CAPÍTULO 3
La mañana se
vende en EL RASTRO. Allá podrás encontrar de todo cuanto se te ocurra imaginar,
hasta un corazón de segunda mano en rebajas. La ribera de Curtidores se ha
poblado de una fauna multicolor y el barullo y el griterío resultan agobiantes.
Unos recitan sus mercancías y otros chillan sus ofertas, y el regateo parece un
canto gregoriano entonado por monjes ebrios. Huele a incienso y a pachulí, a
plástico quemado, a ropa enmohecida y a sótano cerrado, a ropa nueva y a
sábanas tendidas al sol, a vegueros y a hachís… El general Vara del Rey rinde
pleitesía a sus ancestros morunos, y
bajo un edificio de corte herreriano se extiende un zoco. Ojos foráneos hacen
chiribitas ante la artesanía del cuero repujado: bolsos, cinturones, botas,
carteras… y los vernáculos observan con delectación las pulidas carcasas de las
cadenas musicales y los no menos pulidos muslos morenos apretados por mínimos
pantaloncitos cortos. Huele a arrayán, a orgasmo y a jazmín, y se olvida que es
la hora de la Misa Mayor.
- El problema es
que hoy en día se ha perdido el sentido de la heroicidad -continuó perorando
Ernesto-, tanto en la vida real como en la literatura o en la cinematografía lo
que está de moda es el antihéroe.
- El asunto de
los “sucesos” tiene un cierto halo heroico…
“En la primavera
restallante del Parque del Retiro la naturaleza cantaba su oda triunfante al
sol que la hacía posible. Todo era paz y sosiego en la mañana dominical. La barahúnda
ciudadana se encontaraba petrificada por la resaca de la noche anterior, aunque
no tardaría demasiado en desperezarse e inundarlo todo con un aire festivo.
- ¡Ya tenían que
haber llegado! ¿Les telefoneaste antes de salir de casa? -se impacientaba Nando.
- Claro que lo
hice, y ya estaban levantados. Me dijeron que se pondrían en camino en cuanto
se desayunaran -contestó Fonso.
- Pues no lo
entiendo -se desalentaba Nando-, ya es tardísimo y no aparecen por ninguna
parte.
- A lo mejor se
han ido a ordeñar una vaca para que la leche del desayuno estuviera bien fresca
-bromeó Miriam.
- ¡Déjate de
decir chorradas que no está el horno para bollos! -se irritaba Nando.
- El caso es que
hace frío -se lamentó Miriam-, en cuanto se nubla un momento y desaparece el
sol se queda una destemplada. Debería haberme disfrazado de esquimal en vez de
hacerlo de diosa griega, este peplo no abriga nada.
- Presiento que
va a cambiar el tiempo -pronosticó Fonso, por decir algo.
- Lo que
deberíamos hacer es dejar de hacer el pasmarote e intentar vender la revista,
que es a lo que hemos venido, así nos moveríamos y entraríamos en calor -propuso
Nando.
- Pero por aquí
no hay nadie, y si cambiamos de lugar corremos el riesgo de que no nos
encuentren -advirtió Fonso.
- Mira que es a
veces pesado este Ernesto, parece que habita en otra galaxia -sentenció Miriam.
- Se pasa media
vida en las nubes porque como es tan alto le pilla muy cerca, pero no deja de
ser un buen y abnegado compañero -reconvino Fonso.
- Sólo que es
incapaz de tener una mísera idea práctica. Las acciones para vender la revista
han sido ocurrencia mía, y lo de la exposición y el concierto tuyas, pero él
nada de nada -se quejó Nando.
- Vive para sus
esculturas - afirmó Miriam.
- Y para
refocilarse con su amiga, que tiene tan poco seso -como él.
- Pues para
tenerle tan sorbido el seso tiene que tener un magnífico sexo -hizo Fonso el
chiste fácil y grosero.
- En el fondo
con todo vuestro progresismo no sois capaces de quitaros el machismo de la
cabeza -se disgustó Miriam.
- Perdona,
chica, reconozco que ha sido un chascarrillo necio, pero tampoco es para
ponerse así -se disculpó Fonso.
Su amigo se puso
a pasear de un lado para otro en una actitud sin sentido, como un preso en la
celda, que sólo podía justificar el nerviosismo causado por la espera. Sus
pasos lo retornaron junto a sus compañeros.
- Hay momentos
en que siento deseos de tirar la toalla.
- ¡Qué no cunda
el pánico! -exclamo Miriam levantando los brazos en una actitud teatral, y con
su peplo al viento parecía una Palas Atenea arengando a unos extraños griegos
de siglos futuros al de esplendor de la Acrópolis., pues Nando se había disfrazado
del “Werther” goethiano, aunque sin respetar demasiado los colores
tradicionales de la indumentaria del personaje, y Fonso con traje amplísimo de
rayas verticales en la línea de Clay, el célebre atracador compañero de
andanzas y de cama de Bonnie.
