CAPÍTULO 13
Lo mismo sirve
para un roto que para un descosido. En ocasiones acoge los “Seis Días
Ciclistas”, en otras una asamblea de “Padres Católicos”, y es hasta capaz de
asimilar el “Circo de Moscú” en su seno. Porque es amplio y tiene buenas
tragaderas, su único defecto es tener una acústica deplorable… y también se
utiliza para conciertos. Miles Davis se pasea por el escenario como si la cosa
no fuera con él, y, de improviso, se lleva la embocadura de la trompeta a los
labios y sopla, y todo estalla en luces, sangre y felicidad. Los heridos por el restallido se retuercen de
angustia y se van recobrando poco a poco mientras él prosigue su interminable
paseo. Con ansia y temor aguarda el próximo alarido del metal, mientras Miles,
ausente, camina por el escenario…
El pabellón
estaba lleno a rebosar. Cuando llegamos ya hacía bastante rato que había
comenzado el festejo. Sobre el escenario adornado con banderas rojas, blancas y
verdes, actuaba un ruidoso grupo de música pop y el público, en su mayoría
jóvenes, saltaban y gritaban y bailaban con un ritmo endiablado. Se respiraba
un ambiente jocoso y distendido, más que un festival destinado a recaudar
fondos para una campaña parecía la celebración de un triunfo. A pesar de la
multitud no nos resultó difícil encontrar a los santiaguinos.
- Después de
tantos años sin veros es natural que os resistáis a separaros -bromeó Pedro,
que llevaba colgada del cuello una hucha adornada con la bandera chilena y un
letrero que decía: “Solidaridad con la Resistencia”.
- Tenemos tanto
de lo que conversar. Anda, Gloria, échale unas monedas en la alcancía a mi
conciencia para que no se muestre demasiado acusadora -bromeó a su vez Pepe-,
los del cono sur a veces hacen guerritas entre ellos pero se comportan como
comadres con sus amigos.
- Ya le haré una
cumplida relación de tus hazañas a Charo cuando vuelva -siguió Claudina la
broma.
- No creo que
vuelva, se habrá aficionado de nuevo al mate y al tango y ya no querrá saber
nada de los que nos quedamos en esta orilla del charco -dijo Pepe.
- Eso sería
darte en todo el gusto, perillán, que te dejara las alas libres para volar a
tus anchas -dijo Claudina-. Pero, ¿tu amiga va a apoyar de una vez a la
resistencia o no? Pon el bote más cerca, Pedro, que a lo mejor no le llega la
mano.
- No es
necesario -dije mientras buscaba algunas monedas sueltas dentro del bolso.
- No le hagas
caso, luego se lo gastan ellos en vino y a los luchadores no les llega ni un
chavo.
- El vino o los
refrescos te toca pagarlos a ti que para eso nos has tenido esclavos en el
tugurio todo el día -afirmó Claudina.
- Puestos a
pedir elegiría cerveza, que aunque fuera puede que esté helando aquí se suda
-propuso Pedro.
- Vuestlo
humilde selvidol os tlaerá las celvezas más flescas que encuentle -remedó Pepe el
habla de un chino tópico cruzando sus brazos sobre el pecho e inclinando
la cabeza, luego se alejó y me dejó a solas con la pareja. Por la mañana,
cuando me los presentó no tuve tiempo ni ánimos para fijarme bien en ellos.
Ahora me chocaban la obesidad de la mujer y que él tenía la mayor parte de los
dientes podridos. No, en verdad no eran bellos, pero tenían una simpatía
arrolladora.
- No habrás
hecho oídos a nuestras bromas -dijo Claudina-, siempre estamos así, de chanzas,
es un forma como otra cualquiera de manifestar el cariño que nos tenemos. Es un
buen muchacho Fonso, y una vergüenza para este país que un talento como el suyo
se desperdicie en una actividad que puede realizar cualquier patán. Como Licenciado
que es podría ejercer en la enseñanza, cuando al fin caiga el cabrón de
Pinochet nos lo raptaremos y será profesor en la universidad de Santiago. Está
hecho de la misma madera que Allende.
