domingo, 24 de febrero de 2013

Entrevista Segunda - Capítulo 2



CAPÍTULO 2
         Los japoneses bajan en manada del cómodo autobús provisto de aire acondicionado y vídeo, y forman una ordenada fila. Caminan casi marcando el paso por las amplias salas, llevan voluminosas bolsas de costado de cuero sintético. Cuando el guía se detiene disponen en torno a él un infranqueable cuadrado que ya hubieran querido poder hacer tan perfecto las falanges macedónicas. Escuchan atentos y contemplan con minuciosidad el gran óleo que se les presenta. Nadie sabe lo que piensan, pues sus rostros no expresan la menor emoción. Un par de ancianos se saludan en una pequeña sala de la planta inferior, allí no hay ningún Velázquez, ni Rubens, ni Goya, ni… nunca llegará a este rincón quien sabe lo que busca. Hablan sobre el tiempo, la primavera que se retrasa en llegar, y sobre los inimitables azules del mediterráneo.

         - No se trata tan sólo del libro, quería conocer aspectos referentes al grupo y a las relaciones entre todos vosotros en general. Teníais una forma muy peculir de afrontar la actividad artística…
         - Desde luego que debía de ser muy chocante si se compara con el medio ambiente en que se desarrollaba, y al papel que se atibuye al artista dentro de la sociedad en la actualidad.



         “Había un gran bullicio en el comedor de la Escuela de Bellas Artes. Los grandes ventanales dejaban pasar una intensa luz, pues las persianas venecianas estaban todas descompuestas. Algunos estudiantes terminaban sus almuerzos mientras otros se tomaban un café, y los más reposaban la comida fumándose un cigarrillo y haciendo bromas con sus compañeros. Muchos llevaban guardapolvos blancos manchados de carboncillo y de mil tonos de óleo. Nando y Julián bebían sendas copas de brandy.

          - Este ambiente no me gusta nada, más que futuros artistas parecen gallinas cluecas -decía Nando con enfado.

       - Pero nos ayudará a conseguir nuestro propósito, Julio alucina con toda esta fanfarria. Esto está a medio camino entre la rigidez de su Escuela y nuestra forma de concebir…

           - Es que él tampoco me gusta ni un pelo, es una locura que pretendas introducirle en nuestros proyectos. No me meto para nada con vuestra amistad, que me parece lógica ya que vuestros padres son buenos amigos y habréis hecho muchas travesuras de pequeños, y esas son cosas que siempre se recuerdan con cariño y mantienen unidas a las personas para toda la vida, pero es un típico señorito andaluz y mejor estaría en sus posesiones velando por la perpetuación del derecho de pernada entre sus súbditos que perdiendo el tiempo en alcanzar una cultura que se le escapa entre sus zafios dedos.

         - Eres demasiado duro con él, se ha pulido mucho en los últimos tiempos, desde que está en la capital. Cuando llegó se creía que venía a una feria y que todo el mundo le rendiría pleitesía como en su feudo, pero los sucesivos desengaños le han ido ubicando en el lugar que le corresponde y ya prescinde casi de ostentar su exagerado acento sureño.

         - Aunque la mona se vista de seda… lo único que conseguiremos es perder el tiempo, se querrá mostrar ingenioso y lucir las cuatro chorradas que le hayan enseñado en su asquerosa Escuela: la academia es la muerte del arte, en todo este curso no he aparecido ni una sola vez por el Conservatorio, no me sirve para nada, lo que tengo que aprender está en las partituras y en los propios sonidos de la vida.

         -Todo el mudo no tiene las mismas facultades que tú -objetó Julián.

         - O se nace artista o a lo más que se puede aspirar es a conseguir una buena técnica y llegar a ser eso que llaman “un virtuoso”, y que mejor harían en denominar un mono de imitación. ¡Mira que traerme a una fábrica de artistas!

         - Tienes razón en lo que dices, pero olvida tus prejuicios por un rato y mira sólo hacia el lado práctico de la cuestión. Tenemos que convencerle de que participe en nuestra empresa, con eso de que vive fuera de casa su padre le pasa más paga en un mes que a nosotros dos juntos en todo un trimestre.

