jueves, 21 de marzo de 2013

Entrevista Segunda - Capítulo 7



CAPÍTULO 7

         Dentro de la pileta hay un caldo pegajoso y caliente que huele a legía y es áspero al tacto. Son miles y miles de mujeres, niños y varones los que se rebozan en este antihigiénico y asqueroso elemento, para freírse después sobre unas losas de cemento caldeados por el tórrido sol de la canícula. El régimen le ha llamado pomposamente “Parque Sindical” y “Charca del Obrero” lo han encuadrado en sus justos términos la sabiduría popular. Allí ha entablado contacto con la naturaleza toda una generación de madrileños, hijos de trabajadores, una sana juventud de cultos deportistas.

         - Sean cuales fueran sus motivos deja el camino expedito para que Thérese y tú lleguéis a intimar.
         - También hubiéramos llegado a intimar estando él con nosotros. Pero la verdad es que no lo echamos de menos ni ella ni yo. Nos veíamos muy a menudo y éramos felices paseando, conversando y haciendo proyectos para el futuro.


          “Paseábamos por las orillas del Sena en interminables caminatas. El otoño dotaba a la ciudad de un aura de melancolía que invitaba a dejar volar la imaginación y a compartir los más íntimos pensamientos con tu interlocutor.

         - Estoy harta de mi trabajo. Tanto vuelo llega a ser un aburrimiento, un día en una ciudad y al siguiente en otra, no puedes tener una vida propia. Llevas tu existencia a merced de la compañía.

         - Pues a mí me parece un trabajo agradable, te posibilita viajar, visitar nuevos sitios, conocer a gente variada con sus diferentes culturas, sus distintos modos de ser y de comportarse. Todo eso enriquece a la persona, la hace madurar -opinaba Ernesto.

         - Reconozco que está muy bien cuando lo haces por placer, pero tenerlo que hacer por obligación es muy pesado. La mayoría de las veces llegas tan agotada que permaneces todo el tiempo en el hotel sin querer hacer nada ni hablar con nadie. Además las relaciones que se hacen son muy circunstanciales, no tienes ni tiempo ni deseos de llegar acomprender a nadie, y tampoco los otros hacen gran cosa por entender tu personalidad. Me gustaría tener mucho tiempo libre para escribir, inventar historias agradables y hacerme protagonista de ellas, es una forma de viajar con la imaginación y mucho más descansada que la otra.

         Thérèse se agachó a recoger una hoja de arce tirada por el viento en la vereda junto a muchas otras.

         - Ves esta hoja, parece igual a las demás, pero es diferente por completo, no hay dos hojas idénticas como tampoco dos personas iguales. Ella ha tenido su propia vida cuando ha estado prendida de la rama del árbol y ahora, a pesar de estar muerta, continúa teniendo una historia diferenciada, la he elegido de un montón en donde había otros cientos de compañeras y es la única que te voy a regalar -y se la entregó a su amigo.

         - Bonito regalo -agradeció él observando con detenimiento la marchita hoja por el haz y el envés-, la conservaré siempre como recuerdo de esta agradable tarde -y la metió entre las páginas de un libro que llevaba en la mano.

         - ¿Qué estás leyendo? -preguntó Thérèse.

         - “La Educación Sentimental”, y me está gustando mucho.

      - Lo leí hace mucho tiempo, cuando todavía estudiaba en el Liceo, creo que es de Flaubert, uno del diecinueve. ¡Qué tontería!, que dichosa manía de querer numerarlo todo, ponerse a contar las arenas de la playa, a clasificar las estrellas del firmamento…

         - O los adoquines de la calzada.

       - Sí, algo estúpido. Sólo existe el uno, la individualidad, todo lo demás es vana ciencia.

       - A veces resulta útil, la cuantificación es la base de la ciencia, y con ella del progreso -apuntó Ernesto.

       - Esa cuestión del progreso es muy graciosa, en teoría se pretende extender la felicidad a todas las personas y cada vez somos más infelices, se le da el carácter de un medio de liberación y cada vez somos más esclavos de él. En fin, siempre llegamos a las mismas conclusiones y siempre tenemos el mismo sentimiento de impotencia de ser incapaces de variar nada. ¡Qué bien me vendría una larga temporada de descanso!

         - Desde luego que el reposo es apetecible. Ahora lo estoy comprobando, allá no me surgía ni una sola idea con la que me sintiera satisfecho y ahora ya tengo pergeñado el diseño de varias esculturas. Pero ahora tendré que esperar para poder llevarlas a la práctica.

         - No has pensado en montar tu estudio aquí, tal vez sea el ambiente parisino lo que te inspira.