- Sí, también es
idealista en demasía -dije, y me peso haberlo pronunciado cuando me oí.
- ¿Qué sería del
mundo sin idealistas? -preguntó Pedro-. ¿Quién sería capaz de soportar todas
las miserias y sevicias de la existencia? Allende dio a nuestro pueblo lo mejor
que un ser humano puede dar a sus semejantes: la capacidad de soñar.
- No he sabido
expresarme -admití confusa-. Es posible que yo sea demasiado pragmática pero
siempre que he intentado comportarme de una manera más desprendida he recibido
palos a cambio de flores, y me temó que cualquiera que pretenda comportarse
como un idealista pagará el precio de sus ensoñaciones con cicatrices sobre sus
carnes.
- Pero la
belleza y la felicidad siempre estarán del lado de las flores y no de la parte
que da los estacazos y las puñalada traperas -afirmó Claudina exaltada-. Aunque
no deja de ser una cuestión de elección personal el aceptar una opción u otra.
- Claro, pero…
¿Gloria? -preguntó Pedro.
- Sí, Gloria
-contesté.
- Gloria lleva
su parte de razón, si nosotros hubiéramos tenido los pies puestos en el suelo a
estas horas estaríamos en Santiago y no aquí, estoy de acuerdo en que es muy
bello soñar, pero cuando se pierde el sentido de la realidad en un momento dado
el sueño acaba por convertirse en una pesadilla.
- No me
arrepiento de haber participado en aquel sueño, y conservo la esperanza de
volver a soñar despierta algún día. Hay ocasiones en que llevo muy mal esto del
exilio y me acuerdo mucho de las playas de Valparaíso, pero en otras, y en
particular esta noche siento como flotan en el ambiente vibraciones similares a
aquellas que sentía en los tiempos del Popular, esta hermosa tierra que con
tanto afecto nos ha acogido se merece lo mejor.
- Cierto, estos
bravos muchachos se merecen ganar el Referéndum -aseguró Pedro.
- Pero no lo
ganaremos -vaticinó Pepe, que regresaba a nuestro lado con una ristra de botes
de cerveza patinados por el vapor condensado al contacto con su frialdad-, y no
pretendo ser un aguafiestas sino un cervezafiestas: ¡Tomad, están heladas!
En el escenario,
cesada la música, peroraba ahora un conocido intelectual y el público coreaba
la consigna: “¡El Referéndum lo vamos a ganar!”.
- ¿Oyes, Fonso?,
todos están entusiasmados -dijo Claudina.
- ¡Ojalá tengan
razón! -exclamó él-, pero en este país parece ser una tradición que cada vez
que los intelectuales se ponen a defender una causa acabemos por perderla
todos, diríase que tienen la extraña habilidad de gafar cuanto pretenden
resguardar.
- Ésta presente
puede ser una magnífica oportunidad para que la excepción confirmase la regla
-apuntó Pedro.
Sentía un gran
calor dentro de mí. Aquella ilusión que se desbordaba por las gargantas me
arrastraba a participar en la euforia general y también me opuse a la opinión de Pepe.
- No seas tan
pesimista, somos muchos los que todavía no tenemos decido en forma definitiva
nuestro voto -y me puse a aplaudir al orador que ya abandonaba la tribuna
mientras arreciaban los gritos.
- Me dan pánico
los triunfalismos prematuros, acarrean terribles depresiones y la desilusión
provoca la paralización de todas las actividades. Lo digo porque es una triste
experiencia que me ha tocado vivir. La lucha social es un combate de duración
ilimitada y no se puede poner toda la fuerza en una única batalla… Pero será
mejor que deje ese tema para mejor ocasión y durante esta noche participe de
vuestra alegría.
Una banda de
música regional gallega había ocupado el escenario y concertaba sus
instrumentos.
- Así me gusta
que hables, éste es nuestro auténtico Fonso y no el enterrador de ilusiones al
que juega algunas veces -dijo Pedro palmeándole la espalda.
- ¿Has bailado
alguna vez una muñeira? -me preguntó Claudina, y sin dejarme contestar
continuó: - ¡Pues ya va siendo hora de que la bailes! -y se puso en movimiento al
tiempo que las gaitas comenzaban a tañer los primeros acordes. Los demás no
tuvimos más remedio que acompañarla y seguir el frenético ritmo que imprimían
los instrumentistas celtas.
- ¡Siempre había
pensado que al otro lado del charco no estabais por lo gallego! -gritó Pepe
sobre la barahúnda.
- ¡La música no
conoce fronteras! -le contestó Claudina.
Fatigados y con
los pies destrozados buscamos un lugar donde acomodarnos en las gradas
aprovechando una pausa de la de los músicos, y Pedro marchó en busca de otras
cervezas.
Cuando logré
recobrar el aliento pregunté a Claudina:
- ¿Es cierto que
tú descubriste el cadáver de Nando?
- ¡Uhy!, no me
salgas ahora por peteneras que es un tiento muy distinto a estos sones -y miró
inquisitivamente a Pepe.
- Está haciendo
un trabajo para una revista en la que está empleada y su pregunta no lleva una
doble intención, es por lo de la novela…
- Pero
reconocerás que la pregunta queda un poco fuera de lugar, ¿no? Lleváis una
velada de lo más fúnebre.
- No es sólo por
el trabajo, hay ciertas cuestiones que me ha contado Pepe que me intrigan
personalmente.
- Querrás decir
Fonso -corrigió Claudina.
-Ya sabes que mi
nombre completo es José Alfonso, y lo mismo que ahora me conocéis por Fonso en
mi adolescencia me llamaban Pepe. Lo curioso es que en cualquier ocasión mis
conocidos utilicen siempre un derivado familiar y no cualquiera de los legales.
- Será que todos
intuimos que no te van demasiado las legalidades -apunté-, pero el nombre es lo
de menos.
- Tienes razón,
tanto da un nombre que otro, lo importante es que nos sepamos identificar con
nosotros mismos y ser capaces de llevar una vida acorde con nuestros
pensamientos. Mira, hermana, lo mejor que se puede hacer con los muertos es
dejarlos descansar en paz. Nando nos ayudó mucho cuando llegamos aquí, fue la
primera persona en brindarnos su amistad, y por él conocimos a Fonso, nuestro
socio y mejor colega. No era una persona simpática sino más bien retraído y
algo huraño, pero sabía echar una mano a la gente cuando hacía falta y, si era
necesario, hasta las dos. Ustedes, los periodistas, son como los buitres, de
continuo buscando carroña, y no quiero ofenderte, porque no tengo nada personal
contra ti y eres una buena amiga de Fonso. Si mis palabreas sirvieran para
tenerlo de nuevo entre nosotros no dudes que estaría horas platicando sobre el
tema, pero eso es imposible y remover un osario no tiene ningún sentido.
- Pudo haber un
asesinato de por medio - insistí.
- ¿Sabes cuántos
miles de personas han desaparecido en Chile? -preguntó ella-. ¿De qué servirá
ajusticiar algún día a sus asesinos?, ¿resucitarán gracias a ello nuestros
seres queridos? No es la sed de venganza lo que alimenta nuestras ilusiones
sino la esperanza de conseguir una Patria Libre donde todos podamos vivir en
armonía y disfrutando del trabajo y del ocio. ¿Sabes lo que te digo?, que si
quieres emplear tu tiempo y tus conocimientos en algo útil debería escribir
sobre lo que estás viendo aquí y pedir a tus lectores su colaboración por la
paz.
- Por desgracia
aunque ella quisiera no podría -intervino Pepe-, los jerarcas de su revista no
se lo dejarían publicar.
- ¡Cervezas
frescas! -gritó Pedro, que regresaba con las manos llenas de botes-. ¿Sobre qué
platicabais?
- Gloria está
elaborando un trabajo sobre la novela de Thérèse y deseaba conocer más detalles
sobre la muerte de Nando -explicó Fonso.
- Tú sabes tanto
o más que nosotros sobre el particular.
- Sí, y ya se lo
he contado todo según mi propia visión sobre el tema, pero ella quería
contrastar pareceres con vosotros porque le parecía demasiado increíble la
versión que yo le he dado.
