viernes, 3 de mayo de 2013

Entrevista Tercera - Capítulo 14



CAPÍTULO 14

         “Lleva una vida muy traqueteada, cuando están en marcha ella está parada, y cuando se detienen comienza su…” “¿Siempre está mojada?” “Sólo cuando llueve, lo que es poco frecuente porque la primavera y el otoño son muy cortos; le salen trabajos en la otra punta de la ciudad, y la ciudad es una estrella de seis puntas, seis. Los cuatro puntos cardinales son Irún, Barcelona, Valencia, Cádiz, Lisboa y La Coruña. Siete son los pecados capitales, ocho las patas del pulpo, nueve las tres hijas de las tres hermanas y diez es la hora en que me voy a la cama. Amén.

        
         - ¡Vanesa! ¿Qué haces tú aquí y a estas horas? -la sorpresa acabó de secarme los ojos y mi pregunta adoptó un tono duro, demasiado duro.
         - Lo mismo que tú, he venido al festival - dijo la cría con espontaneidad arrojándose en mis brazos.
        - No puedo dar crédito a mis ojos, es igualita que tú cuando nos conocimos -se admiró Pepe.
         - ¿Cómo te han dejado venir los abuelos? -seguí preguntando sin responder a sus afectuosas caricias.
          - Bueno… -dudó ella sonrojándose-, no les dije exactamente que venía aquí, ya sabes que son muy carcas.
       Me encontraba muy enfadada y dispuesta a reprenderla con severidad y casi decidida a llevarla hasta casa prendida por una oreja.
         - Soy Fonso, un viejo amigo de tu madre -se estaba presentando Pepe-, no sé si ella te habrá hablado en alguna ocasión de mí, y estos son dos formidables compañeros: Claudina y Pedro.
         - Mucho gusto -dijo mi hija tendiéndoles la mano.
        - Ya veo que si te habló en alguna ocasión no lo recuerdas, déjame que te bese, somos camaradas -y la besó en ambas mejillas-. ¡Es extraordinario, se parece a ti como una gota de agua a otra! -mi buen amigo estaba exultante de alegría y no me sentía capaz de persistir en mi ofuscación.
         - Sólo en la apariencia externa, yo nunca hubiera engañado a mis padres para salir una noche de fiesta. No está nada bien lo que has hecho.
        - Deje ya de reprenderla y no le amargue la noche -medió Claudina-, aquí hay muchos jóvenes de su misma edad y en ningún sitio iba a estar mejor y más segura. ¿Te estás divirtiendo?
       - Sí, mucho, esto es fabuloso. También a mí me ha extrañado cantidad verte aquí, mamá, como escribes para una revista algo fachosa…
         Me dejó de piedra.
         - Y mi hija me ha salido una revolucionaria incendiaria.
       - ¡No exageres!, ya sabes que soy ecologista y que casi todos los fines de semana, cuando hace buen tiempo, me voy de excursión al campo con los compañeros para hacer estudios sobre la naturaleza.
       - Eso es lo que pensaba, que ese asunto de la ecología se trataba de cuidar de los árboles y los bichitos.
         - Quién ama la Naturaleza tiene por fuerza que amar la Paz -sentenció Pepe.
         - Todavía voy a tener que darle la razón a esta mocosa y aplaudir su desobediencia. ¿No habrás venido sola?
         - Qué va, hemos venido todos los del grupo. Están por ahí. Mira, ese es mi tronco, Jaime. ¡Jaime, Jaime! -gritó.
         Se nos acercó un muchachito rubio y pecoso que vestía ropa vaquera y se mostraba muy cohibido. ¡Debíamos parecerle vejestorios!
         - Bueno, vamos a cercarnos al escenario que ya comienza su actuación nuestro grupo favorito, luego nos vemos -y cogió de la mano con naturalidad al que ella llamaba su tronco y se perdieron entre la muchedumbre al tiempo que se apagaban las luces del recinto y se encendían focos coloreados alumbrando a los músicos.
         - Es muy guapito tu futuro Yerno -bromeó pepe.
         - No me digas esas cosas ni e coña que me da un repelús. ¡Vaya con la renacuaja!
       - Estoy seguro de que a tus padres no les contabas que salías conmigo cuando tenías aproximadamente la misma edad.
         - Es que no salía contigo, íbamos con toda una panda de amigos y siempre era por la tarde, jamás se ocurrió llegar a casa después de las diez, ni mis padres me lo hubieran consentido y, ya ves, cualquiera que sea la disculpa que les ha dado Vanesa, a la nieta sí que se lo consienten.
       - Es que son otros tiempos -intervino Claudina-, la niña está convencida de obrar bien, por eso te ha saludado, si pensara que estaba cometiendo una fechoría hubiera intentado ocultarse. Tal vez en lo único que se haya liberalizado un poco la sociedad en los últimos años sea en que existe una mayor comunicación y comprensión entre los padres y los hijos, y una mayor sinceridad en la forma de actuar cada cual.
         - No sé hasta qué punto será beneficioso para ellos dejarles las riendas tan sueltas, pueden llegar a creerse que todo el monte es orégano y llevarse algún día un buen chasco. Y luego la responsabilidad será para los padres, porque hasta ellos mismos nos hacen pasar por culpables cuando se llevan algún desengaño.
        - Me da la impresión de que estamos haciendo una montaña de un grano de arena -dijo Pedro-, mejor sería que siguiéramos disfrutando de la fiesta, y mis más sinceras felicitaciones por tener una hija tan hermosa y tan desenvuelta.
         - Gracias -mi orgullo de madre me hizo ruborizarme, lo que provocó una oleada de risas entre mis acompañantes,


         La alegría y el entusiasmo subían de tono con toda la gente coreando y palmeando las canciones pacifistas de la banda de Rosendo, y nosotros disfrutábamos desde las gradas del espectáculo que formaba la multitud.
         Cuando finalizó la actuación del grupo se nos unieron los amigos ecologistas de mi hija que brincaron de entusiasmo cuando Pepe les propuso presentarles a su amigo el cantante.
         Rosendo era un muchacho sencillo y afable al que no se le habían subido las lentejuelas a la cabeza a pesar de la fama que tenía entre los aficionados al rock. Departió alegremente con todos mientras nos acercábamos al bar a tomar una penúltima consumición.
         - ¡Coño, Valentín! -exclamó en músico al ver a su viejo compañero al otro lado del mostrador-, ¿qué eres fotógrafo o camarero?
         - Melenudo, ante todo sigo siendo camarada. Ahora estoy jubilado del trabajo pero en mis actividades revolucionarias no cejaré hasta que me lleven con los pies pa’lante, sigo colaborando todo cuanto puedo, que ya con mis muchos años y achaques no puede ser mucho.
         -Todavía estás hecho un pimpollo -le animó Pepe-, mira si aún queda algo por ahí para refrescar a toda esta basca.
          - ¡Menuda peña sois, vais a terminar con todas las existencias!
         - A nosotros no se te vaya a ocurrir servirnos botes, los refrescos los queremos en recipientes de vidrio que sean retornables -exigió Vanesa.
          - ¡Niña no seas impertinente! -la recriminé.
        - Ya que por fuerza hemos de depredar a la Naturaleza que sea lo imprescindible -explicó Jaime.
         - ¡Estos jovenzuelos vienen pisando fuerte! -exclamó Valentín lleno de dicha- ¡Así me gusta, que sepan lo que quieren y que no tengan temor de exigirlo! Por verlos tan decididos vale la pena haber luchado toda una vida sin conseguir más que lacras -y levantó con orgullo su célebre muñón.
         - ¡Milagro hubiera sido que no te hubieras tirado el pisto con tu trofeo de guerra -bromeó Pepe.
         - ¡No has cambiado ni un ápice! -le palmeó la espalda Rosendo medio subido sobre el aluminio del mostrador.
         La conversación se prolongó todavía un buen rato, el pabellón estaba ya casi vacío y me encontraba muy cansada y con muchas ganas de dormir. Pepe se ofreció a llevarme a casa y nos despedimos del grupo, que aún se resistía a dar por finalizada la velada.
         - Será mejor que primero llevemos a Vanesa a casa de los abuelos -propuse.

