sábado, 9 de marzo de 2013

Entrevista Segunda - Capítulo 5



CAPÍTULO 5

         Se han despojado de las camisas para tener una mayor facilidad de movimientos y se pueden apreciar sus hermosas musculaturas. La pelota va de la mano a la pared, de la pared al descampado, del descampado a la mano. En un lateral de san Francisco el Grande los muchachos aprovechan el amplio muro ciego para disputar un partido de frontón. Atardece y el sol se recuesta sobre el verde oscuro de los montes. Un vecino ha sacado su perro a hacer sus necesidades y los observa distraído mientras el caniche corre de acá para allá ladrando a todo y a todos. Bajo una losa de la umbría nave central descansan los huesos del cardenal Zapata. La pelota va de la nave a la mano, rebota en el descampado, vuelve a la pared… 

         - Cuando hablé con Julián sobre el tema no empleó un tono tan duro, sino que, por el contrario, intentó justificar a vuestro amigo.
         - Julián vio los toros desde la barrera. No, ni tan siquiera eso, más bien desde la bandera de la plaza. El se encontraba lejos y labrándose su propio porvenir. Los que nos embarramos en aquellos fracasos hasta el cuello fuimos Fonso y yo.



         “Resistir era fundamental. No habían pintado oros para ellos hasta el momento, pero serían más fuertes que todo cuanto pudiera oponerse a su triunfo.

         - No debemos cejar en nuestra lucha, no hay que tener el menor desvanecimiento. Si el público no nos hace el menor caso hoy ya le haremos reconocer nuestros méritos mañana. No son más que cadáveres andantes, son ciegos y sordos, llevan los ojos y las orejas de adorno, y la cabeza sólo les sirve para llevar el sombrero -despotricaba Fonso después de tomarse la tercera cerveza.

         - ¿Sabes que te pones muy simpático cuando bebes? -afirmó preguntando Lucía.

         - Tú para estar simpática no tienes más que existir, ¡olé tu gracia! -le requebró sin ambages su amigo.

         - Si os vais a poner ahora a coquetear mejor será que os deje el camino libre y me esfume -bromeó Ernesto, y los otros rieron su ocurrencia. La mano de Fonso palmeó su espalda huesuda y los gruesos labios de Lucía estamparon un sonoro beso en su mejilla.

         - Te lo has ganado -le alagó su novia.

         Si para una persona que acaba de tener un fracaso estruendoso es todavía posible la felicidad a Ernesto se le podía calificar de dichoso en aquellos momentos. Habían conseguido alejar de su recuerdo el fantasma de los últimos días por un rato, la intimidad formaba una esfera que los aislaba de todo cuanto no fuera su presente compartido. Se podían hacer las preguntas más íntimas.

         - ¿Cómo te va con Thérèse?

         - Ella es la que va y la que viene. Yo me limito a permanecer aquí. Seguramente nos queremos a nuestro modo, es es una cuestión bastante difícil de definir.

         - Hacéis una buena pareja -afirmó Lucía con su aguda voz.

         - Vosotros sí que formáis una pareja perfecta, siempre estáis juntos, y eso es muy importante en una relación. Así es posible lograr una compenetración perfecta y completa. Lo nuestro es muy diferente, a veces nos sentimos muy unidos y otras no nos comprendemos. Tampoco hay una expectativa clara de que pueda variar la situación en un futuro inmediato. Está la posibilidad de buscar nuevos aires como lo ha hecho Julián -sus últimas palabras tuvieron la facultad de pinchar la esfera que protegía la intimidad del trío. Nando tenía ya por fuerza que penetrar en la conversación-. Ha obrado con mucha inteligencia nuestro amigo y no me extrañaría nada que alguno de nosotros siguiéramos sus pasos.

         - Nosotros no tenemos en perspectiva ninguna intención de movernos de aquí, no nos van bien los negocios, pero más importante que cualquier otra cuestión es estar junto a la persona amada -dijo Ernesto mientras hacía a Lucía una afectuosa caricia.

         - No me refería a vosotros, tal vez Nando…

         - ¿Cómo ha encajado el fracaso de su concierto? -preguntó la muchacha.

         - No fue un fracaso -afirmó Fonso con terquedad-, hubo mucha gente que se quedó en la sala y al final hasta algunos aplaudieron.

