martes, 26 de febrero de 2013

Entrevista Segunda - Capítulo 3



CAPÍTULO 3

         La mañana se vende en EL RASTRO. Allá podrás encontrar de todo cuanto se te ocurra imaginar, hasta un corazón de segunda mano en rebajas. La ribera de Curtidores se ha poblado de una fauna multicolor y el barullo y el griterío resultan agobiantes. Unos recitan sus mercancías y otros chillan sus ofertas, y el regateo parece un canto gregoriano entonado por monjes ebrios. Huele a incienso y a pachulí, a plástico quemado, a ropa enmohecida y a sótano cerrado, a ropa nueva y a sábanas tendidas al sol, a vegueros y a hachís… El general Vara del Rey rinde pleitesía a sus ancestros  morunos, y bajo un edificio de corte herreriano se extiende un zoco. Ojos foráneos hacen chiribitas ante la artesanía del cuero repujado: bolsos, cinturones, botas, carteras… y los vernáculos observan con delectación las pulidas carcasas de las cadenas musicales y los no menos pulidos muslos morenos apretados por mínimos pantaloncitos cortos. Huele a arrayán, a orgasmo y a jazmín, y se olvida que es la hora de la Misa Mayor.

         - El problema es que hoy en día se ha perdido el sentido de la heroicidad -continuó perorando Ernesto-, tanto en la vida real como en la literatura o en la cinematografía lo que está de moda es el antihéroe.
         - El asunto de los “sucesos” tiene un cierto halo heroico…



         “En la primavera restallante del Parque del Retiro la naturaleza cantaba su oda triunfante al sol que la hacía posible. Todo era paz y sosiego en la mañana dominical. La barahúnda ciudadana se encontaraba petrificada por la resaca de la noche anterior, aunque no tardaría demasiado en desperezarse e inundarlo todo con un aire festivo.

       - ¡Ya tenían que haber llegado! ¿Les telefoneaste antes de salir de casa? -se impacientaba Nando.

         - Claro que lo hice, y ya estaban levantados. Me dijeron que se pondrían en camino en cuanto se desayunaran -contestó Fonso.

         - Pues no lo entiendo -se desalentaba Nando-, ya es tardísimo y no aparecen por ninguna parte.

         - A lo mejor se han ido a ordeñar una vaca para que la leche del desayuno estuviera bien fresca -bromeó Miriam.

          - ¡Déjate de decir chorradas que no está el horno para bollos! -se irritaba Nando.

        - El caso es que hace frío -se lamentó Miriam-, en cuanto se nubla un momento y desaparece el sol se queda una destemplada. Debería haberme disfrazado de esquimal en vez de hacerlo de diosa griega, este peplo no abriga nada.

          - Presiento que va a cambiar el tiempo -pronosticó Fonso, por decir algo.

       - Lo que deberíamos hacer es dejar de hacer el pasmarote e intentar vender la revista, que es a lo que hemos venido, así nos moveríamos y entraríamos en calor -propuso Nando.

         - Pero por aquí no hay nadie, y si cambiamos de lugar corremos el riesgo de que no nos encuentren -advirtió Fonso.

       - Mira que es a veces pesado este Ernesto, parece que habita en otra galaxia -sentenció Miriam.

         - Se pasa media vida en las nubes porque como es tan alto le pilla muy cerca, pero no deja de ser un buen y abnegado compañero -reconvino Fonso.

         - Sólo que es incapaz de tener una mísera idea práctica. Las acciones para vender la revista han sido ocurrencia mía, y lo de la exposición y el concierto tuyas, pero él nada de nada -se quejó Nando.

         - Vive para sus esculturas - afirmó Miriam.

         - Y para refocilarse con su amiga, que tiene tan poco seso -como él.

        - Pues para tenerle tan sorbido el seso tiene que tener un magnífico sexo -hizo Fonso el chiste fácil y grosero.

         - En el fondo con todo vuestro progresismo no sois capaces de quitaros el machismo de la cabeza -se disgustó Miriam.

         - Perdona, chica, reconozco que ha sido un chascarrillo necio, pero tampoco es para ponerse así -se disculpó Fonso.


         Su amigo se puso a pasear de un lado para otro en una actitud sin sentido, como un preso en la celda, que sólo podía justificar el nerviosismo causado por la espera. Sus pasos lo retornaron junto a sus compañeros.

         - Hay momentos en que siento deseos de tirar la toalla.

       - ¡Qué no cunda el pánico! -exclamo Miriam levantando los brazos en una actitud teatral, y con su peplo al viento parecía una Palas Atenea arengando a unos extraños griegos de siglos futuros al de esplendor de la Acrópolis., pues Nando se había disfrazado del “Werther” goethiano, aunque sin respetar demasiado los colores tradicionales de la indumentaria del personaje, y Fonso con traje amplísimo de rayas verticales en la línea de Clay, el célebre atracador compañero de andanzas y de cama de Bonnie.

