miércoles, 1 de mayo de 2013

Entrevista Tercera - Capítulo 13



CAPÍTULO 13

         Lo mismo sirve para un roto que para un descosido. En ocasiones acoge los “Seis Días Ciclistas”, en otras una asamblea de “Padres Católicos”, y es hasta capaz de asimilar el “Circo de Moscú” en su seno. Porque es amplio y tiene buenas tragaderas, su único defecto es tener una acústica deplorable… y también se utiliza para conciertos. Miles Davis se pasea por el escenario como si la cosa no fuera con él, y, de improviso, se lleva la embocadura de la trompeta a los labios y sopla, y todo estalla en luces, sangre y felicidad.  Los heridos por el restallido se retuercen de angustia y se van recobrando poco a poco mientras él prosigue su interminable paseo. Con ansia y temor aguarda el próximo alarido del metal, mientras Miles, ausente, camina por el escenario…


         El pabellón estaba lleno a rebosar. Cuando llegamos ya hacía bastante rato que había comenzado el festejo. Sobre el escenario adornado con banderas rojas, blancas y verdes, actuaba un ruidoso grupo de música pop y el público, en su mayoría jóvenes, saltaban y gritaban y bailaban con un ritmo endiablado. Se respiraba un ambiente jocoso y distendido, más que un festival destinado a recaudar fondos para una campaña parecía la celebración de un triunfo. A pesar de la multitud no nos resultó difícil encontrar a los santiaguinos.
      - Después de tantos años sin veros es natural que os resistáis a separaros -bromeó Pedro, que llevaba colgada del cuello una hucha adornada con la bandera chilena y un letrero que decía: “Solidaridad con la Resistencia”.
       - Tenemos tanto de lo que conversar. Anda, Gloria, échale unas monedas en la alcancía a mi conciencia para que no se muestre demasiado acusadora -bromeó a su vez Pepe-, los del cono sur a veces hacen guerritas entre ellos pero se comportan como comadres con sus amigos.
     - Ya le haré una cumplida relación de tus hazañas a Charo cuando vuelva -siguió Claudina la broma.
        - No creo que vuelva, se habrá aficionado de nuevo al mate y al tango y ya no querrá saber nada de los que nos quedamos en esta orilla del charco -dijo Pepe.
        - Eso sería darte en todo el gusto, perillán, que te dejara las alas libres para volar a tus anchas -dijo Claudina-. Pero, ¿tu amiga va a apoyar de una vez a la resistencia o no? Pon el bote más cerca, Pedro, que a lo mejor no le llega la mano.
         - No es necesario -dije mientras buscaba algunas monedas sueltas dentro del bolso.
        - No le hagas caso, luego se lo gastan ellos en vino y a los luchadores no les llega ni un chavo.
        - El vino o los refrescos te toca pagarlos a ti que para eso nos has tenido esclavos en el tugurio todo el día -afirmó Claudina.
       - Puestos a pedir elegiría cerveza, que aunque fuera puede que esté helando aquí se suda -propuso Pedro.
      - Vuestlo humilde selvidol os tlaerá las celvezas más flescas que encuentle -remedó Pepe el habla de un chino tópico cruzando sus brazos sobre el pecho e inclinando la cabeza, luego se alejó y me dejó a solas con la pareja. Por la mañana, cuando me los presentó no tuve tiempo ni ánimos para fijarme bien en ellos. Ahora me chocaban la obesidad de la mujer y que él tenía la mayor parte de los dientes podridos. No, en verdad no eran bellos, pero tenían una simpatía arrolladora.

