jueves, 10 de enero de 2013

Entrevista Primera - Capítulo 5



CAPÍTULO 5

         El albo manto de la nieve ilumina el persistente aspecto gris de la ciudad. La infrecuencia con que aparecen los ampos sobre ella logran que el paso de los ciudadanos se acorte para contemplar su impasible caída. Cada cuesta del parque del Oeste se transforma en una improvisada y diminuta Navacerrada, y los chavales destrozan las culeras de sus pantalones deslizándose por las pendientes. Los barrenderos arrojan con palas sal golda sobre las calzadas y la blancura va transformándose en un puré negruzco y desagradable. “Año de nieves, año de bienes” canta la castañera arrebujada en su pobre mantoncillo de lana negra, con el ánimo de incitar a los viandantes a comprar su caliente mercancía. Hay atascos de tráfico y los conductores hacen sonar los cláxones con fuerza. “Nunca nieva a gusto de todos”, comenta a la mujeruca un caballero enfundado en un gabán de grueso paño azul.

         -Pues si se enamoró ya de ella hizo bastante por disimularlo, porque más bien, si nos atenemos al texto, con quien intimó fue con la amiga.
         -Una cosa es el coqueteo propio de una fiesta distendida y otra muy distinta las afinidades profundas. Sí, estoy seguro de que Fonso se quedó ya prendado de ella en aquella ocasión.
         - Sin embargo fue Nando quien se aprestó primero a cortejarla.
        - Usted ha empleado la palabra exacta: cortejar. No estaba enamorado de ella, como tampoco lo estuvo nunca de mi hermana. Jugaba con las mujeres, jugaba con la vida, era un jugador nato.



         “Idílico era el lugar. Nando había estado acertado en la elección. Encontró por casualidad la invitación en una chaqueta de su padre cuando rebuscaba en sus bolsillos alguna calderilla que su viejo hubiera dejado olvidada. Si con los muchos tacos que tenía su padre todavía le daba resultado llevar a sus amantes a aquel sitio seguro que él lo tendría de calle…


         Música suave y romántica, luces rosadas e indirectas, manjares deliciosos, bebidas afrodisiacas, y a través de la cristalera enmarcada por listones de caoba tallada una amplia visión de un jardín y un estanque, en una hortera representación del supuesto paraíso terrenal.

         Thérèse parecía sentirse flotar en la cálida atmósfera del restaurante, y la bebida contribuía a mantenerla en aquel estado de ensoñación que la alejaba de la realidad.

         - ¿Te gusta el lugar? -le preguntó Nando, que daba por supuesta la respuesta afirmativa de la muchacha, mientras tomaba una de sus manos entre las suyas.

         -C’est très jolie -aseguró ella, pero se desasió de las manos de Nando con la disculpa de alcanzar una copa-. Es una lástima que sea invierno, debe de ser muy agradable pasear por los jardines cuando hace buen tiempo.

         Él no acusó el rechazo de la amiga y volvió a emplear sus manos para empuñar el cuchillo y el tenedor y cortar una laja de solomillo como si nada hubiera sucedido. Se metió el trozo en la boca y comenzó a masticarlo con lentitud, después de tragarlo se limpio los labios con la servilleta y sorbió un trago de vino añejo, y sólo entonces se dispuso a responder al comentario.

         - Cada estación tiene sus ventajas, en el verano se puede disfrutar del frescor del estanque allá afuera y ahora, con el frío, del reconfortante calor de la chimenea aquí adentro.

         La mesa que había ocupado la pareja se encontraba a pocos metros de una formidable chimenea rústica en cuyo fogón ardían y chisporroteaban unos gruesos troncos de roble, y se producía un tenue humillo aromático que contribuía a aumentar el encanto del salón chapado en maderas nobles y con un precioso artesonado en el techo. El mobiliario tenía la prestancia de lo antiguo bien conservado y la tapicería de las sillas era de terciopelo granate.

         Un solícito camarero escanció de nuevo vino en las copas semivacías y Nando aprovechó su presencia para demandarle la carta con los postres.

         - No vayas a creer que ha sido un reproche mi alusión al jardín, has tenido una magnífica idea invitándome a cenar aquí, y has sido muy amable… Me siento muy bien, de veras, podíamos brindar por tu idea -acabó por proponer levantando su copa.

