sábado, 12 de enero de 2013

Entrevista Primera - Capítulo 6



CAPÍTULO 6

         Son las siete y media de la mañana. Dentro del vagón del metropolitano se apretujan los obreros. Huele a sudor, a sueño y a lociones de afeitar baratas. Dentro del túnel se detiene el convoy de sopetón y el brusco frenazo sirve para despertar a los adormilados. Después de un rato el tren reemprende la marcha despacio y traqueteando. Aparece una estación mal iluminada. En un cartel apoyado sobre la pared se puede leer CHAMBERÍ. Hay ruido de máquinas en funcionamiento y sacos de cemento apilados, pero no se ve a ninguna persona por los andenes. La velocidad va creciendo progresivamente y pronto desaparece la estación fantasma como si hubiera surgido de un sueño, y el sopor vuelve a vencer a los prensados en los vagones.

         Con objeto de relajar la tensión se me ocurrió preguntar:
         - ¿La primera vez que estuvo usted a solas con ella fue en La Granja, verdad?
      La pregunta debió de agradarle porque su rostro se distendió, y esbozando una sonrisa respondió:
         - Fue un día espléndido. Había vibraciones coloreadas en el aire…

 
         “Vibraciones coloreadas en el aire, y en las desnudas ramas de los árboles y en los helados estanques la naturaleza permanecía latente. Julián sabía elegir muy bien los exteriores para sus tomas, y adoptar los más apropiados a cada estación. Su modelo estaba extasiada hasta el punto de no tomar en consideración el gélido ambiente de la mañana y permitir que su piel fuera acariciada por la fría suavidad de las estatuas.
         - Mejor levanta un poco más el brazo para que choquen contra tu mano extendida los haces de rayos y podamos lograr un buen efecto de contraluz -¡click!-, ¡perfecto! Ahora vayamos a aquel paseo.
         - ¿Todavía faltan muchas? -tuvo un pequeño desaliento la muchacha al salir de su arrobamiento.
         - No, no te preocupes que casi tenemos acabado ya el carrete, y después nos vamos a tomar un buen tazón de café con leche bien calentito.
         El palacio de La Granja parecía dormitar en su conjunto como un abúlico can tumbado disfrutando la delicia del radiante sol de la mañana invernal. Tal vez las esfinges del jardín no fueran sino perros petrificados por el paso del tiempo. Los juegos de agua se encontraban detenidos y de las fuentes pendían chupones de hielo.
         - No estoy acostumbrada a levantarme tan temprano, una se hace enseguida a la buena vida -se justificaba Thérèse.
         - La verdad es que no pensaba que iba a hacer tanto frío, podíamos haber venido un poco más tarde, pero con una mayor inclinación de los rayos solares no se puede conseguir el mismo efecto, ¿comprendes?
         - Mais oui. El frío es lo de menos, en cuanto que se está un rato al sol el cuerpo se reconforta, pero al mismo tiempo, al estarme parada, la mente se embota y el sopor comienza a hacer presa. Me basta con moverme un poco y conversar para volver a entrar en reacción. ¡Ya estoy bien!
         - entonces recuéstate en la balaustrada como si te encontraras sola y soñaras con algo evanescente.
         - ¿Conoces los poemas de Fonso?
         - Le he escuchado recitar alguno, ¿por qué lo dices?, ¿acaso los consideras evanescentes?
         - Hay algunos que son sutiles hasta el límite.
         - Pues intenta rememorar alguno de esos, tal vez te ayudará a entrar en situación, pero en silencio, que sino saldrá movida la foto.
         - Tus deseos serán cumplidos, ni una palabra más…

“Se escuchaban entre la neblina
Que el albor creaba,
Entre los álamos del monte
Y el monasterio quedo y arruinado
Que el cercano río reflejaba,
Entre los espinos y las breñas,
Entre los jaramagos y musgos de las peñas,
Extraños rumores de fragua,
Elegías de amor y orgullo vano,
Endechas de romance y cantos de agua.

El río claro, agua durmiente
En vados bruñidos por los siglos,
Agua meditativa del juglar doliente,
Agua murmullo de reflejos de un ayer callado,
Agua, única noticia de que el tiempo pasa.”



