martes, 23 de abril de 2013

Entrevista Tercera - Capítulo 9



CAPÍTULO 9

         Forman una fila de varios cientos de metros a la sombra de los altos muros de ladrillo. Ha llovido la noche anterior y el camino de tierra es un lodazal. La mayoría son mujeres y llevan capachos bien repletos que cubren con un paño. No hay visita todos los días en la cárcel de Carabanchel y hay que aprovechar estas ocasiones para llevar al pariente o al amigo cuanto se ha podido reunir durante la semana. A través de la tupida rejilla metálica tal vez se podrá pasar un billete de cinco duros bien liado si el funcionario de turno no está muy atento. Hay rejas por todas partes y las galerías del panóptico tienen un peculiar olor a leche agria.

         - El caso es que has combatido bravamente por el cambio social y por ello, en un momento dado, hasta te tuviste que marchar una temporada del país.
         - Sí, me vino de perilla que la boda de Julián se celebrase en Paris, porque ya aproveché el viaje para permanecer una temporada en el extranjero. Había muy malas vibraciones por estos lares en aquellos días.
         - Lo que no queda claro en la novela es si te marchaste hacia Ámsterdam o a Londres.
         - En un principio pensaba ir a Holanda porque los compañeros me habían proporcionado algunos contactos allí, pero durante la pintada de un tren en la tarde del 27 de septiembre trabé amistad con un muchacho vasco que se iba para Londres y que conocía personas que nos proporcionarían trabajo a ambos. Y así fue, estuvimos vendiendo “perritos calientes” y hamburguesas con cebolla por las calles londinenses hasta que “el Viejo” la diñó. Aquella es una ciudad maravillosa y te puedes encontrar con los tipos más raros que te puedas imaginar. Al haber sido durante siglos capital del extenso imperio británico hay personas de múltiples etnias llegadas desde los cuatro puntos cardinales. En el Hyde Park topé con un joven estudiante de raza negra leyendo el Quijote en castellano, aunque él sostenía que estaba escrito en latinoamericano. Y me sorprendió bastante porque nunca he encontrado por aquí a nadie leyendo el Ulysses en un jardín.


         - Una estancia dichosa, pues.
         - Mejor la calificaría de  entretenida y llena de aprendizajes. Dado el trabajo que teníamos la comida no faltaba aunque una dieta de salchichas prolongada puede ser bastante cansina y poco vitaminada, pero también recurríamos a intercambios con otros vendedores ambulantes. Vivíamos en una gran mansión de esas típicas de allí con su patio en semisótano que dirigía un tal Emmanuel, un hindú, y en ella habitaban personas de todas las razas y nacionalidades, una especie de pequeña babel. Fue una experiencia estupenda para ampliar el sentido de la comprensión entre los humanos, lo que siempre es recomendable. Las muchas conversaciones que mantuve con Iñaqui, que tal era el nombre de mi compañero de viaje, me hicieron ver el problema euskaldún desde una perspectiva muy diferente a como se le suele contemplar desde la Meseta. Es una lástima que a ningún gobierno le de por dialogar con un sentido de igualdad con personas como Iñaki, porque sin duda se hubieran dado cuenta hace ya tiempo que enfocaban mal la cuestión.
         - El terrorismo es incalificable e intratable.
         - Pero no surge por generación espontánea, como nada en este mundo, sino que suele ser el resultado de una incomprensión y no un punto de partida. Este muchacho era en su trato corriente la persona más pacífica y alegre que he conocido, y no sé hasta qué punto habría participado o participaría después en la lucha armada porque desde entonces no he vuelto a saber nada de él, pero tenía la convicción de que su patria se encontraba invadida por un ejército extranjero, y para que un chaval como él llegue a formarse una opinión así debe haber seguido un largo proceso de constatación de hechos reales. El problema está en que todos los estados fomentan eso que se llama el orgullo nacional hasta convertirlo en un absurdo culto que en ocasiones se transforma en odio hacia todas las demás naciones. Y del odio al asesinato sólo hay un paso.
         - Que por fortuna no da todo el mundo.
         - Si se pudiera matar con el pensamiento no sé si quedaría alguno para contarlo.
       - Bueno, nos estamos enredando con ese tema -me sentía incómoda hablando sobre aquello y no avanzábamos en la cuestión que me interesaba-. ¿A tú regreso te instalaste en el apartamento de Nando?
         - Sí, casi nada más volver. Tuve problemas con mi familia. Ellos siempre habían sido de izquierdas, pero de una forma muy moderada, en la medida en que se consideraban como tales todos los derrotados en la guerra civil, suponiendo que una pelea de ese tipo pueda haber vencedores y vencidos. Bien, durante mi ausencia había ido la policía a pedir informes a mi domicilio familiar y aunque no llegaron ni a plantear el hacer un registro mis padres se alarmaron. No entendían mis posturas radicales y yo no estaba dispuesto a prescindir de mis actividades sociales en un momento en que se palpaba que todo era muy favorable al cambio político y social, así que opté por lo que consideré mejor para su tranquilidad y para mi libertad de acción. Algunas traducciones me fueron dando para vivir y pude continuar estudiando. El palo fue cuando al curso siguiente me obligaron a ir a la “mili”, aquello no entraba en mis proyectos y estuve tentado en volverme a marchar aunque técnicamente me hubiera convertido en un desertor.
         - Porque cortó una etapa muy feliz para ti disfrutando de la compañía de Miriam y de Nando.
         - Más que feliz fue equilibrada, y de una actividad inusitada y febril. Tenía la sensación de que el tiempo no existía y de que a la vez se dilataba hasta lo ilimitado. Hubo muchas manifestaciones y muchas carreras, y también muchas fiestas. Es muy complicado poderlo explicar en pocas palabras. Casi representa el mismo problema que elaborar una novela basando sus personajes en seres reales, nunca se puede expresar todo cuanto se pretende. Se toma una serie de personas y se les dota del carácter de personajes, pero hay otras muchas personas con quien se relacionan los escogidos  y que también tienen una influencia decisiva en cierto momento de sus vidas. Por ejemplo, a Nando le golpeó mucho la fuerte personalidad de Milán. Era éste un joven sueco, alto, rubio y pecoso, que había venido a Madrid a aprender la guitarra flamenca. Se había enamorado de una bailadora a la que acompañaba con su música en un tablao, pero ella no le hacía el menor caso porque estaba perdidamente prendada de su marido, uno de los palmeros del cuadro folclórico, que era un tipo borracho, mujeriego y pendenciero, mientras que nuestro amigo era un dechado de virtudes. Estas cuestiones impresionan a cualquiera, y mucho más a una persona dotada de una gran sensibilidad, como era el caso de Nando. Thérèse nunca llegó a conocer a nuestro amigo sueco, y es probable que ninguno de nosotros la hablásemos nada referente a su existencia. Es una laguna que considero muy fundamental en la novela, porque este hombre reveló a nuestro compañero unos aspectos de la vida y el arte muy peculiares. Soy testigo directo de que en unos pocos días surgieron en el piano de Nando acordes con un sabor a pena, misterio y sensualidad como jamás se los había escuchado antes. Y no eran una copia de los extraños compases flamencos ni mucho menos, de ellos había extraído el sentimiento y lo había reciclado en una notación muy diferente. Mejor dicho, el sentimiento no lo había bebido de la música que interpretaba Milán sino de la tragedia personal de nuestro amigo… Pocas semanas después Nando hizo un corto viaje a Marruecos.

         - ¿Qué fue del tal guitarrista?
        - Un día desapareció y no volvimos a saber más de él. Tal vez se cansara de cortejar a la ingrata bailaora y se volviera a su tierra, o tal vez… pero es lo mismo, se trataba tan sólo de poner un ejemplo entre otros muchos, la clave de las decisiones que toma una persona en un momento dado siempre estarán ocultas para los demás. ¿Por qué una persona sueña con peces y otra que duerme a su lado y comparte su vida cotidiana con canicas? Después de los trabajos de Freud y de Reich, entre otros, muchos se han interesado por el tema del subconsciente, pero la sicología es todavía una ciencia en mantillas y hasta el momento no pasa de cuantificar y diagnosticar.
          - Se ha dado un gran paso adelante.
       - Sí, pero aún esa buena zancada es insuficiente. Si no puedo mover esta mano y sufro grandes dolores cuando lo intento cualquier especialista en traumatología me examinará con el tacto el antebrazo y me podrá diagnosticar de que problema se trata y cuál es la causa que lo produce. También existe ya una medicina preventiva para las enfermedades del cuerpo que aconseja sobre las dietas que tengo que seguir y los esfuerzos que no debo realizar si deseo no tener jamás el problema en la mano… y todavía no se ha llegado a concebir esa parte de la medicina que prevenga contra las enfermedades del alma.
      - Siempre ha habido remedios seguros para encontrar el equilibrio anímico: la religión, las buenas costumbres…
          - Es muy sencillo cauterizar las zonas del cerebro necesarias para que una persona no sufra, pero inmediatamente deja de ser una persona para convertirse en una planta, suponiendo que los vegetales carezcan de alma, lo que todavía está por demostrar. Aunque tal vez con el tiempo…

       Su alusión al tiempo me hizo reparar en lo avanzado de la hora y me quedé estupefacta. La mañana había pasado volando y había acordado con Marina en recoger yo a los niños del colegio. Se lo expliqué a Pepe.
         - …Y la entrevista aún está a medias, tenía preparadas algunas preguntas más para formularte, tal vez nos podríamos encontrar más tarde.
         - Sea cual sea el tratamiento que en la novela se da a mi trasunto siempre habré de estarle agradecido a Thérèse por darme la oportunidad de volver a encontrarte.
       - Puede que sea su destino, no tener una vida propia sino proporcionársela a los demás. Un destino de escritor, llegar a la luna sin salir de un apartamento pequeño-burgués, como el célebre caso de Julio Verne.
         - Hubiera sido mucho más bonito que nuestro encuentro se hubiera producido de una forma casual, sin que lo hubieran forzado circunstancias externas.
         - Las cosas hermosas no suelen ocurrir en este mundo más que en los sueños, o en ese remedo de los sueños que es el cine. Lo más probable es que si nos hubiéramos cruzado por la calle ni nos hubiéramos reconocido.
      - ¿Quién sabe? Podría haber ocurrido un accidente, un simple tropezón en una baldosa de la acera levantada que nos hubiera dado motivo para hablar y llegar a través de la conversación a reconocernos… Sería muy divertido jugar a algo así. Hacer un paréntesis con cuanto nos sucedió desde anoche, no quedar citados para continuar nuestra charla en un lugar determinado ni a una hora concreta, sino dejar que sea el azar quien realice el trabajo.
       - Veo que sigues amando el juego como en los viejos tiempos en que formasteis el grupo.
        - Me siento como renacido y con muchas ganas de vivir. Sí, tú no tienes que hablarme para nada ni de la novela ni de que te proponía hacerme una entrevista, sólo formularme preguntas referentes a mi pasado, lo que es natural en dos personas que llevan una larga temporada sin tratarse. ¿De acuerdo?
         - De acuerdo con reservas, siempre quiero tener la posibilidad, en caso de que el azar no quiera colaborar con la labor que le vamos a asignar, de telefonearte y concertar una cita en firme para otro día, porque no olvides que este es mi trabajo y que tengo que acabar de escribir el artículo si no quiero perder mi empleo.
        - Supongo que el destino no tendrá ningún inconveniente en que se le haga alguna pequeña trampa en caso de extrema necesidad, pero estoy convencido de que no será preciso, para eso tenemos la comunicación telepática, para que cada cual dirija los pasos del otro hasta coincidir en un punto de reunión.
           - No creo que yo esté dotada de esos poderes extrasensoriales.
        - Según afirman los expertos en mayor o menor grado los poseemos todos, lo que pasa es que son muy pocos los que intentan ponerlos en práctica. ¿A partir de qué hora te quedarás libre?
         - Esta tarde tengo que pasar al papel algunas anotaciones que he ido guardando “in mente”, luego está la cena de los niños, dejar dadas instrucciones a Marina… pongamos que a partir de las ocho y media.
         - Acotaremos un poco el terreno para facilitar el encuentro, entre Colón y Cibeles pasa al cabo del día medio Madrid.
         - Perfecto. Mira por allí viene un taxi. ¡Hasta luego! -y le besé en la mejilla antes de salir corriendo a parar el automóvil. “Si es que es cierto que funciona eso de la telepatía”, pensé para mí.
         - ¿Te podía haber acercado hasta tu casa! -le oí gritar mientras me metía en el taxi.

         Miré hacia atrás cuando el vehículo se puso en marcha. Pepe se iba haciendo pequeño, diminuto, me lo imaginaba con un gorrito blanco de cocinero sobre la cabeza entre rojos autobuses de dos pisos empujando un carrillo humeante por las calles de Londres.

domingo, 21 de abril de 2013

Entrevista Tercera - Capítulo 8



CAPÍTULO 8

         Bastaban un par de cajones de embalar como tarima y cuatro estandartes al viento de la desapacible tarde invernal. El orador no prepara sus discursos porque para soltar diatribas contra cualquier gobierno no es necesario ser un Séneca. Siempre hay algunos curiosos que forman círculo y se aprovecha la ocasión para vender la prensa con la tinta aún fresca. El asesinato de los abogados laboralistas tuvo lugar a pocos pasos de allí. Rompen el sólido aire de la plaza las sirenas policiales y se deshace el tabanque. Tirso de Molina sigue enhiesto en su pétreo pedestal y la gente forma cola ante la parada de los autobuses. Los supuestos sediciosos se reconfortan del frío pasado en “La Madrileña” con un chocolate hirviendo y unos churros recién hechos.


          La frialdad con que me confesaba la lealtad a nuestro amor adolescente me desarmaba y preferí cambiar de tema.
         - Tal vez no lograrais cambiar la sociedad, esa es una cuestión casi imposible, pero desde luego no se os puede reprochar el haberlo intentado, al menos en tu caso, llegaste hasta a participar activamente en la lucha sindical, si es cierto lo relatado por Thérèse respecto a la revista clandestina.

         “Ceremonia reiterativa y casi sagrada era la confección de cada nuevo número de la revista. Se sentían como alquimistas de la Edad Media dentro de aquel sótano húmedo y cerrado con las paredes acolchadas con gruesas láminas de corcho para impedir que el ruido de la máquina impresora saliera al exterior. Allí también se imprimían los panfletos y carteles de la organización sindicalista. Juan, con su larga trayectoria de activista entremezclada con estancias en casi todas las cárceles, presidios y penales del país, era quien llevaba la dirección de las publicaciones. Se releía todos los artículos, corregía las pruebas, estaba atento a todo y a todos. Llevaba, en resumen, una actividad frenética.

      Luego estaba Valentín, el fotógrafo, un simpático vejete que tenía un estudio fotográfico en Vallecas; bodas, comuniones y bautizos eran la fuente principal de ingresos de su negocio, en evidente contradicción con su ateísmo militante. Y el resto de la redacción estaba compuesto por Rosendo, un guitarrista de rock que por aquellas fechas se ganaba la vida en trabajos eventuales de peón en la construcción, y Fonso. Éste era para los otros un intelectual, un joven que tenía acceso a la universidad, a los cerrados claustros de los burgueses.

         La máquina impresora era puesta en funcionamiento por Ángel, un muchachote alto, desgarbado y un poco cargado de espaldas con el que apenas si tenían ellos contacto, porque el ruidoso artefacto sólo podía ponerse en marcha en pleno día, cuando el fragor del tráfico de la populosa calle y el pesado runruneo de las industrias vecinas acallaba cualquier otro sonido.

        - ¡Ya está compuesta la página! -gritó Fonso con entusiasmo aireando en alto el papel.

          Juan se acercó hasta el tablero donde estaba y revisó la página con detenimiento. Valentín se unió a la pareja.

           - ¿Es éste el espacio que dejas para la foto?, parece un poco pequeño.

        - Lo que importa de este artículo es el texto, el cromo será tan sólo un adorno explicó Juan.

         - Buscaré algo apropiado en mi archivo, tengo miles de imágenes de grises pegando a manifestantes -exageró Valentín.

         - Sería más conveniente una en la que se viera aun guardia con la fosca en la mano y a punto de disparar -sugirió Fonso.

         - De esas tengo muy pocas, cuando los veo adoptar esa actitud hago lo posible por esconderme en donde puedo para no servirlos yo de blanco, ya me dispararon bastante durante la guerra. ¡Tres agujeros llevo en el pellejo!

        - Ya se los enseñaste el otro día -le frenó Juan, pues el fotógrafo ya hacía ademanes de quitarse la chaqueta para mostrar una vez más lo que él consideraba sus trofeos de guerra-, estate quieto. Me parece muy buena la idea de Fonso, así se pondrán de manifiesto con mayor viveza los métodos que emplea el régimen en su represión de las reivindicaciones obreras.

         - Está página también está acabada -dijo Rosendo mientras se acercaba al grupo-, y no necesita que se le busque una foto, ya le pondré alguna litografía recogida de mis revistas de rock.

         Juan cogió el papel que le entregaba el muchacho y lo observó con su característica meticulosidad.

     - La página está muy bien compuesta pero sigo teniendo mis dudas sobre la conveniencia de incluir en una revista revolucionaria un artículo sobre música moderna.

          - ¡Creí que ya estaba discutido el tema! -exclamó Rosendo.

          - El rock es la música revolucionaria de nuestros días -aseguró Fonso- y tiene tanta fuerza como en su tiempo la tuvo una sinfonía de Beethoven.

       - No hagáis comparaciones odiosas, por favor -intervino Valentín al tiempo que alzaba su mano derecha para dar mayor énfasis a sus palabras. El que la metralla hubiera convertido su mano en un muñón la conferían un grado de autoridad muy respetable. Pero el fotógrafo había topado con jóvenes tan antiautoritarios como él mismo y no les iba a coartar su libertad de expresión ningún muñón, por muy respetable que fuera.




         - Si Beethoven viviera hoy compondría canciones como el “Píntalo Negro” de los Stones, música que rompe con todo -especuló Rosendo.

         - He de reconocer que si alguna vez he oído esa canción no lo recuerdo, porque todas me parecen iguales -medió Juan en la discusión generacional-, pero también hemos de reconocer, Valentín, que si hay un tipo de música que nuestros compañeros más jóvenes defienden como combativa y revolucionaria nuestra propia ignorancia sobre el tema no puede anatemizarla. Por otra parte también leen la revista muchos jóvenes y les gustará comprobar que nuestra publicación se identifica con sus predilecciones musicales.

        Valentín se encogió de hombros. No estaba de acuerdo pero respetaba hasta lo indecible cualquier opinión de su camarada Juan. Le había visto en el penal escribir panfletos a la débil luz de una vela fabricada con grasa de sebo del rancho, también le había visto encaramado sobre los tejados cuando aquel intento de fuga en el que él no pudo participar a causa de su mutilación. Juan era un hombre de ideas muy claras, por eso lo habían elegido los compañeros como responsable de las publicaciones, y él acataba sus decisiones aunque no las compartiera.

           - Entonces, ¿compongo la siguiente? -preguntó Rosendo.

        - Claro -confirmó Juan-, si la cuestión estaba ya debatida no hay ninguna razón para volvernos ahora atrás. Las indecisiones son casi siempre más nefastas que las meteduras de pata. Una equivocación puede corregirse pero la indecisión sólo sirva para perder el tiempo. Hay que seguir avanzando siempre hacia delante, continuar sin desmayos por la senda trazada hasta llegar a nuestro objetivo.

         - Hablas como un Kropotkin -le palmeó con su izquierda la espalda Valentín-. Me vuelvo a mi trabajo que como sigamos de chachara se nos muere el dictador antes de que tengamos este número en los tajos -y haciendo propaganda por la acción se reintegró a su labor sin más dilación. Rosendo lo imitó y volvió a su banco. Juan también iba a hacer lo propio pero Fonso lo retuvo con una pregunta.

         - ¿Leíste el cuento que te entregué?

         - Sí, y me parece una literatura muy buena -contestó Juan.

         - ¿Sólo te parece “literatura”?

         - Si me permites que me exprese con sinceridad te diré que lo encuentro demasiado retórico. A eso es a lo que llamo literatura.

         - Es lo que trataba de lograr cuando lo escribí, hacer literatura. Pero, un momento, no de cualquier tipo: literatura de clase.

         - Sí, el tema sobre el que versa es social, pero el lenguaje es muy refinado, no es fácil que llegue a entender su sentido un albañil, por ejemplo.

         - No se puede tratar a los compañeros como si fueran bestias ignorantes, hay que darle calidad.

        - No es esa la cuestión, nuestra revista va dirigida a un amplio espectro de personas, pero más en particular a los campesinos y a los obreros de las fábricas y talleres, y la mayoría si ya. Por fortuna, en nuestros días no son analfabetos lo que también es cierto es que no han tenido demasiadas ocasiones de poder familiarizarse con las lecturas cultas.

         - Más a mi favor, nosotros tenemos el deber de facilitarles esa oportunidad que no tuvieron nunca.

         - Sí, pero pasito a pasito, con mucha tranquilidad. Si a una persona que lleva varios días hambriento le haces comer de golpe un grasiento lechón lo más probable es que pille una indigestión de muerte. Estas cuestiones intelectuales hay que tomarlas con mucha calma si queremos que los compañeros se vayan aficionando a leer.

         - En resumen, que el cuento no se publicará.

        - Tú deducción no es del todo exacto. Claro que se publicará, tiene un argumento muy interesante, pero despacio, con mucha tranquilidad, a página por número de la revista.

          - Lo que significa que tardará en estar publicado por completo más de un año.

         - Tampoco hay que ser tan estricto, he dicho una página por dar un número bajo, en algunas ocasiones se podrá disponer de dos páginas y hasta de tres…

         - Lo había dividido en tres partes para que saliera a la luz en el mismo número de entregas. Cuando lleguemos al final nadie se acordará de cómo comenzó el relato.

          - El que se enganche con su trama lo seguirá hasta el final, por eso no te preocupes, pero aquí no estamos ni para hacer lo que nos place ni para estructurar componendas entre nosotros. Reconozco la calidad de tu escrito pero no olvides que estamos al servicio del Pueblo, así que en todo momento debemos hacer lo que resulte más conveniente para estar acordes con nuestros programas.

         - ¿Luego…?

         -Luego en este número la página que tenía decidida como presentación, entre otras razones porque ya lo tenemos cerrado, y en el próximo número haremos lo posible por encontrar el espacio necesario para que se incluya el resto de la primera parte.

         Ante esa promesa el ceño del escritor se distendió.

         - Está bien, seré realista y esoy seguro de que harás lo imposible porque sea así.”