         - Sí, nosotros y algunos pocos conocidos más. El sentido de la amistad tiene que tener algunos límites y a veces la realidad debe imponerse a la lealtad -insistió Lucía en mantener su opinión.

         - No hablo sólo como amigo, y no sé hasta que punto se nos podía considerar como tales, en algunas cuestiones se muestra como un ser absolutamente detestable, pero hay que reconocer que en lo que nos ocupa supo estar a la altura de las circunstancias.

         - No te salgas por la tangente, se ha comportado como un cerdo -estalló Ernesto.

         - No prestó el menor apoyo a la exposición, él tiene muchas buenas relaciones con gente de pasta a través de su familia y podía haber contribuido a que se compraran obras de Ernesto, pero no, prefirió reservar a sus amistades para el concierto, ¡cómo allí era la única estrella que tenía que lucirse!, ¿para qué seguir hablando todavía del grupo? -lo apoyó la chica.

         - El fin de nuestras actividades no está dirigido a las amistades de unos y de otros sino a las masas en general, y si éstas no han sabido responder a nuestro requerimiento no hay razón alguna para echarle todas las culpas a uno de los que estamos en el cotarro. Es natural que nadie quiera tener la patata caliente en sus manos pero entre todos nos tenemos que ingeniar la forma de pelarla. Hay que extraer conclusiones de lo pasado que nos permitan no volver a caer en los mismos errores en el futuro, y hay que hacerlo con calma y con la mayor objetividad.

         - ¿Todavía le defiendes? -se indignó Lucía.

         - No creo que sea el caso erigirse en defensor de nadie, soy de la opinión que cada santo debe sostener su propia vela. Las personas aisladas pueden irse todas, cada una por su lado, al infierno, lo que importa es que encontremos el modo de ser útiles a los demás globalmente.

         - Eso es querer jugar a buenos samaritanos -intervino Ernesto-. Nosotros también tenemos nuestro corazoncito y, a estas alturas, resulta muy evidente el reconocer que Nando nos ha estado utilizando tanto a ti, como a mí, como al resto del grupo. El pobre hombre se cree que es alguien, y para que se remarque más su brillo necesita estar rodeado de personas oscuras, al menos en apariencia, que produzcan el contraste deseado. Esa es la labor que hemos desempeñado nosotros en esta historieta, coristas de ópera bufa. Reconozco que la mayor parte del tiempo me la paso en las nubes perdido en proyectar y realizar mis esculturas, pero hay veces que me produce tal choque la actitud de algunas personas que me caigo de la higuera y lo veo todo con suma nitidez.

         - Es posible que tengas tu parte de razón en algunas de las cuestiones que planteas, pero…

         - Estoy convencido de tenerla en la mayoría -lo interrumpió Ernesto.

         - Bien, bien, de acuerdo. Pero de lo que se trata es de encontrar una alternativa, resulta muy fácil ser destructivo y mandarlo todo al diablo, trata de der constructivo, que es lo difícil y lo que muestra la valía de las personas.

         - ¿Cómo? -preguntó Lucía.

         - Me explicaré: en un principio el grupo lo formábamos cuatro, entonces se marchó Julián, y no pasó nada, porque lo de menos es como actúa aislado un individuo, lo importante es el sentido que tenga la actividad del conjunto, sí falta este fulcro fundamental se habrá ido todo al garete.

         - No estoy de acuerdo con tu cuantificación -dijo Lucía un poco ofendida-, desde siempre me he considerado parte integrante del grupo.

         - Y formas parte de él, como también Miriam o Thérèse. Y Julián tampoco ha dejado de pertenecer a él, aunque se encuentre tan lejos, pero el núcleo fundamental, tendrás que reconocer, que en estos momentos lo formamos tres personas.

         - Tienes mucha razón -asintió Ernesto impidiendo que la muchacha tuviese ocasión de replicar-, pero el tema que nos ocupa es Nando.

         - Todos estamos de acuerdo en que es un egoísta y un fatuo, ¿no es eso?

         Ernesto asintió con la cabeza.

         - Y además un hipócrita -remachó Lucía.

         - Unanimidad de criterio. Pero, ¡podemos prescindir de él sin que todo el trabajo que llevamos realizado hasta el momento se pierda? Esta es la cuestión fundamental.

         La pareja se quedó dubitativa.

         - Ahora estamos todos ofuscados porque el asunto está muy reciente y no seremos acapaces de apreciar los pros y los contras de cualquier decisión que tomemos con la debida ecuanimidad. Tampoco hay razones para tener que adoptar una postura precipitada., es mejor que lo vayamos meditando con calma, Ahora no me parece el momento más oportuno para elegir ninguna postura decisiva, no se cómo os encontraréis vosotros ahora, pero yo me siento muy cansado, y con la bruma mental de quien ha bebido una copa de más, si me lo permitís dejaría un asunto tan importante para otra ocasión y me retiraría a dormir -y se puso en pie.

         Lucía hubiera deseado que todo se hubiera aclarado aquella noche, porque estaba muy disgustada, pero antes de que pudiera hablar ya decía Ernesto:

         - Vamos, vamos, no es necesario andarse con cortesías entre nosotros, haz como mejor gustes, y cuando veas a Thérèse le das muchos recuerdos de nuestra parte.

         Y se levantó de su asiento para dar un efusivo abrazo a su amigo a través del velador.

         - Ahí dejo mi humilde óbolo para contribuir a pagar la cuenta -dijo Fonso, depositando alguna monedas sobre el blanco mármol.

         - No es necesario, ya pagamos nosotros todo -no quiso admitirlo Ernesto.

         - Ya conocéis el refrán: en el pan como hermanos pero en el dinero…

         - Como lacayos -terminó Lucía a su manera el final de la sentencia popular, y cogiendo una de las monedas dijo con picardía a su amigo-: Te la cambio por un beso.

         - No hay suficiente parné en todo el planeta para pagar lo que valdría uno tuyo, pero espero que me regales dos -y se besaron en ambas mejillas-. Me encantaría poder continuar en vuestra amable compañía pero mañana tengo que madrugar.

         - Nosotros tampoco tardaremos mucho rato en partir -dijo Ernesto.

         - tened mucho cuidado cuando salgáis -les previno sin saber muy bien por qué Fonso.

         - Tú también lleva cuidado que a lo mejor te come un lobo… o quizá una loba -bromeó con ironía la chica, pensando que la frase del amigo era una chanza.”

         - Una cuestión que me ha sorprendido bastante es el asunto de las premoniciones sobre el accidente, ¿hay en ello algo de cierto?
         - No sé hasta qué punto se las podría calificar como tales. Es muy lógico que un rato después de habernos caído de una motocicleta Miriam nos advirtiese que teníamos que tener mucho cuidado con ellas, también me dieron el mismo consejo muchas más personas, y de hecho no volvía conducir ninguna, entre otras razones porque carecía de tarjeta de circulación para ese tipo de vehículos, y la frase de Fonso momentos antes de acaecer el accidente bien podía ser considerada como una broma más entre amigos. Si no hubiera pasado nada se habrían olvidado ambas y santas pascuas, pero como, por desgracia, sí que pasó enseguida se recordaron. Sucede con mucha frecuencia, se habla y se habla y se dicen millones de frases, y la mayor parte de ellas sin demasiado sentido, por hablar y no callar, pero si después se verifica con un hecho real el significado de alguna de ellas se las acaba por dar el rango de vaticinios.

         “Nada hacía presagiar en la alegría exultante de los dos jóvenes que salían abrazados del café que las risas iban a trocarse pronto en llantos. Hacía una espléndida noche de primavera y a pesar de lo avanzado de la hora todavía paseaban por los bulevares muchas personas y se mantenía un discreto tráfico rodado por las calzadas.

         Ernesto hacía cosquillas a su pareja, y ella se enfadaba y le provocaba, alternativamente. Se abrazaron en la esquina.

         - Esta noche estás radiante -dijo él-, estoy deseando que lleguemos al estudio para hacerte el amor.

         - También yo te deseo, pero está tan bonita la noche que invita a pasear. ¡Mira que concurrido está el paseo, vayamos hacia allá!

         Pero él no miró hacia donde señalaba Lucia, sino que la besó sobre el terso cuello.

         - Deja ahora de besuquearme, ya habrá tiempo después para todo eso -y se apartó de él-; corramos hacia el bulevar, ¡a que no me coges! -y se lanzó a la calzada sin más precauciones.

         - Cuando te coja te… -rió Ernesto intentando darla alcance-, ¡cuidado! -gritó, pero ya tenían casi encima de ellos una motocicleta de gran cilindrada que se abalanzaba a todo gas.

         El impacto fue tremendo y un formidable ruido rompió la calma de la noche. Los viandantes del paseo se sobresaltaron y corrieron a auxiliarlos. Ernesto yacía sin sentido en el suelo y Lucía sangrando y arrastrando una pierna intentaba aproximarse hasta donde se encontraba su compañero.

         El loco motorista que había causado la tragedia se levantó, se sacudió el polvo de su mono colorado, puso en pie el vehículo y desapareció en las sombras de la noche con la misma rapidez que había irrumpido.

         - Seguro que el muy cabrito ha robado la moto -comentó un transeúnte a su vecino.

         Los pocos clientes que aún quedaban en la cafetería salieron al escuchar el golpe y a los pocos minutos un nutrido corro de personas rodeaban a la pareja formando la turbamulta tan propia de sucesos semejantes, mientras la aguda sirena de una ambulancia cortaba el silencio de la noche.”

         - Pero lo curioso es que siempre se suelen producir entre personas que tienen una estrecha relación entre sí: madres, hijos, amantes…
         - Al fin y al cabo no dejan de ser especulaciones, no hay nada probado científicamente al respecto. Como puedes comprobar no creo para nada ni en las llamadas del destino ni en las fuerzas ocultas, también el cerdo del motorista, con su vestimenta roja, podía considerarse una encarnación de las fuerzas del mal… así se fabrica literatura, pero si antes de cruzar la calzada hubiéramos tenido la precaución de mirar si venía algún vehículo el diablo motorizado no hubiera sido tal y ni siquiera hubiéramos reparado en la existencia de este personaje, que, por la demás, dudo mucho de que fuera vestido de tal forma, aunque lo cierto es que no lo pude ver, sólo recuerdo una masa disparada que caía sobre nosotros.
         - Sí, yo tampoco soy muy proclive a creer en ese tipo de cuestiones, pero, como dicen en Galicia, “haberlas hailas”. Lo cierto es que el accidente tiene lugar y cómo última consecuencia de él usted abandona a su novia -me expresé con una total falta de tacto que al momento maldije íntimamente. Ernerto quedó tan sorprendido por mis palabras como yo misma. Por un momento llegué a pensar que se marcharía indignado, tal vez insultándome a modo de despedida. Pero fui capaz de reaccionar en segundos, mucho antes de que el estupor le permitiera adoptar cualquier postura-. Al menos esa esa la forma en la que obra el personaje de la novela -aclaré, y una sonrisa distendió su rostro, aunque se notaba por alguna arrugas que persistían en su frente que un lastre pendular aún machacaba en su mente.
         - ¿Por qué has vuelto a utilizar el usted?
         - Para remarcar que me estaba refiriendo al personaje de ficción -mentí al tiempo que intentaba pintar en mi boca una fugaz sonrisa-. Thérèse parece encontrar una relación de causa-efecto entre el accidente que sufren los dos y la separación.
         - Pero yo no entendí que “la francesa” expresase de una forma tan rotunda que es “Ernesto” quien deja a su compañera.
         - De una manera explícita no, pero leyendo entrelíneas se deja entrever.
         - Tendría que volver a leer el capítulo con más atención para comprobarlo -mintió él, pues era casi seguro que se lo sabía de memoria.
         - Lucía está definida como un personaje simpático e ingenuo, mientras que él es un poco retorcido, con una cierta trastienda, podría decirse que en cierto modo la está utilizando.
         - Teniendo en cuenta que quien escribe es una mujer, y una mujer resentida, es natural que ponga mayor empeño en que los personajes femeninos resulten más simpáticos. La Lucía real no era tan ingenua, sabía muy bien lo que quería y los medios que tenía que emplear para conseguirlo. Había llegado a la ciudad dispuesta a triunfar en el teatro y yo me crucé en su camino, debió de pensar que mi amistad le abriría algunas puertas, como de hecho sucedió, y… Tampoco pretendo expresar que sólo estuviera conmigo guiada por un interés, nos enamoramos mutuamente y aunque comenzáramos nuestra relación como un simple escarceo erótico llegamos a compenetrarnos muy bien pero era evidente que lo nuestro no podía durar, éramos demasiado inmaduros, no había ninguna base sólida que sustentase lo nuestro y al primer encontronazo con la recia realidad el edificio de nuestro amor se desmoronó. La Lucía que fue mi novia acabó por casarse con un director de escena -remachó.

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