CAPÍTULO 8
A las cuatro de
la madrugada todas las luces permanecen encendidas pero las amplias salas están
desiertas. Tal vez cualquiera de ellas se llene minutos después con los mil y
un colores y acentos de los viajeros que acaban de llegar, y que aguarden allí
su conexión con el vuelo que les llevará hasta el destino deseado. Los techos
elevados y las grandes vidrieras que ocupan todo un paramento dan a los salones
el aspecto de peceras. Los aviones son grandes escualos paralizados, no
dormidos, pues son los únicos vertebrados que jamás duermen, y unas manos
invisibles remueven las “Barajas” del destino sin cesar.
- Lo que resulta
más extraño es que fuera precisamente entonces, después de haber descansado una
buena temporada y disfrutando de un clima tan apacible en compañía de tus
amigos, que te sobreviniera la crisis -saqué a la palestra el tema de la manera
más prudente que supe.
- También a mí
me sorprendió, pensaba que ya había superado todas las lacras del accidente,
pero el último coletazo tuvo una fuerza brutal.
- Tal vez
prefieras que no hablemos de ello.
- No, ¿por qué?,
todo ya se ha pasado y de una forma definitiva. Lo cierto es que el clima
espiritual no era tan benigno como pudiera pensarse, en algunos momentos la
tensión entre Nando y yo era muy fuerte, ya te acabo de decir que se encontraba
insoportable, parecía que tenía envidia de las buenas relaciones que existían
entre Thérèse y yo, siempre que podía hablaba despectivamente de los amoríos
entre Fonso y ella, de los novios que tendría en las diferentes ciudades en
donde hacía escala… Por otra parte la inactividad tampoco es buena, se tiene
demasiado tiempo para pensar y para añorar, y la energía se va acumulando en el
cerebro. La discusión con ella fue el catalizador de algo que tenía en mi
cabeza a punto de explotar. Podría haber ocurrido en cualquier momento, durante
alguna controversia con Nando o con cualquier otra persona. La actitud que
debería haber adoptado al sentirme mal era haber regresado y ponerme de nuevo
en tratamiento médico, pero tenía que suceder aquello, y sucedió.
- Por lo tanto
todo el capítulo que trata sobre aquella... situación es verídico.
- Está muy bien
novelado, pero los hechos no sucedieron tal y como están relatados. La realidad
fue muy diferente, una discusión trivial que subió de tono sin motivo aparente,
a no ser por causa del descontrol que me producía la enfermedad. Por otra parte
Thérèse tampoco supo estar a la altura de las circunstancias…
Ernesto
continuaba hablando. Los siquiatras habían llevado a cabo una buena labor. No
bastaba con lavar el cerebro, Había que sustituir la laguna causada durante la
crisis por una historia alternativa bien construida, tener razones con que
darle otro color a la sinrazón.
- Luego un largo
periodo de reposo -aproveché un pequeño silencio de mi interlocutor para dar un
salto en el relato.
- Que me fue muy
beneficioso. Me fui reconstruyendo por dentro poco a poco. Tuve la suerte de
topar con un siquiatra que aparte de ser un médico formidable es una magnífica
persona. Dibujé mucho durante aquella época, y también modelaba el barro, y me
decidí a terminar la carrera…
- ¿No te
visitaban tus amigos?
- Ni ellos ni yo
sentíamos el menor deseo de volver a aproximarnos, y era mucho mejor para mi
salud mental permanecer al margen de sus actividades y problemas. El
comportamiento de Nando en Paris dejó bastante de desear. Luego me enteré que
convivía con Fonso. Las vueltas y revueltas que da la vida. Un día me encontré
con éste por casualidad y el músico le había contado perrerías sobre mí. Su versión
era que había estado haciendo teatro para llamar la atención, y que como no lo
había conseguido decidí marcharme enfadado con todos ellos. Sin ninguna
referencia a que me habían dejado solo en un tren en medio de lo más profundo
de mi enfermedad para deshacerse de mí como si fuera un apestado. Fonso no debió
de creerle todo su cuento porque me trato de una manera muy afable, dijo que
era una estupidez que nuestra bella amistad quedara cortada por una futilidad,
y se le notaba que era sincero y que intentaba animarme. Pero durante una buena
temporada continuamos todavía muy alejados porque él estaba por entonces muy
metido en cuestiones sindicales y yo no entendía nada de los profundos cambios
políticos que se iban sucediendo día a día. Continuaba estático en aquellas
soluciones globales individualistas. ¿Te has sentido alguna vez incapaz de
poder pensar?
Me encogí de
hombros.
- No siempre
estoy pensando, al menos de un modo consciente, pero en alguna medida siempre
está una pensando, dándole vueltas a algo en la cabeza, sea importante o
trivial.
- No me refiero
a ese pensamiento automático sino al más profundo, al científico, al filosófico,
al que nos permite tener un conocimiento por lo menos aproximado de donde
estamos y de que es lo que queremos -se animaba y le brillaba la mirada-. A la
relación absoluta entre el medio ambiente y tu propia personalidad. Cuando lo intentaba
se me producía un dolor de cabeza extraordinario, y lo mismo me sucedía cuando
quería crear, plasmar una idea artística. Sólo podía hacer dibujitos y
modelados, sin llegar a nada definitivo y con carácter.
- Podía ser
efecto de la medicación.
- Es probable,
tanta pastilla y tanta inyección. Había semanas enteras que me encontraba
flotando sin ningún punto de referencia en el que anclar mi pensamiento.
Hubo una pausa.
- En ese estado
no es nada extraño que hicieras un retrato tan horrible a aquel barón de los
centristas.
- Aquella obra
la llevé a cabo bastante después, había pasado todo el invierno, la primavera y
el verano. La familia me llevó durante los meses estivales a la playa, y los
baños de sol y el agua salada me sentaron formidables, el ejercicio y el
contacto con la naturaleza me hicieron mejor que todos los medicamentos que me
había dado, de hecho cuando regresé me suprimieron la medicación casi por
completo. El encargo de la escultura me lo proporcionó mi siquiatra, antes le
había hecho a él un busto magnífico que todavía conserva en su casa en un lugar
destacado, y el otro no fue tampoco ningún desastre. Retraté al personaje tal y
como era: una cabeza hueca. Si el hombre no tenía ninguna sustancia, ¿qué
pretendía, que le hubiera puesto la expresión del Pensador de Rodin? No, con
aquel trabajo me dí cuenta de mi completo restablecimiento, y si la obra salió,
como tú la has calificado, horrible es porque ya volvía a tener capacidad para
dominar la materia y modelarla según mis deseos.
- Desde luego
tiene algún parecido con el retratado, pero es lógico que a él no le
complaciera en absoluto.
- Sí, desde un
punto de vista económico tengo que reconocer que me pegué el gran resbalón,
porque gracias a aquel encargo me podían haber salido muchos otros y la gente
se retrajo de hacérmelos, la mayoría prefiere que el artista adule su vanidad
sin tener para nada en cuenta el valor creativo de la obra. Pero hace tiempo
que dejaron de preocuparme esas cuestiones y me siento muy orgulloso de aquella
escultura, aunque me podía haber salido todavía mejor, más “horrible”, por
seguir empleando la misma expresión, si hubiera puesto en ella más interés.
Pero me encontraba muy absorbido por las clases en Bellas Artes, tenía
auténticas ansias de aprender. Habíamos comenzado por el final, me explicaré,
todo aquello de la revista y la exposición fue muy prematuro, antes debíamos
haber trabajado con ahincó hasta haber alcanzado una auténtica madurez, las
cosas hubieran sido mucho más fáciles y menos traumáticas.
- Tal vez fueron
deseos de libertad mal dirigidos.
- Sí, también
hubo algo de eso. Dar golpes de ciego en la noche oscura, tratar de orientarse
entre las tinieblas de la tempestad. Con calma y sistematización se podía haber
llegado a algún puerto seguro. Había que haber buscado alguna antorcha que
iluminara el duro camino que nos disponíamos a emprender. Andar sobre seguro…
-Hubiera sido
menos apasionante para vosotros.
- Cierto -y se
quedó un momento rememorando con la mirada clavada en el espejo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario