sábado, 9 de febrero de 2013

Entrevista Primera - Capítulo 13



CAPÍTULO 13

         Es el inicio de la temporada de conciertos, ellas han desempolvado sus abrigos de piel y ellos todavía conservan bolas de naftalina en los bolsillos de sus chaqués. Un viento cortante baja del Guadarrama y va arrancando las hojas secas de las falsas acacias y formando remolinos con ellas, con trozos de papel y con bolsas de plástico. La arenilla que arrastra el aire obliga a cerrar los ojos a los transeúntes, se incrusta en los refinados peinados de alta peluquería y golpea en las chisteras. Los que acuden al Teatro Real se están jugando el pillar el primer resfriado del otoño, pero así podrán ambientar con sus toses y estornudos las aburridas audiciones.

         Le dejaba explayarse aunque en su voz había un tono de falsedad que lo delataba. Sus declaraciones estaban demasiado elaboradas, sonaban a música celestial y se notaban sus deseos de querer convencerse de cuanto decía. La máscara se había descolgado y se percibían rasgos de una carátula humanoide. Estaba lanzado y los alegatos en contra de la novelista se sucedían sin interrupción.
         - Thérèse es una mujer llena de resentimiento. Mi esposa siempre se llevó muy bien con ella, lo que ocurre es que si en un principio nos resultaba muy agradable su compañía con el paso del tiempo llegó a convertirse en pesada y cargante. Como ese pariente impertinente y gorrón que nos visita con cualquier disculpa y se autoinvita a comer. Así que Jeannette y yo procuramos distanciarnos de ella, y esto la exasperó.
         Hizo una breve pausa y volvió a la carga.
       - La serie de los infundios se continúa con la atribución de la paternidad de mi sobrina a Fernando. Eso quiero que quede bien claro: mi sobrina es hija de Julio, su marido ante la ley y ante todo el mundo. Si ellos no se casaron hasta algún tiempo después sus razones personales tendrían, y no es cuestión que nos incumba a lo demás, bastantes disgustos tuvimos en la familia por entonces. Además, entre Fernando y yo hubo siempre una constate y fructífera amistad hasta el mismo día de su desgraciado óbito. Es absurdo pensar que podía haber habido una disputa entre nosotros.