- Lo que nos van
a dar son los siete dolores como sigamos aquí parados como espantapájaros.
Pongámonos en marcha hacia el palacio de Cristal y sigamos nuestro plan, cinco
o tres es lo mismo para hacer el mayor de los ridículos o tener una actuación
triunfal -propuso Nando.
- Además hemos
quedado allí con Thérèse a las once y casi son ya -advirtió Fonso constatando la
hora en su reloj de pulsera, pues no había podido conseguir uno de cadena que
fuera más en consonancia con su disfraz.
- ¡Siempre
Thérèse! -se lamentó Nando.
- No hay que
hacer esperar a las buenas amigas -ironizó Fonso.
- ¡Mundo loco!
-fue lo único que pudo exclamar su amigo ya harto de renegar una y otra vez de
las alusiones a su fracasado lance con la azafata, y se puso a andar. Sus
amigos le siguieron.
Balanceando
Fonso la guitarra dentro de su funda con una mezcla de desgana y decisión daba
bastante bien el tipo de un Clay con una repetidora disimulada encaminándose
hacia una sucursal bancaria propicia.
Miriam se sintió
feliz con el movimiento, y bailando lo tomó por un brazo y lo llevó hasta la
altura de Nado, de quien también se colgó. La alegría de la muchacha acabó por
contagiar a sus compañeros y los tres, unidos y risueños, llegaron hasta el
precioso y recoleto estanque antesala del Palacio, donde ya aguardaba Thérèse
y… ¡también Lucía y Ernesto!
Sólo hubo tiempo
para la sorpresa, porque al correspondiente a los reproches por la tardanza no
dio lugar la pronta y tragicómica explicación que les relató Ernesto.
Lucía y él
acudían a la cita a los lomos de un ciclomotor cuando en las inmediaciones del parque
la brusca maniobra de un mastodóntico autobús los había arrojado contra la
acera. Afortunadamente fue sólo el susto y el minivehículo desbaratado. Luego
de recobrarse y discutir un rato con el conductor del autobús habían considerado que ya
era demasiado tarde para llegar a tiempo a la cita primitiva y buscándolos por
todo el parque se habían encontrado con la amiga…
-¿Estáis bien de veras? -se inquietó Fonso.
- Nosotros
perfectamente, pero la vespino ha quedado hecha un churro, y me la habían
prestado, mejor dicho, se la habían prestado a Lucía…
- La moto es lo
de menos -reconvino Nando mientras palpaba las articulaciones de los hombros a
la pareja-. ¿No os habéis roto ningún hueso?
- Sólo tengo
algunos arañazos en la pierna y la media
rasgada, pero me lo he pasado como nunca -decía Lucía en tono jocoso-. Fijaos
que divertido, cuando os estábamos buscando nos acercamos a un aguaducho a
preguntar, y le dice Ernesto a la mujer que servía allí: “¿Ha visto por aquí a
unos muchachos que van disfrazados como nosotros?”, y ella le responde muy
asustada: “La verdad, la verdad, le juro por mis muertos que en mi vida he
visto a nadie con una pinta como la suya” -y Lucía estalló en sonoras
carcajadas que fueron coreadas por sus amigos, que les palmeaban la espalda
felices de que la desgraciada aventura hubiera tenido tan feliz término.
Cuando se
restableció la calma causada por la hilaridad general Miriam se puso muy seria
y mirando con fijeza a los ojos de Ernesto le dijo:
- ¡Ten mucho
cuidado con las motocicletas que es posible que te traigan una gran desgracia!
Pero ninguno de
los presentes entendió que aquellas palabras constituyeran una premonición, y
pensaron que se trataba de una broma a la que daba pie su disfraz de pitonisa
griega, por lo que rieron la frase haciendo imposible que Miriam pudiera insistir
sobre el tema.
Y sin más se dispusieron a organizar el suceso
proyectado, que consistía en la lectura de un poema fonético de Fonso con
acompañamiento de música ruidística a cargo de sus compañeros. Los paseantes
domingueros se detendrían a contemplar el sonoro y singular espectáculo y se
aprovecharía la oportunidad para intentar vender las revistas.
Unos inconexos
rasgueos de guitarra por parte de Thérèse prologaron el comienzo y nando se
puso a hacer grandiosos aspavientos en ademán de estar dirigiendo a una nutrida
orquesta sinfónica, pero era tan exagerado en su accionar que parecía estar
intentando mover a todo un cuerpo de ejército acorazado. Mas apenas si algún
que otro despistado viandante se detenía acuriosear de qué iban aquellas extravagancias
cuando comenzó a caer un chubasco de mucho cuidado y todos corrieron
despavoridos a buscar refugio en el atrio del Palacio de Cristal, que en un
momento quedó repleto de un variopinto conglomerado de personas de todas las
edades y condiciones. ¡Aquella era una excepcional ocasión de tener un nutrido
y fiel auditorio incapaz de desertar por muy desagradable que les resultara lo
escuchado, y además la obra sería refrendada por el fragor de la tormenta!
Se distribuyeron
los papeles:
Solista………………………………………………Fonso
Guitarra
desafinada…………………………Thérèse.
Bote de cerveza
lleno de arena……… Ernesto
Coros……………………………………………… Miriam, Lucía, Ernesto y, a destiempo, Thérèse
Dirección…………………………………………Nando
Ambientación……………………………………Lluvia torrencial, imprecaciones
varias,
llanto
de bebés,
cuchicheos
abundantes y truenos
a discreción.
Y dio comienzo la ODA A LA NATURALEZA:
Solista:
¡Acrapuntala, acrapuntala!
Acrapúntala basa isostobolo
Bela bela vega isaín
Pia sia vega incrimiane, incripiane
Seaboleva mea
cansito ega prisí
Vengasulaba pio sí
Pluga sí
Troncocogano
tuuuuuuuuuuu asebí
Encofago prisque
mise jon
Coro: jon
jon jon jon jon
Solista: Bila
ise priscisite jápita
Megasiltulgábico
encicimeno ¡oh!
Contriestrulabaje
malaba sua ¡oh!
Concicolapelimé
Acanamamé
encociaidobise
¡amila! peri ¡amila!
Coro: jon
jon jon jon jon
Solista: Bila
ise prabicoli encomi
Aba
enia aba sucati
Coro: conk
cont cab conk
jon jon jon jon jon
Solista: Incamisale usa perisamicride
Tula
prensanosolibo o sí
Parlamiside
aciamopridate
Oncomolasolivime
asulu
Coro: asulu asulu asulu
conk cont cab conk
jon jon jon jon jon
Solista: ¡Asibilami encisatelemano!
Encosibolosone
acrisimuselo
Encomianolecatroposefucolu
Enmi
baku
Enmi baku
Asulu asulu asulo
Coro: conk cont cab conk
jon jon jon jon jon
achulu asulu achupé
Solista: ¡Amila,
¡oh!, amicridecitebide!
¡Ay, enfg, amila!
Incidate amila
Coro: enmibaku
enmibaku
Asulu asulu asulu
Solista: Ancribizolo amila
Coro: enmibaku enmibaku
Asulu
asulu asulu
Solista: Encopisile acubara
Coro: enmibaku enmibaku
Asulu
asulu asulu
Solista: Encopisile mecabrisófolo
Coro: enmibaku enmibaku
Asulu
asulu asulu
Solista: Conk cont cab conk
Jonc
jonc jonc jonc jonc
Aaaaa…
aaaaaaaaaaaaaaaaaaí
Coro: enmibaku enmibaku enmibaku
asulu
asulu asulu
jonc jonc jonc jonc jonc
conk cont cab conk
í.
Hubo algunos tibios
aplausos dados sin demasiada convicción, muchas miradas de fastidio y la venta
de unos pocos ejemplares de la revista.
Al fin se calmó
la lluvia, el sol alumbró de nuevo el parque y todos se sintieron un poco más
libres.”
- Tan sólo era
un juego.
- En plena
dictadura aquellas actividades debían de tener un cierto riesgo. Gente
disfrazada cuando estaban prohibidos hasta los carnavales, cantos extraños en
las calles…
- Nosotros
también pensábamos entonces que aquellas demostraciones eran algo más que un
entretenimiento, que contribuirían a provocar un cierto tipo de hecatombe.
Éramos demasiado presuntuosos para reconocer que lo nuestro no era más que una gota de
rebeldía en un océano de aburrimiento. Era el tedio lo que producía que la
gente se inventara juegos, nosotros jugábamos al arte, otros jugaban a la
política. ¿A qué lo hacías tú por aquellas fechas?
- A ser madre.
Estaba bastante entretenida con el embarazo de mi primera hija.
- ¡Ah!, pero
tienes hijos -se sorprendió Ernesto.
- Tengo edad
para ello, ¿no?
- Sí, desde
luego, pero no imaginaba yo… en fin, es muy natural. Me había formado una idea
extraña y equivocada…
- Pues sí, tengo
tres. La verdad es que me puse a jugar a ello demasiado pronto y… Pero la
entrevistadora soy yo.
- Tus lectores
tenemos de alguna manera un derecho a conocer algunas cuestiones referentes a
tu vida personal.
- Tal vez en
alguna ocasión me decida a escribir algún artículo autobiográfico. Por lo demás
mi existencia ha sido bastante trivial, y no creo que mereciera la pena.
- Para los que
te admiramos sería muy interesante, y ya podrías adelantar algo para uno de los
más apasionados.
Lo cierto era que
me encontraba muy a gusto y me apetecía hablar con alguien de mis problemas,
pero ¿tenía delante al interlocutor apropiado?
- Tal vez más
tarde, apenas si hemos comenzando la entrevista y tengo muchas dudas sobre
cuestiones referentes al libro que espero que me ayudaras a aclarar.
- Te tomo la
palabra, luego hablaremos sobre tu vida personal.

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