         - Como no le resulta difícil exprimir a sus jornaleros, su viejo tiene aspecto de molino de almazara.

         - No hables en ese tono de don César, por favor, también es el administrador de nuestra finca. Sin su ayuda estaríamos apañados, como a mi padre sólo le interesan los libros y la universidad si no fuera por él ya nos habriamos quedado sin las tierras de mi madre.

           - La tierra es de quien la trabaja.

         - Sí, es muy sencillo decirlo, pero las empresas de tu padre son de él y no de sus empleados.

         - Es distinto, mi viejo las ha forjado con sus propias manos mientras que la tierra siempre ha estado ahí.

         - Ya se habrán dejado la sangre en levantarlas también muchos obreros.

         - Es probable, mi viejo es un avaro insoportable, por mí podrían irse al infierno él y todos sus negocios. ¿De qué me sirve que mi familia tenga tanto dinero si para una necesidad que tengo me veo obligado a pactar con personajes indeseables? Si mi madre estuviera viva sería muy diferente…

         - Fue una lástima su pérdida, era tan gentil…

         - La fue matando poco a poco el viejo a base de disgustos, siempre andando por ahí detrás de alguna zurriaga.

         - Ya llega Julio, ¡por fin!

         - ¡Hola! -saludó el aludido, que vestía un traje gris “príncipe de Gales”.

         - ¡Parece que vas de boda! -dijo Julián con sorna, pues tanto Nando como él vestían ropas deportivas, y el músico ni siquiera se había molestado en ponerse una corbata y llevaba al cuello un pañuelo anudado a la manera vaquera.

         - Nunca se sabe con quién se puede encontrar uno…

         - Si quieres beber algo tendrás que pedirlo tú mismo en la barra, aquí no sirven en las mesas -le sugirió Nando.

         - No, gracias, acabo de tomá un café - y se sentó junto a ellos-. ¿Qué tal la familia? -preguntó a Julián.

         - Están todos bien, Miriam me encargó que te diera recuerdos de su parte, y ¿la tuya?

         - Un poco procupaos, Rocío dice que quiere estudiar.

         - Es una muchacha muy inteligente y medios no os faltan.

         - Pero ya estoy estudiando yo. Nosotros lo que queríamos es que se buscara un buen partido para que cuando padre se sintiera mayor pudiera hacerse con su marido cargo de la administración de las fincas. Una mujer no necesita para nada meterse en líos.

       - Bueno, no habíamos quedado citados para charlas sobre problemas familiares -decidió Nando entrar en materia sin mayores preámbulos-, sino para tratar sobre una cuestión mucho más importante.

         - Ya te hablé de que nos proponíamos publicar una revista, hemos formado un grupo muy importante de artistas y pensamos que tú podrías formar parte de él, y aportar tus amplios conocimientos en materia de Arquitectura.

         - Sólo estoy comenzando, tengo mucho que aprender todavía.

       - Por eso no te preocupes, Julio, sé que has leído mucho sobre el tema, además no hace falta que escribas nada para los primeros números, lo que importa es que te interese nuestro proyecto y que quieras formar parte de nuestra empresa, podrías comenzar ayudando a soportar los costes económicos y después, una vez que la cosa esté en marcha, ya irías publicando algún original si te apetecía.

         - Serías co-mecenas de una importante iniciativa. Sin duda quieres ser arquitecto porque tienes grandes inquietudes artísticas y tendrías una oportunidad óptima para irlas desarrollando.

         - A mí, como a la mayoría de mis compañeros de Escuela, lo único que me importa es conseguir el título pa ponerme a ganar guita cuanto antes, el Arte me da un pito, quizá debiera haberme inclinado por una Ingeniería, pero como se me da bien el dibujo y parecía que había que estudiar menos mates… -explicó Julio con la sinceridad que da la confianza, Pero el golpe no amilanó a Julián, que volvió a la carga:

         - Perfecto, pero así te podrías ir creando un nombre y cuando te titulases ya serías conocido y tendrías enseguida solicitudes para hacer grandes proyectos.

