viernes, 19 de abril de 2013

Entrevista Tercera - Capítulo 7



CAPÍTULO 7

         En verano el calor es insoportable. No sopla ni una chispa de viento. La esperanza de que la noche trajera alguna brisa que aliviara el rigor de la canícula ha sido vana. Toda la gente está en los balcones y galerías, con el abanico en la mano y el botijo próximo. Sobra toda la ropa que el calor pega al cuerpo, ellas están en enaguas y los varones, con sólo el pantalón del pijama, muestran sus velludos pechos. Los niños juegan en la calle a las cuatro esquinitas, y algunos vecinos han bajado sillas de esparto formando una tertulia en la puerta de la tasca. En las Vistillas se bailan schotises sobre una losa de cemento con la música que brota de un rancio organillo, y el Palacio Real es un museo. El tabernero saca una frasca de sangría muy aguada para invitar a los clientes y pasa a formar parte del corrillo.

         Ya nos había servido un amable camarero un par de botellines de cerveza y una ración de patatas fritas con salsa brava para acompañarlos. Se respiraba la tranquilidad del mediodía  y la lámina inmóvil del estanque invitaba al reposo.
         - Es verídica en su mayor parte, al menos en lo referente a las situaciones por las que atraviesa el personaje llamado Fonso si las relacionas con el discurrir de mi propia vida por aquellos años. Por una parte durante un largo periodo de tiempo Thérèse siguió viniendo a Madrid con toda la frecuencia que le permitía su cambiante trabajo, le gustaba el ambiente de la ciudad, su inexplicable alegría y despreocupación en una época que fue muy dura para todos, y le encantaban las locuras del grupo; y por otra, manteníamos una extensa correspondencia de continuo. De alguna manera me considero un poco coautor de su obra, ella tenía una fuerte vocación de escritora, heredada de su padre, según me contó, y a veces nuestras cartas adoptaban la forma de cuentos en los que incluíamos las situaciones que habíamos vivido con nuestros amigos o las sensaciones que nos había causado algún lugar que habíamos visitado bien juntos o bien cada uno por nuestro lado. Conozco muchos rincones de París y sus aledaños con tal precisión que si me pusiera a relatarte objetos y situaciones parecería que he vivido allí durante años. Era un modo agradable de hacer prácticas de literatura al mismo tiempo que de comunicarnos de una forma indirecta nuestras intimidades. Hasta en alguna ocasión llegamos a plantearnos la posibilidad de escribir una novela entre los dos, al alimón, que se dice en términos taurinos, pero como en tantas y tan cuestiones no pasó de ser un proyecto.
         - Tú amigo Julián sostiene que todo es una patraña y una invención desde la primera a la última línea, y Ernesto tampoco da credibilidad a muchos de sus pasajes.
         - Sin duda tienen sus razones para expresarse así. Julián es hoy una figura política y Thérèse puede que haya sido demasiado sincera en algunas ocasiones y, si recuerdas la anécdota de Velázquez y el Papa Sixto, es algo que en arte no se suele alabar. Tal vez sea preciso para que la gente se identifique con el propio retrato que se le trate con una cierta benevolencia. Todos sabemos que tenemos muchos defectos y apenas unas pocas virtudes, y a cualquiera le agrada más que se le destaquen éstas y se le difuminen aquellos, y no es que se pretenda engañar a los demás porque cualquiera sabe que resalta mucho más la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio, pero…
         - Benévola no ha sido con ninguno de vosotros tres, y menos lo ha sido con Nando.
         - No la culpo por ello, esa reacción es muy lógica y producto del desencanto que la produjimos. Cuando la conocimos se quedó deslumbrado por nuestros proyectos, pensó que se encontraba ante unos artistas de la Edad de Oro, y luego los hechos la fueron descubriendo que éramos de plástico, de un plástico endeble y maleable. Ni uno solo de nosotros consiguió triunfar en nada de lo que nos propusimos, y mucho menos en lograr el cambio social que teníamos como objetivo final de nuestros planes. Nos faltaba constancia en todo, hasta en mantener la pasión que en un momento dado tuvimos cada uno hacia su persona.. No me extraña que se sienta tan dolida, sólo fue íntegro con sus pretensiones, trágicamente íntegro hasta el final, Nando, que fue el único que nunca se sintió apasionado por ella.
         - Luego reconoces que estuviste enamorado de ella.
         - Estuve apasionado en un cierto momento, que no es exactamente lo mismo.


         “Paseaban por la Plaza Mayor pero la belleza del enclave no era capaz de romper con el pertinaz e incómodo silencio que había surgido entre la pareja. Cada cual caminaba abstraído en sus propios pensamientos sin encontrar las palabras precisas para comenzar una conversación que fuera capaz de aclarar la relación que mantenían.

         - Me gustaría alquilar una de esas buhardillas que dan a la plaza -expresó, al fin, ella.

         - Eso es casi imposible, están muy cotizadas y casi nunca se queda alguna libre -dijo Fonso sin mirarla y empleando un tono de voz muy grave, como si estuviera hablando de una cuestión trascendental.

         Fonso deseaba acabar de una vez por todas con aquella ambigua situación. Quería a Thérèse. La muchacha constituía algo muy íntimo para él, una prolongación de sí mismo, un brazo separado de su hombro, una pierna situada a pocos pasos de su cadera. Las formas sociales: familiares, conocidos, amigos amantes, esposos… No había lugar para las situaciones intermedias. O eras familiar o pertenecías a otra familia. Conocido o gente indistinta. Los amigos a tu lado y los enemigos enfrente, los amantes encamados y los esposos con papeles.

         - Sería preferible que no continuáramos viéndonos con tanta frecuencia, Thérèse, nuestra relación, según la estamos llevando, sólo puede causarnos daño a la larga. Es evidente que somos muy distintos desde cualquier punto de vista que consideremos: diferente nacionalidad, extracción social, dos formas divergentes de entender la vida… Me dejaré de dar rodeos inútiles. Lo que resulta evidente es que amas a Fernando y tu amistad conmigo sólo una forma de estar cerca de él.

         Thèrèse no se esperaba este golpe bajo tan de improviso. Nadie se espera que el volcán que lleva siglos de actividad latente entre de pronto en erupción. Pero en cualquier momento de su cráter en vez de fumarolas pueden comenzar a salir lavas y rocas candentes, y entonces no habrá fuerza humana capaz de detener su implacable rigor.

         Unas lágrimas asomaron a los ojos azules de la azafata y sacó del bolsillo de la gabardina un pañuelo de seda arrebuñado y se lo llevó a la cara.

         - No es necesario que seas cruel -musitó.

       - ¿No te comportas también tú de una forma cruel conmigo? ¿No me estás utilizando?

         La realidad era más sólida que los pilares de granito berroqueño que sustentaban los soportales bajo los que la pareja caminaba.

        - Tienes razón, amo a Nando, y por más que intento quitármelo de la cabeza no puedo conseguirlo - acabó por confesar ella tras una pausa.

           - Era elemental -se resignó él al comprobar confirmado su presentimiento.

        - Pero también te quiero a ti, la cuestión no es tan elemental como te parece: mi deseo lo persigue a él pero mi tranquilidad te busca a ti -ella no estaba dispuesta a prescindir de su buen amigo, de su único amigo. Ya que las circunstancias la habían obligado a quitarse el velo había que mantener el rostro o su apariencia en concordancia con la presente situación.

         Aquellas palabras herían a Fonso pero también le proporcionaban esperanzas. Sólo que su pasión le impedía comprender su último sentido: la amistad. El la deseaba sino con toda su alma sí con toda la potencia de su sensualidad de varón, y no podía renunciar a intentar conseguirla. La abrazó con ansia, y ella se lo consintió.

         - ¿Es cierto que me quieres? -la preguntó mientras la besaba sobre los rubios rizos de su cabello, que bajo la presión de los labios del muchacho se juntaban con la suave epidermis de la oreja.

       - Tan cierto como que te considero el único amigo que he tenido de verdad -pronunció ella en un tono trascendente.

      - Pero yo no te quiero sólo como a una amiga, te deseo con ardor y quisiera que llegáramos a ser completamente felices disfrutando de nuestros cuerpos.

        - Peor para ti -respondió ella al tiempo que rechazaba el abrazo-, porque así va a ser imposible entendernos.

         Fonso se quedó cortado y ella continuó:

        - Algún día encontrarás a una mujer que te quiera de esa forma que dices amarme tú, que… no encuentro las palabras con que expresarme correctamente, un idioma aprendido tiene estas limitaciones, en ningún libro…

        La febril boca de Fonso tapó la de la mujer y ella no pudo terminar la frase. Y sentía placer con el suave contacto de la lengua de su amigo acariciándole las encías. Pero ella sabía muy bien que aquella satisfacción de sus sentidos no era amor, el amor tal y como lo había aprendido desde que la educación comenzó a ejercer su tenaz presión sobre su mente.

         El prolongado beso sació por un instante y antes de que el deseo lo impulsara a buscar de nuevo los labios de su amiga ésta ya había puesto un par de pasos entre sus cuerpos. Se sentía colmada y feliz, pero intranquila con su conciencia. Era su primer beso de amor verdadero.

         - No lo intentes de nuevo, me causarías un grave daño. Tengo que contarte una cosa que no sabe nadie.

         - Después habrá tiempo -dijo él volviendo a acercarse.

       - No, este es el momento oportuno. Tengo mucha confianza en ti. Nunca había conocido a una persona a quien poder confiar esto que te voy a decir. Espero que me sepas comprender y no sufra una decepción también contigo.

         - Está bien, te escucharé -se conformo Fonso-. Continuemos paseando que tampoco hay por qué adoptar una actitud tan solemne.

         La lluvia que había caído durante toda la tarde formaba pequeños charcos sobre los adoquines que pavimentaban la plaza y el bronce de la estatua ecuestre que se alza en su centro refulgía a la luz de las farolas que se acababan de encender.

       - Es muy importante que tengas conocimiento de ello, así podrás comprenderme mejor -su voz se emocionaba por momentos y parecía que de un momento a otro su garganta iba a estallar en un sollozo-: apenas si tenía doce años cuando un sucio y asqueroso viejo intentó forzarme. Fue horrible, sus babas penetraban en mi boca y me hacía mucho daño en el vientre, me entraban ganas de vomitar, de gritar, de morirme… -el llanto hizo por fin eclosión y ahogó sus palabras.

         Fonso volvió a abrazarla, pero el de ahora era un abrazo lleno de pureza, de cariño, de camaradería y comprensión. Se le había formado un nudo en la garganta que sólo le permitió musitar:

         - Llora, llora sin ninguna vergüenza y desahógate.

         Ella lo miró con sus claros ojos azules arrasados por las lágrimas, tragó saliva y continuó:

         - Fue en el portal de nuestra casa y al ruido del forcejeo acudieron unos vecinos y también mi padre. Pasé varios días en la cama presa de una crisis nerviosa. Desde entonces me produce espanto tener cualquier tipo de contacto sexual con un hombre, me produce una sensación de suciedad y sólo de pensar en ello vuelvo a tener nauseas. Tendría que estar muy enamorada para superarlo, profundamente enamorada, y que nuestra relación fuera muy larga, que todo resultara muy natural, tan natural como el darse los buenos días.”

           - Porque la pasión igual que viene se va si no encuentra el terreno apropiado donde medrar -siguió hablando Pepe-, y Thérèse no necesitaba ese tipo de pasión exuberante sino un amor plácido y sosegado que poco a poco la fuera haciendo variar en sus sentimientos hasta que desapareciera la fobia que sentía por los varones y se transformara en una mutua comprensión. Así que comenzamos una prolongada amistad que fue enfriando mi pasión sin lograr cambiarla en ese tipo de amor sereno que hubiera sido apropiado para conseguir una conjunción coen ella, pues el centro de mi corazón continuaba ocupado por otra persona a quien nunca pude olvidar.
            - Hasta que apareció Charo en tu vida.
      - En este caso sí que pudo mi pasión, por fortuna, fructificar y llegar a transformarse en un fraternal cariño, en una auténtica camaradería. Pero insisto en proclamar que jamás te he olvidado, y Charo lo sabe y lo comprende.

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