- Como es
natural y siendo tu amiga no le habrás dado la versión oficial sino la que
puede causar problemas, no a nosotros, por supuesto, me refería a los hermanos.
- En cualquier
caso os prometo que no escribiré nada sobre el particular y daré por buena la
versión de la novela de Thérèse.
- Eso como tu
prefieras, pero vamos a dejarnos de chacharas que nos estamos perdiendo esta
dulce música -sugirió Pedro.
La banda estaba
tocando una preciosa balada céltica con tanto sentimiento que ponía la carne de
gallina, y muchas personas habían encendido cerillas y mecheros produciendo en
el ambiente una sensación fantasmagórica y alucinatoria, como de bosque
encantado, pues las luces del local se habían apagado y sólo se percibían
llamas que se balanceaban como tranquilas olas de fuego. Nosotros imitamos a
los demás y también encendimos luminarias.
Con esta balada
terminaba la actuación de aquel grupo y cuando desapareció del escenario subió
a la tribuna de oradores un general alemán retirado que había pertenecido al
mando integrado de la Alianza y que echaba pestes sobre ella y sus componentes.
Arreciaron los gritos en contra de la organización militar y de sus
destructivos arsenales. Tras del discurso del germano hubo una pausa en tanto
que la siguiente banda preparaba la megafonía acorde con sus instrumentos. Se
trataba del grupo que lideraba Rosendo que con su rock urbano y suburbial
pondrían broche a la fiesta.
- En estos dos
elementos tenemos un perfecto y extraño ejemplo de unas personas que aciertan a
la primera en encontrar la pareja idónea, se conocieron cuando eran unos
chiquillos y ahí los tienes más enamorados que el primer día -dijo Pepe
refiriéndose a sus amigos y regresando al último tema del que habíamos hablado
en el restorán.
- No le hagas
demasiado caso, en realidad nos odiamos fraternalmente, ahora Pedro hasta ronca
por la noche.
- Y, ¿qué decir
de la barriga que te has echado en estos últimos años?, antes te podía abarcar
la cintura con una mano.
- ¿Es cierto que
siempre habéis estado juntos? -pregunté incrédula.
- Éramos unos
mocosos cuando ya jugábamos juntos en un barrio de chabolas de los alrededores
de Santiago, podría decirse que fue la miseria quien nos juntó -explicó
Claudina.
- Después fuimos
a la misma escuela -continuó él- y hacíamos las mismas travesuras entre las
montañas de escombros y basura hasta que tuvimos la edad suficiente para
trabajar. Encontramos empleo en una fábrica y por las noches continuamos
nuestra instrucción asistiendo a un aula nocturna.
- El profesor
era un viejo maestro socialista, porque todos no son iguales, también los hay
que mantienen sus principios, se llamaba don Cosme y era un pedazo de pan.
- Cuando
decidimos vivir juntos los compañeros nos ayudaron a levantar nuestra propia
chabola, y aunque el dinero nunca sobraba íbamos tirando. Cuando lo del Frente
Popular pensamos que nuestra suerte iba por fin a cambiar, y de hecho durante
el corto periodo que duró logramos mejoras increíbles, pero todo se fue al
carajo y como estábamos comprometidos hasta el cuello tuvimos que salir por
pies.
- Y nunca mejor
dicho porque cruzamos los Andes caminando por senderos nevados. Continuamos
hasta Buenos Aires y allí embarcamos para acá.
- Mas aún en los
más difíciles momentos siempre tuvimos la suerte de permanecer juntos y
esperamos poder retornar un día a nuestra tierra cuando “más temprano que tarde
se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir
una sociedad mejor”.
Escuchando el
relato de sus andanzas no pude impedir que mis ojos se inundaran de lágrimas y
saqué mi pañuelo del bolso para sonarme.
Todas las luces
del pabellón estaban de nuevo encendidas y temí que se notara mi emoción, pero
los tres amigos se habían puesto a comentar algunas cuestiones referentes al
festejo y no se fijaron en mí.
- ¡Mamá! -gritó
una inconfundible voz a mis espaldas.

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