domingo, 24 de marzo de 2013

Entrevista Segunda - Capítulo 8



CAPÍTULO 8

         A las cuatro de la madrugada todas las luces permanecen encendidas pero las amplias salas están desiertas. Tal vez cualquiera de ellas se llene minutos después con los mil y un colores y acentos de los viajeros que acaban de llegar, y que aguarden allí su conexión con el vuelo que les llevará hasta el destino deseado. Los techos elevados y las grandes vidrieras que ocupan todo un paramento dan a los salones el aspecto de peceras. Los aviones son grandes escualos paralizados, no dormidos, pues son los únicos vertebrados que jamás duermen, y unas manos invisibles remueven las “Barajas” del destino sin cesar.


         - Lo que resulta más extraño es que fuera precisamente entonces, después de haber descansado una buena temporada y disfrutando de un clima tan apacible en compañía de tus amigos, que te sobreviniera la crisis -saqué a la palestra el tema de la manera más prudente que supe.
         - También a mí me sorprendió, pensaba que ya había superado todas las lacras del accidente, pero el último coletazo tuvo una fuerza brutal.
         - Tal vez prefieras que no hablemos de ello.
         - No, ¿por qué?, todo ya se ha pasado y de una forma definitiva. Lo cierto es que el clima espiritual no era tan benigno como pudiera pensarse, en algunos momentos la tensión entre Nando y yo era muy fuerte, ya te acabo de decir que se encontraba insoportable, parecía que tenía envidia de las buenas relaciones que existían entre Thérèse y yo, siempre que podía hablaba despectivamente de los amoríos entre Fonso y ella, de los novios que tendría en las diferentes ciudades en donde hacía escala… Por otra parte la inactividad tampoco es buena, se tiene demasiado tiempo para pensar y para añorar, y la energía se va acumulando en el cerebro. La discusión con ella fue el catalizador de algo que tenía en mi cabeza a punto de explotar. Podría haber ocurrido en cualquier momento, durante alguna controversia con Nando o con cualquier otra persona. La actitud que debería haber adoptado al sentirme mal era haber regresado y ponerme de nuevo en tratamiento médico, pero tenía que suceder aquello, y sucedió.
         - Por lo tanto todo el capítulo que trata sobre aquella... situación es verídico.
         - Está muy bien novelado, pero los hechos no sucedieron tal y como están relatados. La realidad fue muy diferente, una discusión trivial que subió de tono sin motivo aparente, a no ser por causa del descontrol que me producía la enfermedad. Por otra parte Thérèse tampoco supo estar a la altura de las circunstancias…
         Ernesto continuaba hablando. Los siquiatras habían llevado a cabo una buena labor. No bastaba con lavar el cerebro, Había que sustituir la laguna causada durante la crisis por una historia alternativa bien construida, tener razones con que darle otro color a la sinrazón.
       - Luego un largo periodo de reposo -aproveché un pequeño silencio de mi interlocutor para dar un salto en el relato.
         - Que me fue muy beneficioso. Me fui reconstruyendo por dentro poco a poco. Tuve la suerte de topar con un siquiatra que aparte de ser un médico formidable es una magnífica persona. Dibujé mucho durante aquella época, y también modelaba el barro, y me decidí  a terminar la carrera…
         - ¿No te visitaban tus amigos?
       - Ni ellos ni yo sentíamos el menor deseo de volver a aproximarnos, y era mucho mejor para mi salud mental permanecer al margen de sus actividades y problemas. El comportamiento de Nando en Paris dejó bastante de desear. Luego me enteré que convivía con Fonso. Las vueltas y revueltas que da la vida. Un día me encontré con éste por casualidad y el músico le había contado perrerías sobre mí. Su versión era que había estado haciendo teatro para llamar la atención, y que como no lo había conseguido decidí marcharme enfadado con todos ellos. Sin ninguna referencia a que me habían dejado solo en un tren en medio de lo más profundo de mi enfermedad para deshacerse de mí como si fuera un apestado. Fonso no debió de creerle todo su cuento porque me trato de una manera muy afable, dijo que era una estupidez que nuestra bella amistad quedara cortada por una futilidad, y se le notaba que era sincero y que intentaba animarme. Pero durante una buena temporada continuamos todavía muy alejados porque él estaba por entonces muy metido en cuestiones sindicales y yo no entendía nada de los profundos cambios políticos que se iban sucediendo día a día. Continuaba estático en aquellas soluciones globales individualistas. ¿Te has sentido alguna vez incapaz de poder pensar?