         - No habrás hecho oídos a nuestras bromas -dijo Claudina-, siempre estamos así, de chanzas, es un forma como otra cualquiera de manifestar el cariño que nos tenemos. Es un buen muchacho Fonso, y una vergüenza para este país que un talento como el suyo se desperdicie en una actividad que puede realizar cualquier patán. Como Licenciado que es podría ejercer en la enseñanza, cuando al fin caiga el cabrón de Pinochet nos lo raptaremos y será profesor en la universidad de Santiago. Está hecho de la misma madera que Allende.
        - Sí, también es idealista en demasía -dije, y me peso haberlo pronunciado cuando me oí.
     - ¿Qué sería del mundo sin idealistas? -preguntó Pedro-. ¿Quién sería capaz de soportar todas las miserias y sevicias de la existencia? Allende dio a nuestro pueblo lo mejor que un ser humano puede dar a sus semejantes: la capacidad de soñar.
    - No he sabido expresarme -admití confusa-. Es posible que yo sea demasiado pragmática pero siempre que he intentado comportarme de una manera más desprendida he recibido palos a cambio de flores, y me temó que cualquiera que pretenda comportarse como un idealista pagará el precio de sus ensoñaciones con cicatrices sobre sus carnes.
       - Pero la belleza y la felicidad siempre estarán del lado de las flores y no de la parte que da los estacazos y las puñalada traperas -afirmó Claudina exaltada-. Aunque no deja de ser una cuestión de elección personal el aceptar una opción u otra.
          - Claro, pero… ¿Gloria? -preguntó Pedro.
          - Sí, Gloria -contesté.
         - Gloria lleva su parte de razón, si nosotros hubiéramos tenido los pies puestos en el suelo a estas horas estaríamos en Santiago y no aquí, estoy de acuerdo en que es muy bello soñar, pero cuando se pierde el sentido de la realidad en un momento dado el sueño acaba por convertirse en una pesadilla.
         - No me arrepiento de haber participado en aquel sueño, y conservo la esperanza de volver a soñar despierta algún día. Hay ocasiones en que llevo muy mal esto del exilio y me acuerdo mucho de las playas de Valparaíso, pero en otras, y en particular esta noche siento como flotan en el ambiente vibraciones similares a aquellas que sentía en los tiempos del Popular, esta hermosa tierra que con tanto afecto nos ha acogido se merece lo mejor.
         - Cierto, estos bravos muchachos se merecen ganar el Referéndum -aseguró Pedro.
        - Pero no lo ganaremos -vaticinó Pepe, que regresaba a nuestro lado con una ristra de botes de cerveza patinados por el vapor condensado al contacto con su frialdad-, y no pretendo ser un aguafiestas sino un cervezafiestas: ¡Tomad, están heladas!

        En el escenario, cesada la música, peroraba ahora un conocido intelectual y el público coreaba la consigna: “¡El Referéndum lo vamos a ganar!”.
          - ¿Oyes, Fonso?, todos están entusiasmados -dijo Claudina.
         - ¡Ojalá tengan razón! -exclamó él-, pero en este país parece ser una tradición que cada vez que los intelectuales se ponen a defender una causa acabemos por perderla todos, diríase que tienen la extraña habilidad de gafar cuanto pretenden resguardar.
      - Ésta presente puede ser una magnífica oportunidad para que la excepción confirmase la regla -apuntó Pedro.
       Sentía un gran calor dentro de mí. Aquella ilusión que se desbordaba por las gargantas me arrastraba a participar en la euforia general y también me opuse  a la opinión de Pepe.
         - No seas tan pesimista, somos muchos los que todavía no tenemos decido en forma definitiva nuestro voto -y me puse a aplaudir al orador que ya abandonaba la tribuna mientras arreciaban los gritos.
         - Me dan pánico los triunfalismos prematuros, acarrean terribles depresiones y la desilusión provoca la paralización de todas las actividades. Lo digo porque es una triste experiencia que me ha tocado vivir. La lucha social es un combate de duración ilimitada y no se puede poner toda la fuerza en una única batalla… Pero será mejor que deje ese tema para mejor ocasión y durante esta noche participe de vuestra alegría.


         Una banda de música regional gallega había ocupado el escenario y concertaba sus instrumentos.
         - Así me gusta que hables, éste es nuestro auténtico Fonso y no el enterrador de ilusiones al que juega algunas veces -dijo Pedro palmeándole la espalda.
       - ¿Has bailado alguna vez una muñeira? -me preguntó Claudina, y sin dejarme contestar continuó: - ¡Pues ya va siendo hora de que la bailes! -y se puso en movimiento al tiempo que las gaitas comenzaban a tañer los primeros acordes. Los demás no tuvimos más remedio que acompañarla y seguir el frenético ritmo que imprimían los instrumentistas celtas.
         - ¡Siempre había pensado que al otro lado del charco no estabais por lo gallego! -gritó Pepe sobre la barahúnda.
           - ¡La música no conoce fronteras! -le contestó Claudina.

         Fatigados y con los pies destrozados buscamos un lugar donde acomodarnos en las gradas aprovechando una pausa de la de los músicos, y Pedro marchó en busca de otras cervezas.
         Cuando logré recobrar el aliento pregunté a Claudina:
         - ¿Es cierto que tú descubriste el cadáver de Nando?
         - ¡Uhy!, no me salgas ahora por peteneras que es un tiento muy distinto a estos sones -y miró inquisitivamente a Pepe.
        - Está haciendo un trabajo para una revista en la que está empleada y su pregunta no lleva una doble intención, es por lo de la novela…
       - Pero reconocerás que la pregunta queda un poco fuera de lugar, ¿no? Lleváis una velada de lo más fúnebre.
       - No es sólo por el trabajo, hay ciertas cuestiones que me ha contado Pepe que me intrigan personalmente.
         - Querrás decir Fonso -corrigió Claudina.
       -Ya sabes que mi nombre completo es José Alfonso, y lo mismo que ahora me conocéis por Fonso en mi adolescencia me llamaban Pepe. Lo curioso es que en cualquier ocasión mis conocidos utilicen siempre un derivado familiar y no cualquiera de los legales.
      - Será que todos intuimos que no te van demasiado las legalidades -apunté-, pero el nombre es lo de menos.
    - Tienes razón, tanto da un nombre que otro, lo importante es que nos sepamos identificar con nosotros mismos y ser capaces de llevar una vida acorde con nuestros pensamientos. Mira, hermana, lo mejor que se puede hacer con los muertos es dejarlos descansar en paz. Nando nos ayudó mucho cuando llegamos aquí, fue la primera persona en brindarnos su amistad, y por él conocimos a Fonso, nuestro socio y mejor colega. No era una persona simpática sino más bien retraído y algo huraño, pero sabía echar una mano a la gente cuando hacía falta y, si era necesario, hasta las dos. Ustedes, los periodistas, son como los buitres, de continuo buscando carroña, y no quiero ofenderte, porque no tengo nada personal contra ti y eres una buena amiga de Fonso. Si mis palabreas sirvieran para tenerlo de nuevo entre nosotros no dudes que estaría horas platicando sobre el tema, pero eso es imposible y remover un osario no tiene ningún sentido.
         - Pudo haber un asesinato de por medio - insistí.
         - ¿Sabes cuántos miles de personas han desaparecido en Chile? -preguntó ella-. ¿De qué servirá ajusticiar algún día a sus asesinos?, ¿resucitarán gracias a ello nuestros seres queridos? No es la sed de venganza lo que alimenta nuestras ilusiones sino la esperanza de conseguir una Patria Libre donde todos podamos vivir en armonía y disfrutando del trabajo y del ocio. ¿Sabes lo que te digo?, que si quieres emplear tu tiempo y tus conocimientos en algo útil debería escribir sobre lo que estás viendo aquí y pedir a tus lectores su colaboración por la paz.
      - Por desgracia aunque ella quisiera no podría -intervino Pepe-, los jerarcas de su revista no se lo dejarían publicar.
     - ¡Cervezas frescas! -gritó Pedro, que regresaba con las manos llenas de botes-. ¿Sobre qué platicabais?
      - Gloria está elaborando un trabajo sobre la novela de Thérèse y deseaba conocer más detalles sobre la muerte de Nando -explicó Fonso.
        - Tú sabes tanto o más que nosotros sobre el particular.
       - Sí, y ya se lo he contado todo según mi propia visión sobre el tema, pero ella quería contrastar pareceres con vosotros porque le parecía demasiado increíble la versión que yo le he dado.
      - Como es natural y siendo tu amiga no le habrás dado la versión oficial sino la que puede causar problemas, no a nosotros, por supuesto, me refería a los hermanos.
       - En cualquier caso os prometo que no escribiré nada sobre el particular y daré por buena la versión de la novela de Thérèse.
     - Eso como tu prefieras, pero vamos a dejarnos de chacharas que nos estamos perdiendo esta dulce música -sugirió Pedro.
        La banda estaba tocando una preciosa balada céltica con tanto sentimiento que ponía la carne de gallina, y muchas personas habían encendido cerillas y mecheros produciendo en el ambiente una sensación fantasmagórica y alucinatoria, como de bosque encantado, pues las luces del local se habían apagado y sólo se percibían llamas que se balanceaban como tranquilas olas de fuego. Nosotros imitamos a los demás y también encendimos luminarias.

       Con esta balada terminaba la actuación de aquel grupo y cuando desapareció del escenario subió a la tribuna de oradores un general alemán retirado que había pertenecido al mando integrado de la Alianza y que echaba pestes sobre ella y sus componentes. Arreciaron los gritos en contra de la organización militar y de sus destructivos arsenales. Tras del discurso del germano hubo una pausa en tanto que la siguiente banda preparaba la megafonía acorde con sus instrumentos. Se trataba del grupo que lideraba Rosendo que con su rock urbano y suburbial pondrían broche a la fiesta.
       - En estos dos elementos tenemos un perfecto y extraño ejemplo de unas personas que aciertan a la primera en encontrar la pareja idónea, se conocieron cuando eran unos chiquillos y ahí los tienes más enamorados que el primer día -dijo Pepe refiriéndose a sus amigos y regresando al último tema del que habíamos hablado en el restorán.
     - No le hagas demasiado caso, en realidad nos odiamos fraternalmente, ahora Pedro hasta ronca por la noche.
       - Y, ¿qué decir de la barriga que te has echado en estos últimos años?, antes te podía abarcar la cintura con una mano.
         - ¿Es cierto que siempre habéis estado juntos? -pregunté incrédula.
       - Éramos unos mocosos cuando ya jugábamos juntos en un barrio de chabolas de los alrededores de Santiago, podría decirse que fue la miseria quien nos juntó -explicó Claudina.
       - Después fuimos a la misma escuela -continuó él- y hacíamos las mismas travesuras entre las montañas de escombros y basura hasta que tuvimos la edad suficiente para trabajar. Encontramos empleo en una fábrica y por las noches continuamos nuestra instrucción asistiendo a un aula nocturna.
       - El profesor era un viejo maestro socialista, porque todos no son iguales, también los hay que mantienen sus principios, se llamaba don Cosme y era un pedazo de pan.
      - Cuando decidimos vivir juntos los compañeros nos ayudaron a levantar nuestra propia chabola, y aunque el dinero nunca sobraba íbamos tirando. Cuando lo del Frente Popular pensamos que nuestra suerte iba por fin a cambiar, y de hecho durante el corto periodo que duró logramos mejoras increíbles, pero todo se fue al carajo y como estábamos comprometidos hasta el cuello tuvimos que salir por pies.
       - Y nunca mejor dicho porque cruzamos los Andes caminando por senderos nevados. Continuamos hasta Buenos Aires y allí embarcamos para acá.
      - Mas aún en los más difíciles momentos siempre tuvimos la suerte de permanecer juntos y esperamos poder retornar un día a nuestra tierra cuando “más temprano que tarde se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”.
       Escuchando el relato de sus andanzas no pude impedir que mis ojos se inundaran de lágrimas y saqué mi pañuelo del bolso para sonarme.
      Todas las luces del pabellón estaban de nuevo encendidas y temí que se notara mi emoción, pero los tres amigos se habían puesto a comentar algunas cuestiones referentes al festejo y no se fijaron en mí.
         - ¡Mamá! -gritó una inconfundible voz a mis espaldas.

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