CAPÍTULO 12
Una mujeruca,
que lleva un descolorido y gastado abrigo de pieles, intenta vender unos
folletitos con breves y cursis poemas mimeografiados a los que guardan fila
para conseguir entradas para la próxima sesión. Su cara apergaminada está
cubierta de colorete y sus labios embadurnados de carmín oscuro. Se pasa la
tarde de fila en fila a lo largo de toda la calle Fuencarral, cambiando de
acera continuamente y deteniendo el tráfico rodado pues no acostumbra a hacer
caso de las luces de los semáforos. No vende con demasiada facilidad su
mercancía pero se divierte mucho contando chascarrillos a las jovencitas
colgadas del brazo de su respectivos acompañantes y, a veces, hasta reúne
suficientes monedas para comprar un billete para la nocturna. Llegó a ser
figurante en algunos filmes nada más acabar la guerra…
No le di
importancia a su alegato sobre el tema ¿escabroso ó amoroso? del cuento, aunque
daba por hecho su certeza, porque prefería avanzar en la investigación que me
interesaba.
- Por desgracia
aquel perfecto equilibrio se rompe con brusquedad cuando Fonso se marcha a
cumplir con su servicio militar.
- En cierto modo
esa fue la causa, pero no se puede saber cuánto hubiera durado aquella armonía,
tal vez todo un curso, tal vez más. El caso es que no le concedieron la
prórroga por estudios porque no le dieron un certificado de buena conducta y
tuvo que partir, y por aquellas fechas regresó Thérèse a Madrid.
“Cuando Miriam
subió al estudio los encontró sentados en el estar y no pudo disimular su
desagrado hacia ella.
- ¿Cómo tú por
aquí? –la preguntó a modo de saludo.
- Ya ves, me han
cambiado de línea y ahora vuelo a Madrid todos los martes y jueves, y ahora que
tengo unos días libres he aprovechado la ocasión para hacer una visita a los
viejos amigos. ¿Qué tal estás? –se mostraba Thérèse afectuosa-. Tu hermano me
ha dado muchos recuerdos para todos y en especial para ti.
- Sí, ya sé que
os veis con mucha frecuencia, hablamos por teléfono a menudo. Pero, ¿cómo es
que no te has arreglado todavía?, habíamos quedado citados para ir al cine
–preguntó a su amigo.
- Me disponía a
hacerlo cuando llegó Thérèse y, ya ves, me puse a charlar con ella y ha ido
pasando el tiempo sin que me apercibiera. Tenía muchas ganas de recibir
noticias directas de tu hermano –se disculpó Nando-. Al cine podemos ir
cualquier otro día.
- Sabes de sobra
que en la filmoteca cambian de programación a diario, y yo tengo una gran
ilusión por ver la que proyectan hoy. Todavía disponemos de tiempo, que se
venga con nosotros.
- No me apetece
mucho encerrarme en un local cerrado –negó la posibilidad -. Me gustaría pasear
y volver a visitar algunos lugares conocidos que me traen muy gratos recuerdos.
- Claro, como
allí en Francia podéis ver cualquier película cuando os viene en gana, pero
aquí hay que aprovechar la oportunidad cuando a la censura de la “filmo” se le
pasa alguna interesante.
- A mí tampoco
me apetece mucho ir –dijo Nando-, allí dentro no se puede conversar y Thérèse
tendrá muchas novedades que contarnos, ¡hacía tanto que no nos veíamos!
- Pues ayer te
perecías por ir a ver esa película, fue tuya la idea de que fuéramos.
- Ayer era ayer
y hoy es otro día, anda, sé buena chica y siéntate con nosotros, seguro que la
volverán a programar en alguna otra ocasión –dijo a su amiga, y luego preguntó
a Thérèse -: ¿Has buscado ya alojamiento?
- No, todavía no
tuve tiempo, me vine directa aquí desde el aeropuerto, Fonso me había contado
por carta lo del estudio y tenía muchas ganas de conocer este lugar, ¡es muy
bonito! –explicó la azafata.
- Pues no te
molestes ya en buscar hotel, que aquí hay sitio de sobra, te puedes acomodar en
el cuarto de nuestro poeta que se ha marchado a jugar a los soldaditos como un
auténtico Garcilaso de la Vega resurrecto.
- Preferiría no
estorbar – renunció Thérèse.
- De veras que
no será ninguna molestia –dijo Nando.
- De momento ya
has empezado por estropearnos la tarde –dijo Miriam, y se lió el tinglado.”
- Y tuvo lugar
una agria discusión entre Miriam y Nando.
- No tengo
ninguna noticia de que existiera tal disputa, mi hermana y yo nos carteábamos
con mucha frecuencia y sin duda me lo habría contado de haber tenido lugar. Más
bien creo que la discusión por causa de ella, tal como aparece en la novela, es
una creación más del cerebro pervertido de la autora. Sin duda le hubiese
encantado que Fernando se interesara por su persona, pero nunca la hizo el
menor caso. Y algo similar sucede con la pretendida relación intima conmigo
como una de las causas de la ruptura de mi matrimonio…
“Jeannette lo
esperaba levantada y de muy mal genio. Llevaba puesto sólo un salto de cama de
color rojo y se paseaba con impaciencia por el estar, bebiendo pequeños sorbos
del vaso de güisqui con hielo que se había preparado para amenizar la espera.
