         - Hay quienes sostienen que las esvásticas se transformaron en barras y estrellas.
        - Hablando de estrellas -medié asustada ante la perspectiva de una nueva discusión-, ¿no pensáis que ya va siendo hora de irnos a dormir?

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