         “El liberalismo de Julián tenía ciertos límites. Uno de ellos era su propia familia, y en particular su hermana.
         - No comprendo cómo habéis podido llegar tan lejos, pero ya que lo habéis hecho habrá que encontrar una solución.
         - La he propuesto que vaya a Londres a abortar, y ella se ha negado, dice tener impedimentos religiosos. Tal vez tú podrías convencerla, tiene mucha confianza en tus consejos.
         - ¿Cómo se te ocurre hablar de una cuestión tan importante con tanta frivolidad? Se trata de vuestro hijo, no se puede asesinar a sangre fría a un ser vivo.
         - Todavía no ha nacido, luego no es ningún ser vivo, y aún estamos en fechas de que no sería peligroso para ella.
         - Sí lo es para un católico, y sobre ella habría que considerar también los daños síquicos.
         - Porque lo ha establecido así el Papa. Mira Julián, todos los años mueren de hambre en todo el mundo millones de niños sin que tu Pontífice ni uno solo de sus dedos cargados de anillos por evitarlo. Creía que tras tu larga estancia en el extranjero te habías vuelto más cosmopolita.
         - Si por europeísmo se entiende una modernización de las estructuras económicas y políticas por supuesto que mi punto de vista actual está acorde con los tiempos que corren, pero en todo lo referente a las tradiciones y creencias sigo opinando que somos nosotros, los hispanos, quienes tenemos la razón. Las cuestiones fundamentales son inamovibles, puesto que son intemporales. Ellos tendrán una economía muy floreciente pero les falta la alegría de vivir, y carecen de ella porque no tienen creencias firmes, son demasiado mercantilistas. Tú y yo hemos tenido una educación similar, hemos sido compañeros durante todo el tiempo que estuvimos en edad escolar, y en el colegio nos imbuyeron una misma religión a los dos y una idéntica filosofía de valores. Nando, siempre fuiste más religioso que yo, si recuerdas, no comprendo como ahora puedes renunciar a tus profundas convicciones sin más.
         - Tienes razón, nuestras respectivas familias pertenecen a la clase dirigente desde siempre, y nos han dotado de la educación necesaria para que nosotros fuéramos también dignos miembros de ella. La religión es una forma de dominación aún más poderosa que el dinero, y la tradición es que siempre tendrá que haber pobres que trabajen como bestias para que otros disfrutemos del fruto de su labor.
         - Es una ley de vida, sin una concentración de capitales es imposible que en una sociedad puedan florecer el arte y la cultura. Si puedes dedicarte por completo a la creación musical es porque tu familia te subvenciona.
         - De igual forma podría hacerlo el estado, en los países del Este sigue habiendo artistas, y muy buenos músicos, por cierto.
         - Pero nosotros estamos aquí, y ahora, y todo es muy diferente. Sin hablar de los muchos defectos que encuentro en esos regímenes, para conseguir algunas cosas favorables, como la que has mencionado, hubo en su momento un baño de sangre y hasta es posible que como última consecuencia una guerra mundial. Hay formas de llegar a una mejor redistribución de la riqueza más justa sin traumas, paso a paso, civilizadamente...
         - Pues eso es lo mismo que proponía el franquismo, no entiendo por qué hay que dar tantas vueltas para seguir siempre en el mismo sitio. Se le cambia el nombre a las cosas pero el concepto permanece inquebrantable, y el que antes pasaba hambre la continúa pasando.
         - Por favor no hagas esas odiosas comparaciones, sabes perfectamente que los programas sociales del régimen anterior eran tan sólo vana palabrería, se regalaban televisores a pueblos a los que todavía no se había llevado la energía eléctrica y cosas de semejante jaez. La democracia es muy joven y no se pueden eliminar las desigualdades de un plumazo… además, tendrás que reconocer que en lo referente a las libertades se ha dado un gran paso adelante, y el que una persona pueda elegir a sus representantes es una garantía de que sus derechos van a estar mejor defendidos.
         - Las libertades formales no sirven para nada, quien no tiene dinero carece de la libertad más elemental para acceder a cualquier cosa porque en una sociedad de consumo, como es en la que vivimos, todo está regido por la moneda, y, en cuanto a los representantes democráticos, lo que en realidad defiende cada cual es el interés particular de su partido.
         - En tus palabras escucho la voz de Fonso, que persiste en sus utopías obreristas, y no tu propio pensamiento, y nos estamos alejando del tema de nuestra conversación con estas divagaciones.
         - Todo está relacionado, porque sirven para aclarar mi manera de enfocar el tema, además sobre Miriam no hay demasiado más que decir: ella no está enamorada de mí y yo tampoco de ella, esa es la cuestión fundamental y evidente.
         - Eso no es cierto, estoy seguro de que ella te quiere.
         - Sí lo es. Los juegos llevan a veces a situaciones imprevisibles de la misma forma que cuatro notas se pueden disolver en la nada u obligarte a desarrollarlas has componer una sinfonía… Estoy convencido de que no sería un buen marido para ella, no tengo vocación de esposo ni de padre, y me gusta mucho la independencia, y ella lo sabe perfectamente y tampoco estaría dispuesta a casarse conmigo, y con mucha razón, Miriam se merece una persona mejor que yo, alguien que la cuide y la mime, y estoy seguro que un día la encontrará. Un matrimonio forzado por las circunstancias sería un desastre para ambos, y nos pasaríamos el resto de nuestras vidas amargados y haciéndonos reproches.
         - Os comportáis como niños, y deberíais adoptar una postura seria. Es cierto que ella tiene sus dudas en lo referente al matrimonio, pero casi he logrado convencerla de lo conveniente que sería para todos que llegarais a establecer una familia. Todo depende de ti. Reconozco que tal y como te estás comportando en los últimos tiempos no es que seas el cuñado ideal, pero todo podría arreglarse con un poco de buena voluntad por parte de cada cual, y yo estaría dispuesto a ayudaros todo lo posible: una pequeña cura de desintoxicación, un cambio de aires durante una temporada, hay granjas especializadas en las que el contacto con la naturaleza contribuye  a la cura. No importaría esperar algunos meses, aunque ella estuviera en un estado de gestación avanzado se podría hacer una pequeña ceremonia en algún pueblo apartado, algo familiar, sin invitados…
         - Te agradezco el interés que te tomas por mí, pero en estos momentos lo único que me interesa es la música. Durante muchos años he intentado componer algo personal, y bien sabes que me resultaba imposible, que apenas conseguía hacer copias y mediocridades. Ahora, en cambio, todo me sale con fluidez, de una forma sencilla y natural, y estoy convencido de que una buena parte de ello se lo debo a la “nieve”. Cuando me la inyecto fluye por mis venas un volcán, y en mi cerebro se transforman todas las sensaciones en sonidos, y éstos se encadenan en una maravillosa música. No, no estoy dispuesto a prescindir de la potencia creativa que me proporciona.
         - Lo que deberías saber bien es que siguiendo por ese camino acabarás por asesinarte a ti mismo, que tu salud se irá debilitando progresivamente y llegará un día que no podrás componer ni hacer nada. Es un espejismo pensar que es la droga lo que te posibilita la creación, son los muchos años de estudio y de trabajo, el haber alcanzado la madurez después de muchos esfuerzos. Estoy seguro de que prescindiendo de ella conseguirías hacer una música mucho mejor todavía.
         - No te canses Julián, todo lo ha nacido está destinado a la muerte. Es una ley ineluctable, y el antes o el después carece de importancia. Lo que, desde luego, no estoy dispuesto a hacer es malgastar mi vida y mi genio en cumplir con unas conveniencias sociales en las que no creo y que me producen nauseas.
         - ¡No seas imbécil! –se levantó furioso del asiento y cogiendo por la pechera al amigo lo zarandeó -¡Despierta Nando, por el amor de Dios, despierta de una vez!
            - ¡Estate quieto y no pierdas la compostura! –dijo el músico impasible.
       - ¡No quiero que te destruyas! Te estoy hablando en nombre de nuestra larga amistad, sabes que te aprecio mucho –decía Julián frenético.
         - También eras mi amigo y me tenías mucho afecto cuando te fuiste a buscar tu propia vida a Paris, dejándonos colgados con el asunto de la revista en marcha. Te gustaba Thérèse, ¿verdad? Sería una gran desilusión para ti comprender que ella estaba enamorada de mí, no de ti ni de ningún otro. Todos habéis perdido el tiempo corriendo detrás de sus faldas.
           Julián acusó el impacto y soltando a su amigo se dejó caer de nuevo en el sillón, se sentía desfallecido y avergonzado.
       - Me costó mucho encontrar el camino correcto –continuó Nando-, y vuestros pequeños movimientos mezquinos contribuyeron no poco a ponérmelo más difícil.
           - Todavía no me has perdonado que me marchara.
         - Entre nosotros no tiene ningún sentido perdonar. Somos demasiado egoístas para poder comprender la grandeza del perdón, cada cual se perece por lo que desea y deja de lado cuanto, y a cuantos, no sirven para sus propósitos. Puede que a Miriam le haga ahora ilusión ser una madre soltera, ¿no te has detenido siquiera un instante en pensar en esa posibilidad?
         - Y tú sólo eres capaz de perecerte por la gloria.
         - Tú lo has dicho.”