         - ¡Por los dos! -alzó la suya Nando. Entrechocaron levemente las copas y bebieron mirándose a los ojos. El regreso del camarero les sacó de su embelesamiento y eligieron sus postres con presteza, molestos por la presencia del intruso.

         - Sabes que eres muy bonita -galanteó Nando. Ella se ruborizó ligeramente, pero reaccionó al instante.

         - Me lo suelen decir con bastante frecuencia, y a veces me trae algunos problemas que las personas opinen así sobre mi persona. La belleza no lo es todo, aunque he de reconocer que para mi profesión resulta muy útil ser atractiva. Algunos pasajeros se ponen histéricos allá arriba y si quien les atiende tiene un rostro agraciado es más fácil que se olviden de que están a cinco mil metros de altura y que se tranquilicen.

         La espontaneidad con que la muchacha hablaba de su propia hermosura desconcertó al músico, y no supo que responder, pero el regreso del camarero impidió un prolongado y embarazoso silencio. A ambos les parecieron deliciosos los respectivos postres que habían elegido y ofrecieron intercambiarse pequeñas porciones. Era un sucedáneo de un beso cuando los sabores se confundían en sus bocas.

         - Tal vez te haya parecido un poco presuntuosa al hablarte así, pero es que me siento muy cansada de que todos los hombres con los que platico se refieran siempre al mismo tema -explicó ella.

         - En absoluto, admiro la sinceridad y me repugna esa falsa modestia que suelen lucir las chicas con frecuencia.

         - Una persona es mucho más que unas piernas torneadas o un rostro sonriente…

         - Así lo entiendo yo -la interrumpió Nando, que acababa de apercibirse de la manera más efectiva de plantear el ataque, casi con una inspiración propia del jugador de ajedrez-, pero no deja de molestarme que me consideras a mí como una cualquiera. La mayoría no saben comprender cuando la mujer que tienen delante es inteligente, y se pierden en las formas más epiteliales sin ser capaces de escarbar hasta llegar al fondo de su personalidad. Pero eso no es cuestión para un compositor, porque lo mismo que en la música tienen que estar concordados fondo y forma también en las personas… 


         Ella le miraba con atención y trataba de distinguir en sus palabras y en las expresiones de su rostro si su lejano pariente hablaba en serio o si tan solo trataba de embaucarla con su discurso, sería demasiado bello que fuera verdad que aquel era su auténtico pensamiento, porque Nando era muy guapo, y ella se sentía atraída por la perfección de sus rasgos y por la intensidad de su verde-lago mirar, ya que a pesar de sus precedentes alegatos a favor de la importancia de la inteligencia ella también sabía darle a lo corpóreo todo el interés que se merece. Su posición no era nada sencilla, pues los sentimientos y la razón entraban en pugna, de una parte el corazón y de otra la cabeza… Ésta comenzaba a darle vueltas en el ambiente recargado del local, pero aún se mantenía firme en sus convicciones. Sería una solemne tontería complicarse la vida y la felicidad de unas corta vacaciones enamorándose como una colegiala, además tenía el acertado presentimiento de que entre Miriam y él existía una relación muy íntima: el comportamiento de ambos durante aquella dichosa fiesta no dejaba lugar a ambigüedades… Y Nando, que ajeno a los pensamientos que se debatían en su mente, proseguía su disertación sobre las concomitancias entre la música y las personas, sin dejar por ello de dar cumplida cuenta de su postre.

         - De todas las formas los varones sois muy frívolos -acertó a decir ella en una pausa del muchacho, y ante la perplejidad de éste ante la rotunda afirmación se dispuso a explicarse-. No me refiero a ti, no seas susceptible, es una generalización.

         - Ya, un lugar común -replicó él, molesto.

         - tal vez lo sea, pero desde luego que está muy fundamentado y muy refrendado por la realidad. Un ejemplo cercano lo tenemos en tu amigo Alfonso.

         - ¿Si, qué te ha sucedido con Fonso?

         - Fue la otra noche, en la fiesta. Cuando nos presentaron pareció quedar deslumbrado por mí, se interesaba todo el rato por lo que hacía y lo que hablaba, y casi comenzó a hacerme la corte mientras vosotros jugabais al ajedrez, y luego, ¡zas!, a la primera oportunidad que tiene se lía con Eduvigis y me deja a mí de lado.

         - ¡Es que tu amiga es fina! -exclamó Nando.

         - Ella fue allí tan sólo a divertirse y a coquetear con los hombres, y no me extraña que os trate así, porque ¡bien que la habéis defraudado!

         Estuvo cinco años saliendo con un garçon, lo complacía en todo, lo mimaba como a un bebé, y de repente va el muy canalla y la deja para casarse con otra. Ya no se fía de nadie ni toma a ningún hombre en serio.

         - Si antes se comportaba tal y como lo hizo el otro día su garçon huiría de los cuernos…

         - ¿Cómo?

         - No, nada, un comentario sin importancia. Tal vez en este caso tengas razón y sea cierto que Fonso es un frivolón, pero eso no demuestra nada, se trata de un caso aislado.

         - Pero él es ton ami, y vosotros tenéis un proverbio: “Dime con quién andas y…”

         - Los refranes no siempre tienen una justa correspondencia con la realidad, los hay de todo tipo, y hasta algunos que dicen con exactitud la consecuencia opuesta a otro, el saber popular resulta muy ambiguo la mayoría de las veces. Por lo demás, Fonso es un conocido… o algo parecido.

         - ¿Parecido?

         - Es una de los factores humanos que deben intervenir en un proyecto que tenemos entre Julián y yo. Hemos concebido la idea de publicar una revista de arte y a Fonso se le da bastante bien la pluma, lo consideramos como una especie de tonto útil.

         - Pues la otra noche parecíais como una y carne -se asombró Thérèse de las palabras de su amigo.

         - Las apariencias engañan, hace apenas unos pocos meses que nos conocemos, es un compañero de Facultad de Miriam.

         - ¿Qué relación existe entre ella y tú? -le espetó, triunfante de haber conseguido llevar la conversación hasta el sujeto sobre el que deseaba informarse.

         - es la hermana de Julián, una chica encantadora. Pero no tiene ningún sentido que sigamos perdiendo el tiempo en hablar sobre nuestros conocidos, sería mejor que saliéramos a la pista a bailar un poco -y aprovechó la sugerencia para tomarle de nuevo la mano. Pero ella no estaba dispuesta a zanjar una cuestión que tanto trabajo le había costado conseguir sacar a la luz, así que, aunque le consintió que continuara acariciando su mano, volvió a la carga.

         - Luego estáis en contacto desde hace mucho tiempo.

         - ¿Quiénes? -fingió él ingenuidad.

         - Está muy claro: Miriam y tú, ella te loaba…

         - Me tiene afecto, soy el mejor amigo de su hermano.

         - ¿Un afecto muy especial?

         - Es absurdo pensar una cosa así, ¡por favor!

         - pues Julián te trata en cierto modo como si ya fueras su cuñado, durante el tonto juego de las tieblas no sé si se sintió más ofendido él que la hermana cuando me descubriste a mí.

         - A Julián no le gustaba aquello, eso es todo. Había tenido que desembarazarse de la célebre Eduvigis, y ella también estaba enfadada por el espectáculo que estaba dando con Fonso. Vamos a la pista de una vez, ¿no te gusta esta canción?

         A Thérèse no le habían convencido nada las explicaciones que le dio su amigo, pero tenía muchas ganas de bailar y divertirse, así que accedió a su petición.




         La pequeña pista estaba sumida en una penumbra aterciopelada, pues hasta ella llegaban muy difuminadas las luces de los quinqués de las mesas y el resplandor de los troncos que ardían en la chimenea. Tres o cuatro parejas se magreaban en la oscuridad cuando ellos llegaron a la tarima. La música encubría el rumor de las requisitorias conversaciones y de los jadeos.

          Nando tomó a la muchacha por el talle y ella le echó los brazos sobre el cuello con bastante desenvoltura. Bailaban muy juntos, y con los giros de la danza el mareo la obligaba a engancharse más estrechamente a su pareja. Poco a poco se iba olvidando de sus anteriores prevenciones, y Nando aprovecha la debilidad de la dama para susurrarle al oído dulces palabras amasadas en ardiente aliento mientras se iban restregando lo vientres al ritmo de las cadencias que escuchaban. Su pasión iba en aumento y las escenas que veía a su alrededor calentaban más su sangre y humedecían sus intimidades.

         Era agradable sentirse abrazada y balanceada por los fuertes brazos del amigo, que comenzó a mordisquear el lóbulo de su oreja, y cuando juntó sus labios con los de ella la delicia de un prolongado beso la obligó a entreabrir su boca y dejar que la lengua de Nando penetrara en ella y jugueteara con sus dientes. Estaba muy turbada y se dejaba hacer…


         Sólo pudo reaccionar cuando él ya estaba conviniendo con el conserje del motel el alquiler de un apartamento. Había llegado demasiado lejos, y aunque sabía que se iba a producir una escena muy desagradable también era consciente de que aún sería mucho peor si dejaba que se prolongara la equívoca situación.

         La presencia del empleado cohibió a Nando de exteriorizar su frustración y dejó loa explicaciones para el automóvil. Frenó en el arcén de la carretera en una zona umbría, y se quedó silencioso, mirando pero sin ver la bella noche exterior.

         - No lo entiendo -susurró al fin.

         Ella callaba. Contemplaba el cielo tachonado de estrellas y callaba.

         - No lo entiendo -repitió él, en un tono más elevado de voz y cargado de amargo resentimiento.

         - Tampoco lo entiendo yo muy bien -dijo Thérèse volviendo la vista hacia él.

         - Todo iba perfecto, ¿no? -Nando sostuvo la mirada de la muchacha hasta que la obligó a bajar la vista. Ella tenía miedo y remordimiento a la vez, pero no dejaba que su semblante trasluciera esta lucha interior.

         - Debí haber considerado con anticipación las posibles consecuencias… pero todo era demasiado agradable para detenerme a pensar con calma. Sólo puedo decirte que lo siento, que lo siento mucho y que en modo alguno era mi intención herir tus sentimientos.

         - No tienen nada que ver los sentimientos en esto, se trataba de una hermosa posibilidad que teníamos de satisfacernos mutuamente, y con sentirlo no se arregla nada. Te creía más mujer -le reprochó.

         - Esa es precisamente la cuestión: que no tienes ningún sentimiento hacia mí, y lo único que pretendías era pasar un buen rato disfrutando de mi cuerpo -levantó la mirada y en sus claros ojos había lágrimas.

         - Y ahora te pones a llorar, no deja de ser una actitud muy femenina. ¡Así pensáis que se arreglan todas las cosas: con llantinas infantiles!

         - No tienes por qué ser cruel, bastante estoy sufriendo ya para que aún ahondes mi herida.

         - No quiero ser cruel contigo, sino todo lo contrario, ser muy amable y cariñoso, quiero abrazarte con fuerza y cubrirte de besos desde la cabeza a los pies -e intentó abalanzarse sobre ella, pero fue rechazado y Thérèse se puso a sollozar con desconsuelo apoyando la cabeza en la guantera del coche. Nando acarició con delicadeza sus sedosos cabellos y ella pareció sosegarse un poco, oportunidad que aprovechó la otra mano del músico para comenzar a oprimirle los duros senos.

         - ¡Laissez-moi en paix! -estalló ella, y con un brusco movimiento abrió la portezuela y saltó fuera del auto.

         Nando se quedó petrificado mientras la veía caminar dando traspiés entre la maleza del ribazo que la arañaba las pantorrillas. Por fin volvió en sí y la gritó:

         - Sabes lo que te digo, estrecha: ¡qué te vayas a la mierda, que no mereces el tiempo que estoy malgastando contigo!

         Y tras de cerrar la portezuela con un fuerte golpetazo encendió el motor, metió la primera marcha y arrancó con un acelerón…

         Pero no había recorrido ni un centenar de metros cuando recapacitó sobre la torpeza que estaba cometiendo. En medio de aquel desapacible descampado podría ocurrirla cualquier desgracia, y había que pensar lo que opinarían sobre él sus comunes amigos cuando se enteraran.

         - ¡Mierda a todo! -se gritó entredientes, y dando un brusco volantazo al tiempo que frenaba el automóvil derrapó ligeramente y dejó el vehículo metido en la cuneta.

         Tuvo Thérèse que ayudarle a desatascar el coche, y aunque empujaban ambos con todas sus fuerzas no hubieran conseguido salir de allí en toda la noche de no ser porque recibieron el auxilio de una pandilla de juerguistas que venían cantando en un todoterreno.”

         - Y solía perder en el juego.
         - Decir eso de una persona ya fallecida es un chascarrillo bastante macabro.
         - No creo que a él le hubiese importado demasiado escucharlo.
         - Porque  siempre fue un irresponsable -tuvo que reconocer Julián, con fastidio, y se produjo un tenso silencio.

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