CAPÍTULO 13
Una ambulancia
avanza a toda velocidad por la calle de Bravo Murillo con dirección hacia la
plaza de Castilla. Llueve a mares en el frío crepúsculo invernal y las luces
giratorias chocan contra las miradas de los transeúntes cubiertos con sus
paraguas, resbalan por el húmedo asfalto y se mezclan con la iluminación de los
escaparates de mercerías, ferreterías, zapaterías y ultramarinos. El tapón de
tráfico es fenomenal y la ambulancia va sorteando los obstáculos rodantes. En
cuanto que bordee el monumento a Calvo Sotelo la vía se ensanchará y el
conglomerado sanitario de “La Paz” se alzará a la izquierda de su conductor,
grande y próximo, recortado bajo un cielo de pizarra.
Hubo una larga
pausa. Ernesto quedó abstraído, recordaba sin duda aquella última visita, y yo
respeté su silencio mientras bebía un sorbo de mi cubata. Sabía que no iba a
ser necesario preguntarle sobre la muerte de su amigo, que el mismo sacaría a
relucir el tema, y así fue.
- A pesar de
todo ninguno pensábamos que nos dejaría tan pronto. Teníamos la vaga sensación
de que aquello sería pasajero, que algún día conseguiría acabar una obra con la
que quedara satisfecho y se tomaría un reposo en su actividad, dejaría de
inyectarse y se haría una cura de desintoxicación. Es probable que él también
tuviera esa intención y que su muerte se debiera a un lamentable accidente,
droga adulterada con estricnina o algo similar. Por supuesto que no creo en la
posibilidad de que se suministrara una sobredosis con el propósito de
suicidarse, siempre fue una persona que amaba mucho la vida y disfrutaba de
ella con todas sus ansias, quería apurar todos los placeres y todos los
sufrimientos también. En una palabra: vivir.
“La habitación
estaba sombría. Las cortinas estaban echadas y el piano silencioso. Hacía un
frío glacial, de muerte. A Claudina todavía le quedaban restos de la resaca
resultante de la fiesta de la noche anterior, pero había querido subir a
felicitarle el Año Nuevo. “lo mismo nos dijo que no quería salir como disculpa
para no venir a nuestra fiesta y después se marchó a otra”, pensó la mujer.
Pero no, sobre el sofá había un cuerpo tumbado.
- ¡Todavía
durmiendo!, ¡despierta vago, que es más de mediodía y hace un día espléndido!
-gritó con alegría al tiempo que descorría las cortinas del gran ventanal.
Pero no recibió
ninguna respuesta, y cuando volvió la vista hacia el sofá la sonrisa quedó
helada en sus labios. Del brazo desnudo colgaba todavía la jeringuilla.”
- Julián afirma
que fue un derrame cerebral.
- Sí, esa es la
versión oficial. Cuando Claudina descubrió el cadáver se llevó el gran susto,
pero conservó el ánimo, es una mujer con mucho carácter, conseguida a fuerza de
tristes experiencias, todo aquello de salvador allende debió de ser brutal.
Bien, como te decía, tuvo los nervios serenos para dejarlo todo tal y como
estaba y bajó a informar a su esposo del luctuoso suceso. Después consiguieron
localizar a Julián, y éste, de común acuerdo con la familia del finado lo
arregló todo para que no se produjera el gran escándalo. No les resultó difícil
encontrar un médico dispuesto a firmar el certificado de defunción con las
condiciones requeridas por ellos. Yo, desde luego, no estuve presente, por
aquellas fechas todavía estaba en Valladolid, pero Fonso me lo contó todo
después. Como hicieron desaparecer la heroína que todavía quedaba no se pudo
analizar una muestra para poder verificar si en realidad se encontraba
adulterada o no, con lo que siempre quedará flotando la duda. Como la fecha del
fallecimiento coincidía con el aniversario del día en que se conocieron Thérèse
y Nando ella opta por la versión del suicidio, al que lo llevan los remordimientos
de su frustrado amor. Así satisface su mentalidad romántica y sus anhelos de
protagonismo.
- Es también una
posibilidad.
- Pero muy
remota. Ya te he dicho que él era una persona muy vitalista. Además es de
suponer que hubiera dejado una carta explicando los motivos que le impulsaban a
ello, o algo por el estilo, y no se encontró nada.
- Tal vez se lo
comunicara verbalmente a alguna persona íntima, bien bis a bis o a través del
teléfono.
- ¿Una
conferencia con Thérèse? Ni siquiera a
ella se la ha ocurrido mencionar tal cosa.
- Podía temer
vuestros reproches por no haber avisado a nadie a tiempo. Nunca he pensado en
llevar a cabo una acción tan horrenda y no puedo adivinar lo que pasara por la
mente de una persona que se encuentre dispuesta a dar un paso tan definitivo,
pero siempre se suele querer explicar a los demás la razón de la propia
sinrazón.
- En cualquier
caso no dejan de ser hipótesis.

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