            ¡Click!
            - ¡Ha salido perfecta! Parecías encontrarte en el reino de la Nada.
            La muchacha regreso del trance con lentitud. El reino de la Nada podría ser una metáfora del útero. Una casi recién renacida en un espacio ambiental casi virgen. Una virgen de veinte años renaciendo a cada nueva madrugada en la inmensidad de los espacios.
            - Casi me he quedado dormida.
        - Te puedo asegurar que ha merecido la pena el esfuerzo, esta foto causará sensación cuando la publiquemos en la revista.
            - ¿Cómo lleváis ese asunto?
            - Va lento, como deben de ir las cuestiones serias.
          - Los últimos son bastante surrealistas…, a los poemas de Fonso me refiero -aclaró.
      Caminaban ahora por un ilimitado sendero flanqueado por altas hayas. Una perspectiva con punto de fuga en el infinito.
            - Nos leyó algunos poemas en la fiesta de cumpleaños de mi hermana, y le acompañaba al piano tu primo Nando…
            - No le mientes siquiera que me produce náuseas escuchar su nombre.
            - ¿A quién?
            - Además no somos primos, sólo parientes lejanos.
            - Perdón, pensaba que vuestras relaciones eran fraternales, cuando hace unos días estuvisteis almorzando en la casa de mis padres parecía…
            - Pues ya ves que estabas equivocado en tus apreciaciones.
         - Está bien, pasemos del tema. Las últimas fotos las tiraremos junto a aquella fuente.
            - ¿También tú eres dadá? -le preguntó de improviso.
            - ¿Qué quieres decir? -preguntó a su vez Julián.
           - Todo eso de la revista… Fonso sólo hace ahora poemas fonéticos, y es una lástima porque los de antes eran muy bonitos.
            - ¿Piensas que las fotografías que te estoy tomando serán abstractas?
            - No, supongo que no -sonrió ella.
            - Puedes estar segura de que podrás reconocer en ellas todos tus rasgos, aunque no sé si en una cartulina se podrá contener tanta belleza…
            - Bueno, dejemos las bromas a un lado. Mira, te he tratado mucho menos que a los otros, y sin embargo algo debe de haber en tu forma de ser, o en tu carácter, que me hace sentir más confianza en ti que en los demás, incluida tu hermana. Creo que eres una persona franca y que me responderás sin ambages, por eso te formulé la pregunta.
            - Es muy agradable todo cuanto dices sobre mí, y por supuesto que te responderé con la mayor sinceridad, pero no acabo de comprender su sentido.
            - Intentaré explicarme mejor… Vosotros formáis un grupo unido… -hablaba con lentitud, buscando las palabra precisas-, yo soy vuestra amiga, Fonso me ha prestado una colección de sus poemas, he posado para ti… Me parece excelente que las personas hagan cosas diferentes a las triviales, la vida corriente es tan anodina… Pero estoy por aquí de paso, de vacaciones, tengo mi vida hecha en otra tierra… Temo defraudaros cuando dentro de muy poco regrese a casa.
            - Ya sabemos que estás aquí de vacaciones, pero eso no tiene ninguna importancia, no somos ninguna sociedad secreta a la que haya que guardar absoluta fidelidad. Por supuesto que hay un núcleo fundamental que si se rompiera haría inviables nuestros proyectos, pero no hay ningún inconveniente en que quien lo desee pueda colaborar con nosotros en la medida que lo permitan sus ocupaciones. Mi hermana, sin ir más lejos, no forma parte del núcleo, ella prefiere dedicarse por entero a sus estudios, y como comparte nuestras mismas ideas siempre que tiene ocasión nos echa una mano. Comprende que las relaciones entre las personas se efectuarán un día sin oscuridades, y acordes con la naturaleza espontánea que todos llevamos dentro y que está en perfecta concordancia con el equilibrio de la Creación en su conjunto, que la poesía que existe en todos los seres emergerá a la luz en su momento y, entonces, todos los humanos viviremos en perfecta armonía, se habrá recobrado de nuevo el sentido edénico y todos podremos ser dichosos y felices. 
         - Esa es la cuestión que me preocupa, los conceptos que estás empleando proceden de los “anarquistos” -dijo Thérèse con un cierto temblor en la voz.
            - Puedes tener la seguridad de que no soy ningún anarquista, ninguno del grupo lo es, pero nosotros intuimos un camino paralelo a través del arte, un camino que no lleva a revueltas sangrientas sino que propone hacer la revolución por medio de la cultura y la sensibilidad artística, haciendo ver a todas las personas las múltiples habilidades creativas que poseen en estado de latencia y que el actual sistema social impide despertar y exteriorizar. Esta sociedad en la que hoy vivimos no tiene las menores posibilidades de sobrevivir por mucho tiempo, y ha de cambiar con prontitud porque la Naturaleza es mucho más fuerte que las tensiones que sobre ella se puedan ejercer y este planeta, que existe desde hace millones de años, no va a consentir que una especie tarada vaya a destruir a todas las demás. Cuando se rompe el equilibrio ecológico por causa de la prepotencia de una especie hay una especie de mecanismo oculto que logra que ésta acabe por extinguirse, así sucedió con los grandes reptiles antediluvianos y así…
            - La hecatombe nuclear me produce escalofríos -musitó la muchacha que sufría aquella sensación correrle por todo el cuerpo.
            Julián se creyó obligado a colocar su brazo sobre sus hombros y a estrecharla contra sí para reconfortarla.
            -La vida está por encima de las mezquindades humanas, las humildes hormigas ya vuelven a habitar los parajes donde se produjo la primera explosión atómica experimental…
            - Tampoco es muy consolador saber que unos repugnantes insectos van a ser los únicos que sobrevivan.
            - Por eso tenemos que luchar con todas nuestras fuerzas para conseguir que el sistema social cambie, y la mejor forma de hacerlo es la estamos poniendo en acción nosotros.
            - Yo creo que Fonso no piensa de la misma forma que los demás. He hablado con él sobre el tema y se le nota más agresivo, más radical. Y tengo miedo por él y por todos, en este país no hay la libertad que en el resto de la Europa occidental, tenéis una dictadura, y la policía de por aquí no se anda con remilgos, en nuestra televisión ponen algunas escenas de represión de manifestaciones que ponen la carne de gallina.
            - No tienes nada que temer, Fonso es ante todo un poeta y sostiene las mismas tesis que los demás del grupo. Aunque haya quien piense que los poetas se encuentran en un estado intermedio entre los hombres y los dioses en el fondo son tan humanos como el que más. Es posible que tengan un corazón más sensiblero que el de un fotógrafo por la propia deformación que les acarrea su actividad creativa. Los fotógrafod nos limitamos a dejar constancia de la realidad del instante; según los filtros que empleemos, el encuadre que hagamos, la sensibilidad de la película, y otra serie de cuestiones técnicas que no vienen al caso, podemos acentuar un dramatismo, poetizar una escena, enfatizar un tema… pero hay fotografías que son completamente asépticas mientras que ningún poema puede serlo, el ego y las circunstancia globales que envuelven al escritor aparecen siempre reflejadas en él.”