         - Pero sí que es cierto que usted regresa por aquellas fechas en que su hermana está embarazada y que se mete de lleno en la política a punto de realizarse el Congreso en que se cambiaría el rumbo de su partido.
         - En el que se adaptaría por fin a los tiempos actuales, sería más correcto de decir –se apresuró a puntualizar Julián-. Ya había tenido múltiples contactos con compañeros en Paris, cuando los españoles estamos fuera de nuestra tierra formamos siempre una especie de comunidad fraterna sea cual sea nuestro entorno.

jueves, 7 de febrero de 2013

Entrevista Primera - Capítulo 12



CAPÍTULO 12
         Una mujeruca, que lleva un descolorido y gastado abrigo de pieles, intenta vender unos folletitos con breves y cursis poemas mimeografiados a los que guardan fila para conseguir entradas para la próxima sesión. Su cara apergaminada está cubierta de colorete y sus labios embadurnados de carmín oscuro. Se pasa la tarde de fila en fila a lo largo de toda la calle Fuencarral, cambiando de acera continuamente y deteniendo el tráfico rodado pues no acostumbra a hacer caso de las luces de los semáforos. No vende con demasiada facilidad su mercancía pero se divierte mucho contando chascarrillos a las jovencitas colgadas del brazo de su respectivos acompañantes y, a veces, hasta reúne suficientes monedas para comprar un billete para la nocturna. Llegó a ser figurante en algunos filmes nada más acabar la guerra…

         No le di importancia a su alegato sobre el tema ¿escabroso ó amoroso? del cuento, aunque daba por hecho su certeza, porque prefería avanzar en la investigación que me interesaba.
         - Por desgracia aquel perfecto equilibrio se rompe con brusquedad cuando Fonso se marcha a cumplir con su servicio militar.
         - En cierto modo esa fue la causa, pero no se puede saber cuánto hubiera durado aquella armonía, tal vez todo un curso, tal vez más. El caso es que no le concedieron la prórroga por estudios porque no le dieron un certificado de buena conducta y tuvo que partir, y por aquellas fechas regresó Thérèse a Madrid.