         - Desde luego que me gustaría, y he estado dándole vueltas al tema, pero no acabo de decidirme. Lo cierto es que aquí hay más posibilidades de poder conseguir algo, ya ves lo bien que le ha ido a Julián, y es seguro que él me ayudaría. Luego estáis tú y Nando. Sería muy hermoso que nos buscáramos un amplio apartamento y viviéramos todos juntos dedicados plenamente a la realización de nuestras respectivas artes: Tú escribirías bellas historias, él compondría una música maravillosa y los dos posaríais como tema para mis esculturas: Sería una perfecta comunidad de artistas.

         - No sueñes, Ernesto, no sueñes. Todas esas cosas están muy bien en teoría, pero a la hora de llevarlas a la práctica la entelequia se desvanece y la frustración produce sufrimientos.

     - Es precioso soñar, la vida común es tan mezquina que sin sueños resultaría insoportable. Estoy seguro de que en un día no muy lejano mis obras estarán expuestas en los mejores museos del mundo y que también…

         - No lo dudo, tú vales mucho y un día lograrás que se reconozcan tus méritos y tus esfuerzos, pero a mí me resulta casi imposible prescindir de mi actual trabajo y dedicarme a escribir. Ya he realizado algunos ensayos y se los comuniqué a Fonso. Hacíamos prácticas por carta para coger soltura.

         - ¿Cómo es eso?

         - Había que buscar un pie para redactar sobre él: un día, un lugar, una situación… Uno ponía esos datos y el otro debía construir con ellos un ambiente. Era muy entretenido y permitía que se soltasen la pluma y la imaginación. Pero como se ha ido espaciando nuestra correspondencia ya ha pasado a la historia aquella actividad también.

         - Formabais una buena pareja, creo que podríais haber llegado a ser felices juntos -dijo Ernesto por indagar como se encontraba en la actualidad la relación entre sus amigos.

         - Cuando se cultiva una buena amistad siempre se es feliz, pero es una pena que eso no nos baste a nadie. Siempre pretendemos llegar a la ósmosis perfecta y eso es imposible de alcanzar, cada persona tiene su propio cosmos aislado en el que ninguna otra puede penetrar del todo, tan sólo asomarse, en algunas ocasiones rendir una visita de cortesía, pero nada más. ¡Somos todos tan complejos!

         - Está el amor…

        - Es una bonita palabra, pero tiene tantos significados como se la quiera dar, por eso me encantaría disponer de una larga temporada para pensar y escribir sobre estas cuestiones, es posible que así llegara a verlo todo más claro.

         - Tu familia tiene dinero de sobra, podría subvencionarte hasta que publicaras tu primera obra, que sin duda llegará a ser un rotundo éxito.

         - ¡Ah, la familia!, menuda mierda.

         - Tu madre es una persona muy agradable.

       - Sí, lo dices por el almuerzo que nos ofreció el otro día. De visita se puede soportar bastante bien, pero en un poco más de tiempo llega a ser absolutamente cargante: está histérica. Es probable que sean cuestiones de la edad, la menopausia y todo eso. Si aún viviera mi padre sería muy distinto. El sí que era una persona excepcional, tenías que haberlo conocido. Y escribía que era un sueño.

         - ¿Te viene de ahí la vocación?

       - Cuando era pequeña me dejaba pasar en algunas ocasiones a su despacho, me sentaba sobre la gruesa alfombra y me dejaba un libro de estampas para que me entretuviese. Yo fingía interesarme por el libro, mas en realidad lo que hacía era contemplar embobada como trabajaba, observarle durante horas enteras. El estaba sentado frente a su escritorio ausente a todo cuanto pudiera perturbarlo, dejando volar su imaginación y cristalizando sobre el papel los mundos maravillosos que forjaba su pensamiento. Fue una lástima para las letras francesas y la literatura universal su muerte prematura, si hubiera vivido algunos años más hubiera llegado a lo más alto.

         - Su pérdida sería un gran trauma para ti.

      - No te lo puedes ni imaginar. Me tiré una larga temporada sin querer hablar con nadie, ni siquiera con mis hermanos. Lo odiaba todo y a todos.”

         - Y mientras la escritora y tú os dabais aquellos paseos tan cargados de referencias culturales: ¿qué hacía Nando?
       - Vivía su propia vida, hacía ejercicios musicales en el piano de la casa donde nos alojábamos, asistía a muchos conciertos, a los que a veces le acompañaba yo, pateaba los museos más insólitos. Un poco de todo… En el fondeo debía de sentirse muy solo, sobre todo cuando Thérèse estaba en la ciudad, porque ambos continuaban siendo incompatibles en aquellas fechas y yo, claro, prefería disfrutar de los paseos con ella a aguantar como él hacía durante horas cambios de escalas. Estaba muy raro, se comportaba como si todo el mundo fuera su enemigo, no era capaz de tener una palabra amable para nadie. Luego, cuando regresaron Julián y su esposa ya era diferente, Julián lo entendía muy bien y le obligaba a mostrarse sociable. Entonces ya podíamos estar todos juntos.

