martes, 29 de enero de 2013

Entrevista Primera - Capítulo 9



CAPÍTULO 9

         Se han encendido las primeras luces a espaldas del colosal edificio de la Telefónica, aunque todavía no haya oscurecido por completo. Son finos tubos de neón de colores chillones formando palabras apenas legibles. Bajo algunos se exhibe en la calle la mejor mercancía de la casa, mujeres opulentas de faldas cortas y rostros pintarrajeados, aunque en los portones más selectos un caballero con uniforme y gorra de plato defiende y controla el acceso. Las más antiguas en el oficio ya no tienen plaza en los locales y aguardan a la posible clientela fumando y balanceando el bolso. Hombres de todas las edades patean la calle de arriba abajo con aire distraído, como si pasearan, hasta que en un momento dado franquean con decisión una puerta o entablan una rápida y breve conversación con una hembra. Los taxis entran en la calle vacíos y salen de ella llevando eventuales parejas hacia un destino incierto.

         -¿Usted estuvo trabajando en la revista que editaba el padre de ella?
         -No se trata de una cuestión de causa efecto, ni mucho menos. Su padre no tuvo nada que ver en que mis fotografías fueran aceptadas por la revista, fue una coincidencia temporal que el redactor-jefe me contratara por las mismas fechas en que comencé a salir con Jeannette, pues ya había cursado mi solitud varios meses antes de conocerla. Aunque, sin duda fue una coincidencia agradable que contribuyó a que nos sintiéramos más unidos y a allanar el camino para nuestra boda, ya se sabe que los franceses son muy chauvinistas –sonrió-, y que no dejan de considerarnos a los hispanos como una especie más de “pieds noires”… -quedó un momento indeciso-. Creo que estoy divagando de nuevo. ¿Supongo que su curiosidad ha quedado satisfecha?
         - Le agradezco su explicación. Y regresando a nuestro tema: ¿Cuándo volvió a ver a Thérèse?
         - Algunos meses después, ya habíamos establecido Jeannette y yo un noviazgo formal. Se alegró mucho de que los asuntos me fueran tan bien y yo me entusiasme al recibir noticias de primera mano sobre mis amigos. Eso de que se echa de menos la tierra natal cuando se está lejos no es ningún tópico, es un sentimiento muy real. También fu un motivo de alegría que mi novia y ella simpatizaran enseguida y se hicieran buenas amigas.
         -Y llegó la boda.
         - Que fue un buen embrollo. Aunque había transcurrido poco más de un año desde que dejé a mis amigos habíamos cambiado todos mucho, no sé si fue una idea muy acertada el invitarlos en bloque al evento. Podría decirse que fue la última vez que estuvimos todos juntos, al menos de una forma armoniosa.



         “Fueron todos a la boda. El tiempo había borrado los rencores que les produjo la súbita partida de Julián, y los tres amigos viajaron juntos en el mismo tren “Puerta del Sol” hasta Paris.

         La capilla era recoleta, bonita y llena de gracia. Había muy pocos invitados por parte del novio, apenas media docena de familiares, y sus amigos. Los de la novia eran muchos más, su padre tenía amplias relaciones en la ciudad y abundaban los reporteros gráficos.

         - No es muy guapa la novia -comentó Ernesto al oído de Fonso.

         - Es probable que su personalidad compense la falta de belleza física, Julián se ha preocupado más por las cuestiones espirituales que por las materiales -especuló Fonso.

         - Pero uno no se mete en la cama con un espíritu, sino con un buen cuerpo con el que disfrutar. Seguro que a pesar de lo feilla que es lo sabe hacer de maravilla -y los dos compinches rieron la picardía.

         Thérèse se acercó a ellos y reclamó silencio.

         - Es la primera vez en varios años que entro en una iglesia, no me lo pongáis más difícil todavía -protestó Fonso.

         - Si quieres salimos a tomar un poco el fresco, me siento un poco mareada con el humo de las velas y del incienso, y el ambiente está muy recargado -propuso Thérèse.

         - De acuerdo, estas ceremonias son pesadísimas, y eso que la presente está amenizada con la música que está tocando Nando en el órgano.

         - Ha compuesto una marcha nupcial con motivo del evento, que estrenará cuando finalice el acto. Nos estuvo mostrando la partitura en el tren y nos tarareó algunos pasajes de la melodía -informó Ernesto a la amiga.

         - Pues no me quiero perder su audición -aseguró ella.

         - Pero todavía falta mucho para que acabe la ceremonia, anda, salgamos a respirar aire puro -propuso Fonso.

         - La verdad es que el mareo va en aumento. ¿Vienes, Ernesto?

         - Prefiero no perderme detalle de todo el desarrollo, gracias.

         - De acuerdo, pues cuando notes que está a punto de concluir haces el favor de salir un momento y nos avisas, no me gustaría perderme el estreno de “la marcha nupcial de Nando”, jejeje, si no te sirve de molestia -bromeó Fonso.

         - En absoluto, no os preocupéis que la marcha marchara también para vosotros -le siguió la broma Ernesto.

         La pareja salió en silencio de la capilla. En la ciudad atardecía y soplaba una fresca brisa que coloreó las palidas majillas de la muchacha en un instante.

         Fonso se quejó de la opresión de la corbata, aflojándose el nudo y desabotonándose el cuello de la camisa.

         - Demasiadas cosas nuevas para un solo día: corbata e iglesia -comentó. Thérèse vestía un precioso traje de chaqueta de color salmón que hacía resaltar sus rubios encantos-. Cada día estás más hermosa, a veces siento la tentación de volverme a enamorar de ti -la galanteó.

         - no seas bobo, lo dices por agradarme -y cambió de conversación-. He encontrado a Ernesto muy triste.

         - Es normal que tenga ese estado de ánimo. Siempre pensé que a la primera boda que asistiría de los del grupo sería a la suya con Lucía. Y ya ves de que forma tan tonta se arruino su noviazgo en un abrir y cerrar de ojos.

         - Y todo por culpa del accidente.

         - ella todavía cojea un poco al andar, y él continua medicinándose para resistir los dolores de cabeza. Fue un golpe de película.

         - A veces las desgracias unen más a las personas…

         - La familia de ella nunca vio con buenos ojos aquella relación, tenían conceptuado a nuestro común amigo como un bala perdida y aprovecharon la oportunidad para echarle a él la culpa de todo el suceso. Así se comportan las familias, no dudan en provocar la infelicidad de los demás si uno no se atiene a los esquemas establecidos por sus caducos prejuicios, y todo lo arreglan con hablar de cariño y protección. ¡Menuda caca!

         - Sí, porque a ellos se les veía una pareja muy unida y feliz.

         - En fin, esperemos que se le pase pronto la melancolía a nuestro querido compañero y que en el futuro tenga más suerte con sus relaciones. ¿Cómo ves tú lo de Julián?, por mi parte pienso que la boda ha sido demasiado precipitada, ninguno de nosotros conocíamos a la novia.

         - Es una muchacha encantadora y estoy segura de que hará muy feliz a nuestro amigo. En los últimos tiempos les he visto muy a menudo y se compenetran a las mil maravillas.

         - Y tú, ¿cómo andas de amores?

         No sabemos lo que la muchacha hubiera respondido al respecto porque desde la puerta de la capilla les llamó Ernesto en aquel momento, y la pregunta quedó suspendida en el aire violáceo del crepúsculo incipiente.



         Entraron en el templo. La ceremonia tocaba a su fin. Los novios y padrinos miraban hacia el público y posaban complacidos mientras se dejaban hacer las fotografías de rigor. La madrina era Miriam, que estaba radiante de hermosura con un vestido de raso azul turquesa y un tocado floreado a juego. El padrino era un señor mayor, con el pelo blanco y rasgos judíos en su rostro, que debía ser el padre de la novia. Los tubos del órgano comenzaron a soplar la “Marcha Nupcial de Fernando”, llenando el ámbito de una deliciosa sonoridad. A Fonso le recordaba aquella música un tema de una sinfonía de Saint-Saëns aunque con algunas disonancias de un ir y un venir hacia el dodecafonismo, pero la alegría era general y le pareció más oportuno no hacer ningún comentario al respecto y disfrutar de la felicidad reinante.

         Nando bajó del coro con una actitud triunfal y el rostro radiante de esplendor siendo más felicitado por sus conocidos que el mismo novio, y parecía sentirse como un pavo real con todo el multicolor plumaje de su cola extendido.

         A la salida del recinto sagrado hacia la noche parisina tuvo lugar la inevitable lluvia de arroz, y todos marcharon eufóricos hacia un conocido restaurante cercano en busca del tradicional ágape.” 

         - Luego se produjo la diáspora.
         - En efecto, fue algo muy curioso. Nosotros vinimos de luna de miel a España, tenía grandes ansías de mostrarle mi país a Jeannette, y el ambiente alegre y distendido que había disfrutado con mis amigos, y resultó que aquí no quedaba ninguno de ellos. Nando y Ernesto se quedaron un tiempo en Paris y Fonso marchó a Ámsterdam.
         - En el libro se apunta que quizás fuera a Londres.
         - Sí, es algo que me extrañó mucho cuando lo leí, porque estoy seguro de que él habló de su intención de viajar a Holanda, y como ya le dije la cronología y la geografía del libro es bastante correcta, pero tanto da que fuera a un lugar o a otro, el caso es que de de todo aquel mundillo bohemio del que tanto había hablado a mi esposa no quedaba nada. Lo que por una parte quizá fuera más conveniente para unos recién casados. También pasamos algunos días en la finca con Rocio y Julio, y visitamos Granada. A Jeannette le encantó todo aquello, con su ambiente exótico, africano, decía ella, y estaba muy contenta reencontrando sus raíces. Pues su familia, no sé si sabrá, era judía, y el padre emigró de Polonia al Marruecos francés. Fue el único, entre los cinco hermanos que eran, que quedó vivo después de la persecución nazi… Volvemos a alejarnos del tema, parece que son inevitables las digresiones.
         - Todos ustedes, perdón, sus trasuntos novelados quise decir, son el tema.

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