            - …Todavía conservo los negativos de algunas de las instantáneas que la tomé en aquella ocasión. No, no sonría, no son recuerdos de amores marchitos. Quizá sí la añoranza por una libertad perdida, cuando se ejerce la política ya no queda tiempo para nada.
            - El haber pertenecido a un grupo de actividades dadá seguramente le habrá entorpecido de algún modo en su ascensión dentro del partido, lo digo por aquello de la componente ácrata que sin duda tiene la acepción.
            - En absoluto, en nuestro partido nunca se tiene en cuenta la procedencia de sus miembros -volvió a aparecer el político-. Además uno no está en sus filas para practicar el alpinismo sino para servirle con todas sus fuerzas, y con ello a toda la nación. Si en estos momentos tengo un cargo importante dentro de él es porque he realizado un duro trabajo durante muchos años, y se me considera el mejor para desempeñarlo. Aquello de la acracia son anécdotas de juventud, cada persona tiene su sarampión cuando llega a una cierta edad, ¿no cree?

jueves, 10 de enero de 2013

Entrevista Primera - Capítulo 5



CAPÍTULO 5

         El albo manto de la nieve ilumina el persistente aspecto gris de la ciudad. La infrecuencia con que aparecen los ampos sobre ella logran que el paso de los ciudadanos se acorte para contemplar su impasible caída. Cada cuesta del parque del Oeste se transforma en una improvisada y diminuta Navacerrada, y los chavales destrozan las culeras de sus pantalones deslizándose por las pendientes. Los barrenderos arrojan con palas sal golda sobre las calzadas y la blancura va transformándose en un puré negruzco y desagradable. “Año de nieves, año de bienes” canta la castañera arrebujada en su pobre mantoncillo de lana negra, con el ánimo de incitar a los viandantes a comprar su caliente mercancía. Hay atascos de tráfico y los conductores hacen sonar los cláxones con fuerza. “Nunca nieva a gusto de todos”, comenta a la mujeruca un caballero enfundado en un gabán de grueso paño azul.