         “Cuando Miriam subió al estudio los encontró sentados en el estar y no pudo disimular su desagrado hacia ella.
         - ¿Cómo tú por aquí? –la preguntó a modo de saludo.
         - Ya ves, me han cambiado de línea y ahora vuelo a Madrid todos los martes y jueves, y ahora que tengo unos días libres he aprovechado la ocasión para hacer una visita a los viejos amigos. ¿Qué tal estás? –se mostraba Thérèse afectuosa-. Tu hermano me ha dado muchos recuerdos para todos y en especial para ti.
         - Sí, ya sé que os veis con mucha frecuencia, hablamos por teléfono a menudo. Pero, ¿cómo es que no te has arreglado todavía?, habíamos quedado citados para ir al cine –preguntó a su amigo.
         - Me disponía a hacerlo cuando llegó Thérèse y, ya ves, me puse a charlar con ella y ha ido pasando el tiempo sin que me apercibiera. Tenía muchas ganas de recibir noticias directas de tu hermano –se disculpó Nando-. Al cine podemos ir cualquier otro día.
         - Sabes de sobra que en la filmoteca cambian de programación a diario, y yo tengo una gran ilusión por ver la que proyectan hoy. Todavía disponemos de tiempo, que se venga con nosotros.
         - No me apetece mucho encerrarme en un local cerrado –negó la posibilidad -. Me gustaría pasear y volver a visitar algunos lugares conocidos que me traen muy gratos recuerdos.
         - Claro, como allí en Francia podéis ver cualquier película cuando os viene en gana, pero aquí hay que aprovechar la oportunidad cuando a la censura de la “filmo” se le pasa alguna interesante.
         - A mí tampoco me apetece mucho ir –dijo Nando-, allí dentro no se puede conversar y Thérèse tendrá muchas novedades que contarnos, ¡hacía tanto que no nos veíamos!
         - Pues ayer te perecías por ir a ver esa película, fue tuya la idea de que fuéramos.
         - Ayer era ayer y hoy es otro día, anda, sé buena chica y siéntate con nosotros, seguro que la volverán a programar en alguna otra ocasión –dijo a su amiga, y luego preguntó a Thérèse -: ¿Has buscado ya alojamiento?
         - No, todavía no tuve tiempo, me vine directa aquí desde el aeropuerto, Fonso me había contado por carta lo del estudio y tenía muchas ganas de conocer este lugar, ¡es muy bonito! –explicó la azafata.
         - Pues no te molestes ya en buscar hotel, que aquí hay sitio de sobra, te puedes acomodar en el cuarto de nuestro poeta que se ha marchado a jugar a los soldaditos como un auténtico Garcilaso de la Vega resurrecto.
         - Preferiría no estorbar – renunció Thérèse.
         - De veras que no será ninguna molestia –dijo Nando.
         - De momento ya has empezado por estropearnos la tarde –dijo Miriam, y se lió el tinglado.”

           - Y tuvo lugar una agria discusión entre Miriam y Nando.
      - No tengo ninguna noticia de que existiera tal disputa, mi hermana y yo nos carteábamos con mucha frecuencia y sin duda me lo habría contado de haber tenido lugar. Más bien creo que la discusión por causa de ella, tal como aparece en la novela, es una creación más del cerebro pervertido de la autora. Sin duda le hubiese encantado que Fernando se interesara por su persona, pero nunca la hizo el menor caso. Y algo similar sucede con la pretendida relación intima conmigo como una de las causas de la ruptura de mi matrimonio…

         “Jeannette lo esperaba levantada y de muy mal genio. Llevaba puesto sólo un salto de cama de color rojo y se paseaba con impaciencia por el estar, bebiendo pequeños sorbos del vaso de güisqui con hielo que se había preparado para amenizar la espera.
-      Ya has vuelto a estar con ella –lo saludó con acritud.
-      ¡Hola!, querida, ¿todavía levantada?, ¿con quién voy a estar?, vengo directamente de la redacción… Sí –miró su espléndido reloj de pulsera chapado en oro, que era regalo conmemorativo del tercer aniversario de su matrimonio-, se ha hecho un poco tarde.
-      Con tu amiguita la azafata –dijo ella sin atender el resto de las preguntas y explicaciones.
-      ¿Qué cosas tienes? Es una idea absurda, he estado toda la tarde en el edificio de la revista, mañana puedes telefonear allí y te lo confirmarán.
-      No es necesario esperar a mañana, ya he llamado esta tarde y me han confirmado lo contrario.
Julián se quedó sorprendido, no había previsto aquella posibilidad. Pero supo reaccionar en  un segundo: -¿Quién se puso al teléfono?
- Alexandre, está en tu mismo departamento, ¿no?
- Pero es un tipo muy despistado, no se entera nunca de nada, puedes estar hablando con él una hora que a los cinco minutos no recuerda ya quien era su interlocutor. Tal vez cuando telefoneaste había bajado un momento a la cafetería. He estado haciendo un trabajo con Marcel, puedes preguntárselo a él, si quieres llama ahora a su domicilio aunque sea tarde, tiene que estar levantado todavía porque hemos salido al mismo tiempo.
- ¡Claro!, como que los dos estáis conchabados, él también tendrá algún lio de faldas por ahí y os montáis las juergas juntos.
- Si tu padre nos pagara todas las horas extras que hacemos sería fácil demostrarte que hemos estado allí con la ficha de entradas y salidas.
- Tendrás queja del sueldo que recibes, sino fuera por mi familia estarías a estas horas… ¡Eres un Landrú! –y Jeannette rompió a llorar con desconsuelo. Julián intentó aproximarse a ella, pero fue rechazado.
- ¡No te acerques a mí! ¡No quiero que me vuelvas a tocar!
- Cariño, por favor, no te pongas así, yo te explicaré –se acercó de nuevo a ella. Aunque no era bella y se conocía su cuerpo de memoria las formas que medio se entreveían bajo la tela transparente lo excitaban, y hubiera deseado tumbarse sobre ella allí mismo y hacerle el amor sobre la alfombra, pero ella huía de su contacto como si el marido tuviera llamas en la punta de los dedos.
- No tienes nada que explicarme, siempre llevas en tu cartera una fotografía suya.
- ¡Ah, ya, ha sido eso! –exclamó Julián enfadado -¡Te has atrevido a hurgar en mi billetera!
- ¡Tengo derecho!, ¿no?, para eso soy tu esposa.
Era su esposa, y además estaba hermosísima aquella noche. Sí, era muy divertido ir en compañía de Thérèse a visitar exposiciones y discutir largas horas en la Place du Tertre con sus jóvenes amigos sobre arte y literatura, pero desde el punto de vista sexual era una continua insatisfacción… ¡Aquella virgen sagrada era enervante!
- Tú lo has dicho, eres mi esposa, vayamos a la cama y olvidemos todas estas cuestiones enojosas, haciéndonos el amor nos sentiremos mejor…
- ¡No!, nunca volveré a meterme en la cama contigo, el matrimonio no da derecho a todo.
- ¡Naturalmente que no da derecho a todo!, y menos a hurgar en la intimidad del cónyuge, nunca me pondría a rebuscar en tus papeles, ni me meto para nada con quien sales o dejas de salir…
- Porque ya no me quieres, ni me has querido nunca de verdad, me has utilizado para hacer carrera en la revista. Mi padre tenía toda la razón del mundo cuando me lo advertía, y, tonta de mí, no le hice el menor caso.
- Esto sí que está bueno, me estoy dejando la vida en la mierda de sus publicaciones, ya ves a qué horas vengo a casa, y ahora me sales con ese reproche. Lo único que pasa es que estás celosa, celosa sin ningún motivo, y buscas cualquier excusa para liar el escándalo.
- La fotografía es una prueba de que tengo mis fundamentos para creer que me estás engañando con ella.
- Si la conservo es porque es una de mis primeras obras bien conseguidas, y porque me recuerda mi país y algunas jornadas decisivas para mí. Es una obra de arte…
- ¡Obra de arte!, buena obra maestra está hecha la pelandrusca de tu amiguita. Si no hubiera sido por mis influencias con todas tus pretendidas obras de arte estarías ahora… ¡Ingrato!”