        - Otros lucharon más que yo -explicó Pepe-, algunos hasta sufrieron encarcelamientos y otros se dejaron el pellejo en el camino. No es que pretenda que se les rinda culto a los mártires, ni siquiera que haya que considerar como tales a los que perdieron la vida o la libertad en la lucha, pero un poco más de reconocimiento hacia su entrega por parte de la ciudadanía tampoco estaría de más. En todo hay que tener suerte en este perro mundo, unos caen y otros siguen adelante, y los más nos cansamos y abandonamos la labor al comprobar cómo los esfuerzos realizados no sirven para gran cosa.
         - Ya tenemos la ansiada democracia y hasta un gobierno socialdemócrata.
         - En tu caso te debes de sentir muy a gusto con la situación política actual.
     - Nunca he tenido grandes motivaciones políticas, lo confieso, pero tampoco he recibido una educación que me haya favorecido el tenerlas, en el instituto, como ya sabes, no se hablaba de los temas sociales para nada, y no lo digo a modo de disculpa sino como constatación de una realidad.
         - El curso en que nos conocimos desde luego que no, pero al año siguiente fue todo muy distinto, nos llegó la resaca del Mayo Francés y hubo buenos líos hasta en nuestro mismo instituto. Invitamos a un profesor de la universidad para que diera en el salón de actos una charla sobre un tal Mao Zedong, y no sólo la prohibieron sino que la pasma intentó detener a los delegados de curso. Algunos, como era mi caso, sólo sabíamos del tal personaje que era el dirigente de un lejano país y que escribía versos. A partir del revuelo que se armó algunos comenzamos a interesarnos por su figura, y de él saltamos a otros pensadores políticos, y según íbamos conociendo más a fondo la cuestión en mayor grado nos íbamos preocupando por los problemas sociales. Una vez más se cumplió la gran contradicción que tienen las represiones que acaban por fomentar aquello que pretenden erradicar.
        

viernes, 19 de abril de 2013

Entrevista Tercera - Capítulo 7



CAPÍTULO 7

         En verano el calor es insoportable. No sopla ni una chispa de viento. La esperanza de que la noche trajera alguna brisa que aliviara el rigor de la canícula ha sido vana. Toda la gente está en los balcones y galerías, con el abanico en la mano y el botijo próximo. Sobra toda la ropa que el calor pega al cuerpo, ellas están en enaguas y los varones, con sólo el pantalón del pijama, muestran sus velludos pechos. Los niños juegan en la calle a las cuatro esquinitas, y algunos vecinos han bajado sillas de esparto formando una tertulia en la puerta de la tasca. En las Vistillas se bailan schotises sobre una losa de cemento con la música que brota de un rancio organillo, y el Palacio Real es un museo. El tabernero saca una frasca de sangría muy aguada para invitar a los clientes y pasa a formar parte del corrillo.

         Ya nos había servido un amable camarero un par de botellines de cerveza y una ración de patatas fritas con salsa brava para acompañarlos. Se respiraba la tranquilidad del mediodía  y la lámina inmóvil del estanque invitaba al reposo.
         - Es verídica en su mayor parte, al menos en lo referente a las situaciones por las que atraviesa el personaje llamado Fonso si las relacionas con el discurrir de mi propia vida por aquellos años. Por una parte durante un largo periodo de tiempo Thérèse siguió viniendo a Madrid con toda la frecuencia que le permitía su cambiante trabajo, le gustaba el ambiente de la ciudad, su inexplicable alegría y despreocupación en una época que fue muy dura para todos, y le encantaban las locuras del grupo; y por otra, manteníamos una extensa correspondencia de continuo. De alguna manera me considero un poco coautor de su obra, ella tenía una fuerte vocación de escritora, heredada de su padre, según me contó, y a veces nuestras cartas adoptaban la forma de cuentos en los que incluíamos las situaciones que habíamos vivido con nuestros amigos o las sensaciones que nos había causado algún lugar que habíamos visitado bien juntos o bien cada uno por nuestro lado. Conozco muchos rincones de París y sus aledaños con tal precisión que si me pusiera a relatarte objetos y situaciones parecería que he vivido allí durante años. Era un modo agradable de hacer prácticas de literatura al mismo tiempo que de comunicarnos de una forma indirecta nuestras intimidades. Hasta en alguna ocasión llegamos a plantearnos la posibilidad de escribir una novela entre los dos, al alimón, que se dice en términos taurinos, pero como en tantas y tan cuestiones no pasó de ser un proyecto.
         - Tú amigo Julián sostiene que todo es una patraña y una invención desde la primera a la última línea, y Ernesto tampoco da credibilidad a muchos de sus pasajes.
         - Sin duda tienen sus razones para expresarse así. Julián es hoy una figura política y Thérèse puede que haya sido demasiado sincera en algunas ocasiones y, si recuerdas la anécdota de Velázquez y el Papa Sixto, es algo que en arte no se suele alabar. Tal vez sea preciso para que la gente se identifique con el propio retrato que se le trate con una cierta benevolencia. Todos sabemos que tenemos muchos defectos y apenas unas pocas virtudes, y a cualquiera le agrada más que se le destaquen éstas y se le difuminen aquellos, y no es que se pretenda engañar a los demás porque cualquiera sabe que resalta mucho más la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio, pero…
         - Benévola no ha sido con ninguno de vosotros tres, y menos lo ha sido con Nando.
         - No la culpo por ello, esa reacción es muy lógica y producto del desencanto que la produjimos. Cuando la conocimos se quedó deslumbrado por nuestros proyectos, pensó que se encontraba ante unos artistas de la Edad de Oro, y luego los hechos la fueron descubriendo que éramos de plástico, de un plástico endeble y maleable. Ni uno solo de nosotros consiguió triunfar en nada de lo que nos propusimos, y mucho menos en lograr el cambio social que teníamos como objetivo final de nuestros planes. Nos faltaba constancia en todo, hasta en mantener la pasión que en un momento dado tuvimos cada uno hacia su persona.. No me extraña que se sienta tan dolida, sólo fue íntegro con sus pretensiones, trágicamente íntegro hasta el final, Nando, que fue el único que nunca se sintió apasionado por ella.
         - Luego reconoces que estuviste enamorado de ella.
         - Estuve apasionado en un cierto momento, que no es exactamente lo mismo.


         “Paseaban por la Plaza Mayor pero la belleza del enclave no era capaz de romper con el pertinaz e incómodo silencio que había surgido entre la pareja. Cada cual caminaba abstraído en sus propios pensamientos sin encontrar las palabras precisas para comenzar una conversación que fuera capaz de aclarar la relación que mantenían.

         - Me gustaría alquilar una de esas buhardillas que dan a la plaza -expresó, al fin, ella.

         - Eso es casi imposible, están muy cotizadas y casi nunca se queda alguna libre -dijo Fonso sin mirarla y empleando un tono de voz muy grave, como si estuviera hablando de una cuestión trascendental.

         Fonso deseaba acabar de una vez por todas con aquella ambigua situación. Quería a Thérèse. La muchacha constituía algo muy íntimo para él, una prolongación de sí mismo, un brazo separado de su hombro, una pierna situada a pocos pasos de su cadera. Las formas sociales: familiares, conocidos, amigos amantes, esposos… No había lugar para las situaciones intermedias. O eras familiar o pertenecías a otra familia. Conocido o gente indistinta. Los amigos a tu lado y los enemigos enfrente, los amantes encamados y los esposos con papeles.

         - Sería preferible que no continuáramos viéndonos con tanta frecuencia, Thérèse, nuestra relación, según la estamos llevando, sólo puede causarnos daño a la larga. Es evidente que somos muy distintos desde cualquier punto de vista que consideremos: diferente nacionalidad, extracción social, dos formas divergentes de entender la vida… Me dejaré de dar rodeos inútiles. Lo que resulta evidente es que amas a Fernando y tu amistad conmigo sólo una forma de estar cerca de él.

         Thèrèse no se esperaba este golpe bajo tan de improviso. Nadie se espera que el volcán que lleva siglos de actividad latente entre de pronto en erupción. Pero en cualquier momento de su cráter en vez de fumarolas pueden comenzar a salir lavas y rocas candentes, y entonces no habrá fuerza humana capaz de detener su implacable rigor.

         Unas lágrimas asomaron a los ojos azules de la azafata y sacó del bolsillo de la gabardina un pañuelo de seda arrebuñado y se lo llevó a la cara.

         - No es necesario que seas cruel -musitó.

       - ¿No te comportas también tú de una forma cruel conmigo? ¿No me estás utilizando?

         La realidad era más sólida que los pilares de granito berroqueño que sustentaban los soportales bajo los que la pareja caminaba.

        - Tienes razón, amo a Nando, y por más que intento quitármelo de la cabeza no puedo conseguirlo - acabó por confesar ella tras una pausa.

           - Era elemental -se resignó él al comprobar confirmado su presentimiento.

        - Pero también te quiero a ti, la cuestión no es tan elemental como te parece: mi deseo lo persigue a él pero mi tranquilidad te busca a ti -ella no estaba dispuesta a prescindir de su buen amigo, de su único amigo. Ya que las circunstancias la habían obligado a quitarse el velo había que mantener el rostro o su apariencia en concordancia con la presente situación.

         Aquellas palabras herían a Fonso pero también le proporcionaban esperanzas. Sólo que su pasión le impedía comprender su último sentido: la amistad. El la deseaba sino con toda su alma sí con toda la potencia de su sensualidad de varón, y no podía renunciar a intentar conseguirla. La abrazó con ansia, y ella se lo consintió.

         - ¿Es cierto que me quieres? -la preguntó mientras la besaba sobre los rubios rizos de su cabello, que bajo la presión de los labios del muchacho se juntaban con la suave epidermis de la oreja.

       - Tan cierto como que te considero el único amigo que he tenido de verdad -pronunció ella en un tono trascendente.

      - Pero yo no te quiero sólo como a una amiga, te deseo con ardor y quisiera que llegáramos a ser completamente felices disfrutando de nuestros cuerpos.

        - Peor para ti -respondió ella al tiempo que rechazaba el abrazo-, porque así va a ser imposible entendernos.

         Fonso se quedó cortado y ella continuó:

        - Algún día encontrarás a una mujer que te quiera de esa forma que dices amarme tú, que… no encuentro las palabras con que expresarme correctamente, un idioma aprendido tiene estas limitaciones, en ningún libro…

        La febril boca de Fonso tapó la de la mujer y ella no pudo terminar la frase. Y sentía placer con el suave contacto de la lengua de su amigo acariciándole las encías. Pero ella sabía muy bien que aquella satisfacción de sus sentidos no era amor, el amor tal y como lo había aprendido desde que la educación comenzó a ejercer su tenaz presión sobre su mente.

         El prolongado beso sació por un instante y antes de que el deseo lo impulsara a buscar de nuevo los labios de su amiga ésta ya había puesto un par de pasos entre sus cuerpos. Se sentía colmada y feliz, pero intranquila con su conciencia. Era su primer beso de amor verdadero.

         - No lo intentes de nuevo, me causarías un grave daño. Tengo que contarte una cosa que no sabe nadie.

         - Después habrá tiempo -dijo él volviendo a acercarse.

       - No, este es el momento oportuno. Tengo mucha confianza en ti. Nunca había conocido a una persona a quien poder confiar esto que te voy a decir. Espero que me sepas comprender y no sufra una decepción también contigo.

         - Está bien, te escucharé -se conformo Fonso-. Continuemos paseando que tampoco hay por qué adoptar una actitud tan solemne.

         La lluvia que había caído durante toda la tarde formaba pequeños charcos sobre los adoquines que pavimentaban la plaza y el bronce de la estatua ecuestre que se alza en su centro refulgía a la luz de las farolas que se acababan de encender.

       - Es muy importante que tengas conocimiento de ello, así podrás comprenderme mejor -su voz se emocionaba por momentos y parecía que de un momento a otro su garganta iba a estallar en un sollozo-: apenas si tenía doce años cuando un sucio y asqueroso viejo intentó forzarme. Fue horrible, sus babas penetraban en mi boca y me hacía mucho daño en el vientre, me entraban ganas de vomitar, de gritar, de morirme… -el llanto hizo por fin eclosión y ahogó sus palabras.

         Fonso volvió a abrazarla, pero el de ahora era un abrazo lleno de pureza, de cariño, de camaradería y comprensión. Se le había formado un nudo en la garganta que sólo le permitió musitar:

         - Llora, llora sin ninguna vergüenza y desahógate.

         Ella lo miró con sus claros ojos azules arrasados por las lágrimas, tragó saliva y continuó:

         - Fue en el portal de nuestra casa y al ruido del forcejeo acudieron unos vecinos y también mi padre. Pasé varios días en la cama presa de una crisis nerviosa. Desde entonces me produce espanto tener cualquier tipo de contacto sexual con un hombre, me produce una sensación de suciedad y sólo de pensar en ello vuelvo a tener nauseas. Tendría que estar muy enamorada para superarlo, profundamente enamorada, y que nuestra relación fuera muy larga, que todo resultara muy natural, tan natural como el darse los buenos días.”

           - Porque la pasión igual que viene se va si no encuentra el terreno apropiado donde medrar -siguió hablando Pepe-, y Thérèse no necesitaba ese tipo de pasión exuberante sino un amor plácido y sosegado que poco a poco la fuera haciendo variar en sus sentimientos hasta que desapareciera la fobia que sentía por los varones y se transformara en una mutua comprensión. Así que comenzamos una prolongada amistad que fue enfriando mi pasión sin lograr cambiarla en ese tipo de amor sereno que hubiera sido apropiado para conseguir una conjunción coen ella, pues el centro de mi corazón continuaba ocupado por otra persona a quien nunca pude olvidar.
            - Hasta que apareció Charo en tu vida.
      - En este caso sí que pudo mi pasión, por fortuna, fructificar y llegar a transformarse en un fraternal cariño, en una auténtica camaradería. Pero insisto en proclamar que jamás te he olvidado, y Charo lo sabe y lo comprende.