CAPÍTULO 4
Se han vaciado
ya dos o tres litronas de cerveza. Hace horas que se apagaron las luces del
Teatro Español, pero la noche es calurosa y no apetece marcharse a casa. A uno
de los muchachos se le ocurre encaramarse sobre la estatua de Calderón y las
chicas apoyan su idea. El otro amigo intenta hacerle desistir de su loca idea,
pero no le hacen caso y termina por ayudar al colega a conseguir su propósito,
al fin y al cabo “Todo en la vida es sueño y los sueños… sueños son”. Una vez
arriba resbala y quiebra la pluma de piedra de la escultura. No se rompe la
crisma de puro milagro, y los cuatro se alejan riendo y pasándose la piedra de
mano en mano como si hubieran conseguido un trofeo al que transformar en
talismán.
La promesa quedó
en el aire y no me arrepentí de haberla hecho porque Ernesto se mostró más
locuaz.
- Aparte de que
nuestra presuntuosidad fuera manifiesta también hay que reconocer que en el
fondo teníamos una buena dosis de autenticidad y, además, nuestras ideas no
carecían de entidad. Cuando esculpía lo hacía poniendo en ello los cinco
sentidos y me dejaba la piel en el trabajo. Y mis compañeros obraban cada uno
en su campo de creatividad de una forma similar. Por ejemplo, Fonso y sus
poemas, éstos podían tener una factura aleatoria pero respondían a un
pensamiento muy elaborado. Recuerdo que en esta misma cafetería tuvimos una
larga discusión sobre el tema y me dejaron muy convencido sus tesis. Estas
venían a ser que la poesía había dejado de tener sus propios fundamentos, se
había transformado en un ente profesionalizado y preciosista dejando de ser la
libre expresión de un alma que tiene la imperiosa necesidad de cantar sus
sentimientos al haber sido deslumbrada o herida por algo o alguien, y me puso
algunos ejemplos extraídos del romancero popular, recitándolos con su gracejo
tan particular. Bien, decía él, pues ahora los valores intrínsecos del
sentimiento son lo que menos importa y todo se queda en un preciosismo de orfebre,
los que escriben poesía con el fin de publicarla se imponen una jornada laboral
como si de una cadena de montaje de automóviles se tratara su actividad. Y por
eso prescindía él de las palabras como vocablos de un idioma y de las frases
inteligibles, y construía sus poemas con otros inventados y sin significado
alguno: si de cualquier forma nadie va a entender lo que le intentas comunicar
porque la costumbre los ha atrofiado el sentimiento dales tan sólo el sonido y
que cada cual se imagine lo que mejor le parezca. Una postura similar a la de
los pintores abstractos.
- Sí, pero
considerar que eso es poesía o pintura…
- Y, ¿por qué
no? Están realizados por hombres con la intención de comunicar algo importante
a sus semejantes, sensaciones o sentimientos que ellos también tienen. Lo mismo
que un montón de tierra de dos metros por medio perdido en un bosque es un
monumento funerario, aunque muy elemental es una huella humana que deja
constancia del respeto que unos humanos han tenido por otro dándole sepultura.
Antes las gentes ante un túmulo que se encontraran por el camino se paraban, se
descubrían y musitaban una oración. El gran error está en no darse cuenta de
que quien tiene los sentimientos atrofiados también tiene la imaginación
capada. La sociedad se ha vuelto miserable en el rango y la ordenación de sus
valores, y por ello la cultura que la representa tiene que ser mezquina por
fuerza. El mercantilismo lo invade todo y… no era de extrañar que todo cuanto
intentábamos acabara en el más estrepitoso de los fracasos.
- Por lo tanto
cuando Thérèse escribe con referencia a la exposción y al concierto no exagera.
- Es algo
difernte, ella hace literatura, que en cierto modo es una forma de distorsionar
la realidad, pero puedes estar segura de que aquellos dos actos fueron sendos
desastres.
“Divinas y
sencillas formas en opinión de los componentes del grupo y sus aledaños. En la
sala se encontraba una magnífica síntesis de las mejres creaciones artísticas
contemporáneas. Aquel sótano estaba destinado a guardar en sus altas
estanterías los fondos de la librería que se desarrollaba en la planta
superior, pero con unos anchos pliegos de papel de estraza se habían cubierto
los libros y formado paramentos lisos sobre los que se dispusieron los dibujos
de Ernesto, las fotografías de Julián, copias ampliadas de los poemas de Fonso y
hasta se había transcrito sobre un gran lienzo de más de dos metros cuadrados
de superficie el comienzo de una sonata para piano de Nando con unas notas del
tamaño de una pelota de tenis. Sobre unos cajones de embalaje, también
revestidos de basto papel, se colocaron tres esculturas de Ernesto. La única
nota discordante en el sótano acondicionado para sala de exposiciones la
constituía un retrato de Carlos Marx, realizado en colores chillones tomando
como base las isófotas de una rancia fotografía del barbudo pensador., pues no
se había podido convencer al dueño de la librería para que lo retirara durante
unos días mientras durase la muestra. Si tres asaltos de bandas de fachas
provistos con cócteles de gasolina no le habían conseguido hacer renunciar de la
muestra pública y hortera de sus ideas políticas no lo iban a lograr un grupo
de incipientes artistas, por más labia que le echaran al asunto.
En realidad
aquello era un festival de Ernesto que era el único plástico de los presentes y
que fue quien seleccionó las fotografías de Julián que había que exponer:
retratos de los compnentes del grupo en solitario, por parejas o formando
conjuntos, e instantáneas de algunas esculturas de Ernesto. A duras penas pudo
Fonso convencerlo de que se colgaran algunas de las fotos realizadas en la
Granja y del suceso desarrollado en Cibeles.
Se hicieron
programas, se enviaron a los medios de comunicación y a las amistades de cada
uno de ellos, y el día de la inauguración sólo pasó por allí algún periodista
despistado y una muchedumbre de jóvenes conocidos, estudiantes y artistas
noveles como ellos, que tenían la esperanza de gorronear un hermoso refrigerio
a su salud, y que cuando se percataron de la pobreza de éste transformaron sus
falsas expectativas en críticas acerbas, aunque solapadas, a lo mostrado en el
salón y a sus autores. La mayor alegría de la jornada la constituyó la
recepción de un telegrama de su amigo Julián felicitándolos por sus actividades
y agradeciendo que hubieran tenido el detalle de exponer algunas de sus obras.
Pero su ánimo no
decayó por la tibia acogida que tuvo la inauguración, y cuando consiguieron
deshacerse de los más pertinaces plomazos marcharon contentos a un café a
celebrar el éxito de haber logrado por lo menos inaugurar una exposición colectiva,
y a planificar el concierto que tendría lugar al día siguiente…
Soledad ante la
muchedumbre era un sentimiento muy conocido y aceptado por el muchacho. Estaba
en el vestíbulo, y de vez en cuando echaba una ojeada para controlar el aforo. El
ver la sala tan llena de gente le intimidaba, le hacía reducirse de tamaño y
sentirse un frágil insecto que cualquiera podría aplastar de un papirotazo. Y
cada vez entraban más rostros desconocidos. Le acució el deseo de marcharse y
dejar solo al músico, pero por encima de su miedo se imponía su fuerte sentido
de la solidaridad. Todos estaban en la misma nave y si el concierto naufragaba
estaba dispuesto a subir al escenario y compartir con el amigo la tempestad de
silbidos o lo que viniese. No podía abandonar a su compañero por muy mal cariz
que tomara la situación.
- ¡Hola! -saludo
Miriam a su abstraído amigo, que regresó en un cubo de limonada a la realidad.
- El concierto
está a punto de comenzar, ya pensaba que no ibais a llegar ninguno a tiempo.
- Se trata tan
sólo de un recital de piano -puntualizó ella.
- Sí, pero no de
un recital cualquiera, todos nos jugamos mucho en él.
- No exageres
-sonrió Miriam-, el recital es de Nando y sólo de él. Eso para empezar, y para
continuar te diré que estoy muy descontenta con la forma en que se ha montado
la exposición, las fotografías de mi hermano parecía que estaban de relleno,
así que vamos a dejarnos de historias colectivistas…
- Ayer no
pensabas lo mismo, antes de la inauguración pensabas que todo estaba muy bien
montado.
- La evidencia
me obligó a recapacitar.
- Querrás decir
el veneno que las lenguas viperinas han vertido en tus oídos.
- Es que todo el
mundo con quien he hablado sobre el tema ha llegado casualmente a las mismas
conclusiones, y no pueden ser más desalentadoras.
- De todas
formas si has venido será por algo.
- Te confieso
que lo he dudado bastante, pero al fin y al cabo ya me había comprometido a
asistir… y sé cumplir, no como otros que se limitan a hacer sólo aquello que es
para su propio interés y beneficio.
- ¿Por quién lo
dices? -preguntó Fonso fingiendo inocencia.
- Está muy claro
y de sobra los sabes: por Ernesto.
- También tú
sabes que siempre llega tarde a todas partes, no sé si calificarlo de costumbre
o de manía.
- Cuando le interesa
sabe llegar puntual, ayer estaba el primero.
- Era natural,
lo estuvo montando él todo, se pasó todo el día trabajando para que estuviera
bien preparado -explicó Fonso.
- Sí, encima el
pobre muchacho es un mártir y habría que ponerle una medalla -ironizó Miriam.
-Tampoco eso, a
mí me molesta como al que más que todavía no esté aquí, pero discutiendo y
mosqueándonos entre nosotros no vamos a sacar nada en claro.
- La francesa
tampoco ha llegado.
- Bien que la
pesa no poder asistir, hoy tenía vuelo.
- Esa vuela
mucho. Lo que pasa es que no soporta a Nando.
- Tal vez sea
cierto que no se caen muy bien, pero ella sabe poner por encima de sus
rencillas particulares su sentido de colaboración con el grupo.
- No hay peor
ciego que el que no quiere ver.
- No entiendo lo
que pretendes decir, pero ya me lo explicarás más tarde. No es bueno que el
público se impaciente y ya hace cinco minutos que debería haber comenzado el
acto. Voy a presentar a Nando, tú espera un poco más a la pareja feliz y sentaros
todos juntos, ya quedamos anoche que sería muy conveniente formar un poco de
clá para animar las timideces.
- Ya, ya, no te
preocupes que vuestras órdenes serán cumplidas, mi general -e hizo un gesto con
la mano que trataba de identificarse de una forma más bien cómica con un saludo
militar.
- No me lo
pongas más difícil que ya estoy temblando como un flan y todavía no he subido
al escenario.
- No te
preocupes y serénate, que voy a aplaudir con ardor tus palabras por muy
inconexas o balbucientes que te salgan -y lo besó en la mejilla para darle
ánimos.
- Hacía siglos
que no me besabas -comentó él.
- No te lo
merecías, tanto el protagonista de la velada como tú lleváis un cierto tiempo
jugando a superhombres, y ya iba siendo hora de que os sintierais en alguna
ocasión personas de carne y hueso.
Fonso no supo
que responder, tal vez su amiga tuviese razón, pero ya habría ocasión para
pensar sobre ello con calma y detenimiento, ahora la obligación le reclamaba.
- Ya
discutiremos sobre el tema -dijo mientras entraba en la sala y se encaminaba
hacia el escenario.
- ¡Suerte! -le
deseo ella, pero apagó su deseo el agudo sonido del primer timbre.
- ¡Creí que no
íbamos a llegar a tiempo! -jadeo la voz de Ernesto.
- ¡Ya era hora!
-se quejó Miriam mientras se besaban en las mejillas Lucía y ella.
El segundo
timbre hizo inaudible la disculpa de Lucía y los tres entraron en la sala de
audiciones. Y cuando tras de sonar el tercero apareció Fonso en el escenario al
lado del piano pudieron principiar un cálido aplauso que fue seguido con
tibieza por la concurrencia.
No fue larga la
presentación y el improvisado locutor se sorprendió de su propio aplomo, no
sólo hablaba con soltura sino que además tenía la suficiente capacidad de ánimo
para analizar la reacción que producían sus palabras en el auditorio. El
Público, contemplado desde el escenario no era tan abundante como le pareciera
desde la entrada, pero ya era un triunfo que hubiera acudido tanta gente a
escuchar la primera interpretación de una obra nueva compuesta por un músico
novel.
Desgraciadamente
cuando terminó el recital no quedaban en las butacas ni la tercera parte de los
comenzaron la audición.”
- Y, en
particular, lo sería para Nando.
- Sobre todo
teniendo en cuenta su carácter soberbio. Pero para ser justos con la realidad
tampoco llegó a haber una estampida general, y hay que tener en cuenta que hay
una considerable cantidad de gente que sólo acude a actos de este tipo por un
mero afán de curiosear y tener algo que contar más tarde a sus mediocres
amistades en las tertulias vespertinas. No obstante también afirmo que si
maquino todo aquello nuestro amigo fue con el ánimo de lucirse todo lo posible.

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