- …El motivo último que nos llevó hasta el divorcio no fue otro que la gran añoranza que sentía por mi Patria. Eso ella no podía entenderlo, y a mí me enervaba el desdén con que trataba todo lo referente a los cambios profundos que se estaban produciendo aquí, y más sabiendo que se me necesitaba, que todos los patriotas conscientes hacíamos falta. Le propuse en varias ocasiones que nos viniéramos juntos, pero ella siempre se negó en rotundo, y tuve que elegir, me obligó a elegir. Bueno, aunque se trate de cuestiones personales no me importa hacerlas públicas porque explican muy bien la falsedad de los motivos vertidos por Thérèse.

martes, 5 de febrero de 2013

Entrevista Primera - Capítulo 11



CAPÍTULO 11
         Un apresurado agente de comercio camina por la Calle Mayor en dirección a Bailén. Ase con una de sus manos la agarradera de cuero de una maletilla con muestras, y el traje de paño le agobia en la soleada mañana otoñal.  Se detiene en la esquina de la plaza de la Villa y se pasa su pañuelo de mano muy bien planchado por la frente, cree estar teniendo alucinaciones. “No debería haberme puesto el chaleco con el calor que hace”. Una carroza barroca tirada por un tronco de cuatro caballos blancos provistos de gualdrapas y penachos se ha detenido frente al Ayuntamiento, y una sección de maceros forman escolta. “¿Están rodando una película de época?”, se pregunta en voz alta. Una anciana que lleva una bolsa con barras de pan recién hecho y contempla con atención el espectáculo le responde: “Quía, es un Embajador que va a presentar sus credenciales al Señor Alcalde”. Una paloma se ha posado sobre el hombro de la estatua de bronce de don Álvaro de Bazán. Nuestro viandante se afloja el nudo de la corbata que se le clavaba en la garganta como una soga de esparto y reemprende su marcha hacia sus ocupaciones.

- Fue un asunto muy desagradable para todos que sólo una mente tan retorcida como la de Thérèse podía tener interés en resucitar
- En cualquier caso, no deja de ser una resurrección muy rentable para ella, está cobrando unos suculentos derechos de autora gracias a su obra.
- Luz de cerilla, un instante de mucha iluminación para volver enseguida a la más profunda oscuridad. Y le aseguro que no quiero nada mal a Thérèse, pero una persona que está desorientada acaba por estropear la brújula a cuantos le rodean. La enfermedad de Ernesto le afectó mucho, y durante una temporada Jeannette y yo hicimos cuanto pudimos por ayudarla, pero tampoco íbamos a dedicarnos a ella con exclusividad, nos acabábamos de casar y teníamos que construir nuestro futuro en común. A la larga su influencia fue nefasta para nuestro matrimonio, un poco o un mucho nefasta para todos los que tratamos con ella…
- La relación de su hermana de usted tampoco fue muy beneficiosa para sus amigos, en particular para Nando.
- Fernando y Alfonso tenían con ella una relación muy especial, se consideraban en cierto modo como sus hermanos mayores, y la trataban como una chiquilla. Con el tiempo acabó por aburrirse de ellos y de la infravaloración de sus afectos, pero durante una larga temporada fueron un trío muy unido y feliz.