-
Ya has vuelto a estar con ella –lo saludó con
acritud.
-
¡Hola!, querida, ¿todavía levantada?, ¿con quién
voy a estar?, vengo directamente de la redacción… Sí –miró su espléndido reloj
de pulsera chapado en oro, que era regalo conmemorativo del tercer aniversario
de su matrimonio-, se ha hecho un poco tarde.
-
Con tu amiguita la azafata –dijo ella sin atender
el resto de las preguntas y explicaciones.
-
¿Qué cosas tienes? Es una idea absurda, he estado
toda la tarde en el edificio de la revista, mañana puedes telefonear allí y te
lo confirmarán.
-
No es necesario esperar a mañana, ya he llamado esta
tarde y me han confirmado lo contrario.
Julián se quedó sorprendido, no
había previsto aquella posibilidad. Pero supo reaccionar en un segundo: -¿Quién se puso al teléfono?
- Alexandre, está en tu mismo departamento,
¿no?
- Pero es un tipo muy despistado,
no se entera nunca de nada, puedes estar hablando con él una hora que a los
cinco minutos no recuerda ya quien era su interlocutor. Tal vez cuando
telefoneaste había bajado un momento a la cafetería. He estado haciendo un trabajo
con Marcel, puedes preguntárselo a él, si quieres llama ahora a su domicilio
aunque sea tarde, tiene que estar levantado todavía porque hemos salido al
mismo tiempo.
- ¡Claro!, como que los dos
estáis conchabados, él también tendrá algún lio de faldas por ahí y os montáis
las juergas juntos.
- Si tu padre nos pagara todas
las horas extras que hacemos sería fácil demostrarte que hemos estado allí con
la ficha de entradas y salidas.
- Tendrás queja del sueldo que
recibes, sino fuera por mi familia estarías a estas horas… ¡Eres un Landrú! –y
Jeannette rompió a llorar con desconsuelo. Julián intentó aproximarse a ella,
pero fue rechazado.
- ¡No te acerques a mí! ¡No
quiero que me vuelvas a tocar!
- Cariño, por favor, no te pongas
así, yo te explicaré –se acercó de nuevo a ella. Aunque no era bella y se
conocía su cuerpo de memoria las formas que medio se entreveían bajo la tela
transparente lo excitaban, y hubiera deseado tumbarse sobre ella allí mismo y
hacerle el amor sobre la alfombra, pero ella huía de su contacto como si el
marido tuviera llamas en la punta de los dedos.
- No tienes nada que explicarme,
siempre llevas en tu cartera una fotografía suya.
- ¡Ah, ya, ha sido eso! –exclamó
Julián enfadado -¡Te has atrevido a hurgar en mi billetera!
- ¡Tengo derecho!, ¿no?, para eso
soy tu esposa.
Era su esposa, y además estaba
hermosísima aquella noche. Sí, era muy divertido ir en compañía de Thérèse a
visitar exposiciones y discutir largas horas en la Place du Tertre con sus
jóvenes amigos sobre arte y literatura, pero desde el punto de vista sexual era
una continua insatisfacción… ¡Aquella virgen sagrada era enervante!
- Tú lo has dicho, eres mi
esposa, vayamos a la cama y olvidemos todas estas cuestiones enojosas,
haciéndonos el amor nos sentiremos mejor…
- ¡No!, nunca volveré a meterme
en la cama contigo, el matrimonio no da derecho a todo.
- ¡Naturalmente que no da derecho
a todo!, y menos a hurgar en la intimidad del cónyuge, nunca me pondría a
rebuscar en tus papeles, ni me meto para nada con quien sales o dejas de salir…
- Porque ya no me quieres, ni me
has querido nunca de verdad, me has utilizado para hacer carrera en la revista.
Mi padre tenía toda la razón del mundo cuando me lo advertía, y, tonta de mí,
no le hice el menor caso.
- Esto sí que está bueno, me
estoy dejando la vida en la mierda de sus publicaciones, ya ves a qué horas
vengo a casa, y ahora me sales con ese reproche. Lo único que pasa es que estás
celosa, celosa sin ningún motivo, y buscas cualquier excusa para liar el
escándalo.
- La fotografía es una prueba de
que tengo mis fundamentos para creer que me estás engañando con ella.
- Si la conservo es porque es una
de mis primeras obras bien conseguidas, y porque me recuerda mi país y algunas
jornadas decisivas para mí. Es una obra de arte…
- ¡Obra de arte!, buena obra
maestra está hecha la pelandrusca de tu amiguita. Si no hubiera sido por mis
influencias con todas tus pretendidas obras de arte estarías ahora… ¡Ingrato!”
- …El motivo último que nos llevó
hasta el divorcio no fue otro que la gran añoranza que sentía por mi Patria.
Eso ella no podía entenderlo, y a mí me enervaba el desdén con que trataba todo
lo referente a los cambios profundos que se estaban produciendo aquí, y más
sabiendo que se me necesitaba, que todos los patriotas conscientes hacíamos
falta. Le propuse en varias ocasiones que nos viniéramos juntos, pero ella
siempre se negó en rotundo, y tuve que elegir, me obligó a elegir. Bueno,
aunque se trate de cuestiones personales no me importa hacerlas públicas porque
explican muy bien la falsedad de los motivos vertidos por Thérèse.

No hay comentarios:
Publicar un comentario