jueves, 14 de marzo de 2013

Entrevista Segunda - Capítulo 6



CAPÍTULO 6

         Mediodía de un sábado otoñal. Del edificio en construcción salen los obreros aseados y felices. ¡Hasta el lunes no habrá que volver al curro! Algunos conservan puestos los monos de faena y sólo se han sacudido un poco el polvo del yeso y el cemento. Durante toda la tarde y el siguiente día ayudarán a un compañero a construir su chabola. Él y sus familiares han ido acopiando los materiales necesarios durante el transcurso de las últimas semanas. Se trabaja duramente y los muros y paredes van surgiendo de casi una cimentación de nada, pero toman forma. La Meseta de Orcasitas se va poblando poco a poco con las viviendas de los emigrantes. Todavía no ha llegado hasta allí la energía eléctrica y los caminos de acceso son barrizales sórdidos…

         Me quedé silenciosa. Parecía que hubiese sonado un gong para señalar el final de un asalto de boxeo, y los dos contendientes se hubiesen retirado a sus respectivos rincones. Aprovechábamos el alto para reponer fuerzas, y el camarero nos trajo un par de cubalibres, el tónico del café ya no resultaba suficiente para proseguir la lid. El ambiente también exigía una bebida más fuerte, pues el establecimiento se había ido colmando progresivamente y el humo de los cigarrillos, y de algún que otro cigarro puro, junto al murmullo cada vez más elevado del tono de las conversaciones producían una compacidad al medio ambiente que resultaba difícil de cortar con las palabras.
         Tras de tomar un sorbo de mi pócima entré en materia.
         - ¿Duró mucho tu convalecencia? -pregunté, enfatizando el posesivo coloquial para dar ánimos a mi contrincante.
         - Sólo algunos meses, pero creo que me dieron el alta prematuramente. Los golpes en la cabeza tienen esas consecuencias, como no hay una herida que se pueda ver uno piensa que se encuentra curado y es mucho después cuando aparecen las lacras. Durante aquel curso ya trabajaba con normalidad, y cuando asistí a la boda de Julián pensaba que estaba restablecido por completo, pero cuánto mejor hubiera hecho quedándome en casa.
         - No obstante lo pasasteis muy bien todos los amigos reunidos.
         - Lo pasamos bien, pero Miriam y Fonso sólo estuvieron con nosotros el día de la boda. No, ahora que lo recuerdo, Miriam también estuvo con nosotros al día siguiente.



         “Aprovechando la hospitalidad de la madre de Thérèse tuvo continuidad el ágape de la tarde anterior en un almuerzo soberbio. La presencia de la señora de la casa los retraía de hablar con entera libertad y se recurría a los socorridos temas generales: el estado del tiempo, las diversas anécdotas sobre la ceremonia y toda su parafernalia… Hubo una tangible sensación de alivio cuando tras los postres la anfitriona se retiró protestando una importante ocupación.
         - Es una pena que no haya podido venir Fonso -se lamentaba Thérèse.
         - Se debió de mosquear anoche cuando te fuiste con Ernesto -dijo Nando empleando su habitual tono sarcástico.
         - Él también se hubiera podido venir, ofrecí mi apartamento a todos -replicó ella.
         - No le gustará compartir sus novias con nadie -siguió manteniendo el mismo tono Nando con ánimo de buscar polémica.
         - Siempre has de ser igual, sabes muy bien que nosotros nunca hemos sido novios, pero sí que somos muy buenos amigos, y por eso me molesta que ni ayer aceptara mi invitación ni haya venido hoy, como también me hubiera desagradado que no lo hubiera hecho cualquiera de vosotros.
         - Le preocupa más la política que la amistad -comentó Ernesto-. No lo notaste ayer muy nervioso después de la cena cuando leyó en los periódicos que seguramente fusilarían hoy a esos muchachos. ¿Por qué estamos a 27 de septiembre, no?
         - Claro, ayer fue la boda de mi hermano y era veintiséis, como voy a olvidarlo.
         - Lo mejor es que dejemos de hablar de esos temas enojosos que nos podría sentar mal el almuerzo -propuso Thérèse.
         - Ha sido muy amable tu madre invitándonos a todos, y la comida estaba deliciosa -agradeció Ernesto.
         - Era natural que lo hiciese, la había hablado mucho de vosotros y tenía muchas ganas de conoceros. ¿Os vais a quedar más días?
         - Yo no, tengo que acompañar a mis padres, que se ponen en marcha esta noche -negó Miriam.
         - Nosotros pensamos detenernos algún tiempo. He encontrado alojamiento para Ernesto y para mí en casa de unos amigos de mi padre, tienen un formidable piano de cola y con un poco de suerte podré convencerlos de que se dejen retratar por Ernesto y sacar alguna ganancia para mantenernos -explicó Nando.
         - Ya sabéis que en mi apartamento hay sitio para ambos, aunque es reducido de tamaño por unos días nos podríamos apañar con un poco de buena voluntad -dijo Thérèse.
         - Lo hemos discutido esta mañana Nando y yo y hemos decidido que es mejor la otra solución, tú siempre andas viajando y además está el aliciente del piano.
         - Cómo vosotros queráis… si vais a estar mejor acomodados; de todas formas espero que nos sigamos viendo con frecuencia.
         - Por supuesto -se apresuró a aceptar Ernesto.
         - ¿Regresarás en avión? -preguntó Thérèse a su amiga.
         La cocinera entró trayendo una bandeja de humeantes cafés mientras Miriam explicaba:
         - No, a mi padre le da mucho miedo volar. Ha reservado literas en el tren, se acuesta uno en Austerlitz y se despierta en Chamartín.
         - Es mucho más cómodo y rápido el avión, y no estoy tratando de hacer propaganda comercial -bromeó la azafata.
         Nando se aburría con aquella conversación tan trivial y decidió meter cizaña de nuevo.
         - Se hace notar su falta, a Fonso me refiero, ahora podría amenizarnos la sobremesa recitando algún poema, bien suyo o bien del amplio repertorio que se tiene memorizado. Es una pena que por culpa de la asquerosa política se pierda un buen poeta.
         - Un magnífico poeta -valoró Miriam.
         - ¿Está tan enganchado con la política? -preguntó Thérèse.
         - Eso es bastante difícil de calibrar porque apenas si nos hemos visto en los últimos meses y es una materia muy confidencial allá en España. La oposición al régimen está muy castigada como habrás podido comprobar por el hecho de cómo han condenado al paredón a esos jóvenes -respondió Nando.
         - ¿Vas a sacar de nuevo el tema? -le reprochó Miriam.
         - Es que se trata del tema del día -salió en su defensa Ernesto-, he leído en la prensa que de producirse los fusilamientos el mismísimo Jean Paul Sartre se desplazaría a los Pirineos con muchos otros intelectuales para prender, en señal de protesta, grandes hogueras que se puedan ver desde el otro lado de la frontera.
         - Es un poco fantoche ese Sartre - señaló Miriam.
         - Es un premio nobel -la rebatió Thérese, orgullosa del galardón que ostentaba su compatriota.
         - Se puede ser ambas cosas a la vez -calibró Nando.
         - Además tengo entendido que lo rechazó, no sé muy bien si por llamar la atención sobre el problema de Argelia o sobre alguna otra guerra -aventuró Ernesto.
         - Lo rechazase o no, lo cierto y lo importante es que la Academia Sueca le otorgó el Premio -sacó a relucir su chauvinismo Thérèse.
         - Los artistas debemos estar por encima de la mezquindad de la política, el Arte es universal y no conoce fronteras ni banderas -afirmó Nando-. Nuestro buen amigo Fonso está malogrando su talento y perdiendo el tiempo en cuestiones que ni le vienen ni le van. Llega hasta a rechazar la compañía de sus amigos para asistir a plúmbeas reuniones de esas en las que sólo se habla y habla y no se llega jamás a conclusión alguna, porque ese es el funcionamiento típico de los políticos, charlotear y charlotear y dejarte la cabeza caliente y los pies fríos.
         - No estoy en absoluto de acuerdo en eso de que deja de lado a sus amigos, sigue siento tan buen camarada como siempre, sino no hubiera hecho tan largo viaje sólo para acudir a la boda de mi hermano.
         - Buen compañero y tan atento con los demás como siempre, eso no es discutible -dijo Thérèse-. Por otra parte el verdadero artista tiene un compromiso con los problemas de su tiempo y de su entorno que no puede obviar.
         - Ya salió el célebre “compromiso” -dijo Nando con un gesto de asco-. El artista ya tiene preocupaciones de sobra con estar comprometido con su propio trabajo. La obra que resulte puede ser buena o mala según que tenga talento o que carezca de él, y eso es todo, lo demás no dejan de ser paparruchas para justificar mediocridades y carencias de genialidad.
         - Pero todo artista tiene que vivir en un tiempo físico y en el signo de nuestra época hay una fuerte componente de la lucha de clases que no se puede dejar de lado -afirmó Ernesto.
         - Eso es marxismo -dijo Nando despectivamente-. Tal vez sea una buena doctrina económica, nunca me he parado a analizarlo en profundidad, pero un solo movimiento de las sonatas de Mozart tiene para mí mucho mayor poder revulsivo que todos los tratados del barbudo alemán y de sus congéneres. De lo que se trata es de cambiar profundamente la sociedad, de lograr que en cada una de las personas algo haga ¡clic! aquí -y se señaló la cabeza-, y que a partir de ese momento comience a ver el mundo de una forma diferente y a vivir con plenitud, y eso no se puede lograr con huelgas y algaradas, sino que por el contrario lo que producen a la larga es un mayor aborregamiento de las personas, que siempre acaban balando detrás del líder de turno.
         - Confieso que no entiendo una palabra de política -afirmó Ernesto-, pero en lo referente a Fonso tendrás que reconocer que está dispuesto a hacer un favor a un amigo en cuanto se presenta la ocasión. Aparte de eso me importa un pito si le gusta o le deja de gustar el participar en algaradas.
         - Bueno, no vamos a perder toda la tarde dando vueltas alrededor de lo mismo, mejor sería que fuéramos pensando en que vamos a emplear todo lo que queda de ella -propuso Thérèse con la intención de acabar con aquella conversación.
         - Podríamos ir al cine, hay en cartel un montón de películas que no tenemos la posibilidad de ver en Madrid -se adelantó en dar su opinión Ernesto.
         - No es mala idea, hace tiempo que no voy al cinema -se adhirió enseguida Thérèse.
         - Por mi parte podéis hacer lo que os plazca porque ahora mismo tengo que ir al hotel a preparar las maletas -explicó Miriam-, ya sabéis que el tren parte esta noche…
         Pero aquel tren que esperaba tomar Miriam no partió, era imposible que le permitieran pasar la frontera con las grandes pintadas que se habían estampado sobre su locomotora ya vagones aquella tarde. “Franco asesino, Giscard complice” relucían con grandes caracteres por toda la superficie del convoy. La prensa francesa del día siguiente lo denominaría “El Talgo Antifranco”.
         Por la plaza de La Bastilla, con las manos metidas en los bolsillos de su gabán para ocultar las manchas de pintura, caminaba Fonso, orgulloso y pensativo.”
         - Pero nuestro amigo se fue sin despedirse siquiera. No me preguntes las razones de tan precipitada marcha porque nunca volvimos a hablar sobre el tema…
         - Tal vez los celos que apuntaba Nando pudieran ser un buen motivo para que no os quisiera ver en aquellos momentos.
         - No lo creo, no tenía justificación real para ello y ese comportamiento no cabe dentro de su forma de ser habitual.

sábado, 9 de marzo de 2013

Entrevista Segunda - Capítulo 5



CAPÍTULO 5

         Se han despojado de las camisas para tener una mayor facilidad de movimientos y se pueden apreciar sus hermosas musculaturas. La pelota va de la mano a la pared, de la pared al descampado, del descampado a la mano. En un lateral de san Francisco el Grande los muchachos aprovechan el amplio muro ciego para disputar un partido de frontón. Atardece y el sol se recuesta sobre el verde oscuro de los montes. Un vecino ha sacado su perro a hacer sus necesidades y los observa distraído mientras el caniche corre de acá para allá ladrando a todo y a todos. Bajo una losa de la umbría nave central descansan los huesos del cardenal Zapata. La pelota va de la nave a la mano, rebota en el descampado, vuelve a la pared… 

         - Cuando hablé con Julián sobre el tema no empleó un tono tan duro, sino que, por el contrario, intentó justificar a vuestro amigo.
         - Julián vio los toros desde la barrera. No, ni tan siquiera eso, más bien desde la bandera de la plaza. El se encontraba lejos y labrándose su propio porvenir. Los que nos embarramos en aquellos fracasos hasta el cuello fuimos Fonso y yo.



         “Resistir era fundamental. No habían pintado oros para ellos hasta el momento, pero serían más fuertes que todo cuanto pudiera oponerse a su triunfo.

         - No debemos cejar en nuestra lucha, no hay que tener el menor desvanecimiento. Si el público no nos hace el menor caso hoy ya le haremos reconocer nuestros méritos mañana. No son más que cadáveres andantes, son ciegos y sordos, llevan los ojos y las orejas de adorno, y la cabeza sólo les sirve para llevar el sombrero -despotricaba Fonso después de tomarse la tercera cerveza.

         - ¿Sabes que te pones muy simpático cuando bebes? -afirmó preguntando Lucía.

         - Tú para estar simpática no tienes más que existir, ¡olé tu gracia! -le requebró sin ambages su amigo.

         - Si os vais a poner ahora a coquetear mejor será que os deje el camino libre y me esfume -bromeó Ernesto, y los otros rieron su ocurrencia. La mano de Fonso palmeó su espalda huesuda y los gruesos labios de Lucía estamparon un sonoro beso en su mejilla.

         - Te lo has ganado -le alagó su novia.

         Si para una persona que acaba de tener un fracaso estruendoso es todavía posible la felicidad a Ernesto se le podía calificar de dichoso en aquellos momentos. Habían conseguido alejar de su recuerdo el fantasma de los últimos días por un rato, la intimidad formaba una esfera que los aislaba de todo cuanto no fuera su presente compartido. Se podían hacer las preguntas más íntimas.

         - ¿Cómo te va con Thérèse?