“Una cierta añoranza enturbió al principio la celebración del cumpleaños, porque faltaban muchos de los amigos habituales, Julián y su esposa, que continuaban allá, en Paris, Ernesto y la siempre alegre Lucía, Thérèse… Pero asistieron los vecinos de abajo, Claudina y Pedro, los santiaguinos, como familiarmente solían referirse a ellos Nando y Fonso, y varios amigos de ellos, compañeros de exilio, así como algunos camaradas de facultad de Miriam y Fonso. El espectro de las amistades había variado mucho en poco tiempo, en demasiado poco para que una sombra de tristeza no oscureciera el rostro de Fonso al comienzo de la fiesta. Pero pronto se impuso el presente, a lo que ayudó no en flaco grado que la condición imprescindible para penetrar en el estudio aquella noche fuera mostrar a modo de contraseña una botella de vino, y, a ser posible, espumoso.
Se libó y se bailó; los exiliados fueron olvidando su condición de tales y los vernáculos la ausencia de sus amigos, con lo que al final todos acabaron riendo y disfrutando de la festividad y de los caldos.
Después el cansancio obligó a descender el tono de alegría y la congregación se fue dispersando poco a poco hasta que, a eso de las tres de la madrugada, fueron los vecinos los últimos en despedirse.
- Ha sido todo muy agradable, pero mañana es día de lavuro y hay que madrugar –se disculpaba Pedro como despedida.
- Estoy guendida –es todo cuanto el cansancio permitió pronunciar a Claudina, con su característico modo de hablar, ya que el frenillo le impedía pronunciar la erres.
Volvieron a felicitar a Fonso por haber conseguido llegar indemne al cuarto de siglo y besaron a Miriam antes de partir.
Cuando se cerró la puerta tras de ellos los camaradas se quedaron un momento silenciosos con la sensación de que algo muy grande y pesado, como una especie de extensa losa de mármol, los aislaba del exterior. Tres solitarios sepultados en la tumba del estudio, era una sensación desagradable que había que intentar romper.
- La gente ya no tiene aguante –con intención de dar el primer golpe al abatimiento-, me hubiera gustado que la fiesta durase hasta el amanecer.
- Todavía estamos nosotros para que se prolongue –le consoló Miriam-, voy a poner música, y seguiremos bailando hasta que salga el sol.
Nando acompañaba al piano un disco de Brel y sus dos amigos bailaban con frenesí un vals a doscientos cincuenta mil tiempos.
Acabaron tronzados y cayeron rendidos sobre el sofá mientras en el aire flotaba ahora un lamento desgarrado del belga. Se les unió el músico. El mal rollo había pasado, los tres se sentían dichosos y a la muchacha se le ocurrió encender la chimenea, a pesar de que no era, desde luego, lo más apropiado para una calurosa noche de verano. De todas formas, con la madrugada, comenzaba a entrar una suave brisa por los balcones abiertos y dejarse fascinar por las cambiantes y fantasmagóricas llamas siempre es agradable en cualquier estación del año.
Se sentaron en el suelo formando un semicírculo frente a la chimenea y el poder evocador del fuego hizo inevitable que se hiciera presente en su conversación la memoria de los ausentes. Pero no turbaron su felicidad presente los recuerdos sino un presentimiento que chisporroteando surgió de entre la leña que ardía y se instaló entre ellos: que tampoco su actual camaradería lograría sobrevivir los embates del tiempo.
- Cualquier día Miriam también se casará con algún extraño y nos quedaremos solos –soltó Nando de improviso con pesadumbre.
- Una buena solución sería que se casara conmigo –apuntó Fonso, un poco achispado por la bebida y la danza-, así podríamos continuar todos juntos.
- Una bella proposición de última hora –rió Miriam, complacida.
- O conmigo –se apresuró a proponer Nando.
- Otra bellísima proposición –siguió riendo Miriam.
- Lo es cualquiera de ellas –dijeron los dos amigos quitándose las palabras.
- He llegado a los veintipico años sin que ningún hombre me requiriera en matrimonio y esta noche recibo las ofertas a pares, ¡ja, ja, ja!
- Es que hoy estás más preciosa que nunca –galanteó Fonso.
- Tal vez sea una complicación –advirtió Nando.
- Te vuelves atrás de tu palabra –bromeó ella.
- En absoluto, es evidente que los dos te queremos mucho, y esa precisamente la complicación –como siempre que se sentía inspirado la mano derecha del músico se alzaba en un giro característico -, a cualquiera de ambos que elijas será un hombre dichoso durante el resto de su vida, pero en cambio el otro tendrá que resignarse a ser para siempre infeliz, y a vivir el resto de sus días con esa frustración… En cualquier la unión entre los tres acabará por romperse –y su mano se abatió para acariciar la espalda de Miriam con suavidad.
- Es el hado del destino cruel –ironizó Fonso.
- Lo que es bien cierto es que la bigamia no está admitida en nuestra sociedad –explicó ella, algo excitada tanto por las caricias físicas como verbales.
- Encubierta, sí –apuntó Fonso, mientras atizaba con un badil la leña de la chimenea -. En esta sociedad cabe cualquier componenda con tal de que no salga a la luz del día. Moramos en la cumbre de la hipocresía.
- Pero los encubrimientos no van con nuestro estilo de vida, tenemos que casarnos los tres y por la Iglesia Católica. En los Jerónimos Reales, que reúnen belleza, solemnidad, solera, aristocracia y ¡olé! -se apasionaba Nando. Miriam vestida de manola, con alta peineta y luminoso mantón de manila, y nosotros de toreros, con un traje que tenga muchas lentejuelas y cubiertos con una linda montera de terciopelo.
- Me lo pido de grana y oro –se apresuró a elegir Fonso, que seguía entretenido meneando las brasas.
- Y para Nando verde esmerada y dorado –vistió la chica al otro -. Es la indumentaria perfecta tratándose de un asunto de cuernos…
- Eso es un tópico social, entre nosotros no tienen cabidas ese tipo de zarandajas.
- Es una solución, podría casarme con uno de los dos y convivir después los tres en buena armonía.
- No sería lo mismo, habría una desigualdad intolerable entre el escogido para la ceremonia y el otro… Y se perdería el sentido del mano a mano entre dos diestros, ¿de qué iba a vestirse el subalterno: de banderillero, de picador, con ese ridículo sombrero que parece una bacía de barbero? Se desluciría todo el acto.
- Se podría echar a suertes, que también es algo muy torero, no sería yo quien eligiera sino el azar.
- Sería lo mismo –dijo con seriedad Fonso, que parecía tomarse la cuestión con una severidad eufórica muy propia del momento -. No podemos consentir que el azar intervenga en un asunto tan fundamental para nuestro futuro, siempre se le podrían dar interpretaciones equívocas. La relación debe ser en trío, un auténtico y perfecto triángulo equilátero, una composición plena de equilibrio en la que ninguno de los instrumentos predomine en la melodía, un…
- En todo caso isósceles –apuntó Miriam, que había comenzado a responder a las caricias de Nando jugando a desabotonarle la camisa -, porque soy de menor tamaño, ¡je, je, je!
Fonso se volvió y le irritó por un momento el juego de caricias que se estaban trayendo sus amigos a su espalda. Pero ambos le miraban sonrientes como invitándole a participar, y se dejó caer entre las piernas de la chica.
Ella le acarició el cabello mientras decía:
- A largo plazo resultaría inviable, sabéis que os quiero mucho a los dos, pero en algún momento aparecería una segunda mujer. Tal vez regresaría Thérèse.
- Eso es agua pasada, ni siquiera nos acordamos de ella, ¿verdad, Nando?  -y la dio un lametón en la entrepierna.
- Pero ambos la habéis cortejado, no me lo vais a negar.
- Cortejar, coquetear… eso son trivialidades, niñerías. Lo que hay entre nosotros es algo profundo y distinto, el amor eterno que vence todos los obstáculos y se eleva por encima de la mezquindad mundana. Un amor puro, fuerte y único.
De las caricias se pasó a los besos y de las palabras a los jadeos, mientras iba amaneciendo en la ciudad y las brasas de la chimenea se extinguían entre secos crepitares.
Tal vez durmieran o soñaran unos instantes…
- Apenas si hemos cenado, las almendritas y algunas chucherías más, no se vosotros pero ahora noto un vacío tremendo en el estómago –se quejó Miriam a sus dos futuros esposos.
- Podríamos salir a tomar algo, casi es de día, tal vez haya algo ya abierto –se puso en pie Fonso recogiendo sus ropas esparcidas.
Y bajaron a la calle. Entre dos luces los edificios parecían más grandes, más sólidos y contundentes. Las aceras estaban vacías. Apenas una pareja de barrederos limpiaban las calzadas con la manga riega. Los autobuses comenzaban a recoger a los primeros obreros que se dirigían a sus trabajos. Todos los bares y cafeterías de la zona estaban cerrados, desalentadoramente cerrados.
- En la nevera tenemos alimentos…
- Sólo fiambres y latas de conserva, ¡puagf!
- Necesitamos algo caliente que nos tonifique y nos dé ánimos para emprender la jornada. Un buen café con leche y un croissant crujiente.
- Las tahonas también están cerradas.
- En la puerta de aquella hay un saco.
- Será el pan que les sobró de ayer.
- También puede ser que sea sólo un despacho de pan y que se lo acaben de repartir – se le ocurrió a Miriam.
Estaba lleno de un pan recién hecho, tierno y humeante. Se apoderaron de tres vienas y regresaron al estudio exultantes de alegría. Se preparó café, se untó cremosa mantequilla en los panecillos abiertos por la mitad y entre bromas disfrutaron de un hermoso y nutritivo desayuno.
Cuando terminaron de saborearlo entre risas y bromas el sol ya entraba a raudales por los balcones del estudio y los tres amigos con el estómago lleno sintieron como el cansancio y el sopor se apoderaba de ellos. La cama más ancha era la de Nando, y Miriam pudo disfrutar de un plácido sueño entre sus amigos. Nadie volvió a mencionar el objeto de la conversación que mantenían cuando amaneció la jornada.”

- Un auténtico edén de armonía, comprensión y amor.
- Creo que debo puntualizar que la parte erótica del relato es una invención más de esa arpía, pero lo de los panecillos robados ya me lo contó mi hermana en una carta. Me escribía unas misivas llenas a rebosar de encanto e ingenuidad, y no acababa de loar lo bien que lo estaba pasando aquel verano con nuestros amigos. Veraneé con mi esposa en la Costa Azul, pero me hubiera agradado sobremanera haber compartido algunos días con ellos por aquí.