CAPÍTULO 2
Los japoneses
bajan en manada del cómodo autobús provisto de aire acondicionado y vídeo, y
forman una ordenada fila. Caminan casi marcando el paso por las amplias salas,
llevan voluminosas bolsas de costado de cuero sintético. Cuando el guía se
detiene disponen en torno a él un infranqueable cuadrado que ya hubieran
querido poder hacer tan perfecto las falanges macedónicas. Escuchan atentos y
contemplan con minuciosidad el gran óleo que se les presenta. Nadie sabe lo que
piensan, pues sus rostros no expresan la menor emoción. Un par de ancianos se
saludan en una pequeña sala de la planta inferior, allí no hay ningún
Velázquez, ni Rubens, ni Goya, ni… nunca llegará a este rincón quien sabe lo
que busca. Hablan sobre el tiempo, la primavera que se retrasa en llegar, y
sobre los inimitables azules del mediterráneo.
- No se trata
tan sólo del libro, quería conocer aspectos referentes al grupo y a las
relaciones entre todos vosotros en general. Teníais una forma muy peculir de
afrontar la actividad artística…
- Desde luego
que debía de ser muy chocante si se compara con el medio ambiente en que se
desarrollaba, y al papel que se atibuye al artista dentro de la sociedad en la
actualidad.
“Había un gran
bullicio en el comedor de la Escuela de Bellas Artes. Los grandes ventanales
dejaban pasar una intensa luz, pues las persianas venecianas estaban todas
descompuestas. Algunos estudiantes terminaban sus almuerzos mientras otros se
tomaban un café, y los más reposaban la comida fumándose un cigarrillo y
haciendo bromas con sus compañeros. Muchos llevaban guardapolvos blancos
manchados de carboncillo y de mil tonos de óleo. Nando y Julián bebían sendas
copas de brandy.
- Este ambiente
no me gusta nada, más que futuros artistas parecen gallinas cluecas -decía
Nando con enfado.
- Pero nos
ayudará a conseguir nuestro propósito, Julio alucina con toda esta fanfarria.
Esto está a medio camino entre la rigidez de su Escuela y nuestra forma de
concebir…
- Es que él
tampoco me gusta ni un pelo, es una locura que pretendas introducirle en
nuestros proyectos. No me meto para nada con vuestra amistad, que me parece
lógica ya que vuestros padres son buenos amigos y habréis hecho muchas
travesuras de pequeños, y esas son cosas que siempre se recuerdan con cariño y
mantienen unidas a las personas para toda la vida, pero es un típico señorito
andaluz y mejor estaría en sus posesiones velando por la perpetuación del
derecho de pernada entre sus súbditos que perdiendo el tiempo en alcanzar una
cultura que se le escapa entre sus zafios dedos.
- Eres demasiado
duro con él, se ha pulido mucho en los últimos tiempos, desde que está en la
capital. Cuando llegó se creía que venía a una feria y que todo el mundo le
rendiría pleitesía como en su feudo, pero los sucesivos desengaños le han ido
ubicando en el lugar que le corresponde y ya prescinde casi de ostentar su
exagerado acento sureño.
- Aunque la mona
se vista de seda… lo único que conseguiremos es perder el tiempo, se querrá
mostrar ingenioso y lucir las cuatro chorradas que le hayan enseñado en su
asquerosa Escuela: la academia es la muerte del arte, en todo este curso no he
aparecido ni una sola vez por el Conservatorio, no me sirve para nada, lo que
tengo que aprender está en las partituras y en los propios sonidos de la vida.
-Todo el mudo no
tiene las mismas facultades que tú -objetó Julián.
- O se nace
artista o a lo más que se puede aspirar es a conseguir una buena técnica y
llegar a ser eso que llaman “un virtuoso”, y que mejor harían en denominar un
mono de imitación. ¡Mira que traerme a una fábrica de artistas!
- Tienes razón
en lo que dices, pero olvida tus prejuicios por un rato y mira sólo hacia el
lado práctico de la cuestión. Tenemos que convencerle de que participe en nuestra
empresa, con eso de que vive fuera de casa su padre le pasa más paga en un mes
que a nosotros dos juntos en todo un trimestre.