       - Planteada así la cuestión ya sería otro cantar. Puede que la cosa tenga su lado positivo. Aunque no creo que con todas las relaciones que tiene mi familia pueda tener algún problema en encontrar encargos…

         - En los negocios siempre es bueno ampliar el campo de las posibilidades -apuntó Nando y Julio se quedó un momento dubitativo.

         - No acabo de verlo claro… Y, ¿los otros socios son de nuestra misma clase social?

         - A uno ya le conoces, es Alfonso, el compañero de aulas de mi hermana que recitó unos versos el día de su cumpleaños.

         - No me gusta. Se le nota una miaja presuntuoso para no tener un buen apellido.

         - Lo que nos importa de él es que es un buen escritor -sentenció Nando.

         Julio hizo una apenas perceptible mueca de desprecio y Julián se apresuró a decir:

         - Los otros son una pareja muy distinguida, llena de encanto, te gustará tratar con ellos -y no había terminado de pronunciar la frase cuando se echaron sobre el trío que charlaba sentado Lucía y Ernesto que parecían venir de un baile de carnaval con premio a las vestimentas más estrafalarias.

         Julio, asustado, se escapó a los pocos minutos de que se hicieran las presentaciones pretextando una cita con un adjunto de la Cátedra de Geometría Descriptiva.

        - Cualquiera diría que estamos apestados -se admiró Lucía-, el estirao de vuestro amigo se ha marchado como si hubiera visto al diablo..

           - Parece que tenía obligaciones -le justificó Julián con desaliento.

       - Habrá que ver lo que acaba por construir éste, el pastiche del Monumento a Vittorio Emmanuel se va a quedar en mantillas, ¡venga, Lucía, pide bebidas para todos! -propuso Nando-, que acabamos de ganarnos un par de horas de alegría.

           - Enseguida -cantó Lucía con su aguda voz, y se alejó bailando entre las mesas.

        - Y a perder una buena oportunidad de financiar nuestra revista -se lamentó Julián-. ¿A que debemos vuestra presencia por aquí? Siempre denostando tanto de las escuelas y luego…

           - De las escuelas sí, pero no de los amigos. Tengo buenos compañeros por aquí y de vez en cuando les rindo una visita de cortesía, y ¿vosotros?”

         - Además contabais con pocas posibilidades económicas para llevar a cabo vuestros proyectos.
         - Sí, en una ocasión casi consigue Julián que fuera nuestro socio capitalista el que es ahora su cuñado, pero si no llega a ser porque se vende una escultura mía no hubiera salido jamás la revista, aunque tampoco se hubiera perdido gran cosa. En lo referente al libro…
         - El libro es una disculpa -no me explico cómo me pudo salir una frase tan tonta. El libro era la razón por la que estaba trabajando en este asunto. Tal vez fue que tenía el presentimiento de que esta labor rutinaria iba a influir de manera decisiva en mi vida. Estaba mostrando una abnegación en este asunto que no era normal en mi trayectoria periodística. Siempre había procurado documentarme concienzudamente antes de realizar cualquier artículo, pero nunca habí dejado de pensar que mi profesión era un medio, como lo hubiera sido otro cualquiera, de ganarme la vida y de tener una independencia que me permitiera no estar todo el día en casa ocupada en las tareas domésticas. ¿Insatisfacciones?, era posible, pero era la primera vez que llegaba a una cita con media hora de adelanto. Traté de arreglar la frase-: A los personajes se les siente vivos, tienen carne, circula por ellos la sangre. La cuestión está en saber hasta qué punto se corresponde con ellos la personalidad auténtica de los seres humanos que trataron con la novelista, ¿me entiende? -me resultaba difícil el tuteo con aquel larguirucho que me sacaba de quicio con su sonrisa complaciente.
         - Claro que te entiendo, y me parece muy bonito, ¿no?, tener la oportunidad de hablar con Alonso Quijano y preguntarle los auténticos motivos que le impulsaron a arremeter contra los molinos de viento, es posible que con sus respuesta nos llevásemos todos una buena sorpresa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario