CAPÍTULO 8
ATOCHA es un
sueño. Sueñan los que llegan con el propósito de buscar fortuna, y sueñan los
que parten con idéntica ambición. Es una maleta de cartón prestada que viene y
que va de un lugar a otro hasta que se desmorona de puro vieja. Sobre los
cristales que cubren la estación repiquetea la lluvia y un grupo de muchachos
vestidos con uniformes de soldados cantan con alegría y tristeza, nadie sabe si
se los llevan o los traen. Una niña llora con desconsuelo sobre el andén,
sostiene un globito multicolor atado por un hilo a su mano y la gente pasa a su
lado sin prestarle la menor atención. Por los altavoces una aguda voz femenina
anuncia cualquier noticia sobre salidas y llegadas que resulta ininteligible…
- Y entonces
usted se marcha a Paris en busca de Thérèse.
- Perdone que la
corrija de nuevo, pero esa me parece una muy errónea interpretación de mi viaje
a Paris, a la que sin duda la ha llevado su persistente idea fija de mezclar la
ficción de la novela con la realidad de nuestras vidas. Se lo aclararé: En
aquellos momentos históricos no le veía ninguna salida airosa en este país a la
profesión que había elegido, fue un periodo muy convulsivo para todos los
ciudadanos y nadie iba a preocuparse de lo que pudieran opinar o realizar un
grupo de jóvenes artistas. Nuestras teorías eran muy bonitas y muy divertidas,
como siempre suelen serlo las utopías, pero como ella no tenían la menor
posibilidad de fructificar. Paris era para nosotros la meca del arte, la ciudad
mito, el lugar donde un fotógrafo de mi categoría y mis pretensiones podía
triunfar. No me fue nada fácil decidirme, como usted se podrá imaginar -asentí
con la cabeza para no interrumpir el hilo de su discurso, que continúo-: Me
parecía que al marcharme faltaba a un compromiso con mis amigos, pero me
abrumaba lo de la revista y toda la entelequia que se iba formando a su
alrededor. Si había abandonado mis estudios no era para perder el tiempo con
aquellas pamplinas sino para dedicarme por entero a la profesión que había
elegido. Y así se lo hice saber a Nando, que era con quien tenía una mayor
intimidad, y él, aunque con algunas reticencias al principio, acabó por darme
la razón y hasta por animarme en la empresa que iba a emprender. De todas
formas, aunque me fui, tampoco los dejé colgados con lo que ya estaba en
marcha, en la revista se publicaron algunas fotografías mías, y también les
presté una importante cantidad de obra para su famosa y catastrófica
exposición.
- Pero para
ellos no sería lo mismo que si hubiera estado usted aquí a su lado,
compartiendo todas sus esperanzas y sus posibles y probables fracasos.
- En efecto, era
muy distinto, pero cada persona debe saber elegir su propio destino y asumirlo
en cada momento, y en aquel estadio el mío no estaba por aquellas macanadas.
- Y a la vista
está que era mucho más fructífera su opción -dije con un cierto tono de
reproche, pero el entendió la frase como un cumplido.
- Así tenía que
ser. Había razonado a conciencia lo que iba a hacer, en contra de lo que opina
Thérèse en su dichoso libelo. Es posible que en su orgullo de mujer, y no es
que tenga nada contra las damas en general, ella pensase que yo me presentaba
en París para cobijarme bajo sus faldas, sin duda hubiera sido un alago para su
vanidad. Pero era elemental que si yo no conocía allí a ninguna otra persona,
aunque llevaba buenas cartas de presentación que con posterioridad me abrieron
todas las puertas, lo más lógico es que me presentara en su casa.
- Según usted lo
cuenta sí que resulta normal su actitud, pero ella es muy explícita cuando pone
en boca del personaje del libro las siguientes palabras: “Desde el día que te
fotografié por primera vez no hago otra cosa que pensar en ti, he quedado
prendado de tu cuerpo y de la gracia que exhala, tienes un poderoso magnetismo
que me atrae hacia tu persona, no sería capaz de fotografiar nada que no haya
sido envuelto por tu mágico halo”.
- ¡Ja, ja, ja!
-rio Julián de una manera forzada-, es un pasaje que me hace mucha gracia.
Literatura, literatura barata, si me permite la expresión. Después de leer su
obra con bastante atención no he tenido más remedio que llegar a la conclusión
de que es una escritora bastante mediocre. Sí, ya sé que ha tenido un gran
éxito, y que hablar sobre el libro es un tema de moda en los medios
intelectualoides. Pero ahí es donde está la clave: la moda. La moda es un
animal de grandes tragaderas al que hay que alimentar continuamente con carnaza
fresca. La novela está muy bien compuesta desde ese punto de vista, el de
generar un impacto inmediato siempre que colabore para ello una adecuada
publicidad. Sobre este tema conozco bastante, como podrá usted comprender,
pocos creían en nuestro arrollador triunfo hace apenas tres años, pero teníamos
el producto adecuado y personas que le supimos hacer la propaganda precisa.
Pero existe una gran diferencia, como sin duda podrá apreciar, en el fondo de
la cuestión, la mercancía era de calidad y se mantiene fresca como el primer
día, la obra de Thérèse tiene muchas de sus propias características como
persona: Uno alucina al principio de conocerla por su fisonomía y por su
distinguida forma de comportarse, pero enseguida se da cuenta que detrás de la
fachada no existe un ser con fuego en las venas, con la fuerza arrolladora que
aparenta.
- En las fotos
que usted la tomó está llena de vida, de magnetismo -objeté.
- Un retrato no
es sólo el reflejo de la persona que posa, tiene también mucho de la potencia
del retratista, en pintura es algo que se da por sabido y en la fotografía
sucede lo mismo. También he de reconocer que ella fue siempre muy fotogénica.
Es una virtud que nunca me he podido explicar del todo aunque he pensado
bastante sobre el tema, como se podrá imaginar. Sí, sucede muy a menudo con los
artistas de cine: en la pantalla son como dioses omnipotentes y si te cruzas
con ellos por la calle te resulta difícil reconocerlos… Pero creo que estoy
divagando, lo noto en su expresión entre aburrida e impaciente.
- Es muy
interesante todo cuanto me explica pero tiene razón en que nos estábamos
alejando del tema y he de agradecerle que se haya percatado de ello. Volvamos a
centrarnos: ¿cómo le recibió Thérèse en Paris?
- Como ya le
dije fue a la primera persona que visité. Me recibió de una manera fría, aunque
llena de amabilidad. Un comportamiento de lo más extraño, como si yo hubiera
estado viviendo en aquella ciudad desde siempre y me pasara por su domicilio un
día para rendirla una visita de cortesía. Esta actitud me desorientó bastante en un primer momento,
pero de lo que me dí cuenta enseguida era de que no podía esperar ninguna ayuda
de su parte, que ella entendía la realidad que yo vivía de una forma muy
diferente a como era. Después recapacité sobre el particular y llegué a la
conclusión de que Thérèse pensaba y estaba convencida de que me encontraba allí
de vacaciones, no cabía en su cabeza que una persona con su vida estabilizada
en un lugar tuviera el valor de lanzarse al albur de reiniciar su vida en un lugar
lejano, nunca tuvo demasiadas luces. Bien, pues me busqué una habitación donde
morar aunque a ella le sobraba espacio en su apartamento para haberme alojado
allí, y comencé a establecer contactos gracias a las cartas que llevaba. Nos
veíamos de una forma esporádica y nuestros rendez-vous se fueron espaciando
cada vez más hasta que me enteré que ella se encontraba en Madrid por una carta
que me envió mi hermana. Una despedida a la francesa, que se dice por aquí,
pero no le di mayor importancia a su ingrata actitud, aunque hubiera sido una
buena oportunidad para hacer llegar hasta nuestros mutuos amigos unas cuantas
fotografías que tenía intención de enviarles. Tal vez sea una forma normal de
actuar para una azafata, ya se sabe, un día aquí, otro allí, conociendo a
muchas personas y sin profundizar demasiado en las relaciones con ninguna.
- ¿Se sintió muy
solo?
- Nunca me he
encontrado tan solitario. Pero he de reconocer que fue muy beneficioso para mí.
Era un reto profundo, un enfrentamiento con otra manera de entender la vida,
mientras que mis recursos económicos eran cada vez más escasos. Mis fotografías
gustaban mucho a todas las personas a quienes se las mostraba, pero nadie me
las compraba. Una sucesión de fracasos, pero no creo que se trate de hablar de
mi vida…
- Es que de
repente usted, perdón, el personaje de la novela que lleva su nombre desaparece
durante unos meses sin dejar rastro y de repente ¡pumba!: se casa. A mí me
parece que hay en el relato un hueco difícil de comprender.
- Ya le he dado
hace un momento mi opinión sobre Thérèse como escritora, no creo que sea
necesario que me repita.
- Bien, pero la
curiosidad del lector permanece, tal vez con esta entrevista le podamos dar una
información adicional sobre cómo podía haber sido la existencia del personaje
durante ese tiempo.
- Volvemos al
juego realidad ficción-realidad existencial. Le puedo dar cuantas explicaciones
crea usted conveniente sobre mi propia estancia en Paris durante aquel periodo,
pero está claro que me resultaría imposible aventurar sobre lo que en ese mismo
tiempo estaría haciendo un personaje que sólo reside en la cabeza de la
novelista. Tal vez se podría tratar de un personaje de corte unamoniano y se
dedicara a pedirle cuentas a su autora de las extravagantes cosas que le hacía
decir y hacer…
- Me merezco su
ironía, le prometo que no volverá a suceder…
- No hay nada
que disculparle a usted, parece ser que la escritora ha tenido la diabólica
capacidad de convencerle a usted de la veracidad del relato, pero reconvendrá
conmigo de que es muy ingenua.
- Es probable
que lo sea.
- Y me cae usted
muy simpática, tiene un elán de utopía chocante y gracioso, en el mayo francés
seguro que se lo hubiera pasado muy bien.
- Por aquellas
fechas todavía estaba en el colegio -aproveché la oportunidad para sustraer
algunos años a mi verdadera edad-, pero desde luego que aquellos sucesos
representan una continua referencia para nuestra generación. Thérère si que
debió de ser una heredera directa del Mayo.
- Sin lugar a
dudas que como tal se consideraba por aquellos años. Buscaba el sur con la
misma intensidad y esperanza con que se buscan las islas paradisiacas, por eso
regreso a Madrid en la primera oportunidad que tuvo y se puso a colaborar con
los del grupo. Tampoco hay que olvidar que es muy posible que se encontrara
enamorada de Nando, a pesar de que con las apariencias procurara dar otra
impresión, y que se obstine en no reflejarlo en su obra. Siempre fue una
persona muy retorcida.
Se le notaba que
tenía ganas de explayarse sobre el tema de los enamoramientos de sus amigos, y
le dejaba hablar, mirándole con atención para alentarlo.
- Se enamoró de
él desde el principio -continuó Julián-, y los demás fueron títeres en derredor
de ella. Primero Fonso, luego Ernesto… Habrá notado que no me he incluido en la
lista de los muñecos de Thérèse, pero lo cierto es que en alguna ocasión estuve
a punto de ser incluido en ella, se la veía tan frágil, tan pronta a romperse y
tan empeñada en navegar junto a los arrecifes… Mi actitud con respecto a ella
fue siempre un poco paternalista, en el buen sentido de la expresión, claro
está. Era una persona que necesitaba ayuda, que se encontraba desorienta y que
tenía un temperamento muy rebelde. Supongo que le habrá costado muchos
sufrimientos el madurar… Hubiera sido muy conveniente para ella profundizar su
amistad conmigo cuando fui a Paris, pero prefirió alejarse, partir hacia los Mares
del Sur, si me concede la metáfora. Cuando, después de mi boda, se hizo amiga
de mi esposa tuvimos una relación más estrecha, una buena amistad, nos visitaba
con frecuencia y se dejaba aconsejar, o al menos aparentaba seguir nuestros
consejos, pero de vez en cuando le daba la ventolera y desaparecía una
temporada..
- Ya ha quedado
bien claro que no tiene nada que ver con el tema de la entrevista, pero por
simple curiosidad personal -mentí- me gustaría saber cómo conoció usted a
Jeannette, y como fue un flechazo tan definitivo que se casaron a los pocos
meses de tratarse.
- ¿Curiosidad
femenina? Siempre es de temer -bromeó.
- Si le molesta
hablar sobre esa cuestión…
- Sería una
pérdida de tiempo, tiene razón al decir usted que fue todo muy precipitado, también
yo lo entiendo hoy así, y no es de extrañar que nuestro matrimonio acabara por
ser un desastre.
- Es una buena
razón para que obviemos el tema.
-
Afortunadamente el trauma ya se supero hace tiempo, pero no deja de ser un
asunto estrictamente personal.
- A grandes
rasgos la personalidad de ella es del público conocimiento -intenté darle
sedal-, es la hija del editor de una revista de difusión internacional, y ella
no se recata de salir en sus páginas siempre que se le presenta la ocasión.
- Ahora tal vez
sea así, pero antes estimaba en mucho la privacidad de nuestra vida -mordió el
pez en el anzuelo-. Todo fue muy sencillo: nos conocimos durante una fiesta que
organizaba una cadena de publicaciones, uno de esos actos frívolos y aburridos,
y nos pusimos a charlar por aislarnos del barullo y de la hipocresía del
evento, que a ambos nos desagradaba, como puede comprobar por aquella época a
Jeannette no le gustaba demasiado la vida social. Descubrimos que eramos dos
almas afines y nos hicimos amigos, y poco después amantes. Ya sabe usted lo que
es eso que se denomina amor, una especie de locura que te envuelve y te ciega,
uno sólo ve los rasgos más favorables de la persona amada, aquello que te puede
unir con ella, y se dejan los defectos a un lado, se les quita importancia.
Pero luego con la convivencia diaria se van haciendo cada vez más nítidos y
patentes, realizando una lenta, efectiva e implacable labor de zapa. Sin
embargo, y gracias quizá a esa hermosa ceguera, fueron aquellos los años más
felices de mi vida.

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