- Como no le
resulta difícil exprimir a sus jornaleros, su viejo tiene aspecto de molino de
almazara.
- No hables en
ese tono de don César, por favor, también es el administrador de nuestra finca.
Sin su ayuda estaríamos apañados, como a mi padre sólo le interesan los libros
y la universidad si no fuera por él ya nos habriamos quedado sin las tierras de
mi madre.
- La tierra es
de quien la trabaja.
- Sí, es muy
sencillo decirlo, pero las empresas de tu padre son de él y no de sus
empleados.
- Es distinto,
mi viejo las ha forjado con sus propias manos mientras que la tierra siempre ha
estado ahí.
- Ya se habrán
dejado la sangre en levantarlas también muchos obreros.
- Es probable,
mi viejo es un avaro insoportable, por mí podrían irse al infierno él y todos
sus negocios. ¿De qué me sirve que mi familia tenga tanto dinero si para una
necesidad que tengo me veo obligado a pactar con personajes indeseables? Si mi
madre estuviera viva sería muy diferente…
- Fue una
lástima su pérdida, era tan gentil…
- La fue matando
poco a poco el viejo a base de disgustos, siempre andando por ahí detrás de
alguna zurriaga.
- Ya llega Julio,
¡por fin!
- ¡Hola! -saludó
el aludido, que vestía un traje gris “príncipe de Gales”.
- ¡Parece que
vas de boda! -dijo Julián con sorna, pues tanto Nando como él vestían ropas
deportivas, y el músico ni siquiera se había molestado en ponerse una corbata y
llevaba al cuello un pañuelo anudado a la manera vaquera.
- Nunca se sabe
con quién se puede encontrar uno…
- Si quieres
beber algo tendrás que pedirlo tú mismo en la barra, aquí no sirven en las
mesas -le sugirió Nando.
- No, gracias,
acabo de tomá un café - y se sentó junto a ellos-. ¿Qué tal la familia?
-preguntó a Julián.
- Están todos
bien, Miriam me encargó que te diera recuerdos de su parte, y ¿la tuya?
- Un poco
procupaos, Rocío dice que quiere estudiar.
- Es una
muchacha muy inteligente y medios no os faltan.
- Pero ya estoy
estudiando yo. Nosotros lo que queríamos es que se buscara un buen partido para
que cuando padre se sintiera mayor pudiera hacerse con su marido cargo de la
administración de las fincas. Una mujer no necesita para nada meterse en líos.
- Bueno, no
habíamos quedado citados para charlas sobre problemas familiares -decidió Nando
entrar en materia sin mayores preámbulos-, sino para tratar sobre una cuestión
mucho más importante.
- Ya te hablé de
que nos proponíamos publicar una revista, hemos formado un grupo muy importante
de artistas y pensamos que tú podrías formar parte de él, y aportar tus amplios
conocimientos en materia de Arquitectura.
- Sólo estoy
comenzando, tengo mucho que aprender todavía.
- Por eso no te
preocupes, Julio, sé que has leído mucho sobre el tema, además no hace falta
que escribas nada para los primeros números, lo que importa es que te interese
nuestro proyecto y que quieras formar parte de nuestra empresa, podrías
comenzar ayudando a soportar los costes económicos y después, una vez que la
cosa esté en marcha, ya irías publicando algún original si te apetecía.
- Serías
co-mecenas de una importante iniciativa. Sin duda quieres ser arquitecto porque
tienes grandes inquietudes artísticas y tendrías una oportunidad óptima para
irlas desarrollando.
- A mí, como a
la mayoría de mis compañeros de Escuela, lo único que me importa es conseguir
el título pa ponerme a ganar guita cuanto antes, el Arte me da un pito, quizá
debiera haberme inclinado por una Ingeniería, pero como se me da bien el dibujo
y parecía que había que estudiar menos mates… -explicó Julio con la sinceridad
que da la confianza, Pero el golpe no amilanó a Julián, que volvió a la carga:
- Perfecto, pero
así te podrías ir creando un nombre y cuando te titulases ya serías conocido y
tendrías enseguida solicitudes para hacer grandes proyectos.
