CAPÍTULO 7
Dentro de la
pileta hay un caldo pegajoso y caliente que huele a legía y es áspero al tacto.
Son miles y miles de mujeres, niños y varones los que se rebozan en este
antihigiénico y asqueroso elemento, para freírse después sobre unas losas de
cemento caldeados por el tórrido sol de la canícula. El régimen le ha llamado
pomposamente “Parque Sindical” y “Charca del Obrero” lo han encuadrado en sus
justos términos la sabiduría popular. Allí ha entablado contacto con la
naturaleza toda una generación de madrileños, hijos de trabajadores, una sana
juventud de cultos deportistas.
- Sean cuales
fueran sus motivos deja el camino expedito para que Thérese y tú lleguéis a
intimar.
- También
hubiéramos llegado a intimar estando él con nosotros. Pero la verdad es que no
lo echamos de menos ni ella ni yo. Nos veíamos muy a menudo y éramos felices
paseando, conversando y haciendo proyectos para el futuro.
“Paseábamos por
las orillas del Sena en interminables caminatas. El otoño dotaba a la ciudad de
un aura de melancolía que invitaba a dejar volar la imaginación y a compartir
los más íntimos pensamientos con tu interlocutor.
- Estoy harta de
mi trabajo. Tanto vuelo llega a ser un aburrimiento, un día en una ciudad y al
siguiente en otra, no puedes tener una vida propia. Llevas tu existencia a
merced de la compañía.
- Pues a mí me
parece un trabajo agradable, te posibilita viajar, visitar nuevos sitios,
conocer a gente variada con sus diferentes culturas, sus distintos modos de ser
y de comportarse. Todo eso enriquece a la persona, la hace madurar -opinaba
Ernesto.
- Reconozco que
está muy bien cuando lo haces por placer, pero tenerlo que hacer por obligación
es muy pesado. La mayoría de las veces llegas tan agotada que permaneces todo
el tiempo en el hotel sin querer hacer nada ni hablar con nadie. Además las
relaciones que se hacen son muy circunstanciales, no tienes ni tiempo ni deseos
de llegar acomprender a nadie, y tampoco los otros hacen gran cosa por entender
tu personalidad. Me gustaría tener mucho tiempo libre para escribir, inventar
historias agradables y hacerme protagonista de ellas, es una forma de viajar
con la imaginación y mucho más descansada que la otra.
Thérèse se
agachó a recoger una hoja de arce tirada por el viento en la vereda junto a
muchas otras.
- Ves esta hoja,
parece igual a las demás, pero es diferente por completo, no hay dos hojas
idénticas como tampoco dos personas iguales. Ella ha tenido su propia vida
cuando ha estado prendida de la rama del árbol y ahora, a pesar de estar
muerta, continúa teniendo una historia diferenciada, la he elegido de un montón
en donde había otros cientos de compañeras y es la única que te voy a regalar
-y se la entregó a su amigo.
- Bonito regalo
-agradeció él observando con detenimiento la marchita hoja por el haz y el
envés-, la conservaré siempre como recuerdo de esta agradable tarde -y la metió
entre las páginas de un libro que llevaba en la mano.
- ¿Qué estás
leyendo? -preguntó Thérèse.
- “La Educación
Sentimental”, y me está gustando mucho.
- Lo leí hace
mucho tiempo, cuando todavía estudiaba en el Liceo, creo que es de Flaubert,
uno del diecinueve. ¡Qué tontería!, que dichosa manía de querer numerarlo todo,
ponerse a contar las arenas de la playa, a clasificar las estrellas del
firmamento…
- O los
adoquines de la calzada.
- Sí, algo
estúpido. Sólo existe el uno, la individualidad, todo lo demás es vana ciencia.
- A veces
resulta útil, la cuantificación es la base de la ciencia, y con ella del
progreso -apuntó Ernesto.
- Esa cuestión
del progreso es muy graciosa, en teoría se pretende extender la felicidad a
todas las personas y cada vez somos más infelices, se le da el carácter de un
medio de liberación y cada vez somos más esclavos de él. En fin, siempre llegamos
a las mismas conclusiones y siempre tenemos el mismo sentimiento de impotencia
de ser incapaces de variar nada. ¡Qué bien me vendría una larga temporada de
descanso!
- Desde luego
que el reposo es apetecible. Ahora lo estoy comprobando, allá no me surgía ni
una sola idea con la que me sintiera satisfecho y ahora ya tengo pergeñado el
diseño de varias esculturas. Pero ahora tendré que esperar para poder llevarlas
a la práctica.
- No has pensado
en montar tu estudio aquí, tal vez sea el ambiente parisino lo que te inspira.