      - Lo que nos van a dar son los siete dolores como sigamos aquí parados como espantapájaros. Pongámonos en marcha hacia el palacio de Cristal y sigamos nuestro plan, cinco o tres es lo mismo para hacer el mayor de los ridículos o tener una actuación triunfal -propuso Nando.

         - Además hemos quedado allí con Thérèse a las once y casi son ya -advirtió Fonso constatando la hora en su reloj de pulsera, pues no había podido conseguir uno de cadena que fuera más en consonancia con su disfraz.

         - ¡Siempre Thérèse! -se lamentó Nando.

         - No hay que hacer esperar a las buenas amigas -ironizó Fonso.

         - ¡Mundo loco! -fue lo único que pudo exclamar su amigo ya harto de renegar una y otra vez de las alusiones a su fracasado lance con la azafata, y se puso a andar. Sus amigos le siguieron.

       Balanceando Fonso la guitarra dentro de su funda con una mezcla de desgana y decisión daba bastante bien el tipo de un Clay con una repetidora disimulada encaminándose hacia una sucursal bancaria propicia.

         Miriam se sintió feliz con el movimiento, y bailando lo tomó por un brazo y lo llevó hasta la altura de Nado, de quien también se colgó. La alegría de la muchacha acabó por contagiar a sus compañeros y los tres, unidos y risueños, llegaron hasta el precioso y recoleto estanque antesala del Palacio, donde ya aguardaba Thérèse y… ¡también Lucía y Ernesto!

         Sólo hubo tiempo para la sorpresa, porque al correspondiente a los reproches por la tardanza no dio lugar la pronta y tragicómica explicación que les relató Ernesto.

         Lucía y él acudían a la cita a los lomos de un ciclomotor cuando en las inmediaciones del parque la brusca maniobra de un mastodóntico autobús los había arrojado contra la acera. Afortunadamente fue sólo el susto y el minivehículo desbaratado. Luego de recobrarse y discutir un rato con el conductor del autobús habían considerado que ya era demasiado tarde para llegar a tiempo a la cita primitiva y buscándolos por todo el parque se habían encontrado con la amiga…

         -¿Estáis bien de veras? -se inquietó Fonso.

       - Nosotros perfectamente, pero la vespino ha quedado hecha un churro, y me la habían prestado, mejor dicho, se la habían prestado a Lucía…

         - La moto es lo de menos -reconvino Nando mientras palpaba las articulaciones de los hombros a la pareja-. ¿No os habéis roto ningún hueso?

         - Sólo tengo algunos arañazos en la pierna  y la media rasgada, pero me lo he pasado como nunca -decía Lucía en tono jocoso-. Fijaos que divertido, cuando os estábamos buscando nos acercamos a un aguaducho a preguntar, y le dice Ernesto a la mujer que servía allí: “¿Ha visto por aquí a unos muchachos que van disfrazados como nosotros?”, y ella le responde muy asustada: “La verdad, la verdad, le juro por mis muertos que en mi vida he visto a nadie con una pinta como la suya” -y Lucía estalló en sonoras carcajadas que fueron coreadas por sus amigos, que les palmeaban la espalda felices de que la desgraciada aventura hubiera tenido tan feliz término.

          Cuando se restableció la calma causada por la hilaridad general Miriam se puso muy seria y mirando con fijeza a los ojos de Ernesto le dijo:

         - ¡Ten mucho cuidado con las motocicletas que es posible que te traigan una gran desgracia!

         Pero ninguno de los presentes entendió que aquellas palabras constituyeran una premonición, y pensaron que se trataba de una broma a la que daba pie su disfraz de pitonisa griega, por lo que rieron la frase haciendo imposible que Miriam pudiera insistir sobre el tema.

        Y sin más se dispusieron a organizar el suceso proyectado, que consistía en la lectura de un poema fonético de Fonso con acompañamiento de música ruidística a cargo de sus compañeros. Los paseantes domingueros se detendrían a contemplar el sonoro y singular espectáculo y se aprovecharía la oportunidad para intentar vender las revistas.

          Unos inconexos rasgueos de guitarra por parte de Thérèse prologaron el comienzo y nando se puso a hacer grandiosos aspavientos en ademán de estar dirigiendo a una nutrida orquesta sinfónica, pero era tan exagerado en su accionar que parecía estar intentando mover a todo un cuerpo de ejército acorazado. Mas apenas si algún que otro despistado viandante se detenía acuriosear de qué iban aquellas extravagancias cuando comenzó a caer un chubasco de mucho cuidado y todos corrieron despavoridos a buscar refugio en el atrio del Palacio de Cristal, que en un momento quedó repleto de un variopinto conglomerado de personas de todas las edades y condiciones. ¡Aquella era una excepcional ocasión de tener un nutrido y fiel auditorio incapaz de desertar por muy desagradable que les resultara lo escuchado, y además la obra sería refrendada por el fragor de la tormenta!
         Se distribuyeron los papeles:


         Solista………………………………………………Fonso

         Guitarra desafinada…………………………Thérèse.

         Bote de cerveza lleno de arena……… Ernesto

         Coros……………………………………………… Miriam, Lucía, Ernesto y, a destiempo, Thérèse 

         Dirección…………………………………………Nando

         Ambientación……………………………………Lluvia torrencial,                                                                                         imprecaciones varias,

                                                              llanto de bebés,

                                                              cuchicheos abundantes y                                                               truenos a discreción.

          Y dio comienzo la ODA A LA NATURALEZA:

         Solista:                ¡Acrapuntala, acrapuntala!
                                     Acrapúntala basa isostobolo
                                     Bela bela vega isaín
                                     Pia sia vega incrimiane, incripiane
                                     Seaboleva mea cansito ega prisí
                                     Vengasulaba pio sí
                                     Pluga sí
                                     Troncocogano tuuuuuuuuuuu asebí
                                     Encofago prisque mise jon

         Coro:                    jon jon jon jon jon

         Solista:                 Bila ise priscisite jápita
                                     Megasiltulgábico encicimeno ¡oh!
                                     Contriestrulabaje malaba sua ¡oh!
                                     Concicolapelimé
                                     Acanamamé encociaidobise
                                     ¡amila! peri ¡amila!

         Coro:                    jon jon jon jon jon

         Solista:                 Bila ise prabicoli encomi
                                     Aba enia aba sucati

         Coro:                    conk cont cab conk
                                     jon jon jon jon jon

         Solista:                 Incamisale usa perisamicride
                                     Tula prensanosolibo o sí
                                     Parlamiside aciamopridate
                                     Oncomolasolivime asulu

         Coro:                    asulu asulu asulu
                                     conk cont cab conk
                                     jon jon jon jon jon

         Solista:                ¡Asibilami encisatelemano!
                                     Encosibolosone acrisimuselo
                                     Encomianolecatroposefucolu
                                     Enmi baku
                                     Enmi baku
                                     Asulu asulu asulo

         Coro:                    conk cont cab conk
                                     jon jon jon jon jon
                                     achulu asulu achupé

         Solista:                 ¡Amila, ¡oh!, amicridecitebide!
                                     ¡Ay, enfg, amila!
                                     Incidate amila

         Coro:                    enmibaku enmibaku
                                     Asulu asulu asulu

         Solista:                 Ancribizolo amila

         Coro:                    enmibaku enmibaku
                                     Asulu asulu asulu

         Solista:                Encopisile acubara

         Coro:                    enmibaku enmibaku
                                     Asulu asulu asulu

         Solista:                 Encopisile mecabrisófolo
         Coro:                    enmibaku enmibaku
                                     Asulu asulu asulu

         Solista:                 Conk cont cab conk
                                     Jonc jonc jonc jonc jonc
                                     Aaaaa… aaaaaaaaaaaaaaaaaaí

         Coro:                    enmibaku enmibaku enmibaku
                                     asulu asulu asulu
                                     jonc jonc jonc jonc jonc
                                     conk cont cab conk
                                     í.
         Hubo algunos tibios aplausos dados sin demasiada convicción, muchas miradas de fastidio y la venta de unos pocos ejemplares de la revista.

         Al fin se calmó la lluvia, el sol alumbró de nuevo el parque y todos se sintieron un poco más libres.”
 
         - Tan sólo era un juego.
         - En plena dictadura aquellas actividades debían de tener un cierto riesgo. Gente disfrazada cuando estaban prohibidos hasta los carnavales, cantos extraños en las calles…
         - Nosotros también pensábamos entonces que aquellas demostraciones eran algo más que un entretenimiento, que contribuirían a provocar un cierto tipo de hecatombe. Éramos demasiado presuntuosos para reconocer que lo nuestro no era más que una gota de rebeldía en un océano de aburrimiento. Era el tedio lo que producía que la gente se inventara juegos, nosotros jugábamos al arte, otros jugaban a la política. ¿A qué lo hacías tú por aquellas fechas?
         - A ser madre. Estaba bastante entretenida con el embarazo de mi primera hija.
         - ¡Ah!, pero tienes hijos -se sorprendió Ernesto.
         - Tengo edad para ello, ¿no?
         - Sí, desde luego, pero no imaginaba yo… en fin, es muy natural. Me había formado una idea extraña y equivocada…
         - Pues sí, tengo tres. La verdad es que me puse a jugar a ello demasiado pronto y… Pero la entrevistadora soy yo.
         - Tus lectores tenemos de alguna manera un derecho a conocer algunas cuestiones referentes a tu vida personal.
         - Tal vez en alguna ocasión me decida a escribir algún artículo autobiográfico. Por lo demás mi existencia ha sido bastante trivial, y no creo que mereciera la pena.
         - Para los que te admiramos sería muy interesante, y ya podrías adelantar algo para uno de los más apasionados.
         Lo cierto era que me encontraba muy a gusto y me apetecía hablar con alguien de mis problemas, pero ¿tenía delante al interlocutor apropiado?
        - Tal vez más tarde, apenas si hemos comenzando la entrevista y tengo muchas dudas sobre cuestiones referentes al libro que espero que me ayudaras a aclarar.
         - Te tomo la palabra, luego hablaremos sobre tu vida personal.

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