- Planteada así
la cuestión ya sería otro cantar. Puede que la cosa tenga su lado positivo.
Aunque no creo que con todas las relaciones que tiene mi familia pueda tener
algún problema en encontrar encargos…
- En los
negocios siempre es bueno ampliar el campo de las posibilidades -apuntó Nando y
Julio se quedó un momento dubitativo.
- No acabo de
verlo claro… Y, ¿los otros socios son de nuestra misma clase social?
- A uno ya le
conoces, es Alfonso, el compañero de aulas de mi hermana que recitó unos versos
el día de su cumpleaños.
- No me gusta.
Se le nota una miaja presuntuoso para no tener un buen apellido.
- Lo que nos
importa de él es que es un buen escritor -sentenció Nando.
Julio hizo una
apenas perceptible mueca de desprecio y Julián se apresuró a decir:
- Los otros son
una pareja muy distinguida, llena de encanto, te gustará tratar con ellos -y no
había terminado de pronunciar la frase cuando se echaron sobre el trío que
charlaba sentado Lucía y Ernesto que parecían venir de un baile de carnaval con
premio a las vestimentas más estrafalarias.
Julio, asustado,
se escapó a los pocos minutos de que se hicieran las presentaciones pretextando
una cita con un adjunto de la Cátedra de Geometría Descriptiva.
- Cualquiera
diría que estamos apestados -se admiró Lucía-, el estirao de vuestro amigo se
ha marchado como si hubiera visto al diablo..
- Parece que
tenía obligaciones -le justificó Julián con desaliento.
- Habrá que ver
lo que acaba por construir éste, el pastiche del Monumento a Vittorio Emmanuel
se va a quedar en mantillas, ¡venga, Lucía, pide bebidas para todos! -propuso
Nando-, que acabamos de ganarnos un par de horas de alegría.
- Enseguida
-cantó Lucía con su aguda voz, y se alejó bailando entre las mesas.
- Y a perder una
buena oportunidad de financiar nuestra revista -se lamentó Julián-. ¿A que
debemos vuestra presencia por aquí? Siempre denostando tanto de las escuelas y
luego…
- De las
escuelas sí, pero no de los amigos. Tengo buenos compañeros por aquí y de vez
en cuando les rindo una visita de cortesía, y ¿vosotros?”
- Además
contabais con pocas posibilidades económicas para llevar a cabo vuestros
proyectos.
- Sí, en una ocasión
casi consigue Julián que fuera nuestro socio capitalista el que es ahora su
cuñado, pero si no llega a ser porque se vende una escultura mía no hubiera
salido jamás la revista, aunque tampoco se hubiera perdido gran cosa. En lo
referente al libro…
- El libro es
una disculpa -no me explico cómo me pudo salir una frase tan tonta. El libro
era la razón por la que estaba trabajando en este asunto. Tal vez fue que tenía
el presentimiento de que esta labor rutinaria iba a influir de manera decisiva
en mi vida. Estaba mostrando una abnegación en este asunto que no era normal en
mi trayectoria periodística. Siempre había procurado documentarme
concienzudamente antes de realizar cualquier artículo, pero nunca habí dejado
de pensar que mi profesión era un medio, como lo hubiera sido otro cualquiera,
de ganarme la vida y de tener una independencia que me permitiera no estar todo
el día en casa ocupada en las tareas domésticas. ¿Insatisfacciones?, era
posible, pero era la primera vez que llegaba a una cita con media hora de
adelanto. Traté de arreglar la frase-: A los personajes se les siente vivos,
tienen carne, circula por ellos la sangre. La cuestión está en saber hasta qué
punto se corresponde con ellos la personalidad auténtica de los seres humanos
que trataron con la novelista, ¿me entiende? -me resultaba difícil el tuteo con
aquel larguirucho que me sacaba de quicio con su sonrisa complaciente.
- Claro que te entiendo, y me parece muy bonito, ¿no?, tener
la oportunidad de hablar con Alonso Quijano y preguntarle los auténticos
motivos que le impulsaron a arremeter contra los molinos de viento, es posible
que con sus respuesta nos llevásemos todos una buena sorpresa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario