martes, 16 de abril de 2013

Entrevista Tercera - Capítulo 5



CAPÍTULO 5

         Transportan la mercancía en un motocarro y visten pantalón y camisa negra de quinquilleros en cualquier estación del año. ¡A cincuenta el quilo, a cincuenta, al rico melón! ¡No traigo melones, vecinas, traigo almíbar puro, a cincuenta el quilo, al rico melón! Vienen de la vega del Manzanares, un río que sale de la urbe con diez veces más caudal del que entra. No están censados y su paralela existencia transcurre sobre las mismas estructuras que disfrutan y sufren el resto de los ciudadanos.

         Puso el automóvil en marcha.
         - Estábamos hablando sobre tu matrimonio.
      - No hay demasiado que contar respecto a él. Me casé enamorada, o creyéndome enamorada, y todo fue muy bien durante los primeros años. El trabajaba de locutor en la radio y al poco de casarnos lo destinaron a la sucursal de la emisora en Murcia, y tuvimos que establecernos allí. Es una población muy bella y no hace frío en todo el año. ¿Conoces la ciudad?
         - Tan sólo he estado allí de paso, camino de la playa.
         - Es agradable para vivir,  no es muy grande y las gentes son amables. Vanesa nació allá.
         - Estará muy crecida.
         - Sí, está hecha toda una mujercita, ya la conocerás. Vive con los abuelos, cuando su padre nos abandonó regresamos a Madrid y nos acogieron en su casa, y los ancianos se han acostumbrado a ella. Cuando me fui a vivir con Gerardo me pareció mal apartarla de su lado, hubiera sido una faena.
         - No puedo hacerme a la idea de que un hombre pueda no querer vivir junto a ti, tu exmarido debía de estar loco.
         - Gracias por el cumplido pero me valoras en más de lo que merezco.
         - En absoluto, y no quería decir ningún cumplido, estoy convencido de que cualquier hombre con dos dedos de frente podría ser muy feliz contando con tu preciosa compañía.
       - Hay más aspectos en la vida que el estar bien o mal acompañado. El es muy ambicioso y consideró que con veintipocos años una mujer y una niña éramos un lastre para sus aspiraciones.
           - La ambición no deja de ser una estúpida locura.
        - Todos somos en alguna medida ambiciosos, es una constante en el ser humano, aunque aquello que ambicionamos pueda ser muy diverso,  y unas veces contribuya al bienestar de los que te rodean y en otras ocasiones sea la causa de su alejamiento. El caso es que a él le ha ido muy bien hasta el momento, ya ocupa un importante cargo en la sede central de la emisora, aquí en Madrid. Y a mí tampoco me fue demasiado mal con la separación aunque sufriera mucho en un principio, estoy contenta con mi trabajo y con la vida que llevo. De haber continuado juntos es probable que me hubiera conformado con ser una buena ama de casa sin mayores aspiraciones, y de esta forma tuve que reemprender mi carrera y labrarme un porvenir.
         - Todo eso me parece muy bien si eres feliz.
        - En la medida en que se puede ser en un mundo tan limitado para todas las cuestiones no materiales sí que lo soy. Una de las razones que me hacen sentirme satisfecha es el éxito en número de lectores que tienen mis artículos y las cartas que recibo de agradecimiento por parte de algunos. Supongo que cuando proyectasteis la revista vosotros tendríais la ambición de que fuera un gran éxito.


         “ Había transcurrido casi toda la tarde y la composición de la revista no avanzaba. Había un sentimiento de culpabilidad compartido que tan sólo no afectaba a Thérèse, que los acompañaba por divertirse con ellos. El salón de la casa de los padres de Miriam y Julián se había convertido por unas horas en una improvisada redacción aprovechando la ausencia de aquellos.
         Ernesto se afanaba en hacer una hermosa composición para formalizar la portada, Miriam mecanografiaba en columnas los originales que ora dictaba Nando ora Lucía, mientras que Fonso componía las páginas de la maqueta con los textos, las fotos y los dibujos, y de paso releía los artículos ya pasados a columnas.
         - Este texto está plagado de erratas, Miriam, algunas palabras se dividen sin sentido y en otras ocasiones se juntan hasta tres -protestaba Fonso.
         - Hago lo que puedo pero esta máquina es un cacharro y Nando dicta como una locomotora -se defendía la muchacha.
           - Pues esto no va a ver un cristiano que lo entienda… aparte de que tiene que haber incorrecciones de lenguaje en los originales. Deberían de haber estado corregidos todos antes de ponernos a pasarlos a columnas.
         - Ya salió el alevín de escritor -ironizó Nando-. Soy músico y no tengo por qué tener un estilo cuidado como Gabriel Miró o Azorín, lo importante no es la corrección gramatical de lo escrito sino que se comunique al lector lo que se quiere expresar.
       - Perdóname que te diga pero has escrito algunas frases que es absolutamente imposible descifrar su significado, no tienen ni pies ni cabeza…
     - Pero tienen musicalidad, que es lo importante. Escribo para personas con sensibilidad, no para memos que necesitan que se les de todo masticado. Mi mensaje va dirigido al subconsciente, es un metalenguaje.
         - Entonces tendrás que corregirte tú mismo las columnas de tu artículo, porque yo me considero incapaz de adentrarme en tus crípticos metalenguajes -se enfadó Fonso y arrojó las cuartillas que tenía en la mano sobre la mesa y se levantó con brusquedad.
         - No os pongáis nerviosos que por ese camino no se llega a ninguna parte. Tengamos calma -medió Ernesto.
         - Calma no, unos güevos que te los pisas tienes que tener tú, llevas más de dos horas para hacer el dibujín de la portada -persistía la indignación en el eventual corrector.
         - Todo lleva su tiempo y la prisa no ha sido jamás buena consejera -no se intimidó un ápice Ernesto.
        - Lo mejor sería que nos replanteáramos toda la cuestión desde el principio -propuso Miriam-. Descansamos un rato, nos despejamos un poco, discutimos con tranquilidad la labor desarrollada y buscamos el mejor procedimiento para proseguirla.
       - Calla, calla, que la mitad de la culpa de este desaguisado la tiene tu querido hermano -no cesaba Nando de seguir enfadado por la deserción de Julián-. Nos mete en este embolado y luego desaparece sin más ni más.
         - Que yo sepa la iniciativa de este proyecto la tomaste tú -puntualizó Miriam en defensa de su hermano. Nando se disponía a volver a la carga cuando una cantarina voz se lo impidió.
          - Ya tenemos el café preparado, muchachos -cantó Lucía entrando en la sala con una bandeja llena de tazas-. Haced sitio en la mesa -y la tensión se desvaneció como por ensalmo con el sabroso olorcillo y todos se aprestaron a echar a un lado los papelotes y fotografías para dejar plaza a la bandeja.
          Detrás de Lucía venía Thérèse con la humeante cafetera en la mano.
         - ¡Huele que alimenta! -elogió Ernesto.
         - Hablando de alimentos, yo tengo hambre -comentó Nando.
         - Si alguien se presta a acompañarme bajaré a comprar bollos -propuso Fonso-. Me vendrá muy bien respirar un poco de aire fresco.
      Los gestos con que los otros acogieron su ofrecimiento demostraban su poca inclinación a estar dispuestos a acompañar al amigo. Sólo cuando miró con fijeza a Thérèse rogando sus negras pupilas a las celestes de la muchacha logró encontrar a alguien dispuesto a acompañarle.