- Desde luego
que me gustaría, y he estado dándole vueltas al tema, pero no acabo de
decidirme. Lo cierto es que aquí hay más posibilidades de poder conseguir algo,
ya ves lo bien que le ha ido a Julián, y es seguro que él me ayudaría. Luego
estáis tú y Nando. Sería muy hermoso que nos buscáramos un amplio apartamento y
viviéramos todos juntos dedicados plenamente a la realización de nuestras
respectivas artes: Tú escribirías bellas historias, él compondría una música
maravillosa y los dos posaríais como tema para mis esculturas: Sería una
perfecta comunidad de artistas.
- No sueñes,
Ernesto, no sueñes. Todas esas cosas están muy bien en teoría, pero a la hora
de llevarlas a la práctica la entelequia se desvanece y la frustración produce
sufrimientos.
- Es precioso
soñar, la vida común es tan mezquina que sin sueños resultaría insoportable.
Estoy seguro de que en un día no muy lejano mis obras estarán expuestas en los
mejores museos del mundo y que también…
- No lo dudo, tú
vales mucho y un día lograrás que se reconozcan tus méritos y tus esfuerzos,
pero a mí me resulta casi imposible prescindir de mi actual trabajo y dedicarme
a escribir. Ya he realizado algunos ensayos y se los comuniqué a Fonso. Hacíamos
prácticas por carta para coger soltura.
- ¿Cómo es eso?
- Había que
buscar un pie para redactar sobre él: un día, un lugar, una situación… Uno
ponía esos datos y el otro debía construir con ellos un ambiente. Era muy
entretenido y permitía que se soltasen la pluma y la imaginación. Pero como se
ha ido espaciando nuestra correspondencia ya ha pasado a la historia aquella
actividad también.
- Formabais una
buena pareja, creo que podríais haber llegado a ser felices juntos -dijo
Ernesto por indagar como se encontraba en la actualidad la relación entre sus
amigos.
- Cuando se
cultiva una buena amistad siempre se es feliz, pero es una pena que eso no nos
baste a nadie. Siempre pretendemos llegar a la ósmosis perfecta y eso es
imposible de alcanzar, cada persona tiene su propio cosmos aislado en el que
ninguna otra puede penetrar del todo, tan sólo asomarse, en algunas ocasiones
rendir una visita de cortesía, pero nada más. ¡Somos todos tan complejos!
- Está el amor…
- Es una bonita
palabra, pero tiene tantos significados como se la quiera dar, por eso me
encantaría disponer de una larga temporada para pensar y escribir sobre estas
cuestiones, es posible que así llegara a verlo todo más claro.
- Tu familia
tiene dinero de sobra, podría subvencionarte hasta que publicaras tu primera
obra, que sin duda llegará a ser un rotundo éxito.
- ¡Ah, la
familia!, menuda mierda.
- Tu madre es
una persona muy agradable.
- Sí, lo dices
por el almuerzo que nos ofreció el otro día. De visita se puede soportar
bastante bien, pero en un poco más de tiempo llega a ser absolutamente
cargante: está histérica. Es probable que sean cuestiones de la edad, la
menopausia y todo eso. Si aún viviera mi padre sería muy distinto. El sí que
era una persona excepcional, tenías que haberlo conocido. Y escribía que era un
sueño.
- ¿Te viene de
ahí la vocación?
- Cuando era
pequeña me dejaba pasar en algunas ocasiones a su despacho, me sentaba sobre la
gruesa alfombra y me dejaba un libro de estampas para que me entretuviese. Yo
fingía interesarme por el libro, mas en realidad lo que hacía era contemplar
embobada como trabajaba, observarle durante horas enteras. El estaba sentado
frente a su escritorio ausente a todo cuanto pudiera perturbarlo, dejando volar
su imaginación y cristalizando sobre el papel los mundos maravillosos que
forjaba su pensamiento. Fue una lástima para las letras francesas y la
literatura universal su muerte prematura, si hubiera vivido algunos años más
hubiera llegado a lo más alto.
- Su pérdida
sería un gran trauma para ti.
- No te lo
puedes ni imaginar. Me tiré una larga temporada sin querer hablar con nadie, ni
siquiera con mis hermanos. Lo odiaba todo y a todos.”
- Y mientras la escritora y tú os dabais aquellos paseos tan cargados de referencias culturales:
¿qué hacía Nando?
- Vivía su
propia vida, hacía ejercicios musicales en el piano de la casa donde nos
alojábamos, asistía a muchos conciertos, a los que a veces le acompañaba yo,
pateaba los museos más insólitos. Un poco de todo… En el fondeo debía de
sentirse muy solo, sobre todo cuando Thérèse estaba en la ciudad, porque ambos
continuaban siendo incompatibles en aquellas fechas y yo, claro, prefería
disfrutar de los paseos con ella a aguantar como él hacía durante horas cambios
de escalas. Estaba muy raro, se comportaba como si todo el mundo fuera su
enemigo, no era capaz de tener una palabra amable para nadie. Luego, cuando
regresaron Julián y su esposa ya era diferente, Julián lo entendía muy bien y
le obligaba a mostrarse sociable. Entonces ya podíamos estar todos juntos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario