jueves, 28 de febrero de 2013

Entrevista Segunda - Capítulo 4



CAPÍTULO 4

         Se han vaciado ya dos o tres litronas de cerveza. Hace horas que se apagaron las luces del Teatro Español, pero la noche es calurosa y no apetece marcharse a casa. A uno de los muchachos se le ocurre encaramarse sobre la estatua de Calderón y las chicas apoyan su idea. El otro amigo intenta hacerle desistir de su loca idea, pero no le hacen caso y termina por ayudar al colega a conseguir su propósito, al fin y al cabo “Todo en la vida es sueño y los sueños… sueños son”. Una vez arriba resbala y quiebra la pluma de piedra de la escultura. No se rompe la crisma de puro milagro, y los cuatro se alejan riendo y pasándose la piedra de mano en mano como si hubieran conseguido un trofeo al que transformar en talismán.

         La promesa quedó en el aire y no me arrepentí de haberla hecho porque Ernesto se mostró más locuaz.
         - Aparte de que nuestra presuntuosidad fuera manifiesta también hay que reconocer que en el fondo teníamos una buena dosis de autenticidad y, además, nuestras ideas no carecían de entidad. Cuando esculpía lo hacía poniendo en ello los cinco sentidos y me dejaba la piel en el trabajo. Y mis compañeros obraban cada uno en su campo de creatividad de una forma similar. Por ejemplo, Fonso y sus poemas, éstos podían tener una factura aleatoria pero respondían a un pensamiento muy elaborado. Recuerdo que en esta misma cafetería tuvimos una larga discusión sobre el tema y me dejaron muy convencido sus tesis. Estas venían a ser que la poesía había dejado de tener sus propios fundamentos, se había transformado en un ente profesionalizado y preciosista dejando de ser la libre expresión de un alma que tiene la imperiosa necesidad de cantar sus sentimientos al haber sido deslumbrada o herida por algo o alguien, y me puso algunos ejemplos extraídos del romancero popular, recitándolos con su gracejo tan particular. Bien, decía él, pues ahora los valores intrínsecos del sentimiento son lo que menos importa y todo se queda en un preciosismo de orfebre, los que escriben poesía con el fin de publicarla se imponen una jornada laboral como si de una cadena de montaje de automóviles se tratara su actividad. Y por eso prescindía él de las palabras como vocablos de un idioma y de las frases inteligibles, y construía sus poemas con otros inventados y sin significado alguno: si de cualquier forma nadie va a entender lo que le intentas comunicar porque la costumbre los ha atrofiado el sentimiento dales tan sólo el sonido y que cada cual se imagine lo que mejor le parezca. Una postura similar a la de los pintores abstractos.
         - Sí, pero considerar que eso es poesía o pintura…


         - Y, ¿por qué no? Están realizados por hombres con la intención de comunicar algo importante a sus semejantes, sensaciones o sentimientos que ellos también tienen. Lo mismo que un montón de tierra de dos metros por medio perdido en un bosque es un monumento funerario, aunque muy elemental es una huella humana que deja constancia del respeto que unos humanos han tenido por otro dándole sepultura. Antes las gentes ante un túmulo que se encontraran por el camino se paraban, se descubrían y musitaban una oración. El gran error está en no darse cuenta de que quien tiene los sentimientos atrofiados también tiene la imaginación capada. La sociedad se ha vuelto miserable en el rango y la ordenación de sus valores, y por ello la cultura que la representa tiene que ser mezquina por fuerza. El mercantilismo lo invade todo y… no era de extrañar que todo cuanto intentábamos acabara en el más estrepitoso de los fracasos.
         - Por lo tanto cuando Thérèse escribe con referencia a la exposción y al concierto no exagera.
     - Es algo difernte, ella hace literatura, que en cierto modo es una forma de distorsionar la realidad, pero puedes estar segura de que aquellos dos actos fueron sendos desastres.

         “Divinas y sencillas formas en opinión de los componentes del grupo y sus aledaños. En la sala se encontraba una magnífica síntesis de las mejres creaciones artísticas contemporáneas. Aquel sótano estaba destinado a guardar en sus altas estanterías los fondos de la librería que se desarrollaba en la planta superior, pero con unos anchos pliegos de papel de estraza se habían cubierto los libros y formado paramentos lisos sobre los que se dispusieron los dibujos de Ernesto, las fotografías de Julián, copias ampliadas de los poemas de Fonso y hasta se había transcrito sobre un gran lienzo de más de dos metros cuadrados de superficie el comienzo de una sonata para piano de Nando con unas notas del tamaño de una pelota de tenis. Sobre unos cajones de embalaje, también revestidos de basto papel, se colocaron tres esculturas de Ernesto. La única nota discordante en el sótano acondicionado para sala de exposiciones la constituía un retrato de Carlos Marx, realizado en colores chillones tomando como base las isófotas de una rancia fotografía del barbudo pensador., pues no se había podido convencer al dueño de la librería para que lo retirara durante unos días mientras durase la muestra. Si tres asaltos de bandas de fachas provistos con cócteles de gasolina no le habían conseguido hacer renunciar de la muestra pública y hortera de sus ideas políticas no lo iban a lograr un grupo de incipientes artistas, por más labia que le echaran al asunto.
         En realidad aquello era un festival de Ernesto que era el único plástico de los presentes y que fue quien seleccionó las fotografías de Julián que había que exponer: retratos de los compnentes del grupo en solitario, por parejas o formando conjuntos, e instantáneas de algunas esculturas de Ernesto. A duras penas pudo Fonso convencerlo de que se colgaran algunas de las fotos realizadas en la Granja y del suceso desarrollado en Cibeles.
         Se hicieron programas, se enviaron a los medios de comunicación y a las amistades de cada uno de ellos, y el día de la inauguración sólo pasó por allí algún periodista despistado y una muchedumbre de jóvenes conocidos, estudiantes y artistas noveles como ellos, que tenían la esperanza de gorronear un hermoso refrigerio a su salud, y que cuando se percataron de la pobreza de éste transformaron sus falsas expectativas en críticas acerbas, aunque solapadas, a lo mostrado en el salón y a sus autores. La mayor alegría de la jornada la constituyó la recepción de un telegrama de su amigo Julián felicitándolos por sus actividades y agradeciendo que hubieran tenido el detalle de exponer algunas de sus obras.
         Pero su ánimo no decayó por la tibia acogida que tuvo la inauguración, y cuando consiguieron deshacerse de los más pertinaces plomazos marcharon contentos a un café a celebrar el éxito de haber logrado por lo menos inaugurar una exposición colectiva, y a planificar el concierto que tendría lugar al día siguiente…