         -Pues si se enamoró ya de ella hizo bastante por disimularlo, porque más bien, si nos atenemos al texto, con quien intimó fue con la amiga.
         -Una cosa es el coqueteo propio de una fiesta distendida y otra muy distinta las afinidades profundas. Sí, estoy seguro de que Fonso se quedó ya prendado de ella en aquella ocasión.
         - Sin embargo fue Nando quien se aprestó primero a cortejarla.
        - Usted ha empleado la palabra exacta: cortejar. No estaba enamorado de ella, como tampoco lo estuvo nunca de mi hermana. Jugaba con las mujeres, jugaba con la vida, era un jugador nato.



         “Idílico era el lugar. Nando había estado acertado en la elección. Encontró por casualidad la invitación en una chaqueta de su padre cuando rebuscaba en sus bolsillos alguna calderilla que su viejo hubiera dejado olvidada. Si con los muchos tacos que tenía su padre todavía le daba resultado llevar a sus amantes a aquel sitio seguro que él lo tendría de calle…


         Música suave y romántica, luces rosadas e indirectas, manjares deliciosos, bebidas afrodisiacas, y a través de la cristalera enmarcada por listones de caoba tallada una amplia visión de un jardín y un estanque, en una hortera representación del supuesto paraíso terrenal.

         Thérèse parecía sentirse flotar en la cálida atmósfera del restaurante, y la bebida contribuía a mantenerla en aquel estado de ensoñación que la alejaba de la realidad.

         - ¿Te gusta el lugar? -le preguntó Nando, que daba por supuesta la respuesta afirmativa de la muchacha, mientras tomaba una de sus manos entre las suyas.

         -C’est très jolie -aseguró ella, pero se desasió de las manos de Nando con la disculpa de alcanzar una copa-. Es una lástima que sea invierno, debe de ser muy agradable pasear por los jardines cuando hace buen tiempo.

         Él no acusó el rechazo de la amiga y volvió a emplear sus manos para empuñar el cuchillo y el tenedor y cortar una laja de solomillo como si nada hubiera sucedido. Se metió el trozo en la boca y comenzó a masticarlo con lentitud, después de tragarlo se limpio los labios con la servilleta y sorbió un trago de vino añejo, y sólo entonces se dispuso a responder al comentario.

         - Cada estación tiene sus ventajas, en el verano se puede disfrutar del frescor del estanque allá afuera y ahora, con el frío, del reconfortante calor de la chimenea aquí adentro.

         La mesa que había ocupado la pareja se encontraba a pocos metros de una formidable chimenea rústica en cuyo fogón ardían y chisporroteaban unos gruesos troncos de roble, y se producía un tenue humillo aromático que contribuía a aumentar el encanto del salón chapado en maderas nobles y con un precioso artesonado en el techo. El mobiliario tenía la prestancia de lo antiguo bien conservado y la tapicería de las sillas era de terciopelo granate.

         Un solícito camarero escanció de nuevo vino en las copas semivacías y Nando aprovechó su presencia para demandarle la carta con los postres.

         - No vayas a creer que ha sido un reproche mi alusión al jardín, has tenido una magnífica idea invitándome a cenar aquí, y has sido muy amable… Me siento muy bien, de veras, podíamos brindar por tu idea -acabó por proponer levantando su copa.

         - ¡Por los dos! -alzó la suya Nando. Entrechocaron levemente las copas y bebieron mirándose a los ojos. El regreso del camarero les sacó de su embelesamiento y eligieron sus postres con presteza, molestos por la presencia del intruso.

         - Sabes que eres muy bonita -galanteó Nando. Ella se ruborizó ligeramente, pero reaccionó al instante.

         - Me lo suelen decir con bastante frecuencia, y a veces me trae algunos problemas que las personas opinen así sobre mi persona. La belleza no lo es todo, aunque he de reconocer que para mi profesión resulta muy útil ser atractiva. Algunos pasajeros se ponen histéricos allá arriba y si quien les atiende tiene un rostro agraciado es más fácil que se olviden de que están a cinco mil metros de altura y que se tranquilicen.

         La espontaneidad con que la muchacha hablaba de su propia hermosura desconcertó al músico, y no supo que responder, pero el regreso del camarero impidió un prolongado y embarazoso silencio. A ambos les parecieron deliciosos los respectivos postres que habían elegido y ofrecieron intercambiarse pequeñas porciones. Era un sucedáneo de un beso cuando los sabores se confundían en sus bocas.

         - Tal vez te haya parecido un poco presuntuosa al hablarte así, pero es que me siento muy cansada de que todos los hombres con los que platico se refieran siempre al mismo tema -explicó ella.

         - En absoluto, admiro la sinceridad y me repugna esa falsa modestia que suelen lucir las chicas con frecuencia.

         - Una persona es mucho más que unas piernas torneadas o un rostro sonriente…

         - Así lo entiendo yo -la interrumpió Nando, que acababa de apercibirse de la manera más efectiva de plantear el ataque, casi con una inspiración propia del jugador de ajedrez-, pero no deja de molestarme que me consideras a mí como una cualquiera. La mayoría no saben comprender cuando la mujer que tienen delante es inteligente, y se pierden en las formas más epiteliales sin ser capaces de escarbar hasta llegar al fondo de su personalidad. Pero eso no es cuestión para un compositor, porque lo mismo que en la música tienen que estar concordados fondo y forma también en las personas… 


         Ella le miraba con atención y trataba de distinguir en sus palabras y en las expresiones de su rostro si su lejano pariente hablaba en serio o si tan solo trataba de embaucarla con su discurso, sería demasiado bello que fuera verdad que aquel era su auténtico pensamiento, porque Nando era muy guapo, y ella se sentía atraída por la perfección de sus rasgos y por la intensidad de su verde-lago mirar, ya que a pesar de sus precedentes alegatos a favor de la importancia de la inteligencia ella también sabía darle a lo corpóreo todo el interés que se merece. Su posición no era nada sencilla, pues los sentimientos y la razón entraban en pugna, de una parte el corazón y de otra la cabeza… Ésta comenzaba a darle vueltas en el ambiente recargado del local, pero aún se mantenía firme en sus convicciones. Sería una solemne tontería complicarse la vida y la felicidad de unas corta vacaciones enamorándose como una colegiala, además tenía el acertado presentimiento de que entre Miriam y él existía una relación muy íntima: el comportamiento de ambos durante aquella dichosa fiesta no dejaba lugar a ambigüedades… Y Nando, que ajeno a los pensamientos que se debatían en su mente, proseguía su disertación sobre las concomitancias entre la música y las personas, sin dejar por ello de dar cumplida cuenta de su postre.

         - De todas las formas los varones sois muy frívolos -acertó a decir ella en una pausa del muchacho, y ante la perplejidad de éste ante la rotunda afirmación se dispuso a explicarse-. No me refiero a ti, no seas susceptible, es una generalización.

         - Ya, un lugar común -replicó él, molesto.

         - tal vez lo sea, pero desde luego que está muy fundamentado y muy refrendado por la realidad. Un ejemplo cercano lo tenemos en tu amigo Alfonso.

         - ¿Si, qué te ha sucedido con Fonso?

         - Fue la otra noche, en la fiesta. Cuando nos presentaron pareció quedar deslumbrado por mí, se interesaba todo el rato por lo que hacía y lo que hablaba, y casi comenzó a hacerme la corte mientras vosotros jugabais al ajedrez, y luego, ¡zas!, a la primera oportunidad que tiene se lía con Eduvigis y me deja a mí de lado.

         - ¡Es que tu amiga es fina! -exclamó Nando.

         - Ella fue allí tan sólo a divertirse y a coquetear con los hombres, y no me extraña que os trate así, porque ¡bien que la habéis defraudado!

         Estuvo cinco años saliendo con un garçon, lo complacía en todo, lo mimaba como a un bebé, y de repente va el muy canalla y la deja para casarse con otra. Ya no se fía de nadie ni toma a ningún hombre en serio.

         - Si antes se comportaba tal y como lo hizo el otro día su garçon huiría de los cuernos…

         - ¿Cómo?

         - No, nada, un comentario sin importancia. Tal vez en este caso tengas razón y sea cierto que Fonso es un frivolón, pero eso no demuestra nada, se trata de un caso aislado.

         - Pero él es ton ami, y vosotros tenéis un proverbio: “Dime con quién andas y…”

         - Los refranes no siempre tienen una justa correspondencia con la realidad, los hay de todo tipo, y hasta algunos que dicen con exactitud la consecuencia opuesta a otro, el saber popular resulta muy ambiguo la mayoría de las veces. Por lo demás, Fonso es un conocido… o algo parecido.

         - ¿Parecido?

         - Es una de los factores humanos que deben intervenir en un proyecto que tenemos entre Julián y yo. Hemos concebido la idea de publicar una revista de arte y a Fonso se le da bastante bien la pluma, lo consideramos como una especie de tonto útil.

         - Pues la otra noche parecíais como una y carne -se asombró Thérèse de las palabras de su amigo.

         - Las apariencias engañan, hace apenas unos pocos meses que nos conocemos, es un compañero de Facultad de Miriam.

         - ¿Qué relación existe entre ella y tú? -le espetó, triunfante de haber conseguido llevar la conversación hasta el sujeto sobre el que deseaba informarse.

         - es la hermana de Julián, una chica encantadora. Pero no tiene ningún sentido que sigamos perdiendo el tiempo en hablar sobre nuestros conocidos, sería mejor que saliéramos a la pista a bailar un poco -y aprovechó la sugerencia para tomarle de nuevo la mano. Pero ella no estaba dispuesta a zanjar una cuestión que tanto trabajo le había costado conseguir sacar a la luz, así que, aunque le consintió que continuara acariciando su mano, volvió a la carga.

         - Luego estáis en contacto desde hace mucho tiempo.

         - ¿Quiénes? -fingió él ingenuidad.

         - Está muy claro: Miriam y tú, ella te loaba…

         - Me tiene afecto, soy el mejor amigo de su hermano.

         - ¿Un afecto muy especial?

         - Es absurdo pensar una cosa así, ¡por favor!

         - pues Julián te trata en cierto modo como si ya fueras su cuñado, durante el tonto juego de las tieblas no sé si se sintió más ofendido él que la hermana cuando me descubriste a mí.

         - A Julián no le gustaba aquello, eso es todo. Había tenido que desembarazarse de la célebre Eduvigis, y ella también estaba enfadada por el espectáculo que estaba dando con Fonso. Vamos a la pista de una vez, ¿no te gusta esta canción?

         A Thérèse no le habían convencido nada las explicaciones que le dio su amigo, pero tenía muchas ganas de bailar y divertirse, así que accedió a su petición.




         La pequeña pista estaba sumida en una penumbra aterciopelada, pues hasta ella llegaban muy difuminadas las luces de los quinqués de las mesas y el resplandor de los troncos que ardían en la chimenea. Tres o cuatro parejas se magreaban en la oscuridad cuando ellos llegaron a la tarima. La música encubría el rumor de las requisitorias conversaciones y de los jadeos.

          Nando tomó a la muchacha por el talle y ella le echó los brazos sobre el cuello con bastante desenvoltura. Bailaban muy juntos, y con los giros de la danza el mareo la obligaba a engancharse más estrechamente a su pareja. Poco a poco se iba olvidando de sus anteriores prevenciones, y Nando aprovecha la debilidad de la dama para susurrarle al oído dulces palabras amasadas en ardiente aliento mientras se iban restregando lo vientres al ritmo de las cadencias que escuchaban. Su pasión iba en aumento y las escenas que veía a su alrededor calentaban más su sangre y humedecían sus intimidades.

         Era agradable sentirse abrazada y balanceada por los fuertes brazos del amigo, que comenzó a mordisquear el lóbulo de su oreja, y cuando juntó sus labios con los de ella la delicia de un prolongado beso la obligó a entreabrir su boca y dejar que la lengua de Nando penetrara en ella y jugueteara con sus dientes. Estaba muy turbada y se dejaba hacer…


         Sólo pudo reaccionar cuando él ya estaba conviniendo con el conserje del motel el alquiler de un apartamento. Había llegado demasiado lejos, y aunque sabía que se iba a producir una escena muy desagradable también era consciente de que aún sería mucho peor si dejaba que se prolongara la equívoca situación.

         La presencia del empleado cohibió a Nando de exteriorizar su frustración y dejó loa explicaciones para el automóvil. Frenó en el arcén de la carretera en una zona umbría, y se quedó silencioso, mirando pero sin ver la bella noche exterior.

         - No lo entiendo -susurró al fin.

         Ella callaba. Contemplaba el cielo tachonado de estrellas y callaba.

         - No lo entiendo -repitió él, en un tono más elevado de voz y cargado de amargo resentimiento.

         - Tampoco lo entiendo yo muy bien -dijo Thérèse volviendo la vista hacia él.

         - Todo iba perfecto, ¿no? -Nando sostuvo la mirada de la muchacha hasta que la obligó a bajar la vista. Ella tenía miedo y remordimiento a la vez, pero no dejaba que su semblante trasluciera esta lucha interior.

         - Debí haber considerado con anticipación las posibles consecuencias… pero todo era demasiado agradable para detenerme a pensar con calma. Sólo puedo decirte que lo siento, que lo siento mucho y que en modo alguno era mi intención herir tus sentimientos.

         - No tienen nada que ver los sentimientos en esto, se trataba de una hermosa posibilidad que teníamos de satisfacernos mutuamente, y con sentirlo no se arregla nada. Te creía más mujer -le reprochó.

         - Esa es precisamente la cuestión: que no tienes ningún sentimiento hacia mí, y lo único que pretendías era pasar un buen rato disfrutando de mi cuerpo -levantó la mirada y en sus claros ojos había lágrimas.

         - Y ahora te pones a llorar, no deja de ser una actitud muy femenina. ¡Así pensáis que se arreglan todas las cosas: con llantinas infantiles!

         - No tienes por qué ser cruel, bastante estoy sufriendo ya para que aún ahondes mi herida.

         - No quiero ser cruel contigo, sino todo lo contrario, ser muy amable y cariñoso, quiero abrazarte con fuerza y cubrirte de besos desde la cabeza a los pies -e intentó abalanzarse sobre ella, pero fue rechazado y Thérèse se puso a sollozar con desconsuelo apoyando la cabeza en la guantera del coche. Nando acarició con delicadeza sus sedosos cabellos y ella pareció sosegarse un poco, oportunidad que aprovechó la otra mano del músico para comenzar a oprimirle los duros senos.

         - ¡Laissez-moi en paix! -estalló ella, y con un brusco movimiento abrió la portezuela y saltó fuera del auto.

         Nando se quedó petrificado mientras la veía caminar dando traspiés entre la maleza del ribazo que la arañaba las pantorrillas. Por fin volvió en sí y la gritó:

         - Sabes lo que te digo, estrecha: ¡qué te vayas a la mierda, que no mereces el tiempo que estoy malgastando contigo!

         Y tras de cerrar la portezuela con un fuerte golpetazo encendió el motor, metió la primera marcha y arrancó con un acelerón…

         Pero no había recorrido ni un centenar de metros cuando recapacitó sobre la torpeza que estaba cometiendo. En medio de aquel desapacible descampado podría ocurrirla cualquier desgracia, y había que pensar lo que opinarían sobre él sus comunes amigos cuando se enteraran.

         - ¡Mierda a todo! -se gritó entredientes, y dando un brusco volantazo al tiempo que frenaba el automóvil derrapó ligeramente y dejó el vehículo metido en la cuneta.

         Tuvo Thérèse que ayudarle a desatascar el coche, y aunque empujaban ambos con todas sus fuerzas no hubieran conseguido salir de allí en toda la noche de no ser porque recibieron el auxilio de una pandilla de juerguistas que venían cantando en un todoterreno.”

         - Y solía perder en el juego.
         - Decir eso de una persona ya fallecida es un chascarrillo bastante macabro.
         - No creo que a él le hubiese importado demasiado escucharlo.
         - Porque  siempre fue un irresponsable -tuvo que reconocer Julián, con fastidio, y se produjo un tenso silencio.