          “La cama estaba deshecha, tal y como la había dejado cuando me levanté por la mañana.
       - Perdona, pero he tenido un día tan ajetreado que no me ha dado tiempo… en un momento la ordenamos.
       Pero el deseo era demasiado exigente y caímos abrazados sobre las revueltas sábanas.
         - Estoy con el periodo -me creí obligada a advertirle.
         - Siempre estuve enamorado de ti -me decía él amasándome en dulces caricias.
         - Yo también lo he estado de ti, pero el orgullo no me dejaba reconocerlo.
      - Olvidaremos todo el pasado y disfrutaremos de nuestro dichoso presente. ¡Te quiero!
        - ¡Mi amor! -nuestras bocas se confundieron en un beso ardiente y lo atraje hacia mi interior.
         Estabamos a punto de culminar nuestro mutuo placer cuando un grupo de personas penetró en la habitación y zarandeando la cama nos elevaba por los aires. No podía distinguir sus rostros pero el acento de sus risas me resultaba muy familiar. Sí, allí estaban mis padres, y también mi exmarido y Gerardo, y Julián tomaba fotografías con una cámara provista de flash. Pepe y yo estábamos avergonzados y nos intentábamos separar pero nuestros sexos se encontraban fundidos y nos resultaba imposible desengancharnos.
         Los santiaguinos entraron portando gaitas y un voluminoso piano flotaba en el aire. Nando golpeaba sobre sus teclas con frenesí y tenia clavadas sendas jeringuillas en los ojos. Miriam y Cristal cantaban sentadas sobre el piano y Ernesto las envolvía con serpentinas multicolores ante los aplausos de Charo. Se impuso el silencio cuando penetró Valentín dirigiendo un piquete de hombres armados con fusiles. Eran Rosendo y su banda que traían un prisionero con ropas doradas que cubría su cabeza con un tiara. Lo colocaron contra la pared y se formó el pelotón de fusilamiento. Con el estruendo de la descarga me caí de la cama”.

            Desperté sobresaltada.
       - Te has quedado roque, mamá -me explicó Vanesa. El automóvil se había detenido frente a mi casa-. He pensado que era mejor no despertar a los abuelos a estas horas y venirme contigo. ¡Hace mucho que no pasamos una noche juntas y tenemos tanto de que hablar!
         - He tenido una pesadilla tonta -dije recobrando el sentido de la realidad.
           Descendimos los tres del vehículo.
         - Espero que a partir de ahora ya nos podremos seguir viendo con alguna frecuencia -propuse a Pepe.
         - El próximo domingo se va a celebrar una gran manifestación desde Argüelles hasta la Plaza del Descubrimiento, y vendrá gente de todos los rincones del país. Allí nos podríamos encontrar de nuevo.
       - Puedes estar seguro de que asistiremos -afirmó Vanesa, y le besó en las mejillas- ¡Os dejo solos para que podáis despediros con una mayor intimidad! -y se alejó hacia el portal.
        - ¡Es un zascandil! -reí-, ¿qué se habrá pensado?
      - Ha sido un día inolvidable -dijo Pepe y rozó su labios con los míos-, y tienes una hija fantástica… -se alejó de mi lado y abrió la portezuela del “Dos Caballos”-. Hasta el domingo, estaré cerca de un aerostato con los colores del arco iris decorando toda su superficie, podrás hacer un buen reportaje desde las alturas si lo deseas -y se introdujo en el coche.
      - ¡Buena suerte! -le grité agitando mi mano en alto.
        

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