         - Ella es la que va y la que viene. Yo me limito a permanecer aquí. Seguramente nos queremos a nuestro modo, es es una cuestión bastante difícil de definir.

         - Hacéis una buena pareja -afirmó Lucía con su aguda voz.

         - Vosotros sí que formáis una pareja perfecta, siempre estáis juntos, y eso es muy importante en una relación. Así es posible lograr una compenetración perfecta y completa. Lo nuestro es muy diferente, a veces nos sentimos muy unidos y otras no nos comprendemos. Tampoco hay una expectativa clara de que pueda variar la situación en un futuro inmediato. Está la posibilidad de buscar nuevos aires como lo ha hecho Julián -sus últimas palabras tuvieron la facultad de pinchar la esfera que protegía la intimidad del trío. Nando tenía ya por fuerza que penetrar en la conversación-. Ha obrado con mucha inteligencia nuestro amigo y no me extrañaría nada que alguno de nosotros siguiéramos sus pasos.

         - Nosotros no tenemos en perspectiva ninguna intención de movernos de aquí, no nos van bien los negocios, pero más importante que cualquier otra cuestión es estar junto a la persona amada -dijo Ernesto mientras hacía a Lucía una afectuosa caricia.

         - No me refería a vosotros, tal vez Nando…

         - ¿Cómo ha encajado el fracaso de su concierto? -preguntó la muchacha.

         - No fue un fracaso -afirmó Fonso con terquedad-, hubo mucha gente que se quedó en la sala y al final hasta algunos aplaudieron.

         - Sí, nosotros y algunos pocos conocidos más. El sentido de la amistad tiene que tener algunos límites y a veces la realidad debe imponerse a la lealtad -insistió Lucía en mantener su opinión.

         - No hablo sólo como amigo, y no sé hasta que punto se nos podía considerar como tales, en algunas cuestiones se muestra como un ser absolutamente detestable, pero hay que reconocer que en lo que nos ocupa supo estar a la altura de las circunstancias.

         - No te salgas por la tangente, se ha comportado como un cerdo -estalló Ernesto.

         - No prestó el menor apoyo a la exposición, él tiene muchas buenas relaciones con gente de pasta a través de su familia y podía haber contribuido a que se compraran obras de Ernesto, pero no, prefirió reservar a sus amistades para el concierto, ¡cómo allí era la única estrella que tenía que lucirse!, ¿para qué seguir hablando todavía del grupo? -lo apoyó la chica.

         - El fin de nuestras actividades no está dirigido a las amistades de unos y de otros sino a las masas en general, y si éstas no han sabido responder a nuestro requerimiento no hay razón alguna para echarle todas las culpas a uno de los que estamos en el cotarro. Es natural que nadie quiera tener la patata caliente en sus manos pero entre todos nos tenemos que ingeniar la forma de pelarla. Hay que extraer conclusiones de lo pasado que nos permitan no volver a caer en los mismos errores en el futuro, y hay que hacerlo con calma y con la mayor objetividad.

         - ¿Todavía le defiendes? -se indignó Lucía.

         - No creo que sea el caso erigirse en defensor de nadie, soy de la opinión que cada santo debe sostener su propia vela. Las personas aisladas pueden irse todas, cada una por su lado, al infierno, lo que importa es que encontremos el modo de ser útiles a los demás globalmente.

         - Eso es querer jugar a buenos samaritanos -intervino Ernesto-. Nosotros también tenemos nuestro corazoncito y, a estas alturas, resulta muy evidente el reconocer que Nando nos ha estado utilizando tanto a ti, como a mí, como al resto del grupo. El pobre hombre se cree que es alguien, y para que se remarque más su brillo necesita estar rodeado de personas oscuras, al menos en apariencia, que produzcan el contraste deseado. Esa es la labor que hemos desempeñado nosotros en esta historieta, coristas de ópera bufa. Reconozco que la mayor parte del tiempo me la paso en las nubes perdido en proyectar y realizar mis esculturas, pero hay veces que me produce tal choque la actitud de algunas personas que me caigo de la higuera y lo veo todo con suma nitidez.

         - Es posible que tengas tu parte de razón en algunas de las cuestiones que planteas, pero…

         - Estoy convencido de tenerla en la mayoría -lo interrumpió Ernesto.

         - Bien, bien, de acuerdo. Pero de lo que se trata es de encontrar una alternativa, resulta muy fácil ser destructivo y mandarlo todo al diablo, trata de der constructivo, que es lo difícil y lo que muestra la valía de las personas.

         - ¿Cómo? -preguntó Lucía.

         - Me explicaré: en un principio el grupo lo formábamos cuatro, entonces se marchó Julián, y no pasó nada, porque lo de menos es como actúa aislado un individuo, lo importante es el sentido que tenga la actividad del conjunto, sí falta este fulcro fundamental se habrá ido todo al garete.

         - No estoy de acuerdo con tu cuantificación -dijo Lucía un poco ofendida-, desde siempre me he considerado parte integrante del grupo.

         - Y formas parte de él, como también Miriam o Thérèse. Y Julián tampoco ha dejado de pertenecer a él, aunque se encuentre tan lejos, pero el núcleo fundamental, tendrás que reconocer, que en estos momentos lo formamos tres personas.

         - Tienes mucha razón -asintió Ernesto impidiendo que la muchacha tuviese ocasión de replicar-, pero el tema que nos ocupa es Nando.

         - Todos estamos de acuerdo en que es un egoísta y un fatuo, ¿no es eso?

         Ernesto asintió con la cabeza.

         - Y además un hipócrita -remachó Lucía.

         - Unanimidad de criterio. Pero, ¡podemos prescindir de él sin que todo el trabajo que llevamos realizado hasta el momento se pierda? Esta es la cuestión fundamental.

         La pareja se quedó dubitativa.

         - Ahora estamos todos ofuscados porque el asunto está muy reciente y no seremos acapaces de apreciar los pros y los contras de cualquier decisión que tomemos con la debida ecuanimidad. Tampoco hay razones para tener que adoptar una postura precipitada., es mejor que lo vayamos meditando con calma, Ahora no me parece el momento más oportuno para elegir ninguna postura decisiva, no se cómo os encontraréis vosotros ahora, pero yo me siento muy cansado, y con la bruma mental de quien ha bebido una copa de más, si me lo permitís dejaría un asunto tan importante para otra ocasión y me retiraría a dormir -y se puso en pie.

         Lucía hubiera deseado que todo se hubiera aclarado aquella noche, porque estaba muy disgustada, pero antes de que pudiera hablar ya decía Ernesto:

         - Vamos, vamos, no es necesario andarse con cortesías entre nosotros, haz como mejor gustes, y cuando veas a Thérèse le das muchos recuerdos de nuestra parte.

         Y se levantó de su asiento para dar un efusivo abrazo a su amigo a través del velador.

         - Ahí dejo mi humilde óbolo para contribuir a pagar la cuenta -dijo Fonso, depositando alguna monedas sobre el blanco mármol.

         - No es necesario, ya pagamos nosotros todo -no quiso admitirlo Ernesto.

         - Ya conocéis el refrán: en el pan como hermanos pero en el dinero…

         - Como lacayos -terminó Lucía a su manera el final de la sentencia popular, y cogiendo una de las monedas dijo con picardía a su amigo-: Te la cambio por un beso.

         - No hay suficiente parné en todo el planeta para pagar lo que valdría uno tuyo, pero espero que me regales dos -y se besaron en ambas mejillas-. Me encantaría poder continuar en vuestra amable compañía pero mañana tengo que madrugar.

         - Nosotros tampoco tardaremos mucho rato en partir -dijo Ernesto.

         - tened mucho cuidado cuando salgáis -les previno sin saber muy bien por qué Fonso.

         - Tú también lleva cuidado que a lo mejor te come un lobo… o quizá una loba -bromeó con ironía la chica, pensando que la frase del amigo era una chanza.”

         - Una cuestión que me ha sorprendido bastante es el asunto de las premoniciones sobre el accidente, ¿hay en ello algo de cierto?
         - No sé hasta qué punto se las podría calificar como tales. Es muy lógico que un rato después de habernos caído de una motocicleta Miriam nos advirtiese que teníamos que tener mucho cuidado con ellas, también me dieron el mismo consejo muchas más personas, y de hecho no volvía conducir ninguna, entre otras razones porque carecía de tarjeta de circulación para ese tipo de vehículos, y la frase de Fonso momentos antes de acaecer el accidente bien podía ser considerada como una broma más entre amigos. Si no hubiera pasado nada se habrían olvidado ambas y santas pascuas, pero como, por desgracia, sí que pasó enseguida se recordaron. Sucede con mucha frecuencia, se habla y se habla y se dicen millones de frases, y la mayor parte de ellas sin demasiado sentido, por hablar y no callar, pero si después se verifica con un hecho real el significado de alguna de ellas se las acaba por dar el rango de vaticinios.

         “Nada hacía presagiar en la alegría exultante de los dos jóvenes que salían abrazados del café que las risas iban a trocarse pronto en llantos. Hacía una espléndida noche de primavera y a pesar de lo avanzado de la hora todavía paseaban por los bulevares muchas personas y se mantenía un discreto tráfico rodado por las calzadas.

         Ernesto hacía cosquillas a su pareja, y ella se enfadaba y le provocaba, alternativamente. Se abrazaron en la esquina.

         - Esta noche estás radiante -dijo él-, estoy deseando que lleguemos al estudio para hacerte el amor.

         - También yo te deseo, pero está tan bonita la noche que invita a pasear. ¡Mira que concurrido está el paseo, vayamos hacia allá!

         Pero él no miró hacia donde señalaba Lucia, sino que la besó sobre el terso cuello.

         - Deja ahora de besuquearme, ya habrá tiempo después para todo eso -y se apartó de él-; corramos hacia el bulevar, ¡a que no me coges! -y se lanzó a la calzada sin más precauciones.

         - Cuando te coja te… -rió Ernesto intentando darla alcance-, ¡cuidado! -gritó, pero ya tenían casi encima de ellos una motocicleta de gran cilindrada que se abalanzaba a todo gas.

         El impacto fue tremendo y un formidable ruido rompió la calma de la noche. Los viandantes del paseo se sobresaltaron y corrieron a auxiliarlos. Ernesto yacía sin sentido en el suelo y Lucía sangrando y arrastrando una pierna intentaba aproximarse hasta donde se encontraba su compañero.

         El loco motorista que había causado la tragedia se levantó, se sacudió el polvo de su mono colorado, puso en pie el vehículo y desapareció en las sombras de la noche con la misma rapidez que había irrumpido.

         - Seguro que el muy cabrito ha robado la moto -comentó un transeúnte a su vecino.

         Los pocos clientes que aún quedaban en la cafetería salieron al escuchar el golpe y a los pocos minutos un nutrido corro de personas rodeaban a la pareja formando la turbamulta tan propia de sucesos semejantes, mientras la aguda sirena de una ambulancia cortaba el silencio de la noche.”

         - Pero lo curioso es que siempre se suelen producir entre personas que tienen una estrecha relación entre sí: madres, hijos, amantes…
         - Al fin y al cabo no dejan de ser especulaciones, no hay nada probado científicamente al respecto. Como puedes comprobar no creo para nada ni en las llamadas del destino ni en las fuerzas ocultas, también el cerdo del motorista, con su vestimenta roja, podía considerarse una encarnación de las fuerzas del mal… así se fabrica literatura, pero si antes de cruzar la calzada hubiéramos tenido la precaución de mirar si venía algún vehículo el diablo motorizado no hubiera sido tal y ni siquiera hubiéramos reparado en la existencia de este personaje, que, por la demás, dudo mucho de que fuera vestido de tal forma, aunque lo cierto es que no lo pude ver, sólo recuerdo una masa disparada que caía sobre nosotros.
         - Sí, yo tampoco soy muy proclive a creer en ese tipo de cuestiones, pero, como dicen en Galicia, “haberlas hailas”. Lo cierto es que el accidente tiene lugar y cómo última consecuencia de él usted abandona a su novia -me expresé con una total falta de tacto que al momento maldije íntimamente. Ernerto quedó tan sorprendido por mis palabras como yo misma. Por un momento llegué a pensar que se marcharía indignado, tal vez insultándome a modo de despedida. Pero fui capaz de reaccionar en segundos, mucho antes de que el estupor le permitiera adoptar cualquier postura-. Al menos esa esa la forma en la que obra el personaje de la novela -aclaré, y una sonrisa distendió su rostro, aunque se notaba por alguna arrugas que persistían en su frente que un lastre pendular aún machacaba en su mente.
         - ¿Por qué has vuelto a utilizar el usted?
         - Para remarcar que me estaba refiriendo al personaje de ficción -mentí al tiempo que intentaba pintar en mi boca una fugaz sonrisa-. Thérèse parece encontrar una relación de causa-efecto entre el accidente que sufren los dos y la separación.
         - Pero yo no entendí que “la francesa” expresase de una forma tan rotunda que es “Ernesto” quien deja a su compañera.
         - De una manera explícita no, pero leyendo entrelíneas se deja entrever.
         - Tendría que volver a leer el capítulo con más atención para comprobarlo -mintió él, pues era casi seguro que se lo sabía de memoria.
         - Lucía está definida como un personaje simpático e ingenuo, mientras que él es un poco retorcido, con una cierta trastienda, podría decirse que en cierto modo la está utilizando.
         - Teniendo en cuenta que quien escribe es una mujer, y una mujer resentida, es natural que ponga mayor empeño en que los personajes femeninos resulten más simpáticos. La Lucía real no era tan ingenua, sabía muy bien lo que quería y los medios que tenía que emplear para conseguirlo. Había llegado a la ciudad dispuesta a triunfar en el teatro y yo me crucé en su camino, debió de pensar que mi amistad le abriría algunas puertas, como de hecho sucedió, y… Tampoco pretendo expresar que sólo estuviera conmigo guiada por un interés, nos enamoramos mutuamente y aunque comenzáramos nuestra relación como un simple escarceo erótico llegamos a compenetrarnos muy bien pero era evidente que lo nuestro no podía durar, éramos demasiado inmaduros, no había ninguna base sólida que sustentase lo nuestro y al primer encontronazo con la recia realidad el edificio de nuestro amor se desmoronó. La Lucía que fue mi novia acabó por casarse con un director de escena -remachó.