         Me encogí de hombros.
        - No siempre estoy pensando, al menos de un modo consciente, pero en alguna medida siempre está una pensando, dándole vueltas a algo en la cabeza, sea importante o trivial.
         - No me refiero a ese pensamiento automático sino al más profundo, al científico, al filosófico, al que nos permite tener un conocimiento por lo menos aproximado de donde estamos y de que es lo que queremos -se animaba y le brillaba la mirada-. A la relación absoluta entre el medio ambiente y tu propia personalidad. Cuando lo intentaba se me producía un dolor de cabeza extraordinario, y lo mismo me sucedía cuando quería crear, plasmar una idea artística. Sólo podía hacer dibujitos y modelados, sin llegar a nada definitivo y con carácter.
         - Podía ser efecto de la medicación.
     - Es probable, tanta pastilla y tanta inyección. Había semanas enteras que me encontraba flotando sin ningún punto de referencia en el que anclar mi pensamiento.
         Hubo una pausa.
        - En ese estado no es nada extraño que hicieras un retrato tan horrible a aquel barón de los centristas.
         - Aquella obra la llevé a cabo bastante después, había pasado todo el invierno, la primavera y el verano. La familia me llevó durante los meses estivales a la playa, y los baños de sol y el agua salada me sentaron formidables, el ejercicio y el contacto con la naturaleza me hicieron mejor que todos los medicamentos que me había dado, de hecho cuando regresé me suprimieron la medicación casi por completo. El encargo de la escultura me lo proporcionó mi siquiatra, antes le había hecho a él un busto magnífico que todavía conserva en su casa en un lugar destacado, y el otro no fue tampoco ningún desastre. Retraté al personaje tal y como era: una cabeza hueca. Si el hombre no tenía ninguna sustancia, ¿qué pretendía, que le hubiera puesto la expresión del Pensador de Rodin? No, con aquel trabajo me dí cuenta de mi completo restablecimiento, y si la obra salió, como tú la has calificado, horrible es porque ya volvía a tener capacidad para dominar la materia y modelarla según mis deseos.
         - Desde luego tiene algún parecido con el retratado, pero es lógico que a él no le complaciera en absoluto.
         - Sí, desde un punto de vista económico tengo que reconocer que me pegué el gran resbalón, porque gracias a aquel encargo me podían haber salido muchos otros y la gente se retrajo de hacérmelos, la mayoría prefiere que el artista adule su vanidad sin tener para nada en cuenta el valor creativo de la obra. Pero hace tiempo que dejaron de preocuparme esas cuestiones y me siento muy orgulloso de aquella escultura, aunque me podía haber salido todavía mejor, más “horrible”, por seguir empleando la misma expresión, si hubiera puesto en ella más interés. Pero me encontraba muy absorbido por las clases en Bellas Artes, tenía auténticas ansias de aprender. Habíamos comenzado por el final, me explicaré, todo aquello de la revista y la exposición fue muy prematuro, antes debíamos haber trabajado con ahincó hasta haber alcanzado una auténtica madurez, las cosas hubieran sido mucho más fáciles y menos traumáticas.
         - Tal vez fueron deseos de libertad mal dirigidos.
       - Sí, también hubo algo de eso. Dar golpes de ciego en la noche oscura, tratar de orientarse entre las tinieblas de la tempestad. Con calma y sistematización se podía haber llegado a algún puerto seguro. Había que haber buscado alguna antorcha que iluminara el duro camino que nos disponíamos a emprender. Andar sobre seguro…
         -Hubiera sido menos apasionante para vosotros.
         - Cierto -y se quedó un momento rememorando con la mirada clavada en el espejo.

jueves, 21 de marzo de 2013

Entrevista Segunda - Capítulo 7



CAPÍTULO 7

         Dentro de la pileta hay un caldo pegajoso y caliente que huele a legía y es áspero al tacto. Son miles y miles de mujeres, niños y varones los que se rebozan en este antihigiénico y asqueroso elemento, para freírse después sobre unas losas de cemento caldeados por el tórrido sol de la canícula. El régimen le ha llamado pomposamente “Parque Sindical” y “Charca del Obrero” lo han encuadrado en sus justos términos la sabiduría popular. Allí ha entablado contacto con la naturaleza toda una generación de madrileños, hijos de trabajadores, una sana juventud de cultos deportistas.