         Soledad ante la muchedumbre era un sentimiento muy conocido y aceptado por el muchacho. Estaba en el vestíbulo, y de vez en cuando echaba una ojeada para controlar el aforo. El ver la sala tan llena de gente le intimidaba, le hacía reducirse de tamaño y sentirse un frágil insecto que cualquiera podría aplastar de un papirotazo. Y cada vez entraban más rostros desconocidos. Le acució el deseo de marcharse y dejar solo al músico, pero por encima de su miedo se imponía su fuerte sentido de la solidaridad. Todos estaban en la misma nave y si el concierto naufragaba estaba dispuesto a subir al escenario y compartir con el amigo la tempestad de silbidos o lo que viniese. No podía abandonar a su compañero por muy mal cariz que tomara la situación.
         - ¡Hola! -saludo Miriam a su abstraído amigo, que regresó en un cubo de limonada a la realidad.
         - El concierto está a punto de comenzar, ya pensaba que no ibais a llegar ninguno a tiempo.
         - Se trata tan sólo de un recital de piano -puntualizó ella.
         - Sí, pero no de un recital cualquiera, todos nos jugamos mucho en él.
       - No exageres -sonrió Miriam-, el recital es de Nando y sólo de él. Eso para empezar, y para continuar te diré que estoy muy descontenta con la forma en que se ha montado la exposición, las fotografías de mi hermano parecía que estaban de relleno, así que vamos a dejarnos de historias colectivistas…
         - Ayer no pensabas lo mismo, antes de la inauguración pensabas que todo estaba muy bien montado.
         - La evidencia me obligó a recapacitar.
         - Querrás decir el veneno que las lenguas viperinas han vertido en tus oídos.
         - Es que todo el mundo con quien he hablado sobre el tema ha llegado casualmente a las mismas conclusiones, y no pueden ser más desalentadoras.
         - De todas formas si has venido será por algo.
     - Te confieso que lo he dudado bastante, pero al fin y al cabo ya me había comprometido a asistir… y sé cumplir, no como otros que se limitan a hacer sólo aquello que es para su propio interés y beneficio.
         - ¿Por quién lo dices? -preguntó Fonso fingiendo inocencia.
         - Está muy claro y de sobra los sabes: por Ernesto.
       - También tú sabes que siempre llega tarde a todas partes, no sé si calificarlo de costumbre o de manía.
         - Cuando le interesa sabe llegar puntual, ayer estaba el primero.
        - Era natural, lo estuvo montando él todo, se pasó todo el día trabajando para que estuviera bien preparado -explicó Fonso.
       - Sí, encima el pobre muchacho es un mártir y habría que ponerle una medalla -ironizó Miriam.
       -Tampoco eso, a mí me molesta como al que más que todavía no esté aquí, pero discutiendo y mosqueándonos entre nosotros no vamos a sacar nada en claro.
         - La francesa tampoco ha llegado.
         - Bien que la pesa no poder asistir, hoy tenía vuelo.
         - Esa vuela mucho. Lo que pasa es que no soporta a Nando.
         - Tal vez sea cierto que no se caen muy bien, pero ella sabe poner por encima de sus rencillas particulares su sentido de colaboración con el grupo.
         - No hay peor ciego que el que no quiere ver.
      - No entiendo lo que pretendes decir, pero ya me lo explicarás más tarde. No es bueno que el público se impaciente y ya hace cinco minutos que debería haber comenzado el acto. Voy a presentar a Nando, tú espera un poco más a la pareja feliz y sentaros todos juntos, ya quedamos anoche que sería muy conveniente formar un poco de clá para animar las timideces.
         - Ya, ya, no te preocupes que vuestras órdenes serán cumplidas, mi general -e hizo un gesto con la mano que trataba de identificarse de una forma más bien cómica con un saludo militar.
         - No me lo pongas más difícil que ya estoy temblando como un flan y todavía no he subido al escenario.
         - No te preocupes y serénate, que voy a aplaudir con ardor tus palabras por muy inconexas o balbucientes que te salgan -y lo besó en la mejilla para darle ánimos.
         - Hacía siglos que no me besabas -comentó él.
         - No te lo merecías, tanto el protagonista de la velada como tú lleváis un cierto tiempo jugando a superhombres, y ya iba siendo hora de que os sintierais en alguna ocasión personas de carne y hueso.
         Fonso no supo que responder, tal vez su amiga tuviese razón, pero ya habría ocasión para pensar sobre ello con calma y detenimiento, ahora la obligación le reclamaba.
         - Ya discutiremos sobre el tema -dijo mientras entraba en la sala y se encaminaba hacia el escenario.
         - ¡Suerte! -le deseo ella, pero apagó su deseo el agudo sonido del primer timbre.
         - ¡Creí que no íbamos a llegar a tiempo! -jadeo la voz de Ernesto.
         - ¡Ya era hora! -se quejó Miriam mientras se besaban en las mejillas Lucía y ella.
         El segundo timbre hizo inaudible la disculpa de Lucía y los tres entraron en la sala de audiciones. Y cuando tras de sonar el tercero apareció Fonso en el escenario al lado del piano pudieron principiar un cálido aplauso que fue seguido con tibieza por la concurrencia.
         No fue larga la presentación y el improvisado locutor se sorprendió de su propio aplomo, no sólo hablaba con soltura sino que además tenía la suficiente capacidad de ánimo para analizar la reacción que producían sus palabras en el auditorio. El Público, contemplado desde el escenario no era tan abundante como le pareciera desde la entrada, pero ya era un triunfo que hubiera acudido tanta gente a escuchar la primera interpretación de una obra nueva compuesta por un músico novel.
         Desgraciadamente cuando terminó el recital no quedaban en las butacas ni la tercera parte de los comenzaron la audición.”

         - Y, en particular, lo sería para Nando.
       - Sobre todo teniendo en cuenta su carácter soberbio. Pero para ser justos con la realidad tampoco llegó a haber una estampida general, y hay que tener en cuenta que hay una considerable cantidad de gente que sólo acude a actos de este tipo por un mero afán de curiosear y tener algo que contar más tarde a sus mediocres amistades en las tertulias vespertinas. No obstante también afirmo que si maquino todo aquello nuestro amigo fue con el ánimo de lucirse todo lo posible.

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