jueves, 4 de abril de 2013

Entrevista Segunda - Capítulo 13



CAPÍTULO 13

         Una ambulancia avanza a toda velocidad por la calle de Bravo Murillo con dirección hacia la plaza de Castilla. Llueve a mares en el frío crepúsculo invernal y las luces giratorias chocan contra las miradas de los transeúntes cubiertos con sus paraguas, resbalan por el húmedo asfalto y se mezclan con la iluminación de los escaparates de mercerías, ferreterías, zapaterías y ultramarinos. El tapón de tráfico es fenomenal y la ambulancia va sorteando los obstáculos rodantes. En cuanto que bordee el monumento a Calvo Sotelo la vía se ensanchará y el conglomerado sanitario de “La Paz” se alzará a la izquierda de su conductor, grande y próximo, recortado bajo un cielo de pizarra.

         Hubo una larga pausa. Ernesto quedó abstraído, recordaba sin duda aquella última visita, y yo respeté su silencio mientras bebía un sorbo de mi cubata. Sabía que no iba a ser necesario preguntarle sobre la muerte de su amigo, que el mismo sacaría a relucir el tema, y así fue.
         - A pesar de todo ninguno pensábamos que nos dejaría tan pronto. Teníamos la vaga sensación de que aquello sería pasajero, que algún día conseguiría acabar una obra con la que quedara satisfecho y se tomaría un reposo en su actividad, dejaría de inyectarse y se haría una cura de desintoxicación. Es probable que él también tuviera esa intención y que su muerte se debiera a un lamentable accidente, droga adulterada con estricnina o algo similar. Por supuesto que no creo en la posibilidad de que se suministrara una sobredosis con el propósito de suicidarse, siempre fue una persona que amaba mucho la vida y disfrutaba de ella con todas sus ansias, quería apurar todos los placeres y todos los sufrimientos también. En una palabra: vivir.

         “La habitación estaba sombría. Las cortinas estaban echadas y el piano silencioso. Hacía un frío glacial, de muerte. A Claudina todavía le quedaban restos de la resaca resultante de la fiesta de la noche anterior, pero había querido subir a felicitarle el Año Nuevo. “lo mismo nos dijo que no quería salir como disculpa para no venir a nuestra fiesta y después se marchó a otra”, pensó la mujer. Pero no, sobre el sofá había un cuerpo tumbado.
      - ¡Todavía durmiendo!, ¡despierta vago, que es más de mediodía y hace un día espléndido! -gritó con alegría al tiempo que descorría las cortinas del gran ventanal.
         Pero no recibió ninguna respuesta, y cuando volvió la vista hacia el sofá la sonrisa quedó helada en sus labios. Del brazo desnudo colgaba todavía la jeringuilla.”

 
         - Julián afirma que fue un derrame cerebral.
         - Sí, esa es la versión oficial. Cuando Claudina descubrió el cadáver se llevó el gran susto, pero conservó el ánimo, es una mujer con mucho carácter, conseguida a fuerza de tristes experiencias, todo aquello de salvador allende debió de ser brutal. Bien, como te decía, tuvo los nervios serenos para dejarlo todo tal y como estaba y bajó a informar a su esposo del luctuoso suceso. Después consiguieron localizar a Julián, y éste, de común acuerdo con la familia del finado lo arregló todo para que no se produjera el gran escándalo. No les resultó difícil encontrar un médico dispuesto a firmar el certificado de defunción con las condiciones requeridas por ellos. Yo, desde luego, no estuve presente, por aquellas fechas todavía estaba en Valladolid, pero Fonso me lo contó todo después. Como hicieron desaparecer la heroína que todavía quedaba no se pudo analizar una muestra para poder verificar si en realidad se encontraba adulterada o no, con lo que siempre quedará flotando la duda. Como la fecha del fallecimiento coincidía con el aniversario del día en que se conocieron Thérèse y Nando ella opta por la versión del suicidio, al que lo llevan los remordimientos de su frustrado amor. Así satisface su mentalidad romántica y sus anhelos de protagonismo.
         - Es también una posibilidad.
         - Pero muy remota. Ya te he dicho que él era una persona muy vitalista. Además es de suponer que hubiera dejado una carta explicando los motivos que le impulsaban a ello, o algo por el estilo, y no se encontró nada.
         - Tal vez se lo comunicara verbalmente a alguna persona íntima, bien bis a bis o a través del teléfono.
         - ¿Una conferencia con Thérèse?  Ni siquiera a ella se la ha ocurrido mencionar tal cosa.
         - Podía temer vuestros reproches por no haber avisado a nadie a tiempo. Nunca he pensado en llevar a cabo una acción tan horrenda y no puedo adivinar lo que pasara por la mente de una persona que se encuentre dispuesta a dar un paso tan definitivo, pero siempre se suele querer explicar a los demás la razón de la propia sinrazón.
         - En cualquier caso no dejan de ser hipótesis.

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