         - Sean cuales fueran sus motivos deja el camino expedito para que Thérese y tú lleguéis a intimar.
         - También hubiéramos llegado a intimar estando él con nosotros. Pero la verdad es que no lo echamos de menos ni ella ni yo. Nos veíamos muy a menudo y éramos felices paseando, conversando y haciendo proyectos para el futuro.


          “Paseábamos por las orillas del Sena en interminables caminatas. El otoño dotaba a la ciudad de un aura de melancolía que invitaba a dejar volar la imaginación y a compartir los más íntimos pensamientos con tu interlocutor.

         - Estoy harta de mi trabajo. Tanto vuelo llega a ser un aburrimiento, un día en una ciudad y al siguiente en otra, no puedes tener una vida propia. Llevas tu existencia a merced de la compañía.

         - Pues a mí me parece un trabajo agradable, te posibilita viajar, visitar nuevos sitios, conocer a gente variada con sus diferentes culturas, sus distintos modos de ser y de comportarse. Todo eso enriquece a la persona, la hace madurar -opinaba Ernesto.

         - Reconozco que está muy bien cuando lo haces por placer, pero tenerlo que hacer por obligación es muy pesado. La mayoría de las veces llegas tan agotada que permaneces todo el tiempo en el hotel sin querer hacer nada ni hablar con nadie. Además las relaciones que se hacen son muy circunstanciales, no tienes ni tiempo ni deseos de llegar acomprender a nadie, y tampoco los otros hacen gran cosa por entender tu personalidad. Me gustaría tener mucho tiempo libre para escribir, inventar historias agradables y hacerme protagonista de ellas, es una forma de viajar con la imaginación y mucho más descansada que la otra.

         Thérèse se agachó a recoger una hoja de arce tirada por el viento en la vereda junto a muchas otras.

         - Ves esta hoja, parece igual a las demás, pero es diferente por completo, no hay dos hojas idénticas como tampoco dos personas iguales. Ella ha tenido su propia vida cuando ha estado prendida de la rama del árbol y ahora, a pesar de estar muerta, continúa teniendo una historia diferenciada, la he elegido de un montón en donde había otros cientos de compañeras y es la única que te voy a regalar -y se la entregó a su amigo.

         - Bonito regalo -agradeció él observando con detenimiento la marchita hoja por el haz y el envés-, la conservaré siempre como recuerdo de esta agradable tarde -y la metió entre las páginas de un libro que llevaba en la mano.

         - ¿Qué estás leyendo? -preguntó Thérèse.

         - “La Educación Sentimental”, y me está gustando mucho.

      - Lo leí hace mucho tiempo, cuando todavía estudiaba en el Liceo, creo que es de Flaubert, uno del diecinueve. ¡Qué tontería!, que dichosa manía de querer numerarlo todo, ponerse a contar las arenas de la playa, a clasificar las estrellas del firmamento…

         - O los adoquines de la calzada.

       - Sí, algo estúpido. Sólo existe el uno, la individualidad, todo lo demás es vana ciencia.

       - A veces resulta útil, la cuantificación es la base de la ciencia, y con ella del progreso -apuntó Ernesto.

       - Esa cuestión del progreso es muy graciosa, en teoría se pretende extender la felicidad a todas las personas y cada vez somos más infelices, se le da el carácter de un medio de liberación y cada vez somos más esclavos de él. En fin, siempre llegamos a las mismas conclusiones y siempre tenemos el mismo sentimiento de impotencia de ser incapaces de variar nada. ¡Qué bien me vendría una larga temporada de descanso!

         - Desde luego que el reposo es apetecible. Ahora lo estoy comprobando, allá no me surgía ni una sola idea con la que me sintiera satisfecho y ahora ya tengo pergeñado el diseño de varias esculturas. Pero ahora tendré que esperar para poder llevarlas a la práctica.

         - No has pensado en montar tu estudio aquí, tal vez sea el ambiente parisino lo que te inspira.

         - Desde luego que me gustaría, y he estado dándole vueltas al tema, pero no acabo de decidirme. Lo cierto es que aquí hay más posibilidades de poder conseguir algo, ya ves lo bien que le ha ido a Julián, y es seguro que él me ayudaría. Luego estáis tú y Nando. Sería muy hermoso que nos buscáramos un amplio apartamento y viviéramos todos juntos dedicados plenamente a la realización de nuestras respectivas artes: Tú escribirías bellas historias, él compondría una música maravillosa y los dos posaríais como tema para mis esculturas: Sería una perfecta comunidad de artistas.

         - No sueñes, Ernesto, no sueñes. Todas esas cosas están muy bien en teoría, pero a la hora de llevarlas a la práctica la entelequia se desvanece y la frustración produce sufrimientos.

     - Es precioso soñar, la vida común es tan mezquina que sin sueños resultaría insoportable. Estoy seguro de que en un día no muy lejano mis obras estarán expuestas en los mejores museos del mundo y que también…

         - No lo dudo, tú vales mucho y un día lograrás que se reconozcan tus méritos y tus esfuerzos, pero a mí me resulta casi imposible prescindir de mi actual trabajo y dedicarme a escribir. Ya he realizado algunos ensayos y se los comuniqué a Fonso. Hacíamos prácticas por carta para coger soltura.

         - ¿Cómo es eso?

         - Había que buscar un pie para redactar sobre él: un día, un lugar, una situación… Uno ponía esos datos y el otro debía construir con ellos un ambiente. Era muy entretenido y permitía que se soltasen la pluma y la imaginación. Pero como se ha ido espaciando nuestra correspondencia ya ha pasado a la historia aquella actividad también.

         - Formabais una buena pareja, creo que podríais haber llegado a ser felices juntos -dijo Ernesto por indagar como se encontraba en la actualidad la relación entre sus amigos.

         - Cuando se cultiva una buena amistad siempre se es feliz, pero es una pena que eso no nos baste a nadie. Siempre pretendemos llegar a la ósmosis perfecta y eso es imposible de alcanzar, cada persona tiene su propio cosmos aislado en el que ninguna otra puede penetrar del todo, tan sólo asomarse, en algunas ocasiones rendir una visita de cortesía, pero nada más. ¡Somos todos tan complejos!

         - Está el amor…

        - Es una bonita palabra, pero tiene tantos significados como se la quiera dar, por eso me encantaría disponer de una larga temporada para pensar y escribir sobre estas cuestiones, es posible que así llegara a verlo todo más claro.

         - Tu familia tiene dinero de sobra, podría subvencionarte hasta que publicaras tu primera obra, que sin duda llegará a ser un rotundo éxito.

         - ¡Ah, la familia!, menuda mierda.

         - Tu madre es una persona muy agradable.

       - Sí, lo dices por el almuerzo que nos ofreció el otro día. De visita se puede soportar bastante bien, pero en un poco más de tiempo llega a ser absolutamente cargante: está histérica. Es probable que sean cuestiones de la edad, la menopausia y todo eso. Si aún viviera mi padre sería muy distinto. El sí que era una persona excepcional, tenías que haberlo conocido. Y escribía que era un sueño.

         - ¿Te viene de ahí la vocación?

       - Cuando era pequeña me dejaba pasar en algunas ocasiones a su despacho, me sentaba sobre la gruesa alfombra y me dejaba un libro de estampas para que me entretuviese. Yo fingía interesarme por el libro, mas en realidad lo que hacía era contemplar embobada como trabajaba, observarle durante horas enteras. El estaba sentado frente a su escritorio ausente a todo cuanto pudiera perturbarlo, dejando volar su imaginación y cristalizando sobre el papel los mundos maravillosos que forjaba su pensamiento. Fue una lástima para las letras francesas y la literatura universal su muerte prematura, si hubiera vivido algunos años más hubiera llegado a lo más alto.

         - Su pérdida sería un gran trauma para ti.

      - No te lo puedes ni imaginar. Me tiré una larga temporada sin querer hablar con nadie, ni siquiera con mis hermanos. Lo odiaba todo y a todos.”

         - Y mientras la escritora y tú os dabais aquellos paseos tan cargados de referencias culturales: ¿qué hacía Nando?
       - Vivía su propia vida, hacía ejercicios musicales en el piano de la casa donde nos alojábamos, asistía a muchos conciertos, a los que a veces le acompañaba yo, pateaba los museos más insólitos. Un poco de todo… En el fondeo debía de sentirse muy solo, sobre todo cuando Thérèse estaba en la ciudad, porque ambos continuaban siendo incompatibles en aquellas fechas y yo, claro, prefería disfrutar de los paseos con ella a aguantar como él hacía durante horas cambios de escalas. Estaba muy raro, se comportaba como si todo el mundo fuera su enemigo, no era capaz de tener una palabra amable para nadie. Luego, cuando regresaron Julián y su esposa ya era diferente, Julián lo entendía muy bien y le obligaba a mostrarse sociable. Entonces ya podíamos estar todos juntos.

jueves, 14 de marzo de 2013

Entrevista Segunda - Capítulo 6



CAPÍTULO 6

         Mediodía de un sábado otoñal. Del edificio en construcción salen los obreros aseados y felices. ¡Hasta el lunes no habrá que volver al curro! Algunos conservan puestos los monos de faena y sólo se han sacudido un poco el polvo del yeso y el cemento. Durante toda la tarde y el siguiente día ayudarán a un compañero a construir su chabola. Él y sus familiares han ido acopiando los materiales necesarios durante el transcurso de las últimas semanas. Se trabaja duramente y los muros y paredes van surgiendo de casi una cimentación de nada, pero toman forma. La Meseta de Orcasitas se va poblando poco a poco con las viviendas de los emigrantes. Todavía no ha llegado hasta allí la energía eléctrica y los caminos de acceso son barrizales sórdidos…

         Me quedé silenciosa. Parecía que hubiese sonado un gong para señalar el final de un asalto de boxeo, y los dos contendientes se hubiesen retirado a sus respectivos rincones. Aprovechábamos el alto para reponer fuerzas, y el camarero nos trajo un par de cubalibres, el tónico del café ya no resultaba suficiente para proseguir la lid. El ambiente también exigía una bebida más fuerte, pues el establecimiento se había ido colmando progresivamente y el humo de los cigarrillos, y de algún que otro cigarro puro, junto al murmullo cada vez más elevado del tono de las conversaciones producían una compacidad al medio ambiente que resultaba difícil de cortar con las palabras.
         Tras de tomar un sorbo de mi pócima entré en materia.
         - ¿Duró mucho tu convalecencia? -pregunté, enfatizando el posesivo coloquial para dar ánimos a mi contrincante.
         - Sólo algunos meses, pero creo que me dieron el alta prematuramente. Los golpes en la cabeza tienen esas consecuencias, como no hay una herida que se pueda ver uno piensa que se encuentra curado y es mucho después cuando aparecen las lacras. Durante aquel curso ya trabajaba con normalidad, y cuando asistí a la boda de Julián pensaba que estaba restablecido por completo, pero cuánto mejor hubiera hecho quedándome en casa.
         - No obstante lo pasasteis muy bien todos los amigos reunidos.
         - Lo pasamos bien, pero Miriam y Fonso sólo estuvieron con nosotros el día de la boda. No, ahora que lo recuerdo, Miriam también estuvo con nosotros al día siguiente.



         “Aprovechando la hospitalidad de la madre de Thérèse tuvo continuidad el ágape de la tarde anterior en un almuerzo soberbio. La presencia de la señora de la casa los retraía de hablar con entera libertad y se recurría a los socorridos temas generales: el estado del tiempo, las diversas anécdotas sobre la ceremonia y toda su parafernalia… Hubo una tangible sensación de alivio cuando tras los postres la anfitriona se retiró protestando una importante ocupación.
         - Es una pena que no haya podido venir Fonso -se lamentaba Thérèse.
         - Se debió de mosquear anoche cuando te fuiste con Ernesto -dijo Nando empleando su habitual tono sarcástico.
         - Él también se hubiera podido venir, ofrecí mi apartamento a todos -replicó ella.
         - No le gustará compartir sus novias con nadie -siguió manteniendo el mismo tono Nando con ánimo de buscar polémica.
         - Siempre has de ser igual, sabes muy bien que nosotros nunca hemos sido novios, pero sí que somos muy buenos amigos, y por eso me molesta que ni ayer aceptara mi invitación ni haya venido hoy, como también me hubiera desagradado que no lo hubiera hecho cualquiera de vosotros.
         - Le preocupa más la política que la amistad -comentó Ernesto-. No lo notaste ayer muy nervioso después de la cena cuando leyó en los periódicos que seguramente fusilarían hoy a esos muchachos. ¿Por qué estamos a 27 de septiembre, no?
         - Claro, ayer fue la boda de mi hermano y era veintiséis, como voy a olvidarlo.
         - Lo mejor es que dejemos de hablar de esos temas enojosos que nos podría sentar mal el almuerzo -propuso Thérèse.
         - Ha sido muy amable tu madre invitándonos a todos, y la comida estaba deliciosa -agradeció Ernesto.
         - Era natural que lo hiciese, la había hablado mucho de vosotros y tenía muchas ganas de conoceros. ¿Os vais a quedar más días?
         - Yo no, tengo que acompañar a mis padres, que se ponen en marcha esta noche -negó Miriam.
         - Nosotros pensamos detenernos algún tiempo. He encontrado alojamiento para Ernesto y para mí en casa de unos amigos de mi padre, tienen un formidable piano de cola y con un poco de suerte podré convencerlos de que se dejen retratar por Ernesto y sacar alguna ganancia para mantenernos -explicó Nando.
         - Ya sabéis que en mi apartamento hay sitio para ambos, aunque es reducido de tamaño por unos días nos podríamos apañar con un poco de buena voluntad -dijo Thérèse.
         - Lo hemos discutido esta mañana Nando y yo y hemos decidido que es mejor la otra solución, tú siempre andas viajando y además está el aliciente del piano.
         - Cómo vosotros queráis… si vais a estar mejor acomodados; de todas formas espero que nos sigamos viendo con frecuencia.
         - Por supuesto -se apresuró a aceptar Ernesto.
         - ¿Regresarás en avión? -preguntó Thérèse a su amiga.
         La cocinera entró trayendo una bandeja de humeantes cafés mientras Miriam explicaba:
         - No, a mi padre le da mucho miedo volar. Ha reservado literas en el tren, se acuesta uno en Austerlitz y se despierta en Chamartín.
         - Es mucho más cómodo y rápido el avión, y no estoy tratando de hacer propaganda comercial -bromeó la azafata.
         Nando se aburría con aquella conversación tan trivial y decidió meter cizaña de nuevo.
         - Se hace notar su falta, a Fonso me refiero, ahora podría amenizarnos la sobremesa recitando algún poema, bien suyo o bien del amplio repertorio que se tiene memorizado. Es una pena que por culpa de la asquerosa política se pierda un buen poeta.
         - Un magnífico poeta -valoró Miriam.
         - ¿Está tan enganchado con la política? -preguntó Thérèse.
         - Eso es bastante difícil de calibrar porque apenas si nos hemos visto en los últimos meses y es una materia muy confidencial allá en España. La oposición al régimen está muy castigada como habrás podido comprobar por el hecho de cómo han condenado al paredón a esos jóvenes -respondió Nando.
         - ¿Vas a sacar de nuevo el tema? -le reprochó Miriam.
         - Es que se trata del tema del día -salió en su defensa Ernesto-, he leído en la prensa que de producirse los fusilamientos el mismísimo Jean Paul Sartre se desplazaría a los Pirineos con muchos otros intelectuales para prender, en señal de protesta, grandes hogueras que se puedan ver desde el otro lado de la frontera.
         - Es un poco fantoche ese Sartre - señaló Miriam.
         - Es un premio nobel -la rebatió Thérese, orgullosa del galardón que ostentaba su compatriota.
         - Se puede ser ambas cosas a la vez -calibró Nando.
         - Además tengo entendido que lo rechazó, no sé muy bien si por llamar la atención sobre el problema de Argelia o sobre alguna otra guerra -aventuró Ernesto.
         - Lo rechazase o no, lo cierto y lo importante es que la Academia Sueca le otorgó el Premio -sacó a relucir su chauvinismo Thérèse.
         - Los artistas debemos estar por encima de la mezquindad de la política, el Arte es universal y no conoce fronteras ni banderas -afirmó Nando-. Nuestro buen amigo Fonso está malogrando su talento y perdiendo el tiempo en cuestiones que ni le vienen ni le van. Llega hasta a rechazar la compañía de sus amigos para asistir a plúmbeas reuniones de esas en las que sólo se habla y habla y no se llega jamás a conclusión alguna, porque ese es el funcionamiento típico de los políticos, charlotear y charlotear y dejarte la cabeza caliente y los pies fríos.
         - No estoy en absoluto de acuerdo en eso de que deja de lado a sus amigos, sigue siento tan buen camarada como siempre, sino no hubiera hecho tan largo viaje sólo para acudir a la boda de mi hermano.
         - Buen compañero y tan atento con los demás como siempre, eso no es discutible -dijo Thérèse-. Por otra parte el verdadero artista tiene un compromiso con los problemas de su tiempo y de su entorno que no puede obviar.
         - Ya salió el célebre “compromiso” -dijo Nando con un gesto de asco-. El artista ya tiene preocupaciones de sobra con estar comprometido con su propio trabajo. La obra que resulte puede ser buena o mala según que tenga talento o que carezca de él, y eso es todo, lo demás no dejan de ser paparruchas para justificar mediocridades y carencias de genialidad.
         - Pero todo artista tiene que vivir en un tiempo físico y en el signo de nuestra época hay una fuerte componente de la lucha de clases que no se puede dejar de lado -afirmó Ernesto.
         - Eso es marxismo -dijo Nando despectivamente-. Tal vez sea una buena doctrina económica, nunca me he parado a analizarlo en profundidad, pero un solo movimiento de las sonatas de Mozart tiene para mí mucho mayor poder revulsivo que todos los tratados del barbudo alemán y de sus congéneres. De lo que se trata es de cambiar profundamente la sociedad, de lograr que en cada una de las personas algo haga ¡clic! aquí -y se señaló la cabeza-, y que a partir de ese momento comience a ver el mundo de una forma diferente y a vivir con plenitud, y eso no se puede lograr con huelgas y algaradas, sino que por el contrario lo que producen a la larga es un mayor aborregamiento de las personas, que siempre acaban balando detrás del líder de turno.
         - Confieso que no entiendo una palabra de política -afirmó Ernesto-, pero en lo referente a Fonso tendrás que reconocer que está dispuesto a hacer un favor a un amigo en cuanto se presenta la ocasión. Aparte de eso me importa un pito si le gusta o le deja de gustar el participar en algaradas.
         - Bueno, no vamos a perder toda la tarde dando vueltas alrededor de lo mismo, mejor sería que fuéramos pensando en que vamos a emplear todo lo que queda de ella -propuso Thérèse con la intención de acabar con aquella conversación.
         - Podríamos ir al cine, hay en cartel un montón de películas que no tenemos la posibilidad de ver en Madrid -se adelantó en dar su opinión Ernesto.
         - No es mala idea, hace tiempo que no voy al cinema -se adhirió enseguida Thérèse.
         - Por mi parte podéis hacer lo que os plazca porque ahora mismo tengo que ir al hotel a preparar las maletas -explicó Miriam-, ya sabéis que el tren parte esta noche…
         Pero aquel tren que esperaba tomar Miriam no partió, era imposible que le permitieran pasar la frontera con las grandes pintadas que se habían estampado sobre su locomotora ya vagones aquella tarde. “Franco asesino, Giscard complice” relucían con grandes caracteres por toda la superficie del convoy. La prensa francesa del día siguiente lo denominaría “El Talgo Antifranco”.
         Por la plaza de La Bastilla, con las manos metidas en los bolsillos de su gabán para ocultar las manchas de pintura, caminaba Fonso, orgulloso y pensativo.”
         - Pero nuestro amigo se fue sin despedirse siquiera. No me preguntes las razones de tan precipitada marcha porque nunca volvimos a hablar sobre el tema…
         - Tal vez los celos que apuntaba Nando pudieran ser un buen motivo para que no os quisiera ver en aquellos momentos.
         - No lo creo, no tenía justificación real para ello y ese comportamiento no cabe dentro de su forma de ser habitual.