jueves, 7 de febrero de 2013

Entrevista Primera - Capítulo 12



CAPÍTULO 12
         Una mujeruca, que lleva un descolorido y gastado abrigo de pieles, intenta vender unos folletitos con breves y cursis poemas mimeografiados a los que guardan fila para conseguir entradas para la próxima sesión. Su cara apergaminada está cubierta de colorete y sus labios embadurnados de carmín oscuro. Se pasa la tarde de fila en fila a lo largo de toda la calle Fuencarral, cambiando de acera continuamente y deteniendo el tráfico rodado pues no acostumbra a hacer caso de las luces de los semáforos. No vende con demasiada facilidad su mercancía pero se divierte mucho contando chascarrillos a las jovencitas colgadas del brazo de su respectivos acompañantes y, a veces, hasta reúne suficientes monedas para comprar un billete para la nocturna. Llegó a ser figurante en algunos filmes nada más acabar la guerra…

         No le di importancia a su alegato sobre el tema ¿escabroso ó amoroso? del cuento, aunque daba por hecho su certeza, porque prefería avanzar en la investigación que me interesaba.
         - Por desgracia aquel perfecto equilibrio se rompe con brusquedad cuando Fonso se marcha a cumplir con su servicio militar.
         - En cierto modo esa fue la causa, pero no se puede saber cuánto hubiera durado aquella armonía, tal vez todo un curso, tal vez más. El caso es que no le concedieron la prórroga por estudios porque no le dieron un certificado de buena conducta y tuvo que partir, y por aquellas fechas regresó Thérèse a Madrid.



         “Cuando Miriam subió al estudio los encontró sentados en el estar y no pudo disimular su desagrado hacia ella.
         - ¿Cómo tú por aquí? –la preguntó a modo de saludo.
         - Ya ves, me han cambiado de línea y ahora vuelo a Madrid todos los martes y jueves, y ahora que tengo unos días libres he aprovechado la ocasión para hacer una visita a los viejos amigos. ¿Qué tal estás? –se mostraba Thérèse afectuosa-. Tu hermano me ha dado muchos recuerdos para todos y en especial para ti.
         - Sí, ya sé que os veis con mucha frecuencia, hablamos por teléfono a menudo. Pero, ¿cómo es que no te has arreglado todavía?, habíamos quedado citados para ir al cine –preguntó a su amigo.
         - Me disponía a hacerlo cuando llegó Thérèse y, ya ves, me puse a charlar con ella y ha ido pasando el tiempo sin que me apercibiera. Tenía muchas ganas de recibir noticias directas de tu hermano –se disculpó Nando-. Al cine podemos ir cualquier otro día.
         - Sabes de sobra que en la filmoteca cambian de programación a diario, y yo tengo una gran ilusión por ver la que proyectan hoy. Todavía disponemos de tiempo, que se venga con nosotros.
         - No me apetece mucho encerrarme en un local cerrado –negó la posibilidad -. Me gustaría pasear y volver a visitar algunos lugares conocidos que me traen muy gratos recuerdos.
         - Claro, como allí en Francia podéis ver cualquier película cuando os viene en gana, pero aquí hay que aprovechar la oportunidad cuando a la censura de la “filmo” se le pasa alguna interesante.
         - A mí tampoco me apetece mucho ir –dijo Nando-, allí dentro no se puede conversar y Thérèse tendrá muchas novedades que contarnos, ¡hacía tanto que no nos veíamos!
         - Pues ayer te perecías por ir a ver esa película, fue tuya la idea de que fuéramos.
         - Ayer era ayer y hoy es otro día, anda, sé buena chica y siéntate con nosotros, seguro que la volverán a programar en alguna otra ocasión –dijo a su amiga, y luego preguntó a Thérèse -: ¿Has buscado ya alojamiento?
         - No, todavía no tuve tiempo, me vine directa aquí desde el aeropuerto, Fonso me había contado por carta lo del estudio y tenía muchas ganas de conocer este lugar, ¡es muy bonito! –explicó la azafata.
         - Pues no te molestes ya en buscar hotel, que aquí hay sitio de sobra, te puedes acomodar en el cuarto de nuestro poeta que se ha marchado a jugar a los soldaditos como un auténtico Garcilaso de la Vega resurrecto.
         - Preferiría no estorbar – renunció Thérèse.
         - De veras que no será ninguna molestia –dijo Nando.
         - De momento ya has empezado por estropearnos la tarde –dijo Miriam, y se lió el tinglado.”

           - Y tuvo lugar una agria discusión entre Miriam y Nando.
      - No tengo ninguna noticia de que existiera tal disputa, mi hermana y yo nos carteábamos con mucha frecuencia y sin duda me lo habría contado de haber tenido lugar. Más bien creo que la discusión por causa de ella, tal como aparece en la novela, es una creación más del cerebro pervertido de la autora. Sin duda le hubiese encantado que Fernando se interesara por su persona, pero nunca la hizo el menor caso. Y algo similar sucede con la pretendida relación intima conmigo como una de las causas de la ruptura de mi matrimonio…

         “Jeannette lo esperaba levantada y de muy mal genio. Llevaba puesto sólo un salto de cama de color rojo y se paseaba con impaciencia por el estar, bebiendo pequeños sorbos del vaso de güisqui con hielo que se había preparado para amenizar la espera.
-      Ya has vuelto a estar con ella –lo saludó con acritud.
-      ¡Hola!, querida, ¿todavía levantada?, ¿con quién voy a estar?, vengo directamente de la redacción… Sí –miró su espléndido reloj de pulsera chapado en oro, que era regalo conmemorativo del tercer aniversario de su matrimonio-, se ha hecho un poco tarde.
-      Con tu amiguita la azafata –dijo ella sin atender el resto de las preguntas y explicaciones.
-      ¿Qué cosas tienes? Es una idea absurda, he estado toda la tarde en el edificio de la revista, mañana puedes telefonear allí y te lo confirmarán.
-      No es necesario esperar a mañana, ya he llamado esta tarde y me han confirmado lo contrario.
Julián se quedó sorprendido, no había previsto aquella posibilidad. Pero supo reaccionar en  un segundo: -¿Quién se puso al teléfono?
- Alexandre, está en tu mismo departamento, ¿no?
- Pero es un tipo muy despistado, no se entera nunca de nada, puedes estar hablando con él una hora que a los cinco minutos no recuerda ya quien era su interlocutor. Tal vez cuando telefoneaste había bajado un momento a la cafetería. He estado haciendo un trabajo con Marcel, puedes preguntárselo a él, si quieres llama ahora a su domicilio aunque sea tarde, tiene que estar levantado todavía porque hemos salido al mismo tiempo.
- ¡Claro!, como que los dos estáis conchabados, él también tendrá algún lio de faldas por ahí y os montáis las juergas juntos.
- Si tu padre nos pagara todas las horas extras que hacemos sería fácil demostrarte que hemos estado allí con la ficha de entradas y salidas.
- Tendrás queja del sueldo que recibes, sino fuera por mi familia estarías a estas horas… ¡Eres un Landrú! –y Jeannette rompió a llorar con desconsuelo. Julián intentó aproximarse a ella, pero fue rechazado.
- ¡No te acerques a mí! ¡No quiero que me vuelvas a tocar!
- Cariño, por favor, no te pongas así, yo te explicaré –se acercó de nuevo a ella. Aunque no era bella y se conocía su cuerpo de memoria las formas que medio se entreveían bajo la tela transparente lo excitaban, y hubiera deseado tumbarse sobre ella allí mismo y hacerle el amor sobre la alfombra, pero ella huía de su contacto como si el marido tuviera llamas en la punta de los dedos.
- No tienes nada que explicarme, siempre llevas en tu cartera una fotografía suya.
- ¡Ah, ya, ha sido eso! –exclamó Julián enfadado -¡Te has atrevido a hurgar en mi billetera!
- ¡Tengo derecho!, ¿no?, para eso soy tu esposa.
Era su esposa, y además estaba hermosísima aquella noche. Sí, era muy divertido ir en compañía de Thérèse a visitar exposiciones y discutir largas horas en la Place du Tertre con sus jóvenes amigos sobre arte y literatura, pero desde el punto de vista sexual era una continua insatisfacción… ¡Aquella virgen sagrada era enervante!
- Tú lo has dicho, eres mi esposa, vayamos a la cama y olvidemos todas estas cuestiones enojosas, haciéndonos el amor nos sentiremos mejor…
- ¡No!, nunca volveré a meterme en la cama contigo, el matrimonio no da derecho a todo.
- ¡Naturalmente que no da derecho a todo!, y menos a hurgar en la intimidad del cónyuge, nunca me pondría a rebuscar en tus papeles, ni me meto para nada con quien sales o dejas de salir…
- Porque ya no me quieres, ni me has querido nunca de verdad, me has utilizado para hacer carrera en la revista. Mi padre tenía toda la razón del mundo cuando me lo advertía, y, tonta de mí, no le hice el menor caso.
- Esto sí que está bueno, me estoy dejando la vida en la mierda de sus publicaciones, ya ves a qué horas vengo a casa, y ahora me sales con ese reproche. Lo único que pasa es que estás celosa, celosa sin ningún motivo, y buscas cualquier excusa para liar el escándalo.
- La fotografía es una prueba de que tengo mis fundamentos para creer que me estás engañando con ella.
- Si la conservo es porque es una de mis primeras obras bien conseguidas, y porque me recuerda mi país y algunas jornadas decisivas para mí. Es una obra de arte…
- ¡Obra de arte!, buena obra maestra está hecha la pelandrusca de tu amiguita. Si no hubiera sido por mis influencias con todas tus pretendidas obras de arte estarías ahora… ¡Ingrato!”

- …El motivo último que nos llevó hasta el divorcio no fue otro que la gran añoranza que sentía por mi Patria. Eso ella no podía entenderlo, y a mí me enervaba el desdén con que trataba todo lo referente a los cambios profundos que se estaban produciendo aquí, y más sabiendo que se me necesitaba, que todos los patriotas conscientes hacíamos falta. Le propuse en varias ocasiones que nos viniéramos juntos, pero ella siempre se negó en rotundo, y tuve que elegir, me obligó a elegir. Bueno, aunque se trate de cuestiones personales no me importa hacerlas públicas porque explican muy bien la falsedad de los motivos vertidos por Thérèse.

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