         La anodina calle recibió a la pareja en un luminoso atardecer que ya presagiaba la cercana primavera en los primeros brotes de verdor sobre las ortopédicas acacias demasiado podadas.
        - ¡Estoy hasta aquí de la puñetera revista! -comentó Fonso  a su amiga señalándose con el índice la coronilla.
         - ¿Pourquoi? Es todo muy divertido.
        - Mira, Thérèse, es muy normal que te lo tomes con tanta calma y hasta que goces con el barullo que tenemos montado, porque no estás implicada de una forma directa en el asunto, eres… sólo una colaboradora. Pero cuando uno se siente responsable da grima… Una vez que esté publicada y salga a la calle la podrá leer cualquiera y tomar opinión sobre ella y sobre los que la han publicado… y nos está saliendo una auténtica patochada. Muchas pretensiones pero el resultado no es nada serio ni consistente.
          - Pero es bueno que no sea seria, para eso sois dadás.
       - Una cosa es que sea amena y divertida, y diferente a todo lo aburrido que se encuentra en los kioscos, y otra muy distinta que resulte una capullada. Quien la lea va a tener la impresión de que somos unos diletantes, personajillos sin ninguna entidad, unos jovenzuelos burgueses que nos divertimos haciendo esto como otros se entretienen yendo a bailar a las discotecas o saliendo de excursión a comerse unos conejos al ajillo en los merenderos de El Pardo.
       - Nando en el fondo es un muchacho así, tal y como lo has descrito en esa frase, parece que no lo conocieras todavía.
         - Le conozco muy bien, mucho mejor de lo que te supones, y sé que está en camino de ser un gran músico. Lo que pasa es que este asunto le supera, no es capaz de dominarlo y por esa razón se lo toma como un juego para no dejar patente su impotencia.
         - Un gran músico tiene que tener también ciertas cualidades morales y él carece de ellas.
         - Bueno, cada cual es como es, y eso es difícil de poder cambiar, para unas personas son virtudes las mismas cualidades que otras consideran defectos. La cuestión es que nos concienciemos plenamente de que estamos haciendo algo importante y utilizando los métodos que son propios de una cierta tendencia o vanguardia artística, con sus consiguientes implicaciones sociales y políticas, y llevar a cabo una actividad así requiere un alto grado de responsabilidad por parte de todos. Mientras nosotros malgastamos nuestro tiempo y no somos capaces de llevar a buen puerto una casa tan nimia como es una revistilla hay personas que están muriendo en la lucha por la libertad… -se quedó un momento dubitativo hasta que al fin se decidió a continuar-. Hace unos días han ajusticiado a un joven militante anarquista.
         - Et, ¿pourqoi?
        - Sólo por ser libertario y querer transformar esta sociedad para que llegue ser más justa e igualitaria. Se llamaba Salvador Puig Antich y era catalán. La represión es cruel y no necesitan mayores pretextos para quitarle la vida a una persona.
         - ¡Es inconcebible! -exclamó Thérèse-. ¿Cómo fue, a tiros?
        - No, hubo una farsa de juicio y todo… Los turistas que disfrutan de nuestro sol y nuestras playas se olvidan de que en este país que parece tan maravilloso todavía no está abolida la pena de muerte. Le dieron garrote vil.
         - ¿Gagote ville?
       - Sí, garrote vil… una especie de martirio legal y refinado que consiste en… pero, mira, ya hemos llegado a la pastelería.”

         - Nadie se pone a trabajar en algo con el deseo de que sea una ruina, pero puedes estar segura de que ninguno de nosotros anteponía el éxito de la empresa a la dicha de llevarla a cabo. Es más, por aquellos días nuestra felicidad consistía en llevar a cabo el proyecto que estábamos desarrollando. A pesar de las muchas discusiones que manteníamos y de los enfados que surgían entre nosotros cada dos por tres. Estábamos convencidos de estar realizando algo importante y el triunfo estaba en que lo estábamos intentando.

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