jueves, 21 de marzo de 2013

Entrevista Segunda - Capítulo 7



CAPÍTULO 7

         Dentro de la pileta hay un caldo pegajoso y caliente que huele a legía y es áspero al tacto. Son miles y miles de mujeres, niños y varones los que se rebozan en este antihigiénico y asqueroso elemento, para freírse después sobre unas losas de cemento caldeados por el tórrido sol de la canícula. El régimen le ha llamado pomposamente “Parque Sindical” y “Charca del Obrero” lo han encuadrado en sus justos términos la sabiduría popular. Allí ha entablado contacto con la naturaleza toda una generación de madrileños, hijos de trabajadores, una sana juventud de cultos deportistas.

         - Sean cuales fueran sus motivos deja el camino expedito para que Thérese y tú lleguéis a intimar.
         - También hubiéramos llegado a intimar estando él con nosotros. Pero la verdad es que no lo echamos de menos ni ella ni yo. Nos veíamos muy a menudo y éramos felices paseando, conversando y haciendo proyectos para el futuro.


          “Paseábamos por las orillas del Sena en interminables caminatas. El otoño dotaba a la ciudad de un aura de melancolía que invitaba a dejar volar la imaginación y a compartir los más íntimos pensamientos con tu interlocutor.

         - Estoy harta de mi trabajo. Tanto vuelo llega a ser un aburrimiento, un día en una ciudad y al siguiente en otra, no puedes tener una vida propia. Llevas tu existencia a merced de la compañía.

         - Pues a mí me parece un trabajo agradable, te posibilita viajar, visitar nuevos sitios, conocer a gente variada con sus diferentes culturas, sus distintos modos de ser y de comportarse. Todo eso enriquece a la persona, la hace madurar -opinaba Ernesto.

         - Reconozco que está muy bien cuando lo haces por placer, pero tenerlo que hacer por obligación es muy pesado. La mayoría de las veces llegas tan agotada que permaneces todo el tiempo en el hotel sin querer hacer nada ni hablar con nadie. Además las relaciones que se hacen son muy circunstanciales, no tienes ni tiempo ni deseos de llegar acomprender a nadie, y tampoco los otros hacen gran cosa por entender tu personalidad. Me gustaría tener mucho tiempo libre para escribir, inventar historias agradables y hacerme protagonista de ellas, es una forma de viajar con la imaginación y mucho más descansada que la otra.

         Thérèse se agachó a recoger una hoja de arce tirada por el viento en la vereda junto a muchas otras.

         - Ves esta hoja, parece igual a las demás, pero es diferente por completo, no hay dos hojas idénticas como tampoco dos personas iguales. Ella ha tenido su propia vida cuando ha estado prendida de la rama del árbol y ahora, a pesar de estar muerta, continúa teniendo una historia diferenciada, la he elegido de un montón en donde había otros cientos de compañeras y es la única que te voy a regalar -y se la entregó a su amigo.

         - Bonito regalo -agradeció él observando con detenimiento la marchita hoja por el haz y el envés-, la conservaré siempre como recuerdo de esta agradable tarde -y la metió entre las páginas de un libro que llevaba en la mano.

         - ¿Qué estás leyendo? -preguntó Thérèse.

         - “La Educación Sentimental”, y me está gustando mucho.

      - Lo leí hace mucho tiempo, cuando todavía estudiaba en el Liceo, creo que es de Flaubert, uno del diecinueve. ¡Qué tontería!, que dichosa manía de querer numerarlo todo, ponerse a contar las arenas de la playa, a clasificar las estrellas del firmamento…

         - O los adoquines de la calzada.

       - Sí, algo estúpido. Sólo existe el uno, la individualidad, todo lo demás es vana ciencia.

       - A veces resulta útil, la cuantificación es la base de la ciencia, y con ella del progreso -apuntó Ernesto.

       - Esa cuestión del progreso es muy graciosa, en teoría se pretende extender la felicidad a todas las personas y cada vez somos más infelices, se le da el carácter de un medio de liberación y cada vez somos más esclavos de él. En fin, siempre llegamos a las mismas conclusiones y siempre tenemos el mismo sentimiento de impotencia de ser incapaces de variar nada. ¡Qué bien me vendría una larga temporada de descanso!

         - Desde luego que el reposo es apetecible. Ahora lo estoy comprobando, allá no me surgía ni una sola idea con la que me sintiera satisfecho y ahora ya tengo pergeñado el diseño de varias esculturas. Pero ahora tendré que esperar para poder llevarlas a la práctica.

         - No has pensado en montar tu estudio aquí, tal vez sea el ambiente parisino lo que te inspira.

         - Desde luego que me gustaría, y he estado dándole vueltas al tema, pero no acabo de decidirme. Lo cierto es que aquí hay más posibilidades de poder conseguir algo, ya ves lo bien que le ha ido a Julián, y es seguro que él me ayudaría. Luego estáis tú y Nando. Sería muy hermoso que nos buscáramos un amplio apartamento y viviéramos todos juntos dedicados plenamente a la realización de nuestras respectivas artes: Tú escribirías bellas historias, él compondría una música maravillosa y los dos posaríais como tema para mis esculturas: Sería una perfecta comunidad de artistas.

         - No sueñes, Ernesto, no sueñes. Todas esas cosas están muy bien en teoría, pero a la hora de llevarlas a la práctica la entelequia se desvanece y la frustración produce sufrimientos.

     - Es precioso soñar, la vida común es tan mezquina que sin sueños resultaría insoportable. Estoy seguro de que en un día no muy lejano mis obras estarán expuestas en los mejores museos del mundo y que también…

         - No lo dudo, tú vales mucho y un día lograrás que se reconozcan tus méritos y tus esfuerzos, pero a mí me resulta casi imposible prescindir de mi actual trabajo y dedicarme a escribir. Ya he realizado algunos ensayos y se los comuniqué a Fonso. Hacíamos prácticas por carta para coger soltura.

         - ¿Cómo es eso?

         - Había que buscar un pie para redactar sobre él: un día, un lugar, una situación… Uno ponía esos datos y el otro debía construir con ellos un ambiente. Era muy entretenido y permitía que se soltasen la pluma y la imaginación. Pero como se ha ido espaciando nuestra correspondencia ya ha pasado a la historia aquella actividad también.

         - Formabais una buena pareja, creo que podríais haber llegado a ser felices juntos -dijo Ernesto por indagar como se encontraba en la actualidad la relación entre sus amigos.

         - Cuando se cultiva una buena amistad siempre se es feliz, pero es una pena que eso no nos baste a nadie. Siempre pretendemos llegar a la ósmosis perfecta y eso es imposible de alcanzar, cada persona tiene su propio cosmos aislado en el que ninguna otra puede penetrar del todo, tan sólo asomarse, en algunas ocasiones rendir una visita de cortesía, pero nada más. ¡Somos todos tan complejos!

         - Está el amor…

        - Es una bonita palabra, pero tiene tantos significados como se la quiera dar, por eso me encantaría disponer de una larga temporada para pensar y escribir sobre estas cuestiones, es posible que así llegara a verlo todo más claro.

         - Tu familia tiene dinero de sobra, podría subvencionarte hasta que publicaras tu primera obra, que sin duda llegará a ser un rotundo éxito.

         - ¡Ah, la familia!, menuda mierda.

         - Tu madre es una persona muy agradable.

       - Sí, lo dices por el almuerzo que nos ofreció el otro día. De visita se puede soportar bastante bien, pero en un poco más de tiempo llega a ser absolutamente cargante: está histérica. Es probable que sean cuestiones de la edad, la menopausia y todo eso. Si aún viviera mi padre sería muy distinto. El sí que era una persona excepcional, tenías que haberlo conocido. Y escribía que era un sueño.

         - ¿Te viene de ahí la vocación?

       - Cuando era pequeña me dejaba pasar en algunas ocasiones a su despacho, me sentaba sobre la gruesa alfombra y me dejaba un libro de estampas para que me entretuviese. Yo fingía interesarme por el libro, mas en realidad lo que hacía era contemplar embobada como trabajaba, observarle durante horas enteras. El estaba sentado frente a su escritorio ausente a todo cuanto pudiera perturbarlo, dejando volar su imaginación y cristalizando sobre el papel los mundos maravillosos que forjaba su pensamiento. Fue una lástima para las letras francesas y la literatura universal su muerte prematura, si hubiera vivido algunos años más hubiera llegado a lo más alto.

         - Su pérdida sería un gran trauma para ti.

      - No te lo puedes ni imaginar. Me tiré una larga temporada sin querer hablar con nadie, ni siquiera con mis hermanos. Lo odiaba todo y a todos.”

         - Y mientras la escritora y tú os dabais aquellos paseos tan cargados de referencias culturales: ¿qué hacía Nando?
       - Vivía su propia vida, hacía ejercicios musicales en el piano de la casa donde nos alojábamos, asistía a muchos conciertos, a los que a veces le acompañaba yo, pateaba los museos más insólitos. Un poco de todo… En el fondeo debía de sentirse muy solo, sobre todo cuando Thérèse estaba en la ciudad, porque ambos continuaban siendo incompatibles en aquellas fechas y yo, claro, prefería disfrutar de los paseos con ella a aguantar como él hacía durante horas cambios de escalas. Estaba muy raro, se comportaba como si todo el mundo fuera su enemigo, no era capaz de tener una palabra amable para nadie. Luego, cuando regresaron Julián y su esposa ya era diferente, Julián lo entendía muy bien y le obligaba a mostrarse sociable. Entonces ya podíamos estar todos juntos.

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