martes, 23 de abril de 2013

Entrevista Tercera - Capítulo 9



CAPÍTULO 9

         Forman una fila de varios cientos de metros a la sombra de los altos muros de ladrillo. Ha llovido la noche anterior y el camino de tierra es un lodazal. La mayoría son mujeres y llevan capachos bien repletos que cubren con un paño. No hay visita todos los días en la cárcel de Carabanchel y hay que aprovechar estas ocasiones para llevar al pariente o al amigo cuanto se ha podido reunir durante la semana. A través de la tupida rejilla metálica tal vez se podrá pasar un billete de cinco duros bien liado si el funcionario de turno no está muy atento. Hay rejas por todas partes y las galerías del panóptico tienen un peculiar olor a leche agria.

         - El caso es que has combatido bravamente por el cambio social y por ello, en un momento dado, hasta te tuviste que marchar una temporada del país.
         - Sí, me vino de perilla que la boda de Julián se celebrase en Paris, porque ya aproveché el viaje para permanecer una temporada en el extranjero. Había muy malas vibraciones por estos lares en aquellos días.
         - Lo que no queda claro en la novela es si te marchaste hacia Ámsterdam o a Londres.
         - En un principio pensaba ir a Holanda porque los compañeros me habían proporcionado algunos contactos allí, pero durante la pintada de un tren en la tarde del 27 de septiembre trabé amistad con un muchacho vasco que se iba para Londres y que conocía personas que nos proporcionarían trabajo a ambos. Y así fue, estuvimos vendiendo “perritos calientes” y hamburguesas con cebolla por las calles londinenses hasta que “el Viejo” la diñó. Aquella es una ciudad maravillosa y te puedes encontrar con los tipos más raros que te puedas imaginar. Al haber sido durante siglos capital del extenso imperio británico hay personas de múltiples etnias llegadas desde los cuatro puntos cardinales. En el Hyde Park topé con un joven estudiante de raza negra leyendo el Quijote en castellano, aunque él sostenía que estaba escrito en latinoamericano. Y me sorprendió bastante porque nunca he encontrado por aquí a nadie leyendo el Ulysses en un jardín.


         - Una estancia dichosa, pues.
         - Mejor la calificaría de  entretenida y llena de aprendizajes. Dado el trabajo que teníamos la comida no faltaba aunque una dieta de salchichas prolongada puede ser bastante cansina y poco vitaminada, pero también recurríamos a intercambios con otros vendedores ambulantes. Vivíamos en una gran mansión de esas típicas de allí con su patio en semisótano que dirigía un tal Emmanuel, un hindú, y en ella habitaban personas de todas las razas y nacionalidades, una especie de pequeña babel. Fue una experiencia estupenda para ampliar el sentido de la comprensión entre los humanos, lo que siempre es recomendable. Las muchas conversaciones que mantuve con Iñaqui, que tal era el nombre de mi compañero de viaje, me hicieron ver el problema euskaldún desde una perspectiva muy diferente a como se le suele contemplar desde la Meseta. Es una lástima que a ningún gobierno le de por dialogar con un sentido de igualdad con personas como Iñaki, porque sin duda se hubieran dado cuenta hace ya tiempo que enfocaban mal la cuestión.
         - El terrorismo es incalificable e intratable.
         - Pero no surge por generación espontánea, como nada en este mundo, sino que suele ser el resultado de una incomprensión y no un punto de partida. Este muchacho era en su trato corriente la persona más pacífica y alegre que he conocido, y no sé hasta qué punto habría participado o participaría después en la lucha armada porque desde entonces no he vuelto a saber nada de él, pero tenía la convicción de que su patria se encontraba invadida por un ejército extranjero, y para que un chaval como él llegue a formarse una opinión así debe haber seguido un largo proceso de constatación de hechos reales. El problema está en que todos los estados fomentan eso que se llama el orgullo nacional hasta convertirlo en un absurdo culto que en ocasiones se transforma en odio hacia todas las demás naciones. Y del odio al asesinato sólo hay un paso.
         - Que por fortuna no da todo el mundo.
         - Si se pudiera matar con el pensamiento no sé si quedaría alguno para contarlo.
       - Bueno, nos estamos enredando con ese tema -me sentía incómoda hablando sobre aquello y no avanzábamos en la cuestión que me interesaba-. ¿A tú regreso te instalaste en el apartamento de Nando?
         - Sí, casi nada más volver. Tuve problemas con mi familia. Ellos siempre habían sido de izquierdas, pero de una forma muy moderada, en la medida en que se consideraban como tales todos los derrotados en la guerra civil, suponiendo que una pelea de ese tipo pueda haber vencedores y vencidos. Bien, durante mi ausencia había ido la policía a pedir informes a mi domicilio familiar y aunque no llegaron ni a plantear el hacer un registro mis padres se alarmaron. No entendían mis posturas radicales y yo no estaba dispuesto a prescindir de mis actividades sociales en un momento en que se palpaba que todo era muy favorable al cambio político y social, así que opté por lo que consideré mejor para su tranquilidad y para mi libertad de acción. Algunas traducciones me fueron dando para vivir y pude continuar estudiando. El palo fue cuando al curso siguiente me obligaron a ir a la “mili”, aquello no entraba en mis proyectos y estuve tentado en volverme a marchar aunque técnicamente me hubiera convertido en un desertor.
         - Porque cortó una etapa muy feliz para ti disfrutando de la compañía de Miriam y de Nando.
         - Más que feliz fue equilibrada, y de una actividad inusitada y febril. Tenía la sensación de que el tiempo no existía y de que a la vez se dilataba hasta lo ilimitado. Hubo muchas manifestaciones y muchas carreras, y también muchas fiestas. Es muy complicado poderlo explicar en pocas palabras. Casi representa el mismo problema que elaborar una novela basando sus personajes en seres reales, nunca se puede expresar todo cuanto se pretende. Se toma una serie de personas y se les dota del carácter de personajes, pero hay otras muchas personas con quien se relacionan los escogidos  y que también tienen una influencia decisiva en cierto momento de sus vidas. Por ejemplo, a Nando le golpeó mucho la fuerte personalidad de Milán. Era éste un joven sueco, alto, rubio y pecoso, que había venido a Madrid a aprender la guitarra flamenca. Se había enamorado de una bailadora a la que acompañaba con su música en un tablao, pero ella no le hacía el menor caso porque estaba perdidamente prendada de su marido, uno de los palmeros del cuadro folclórico, que era un tipo borracho, mujeriego y pendenciero, mientras que nuestro amigo era un dechado de virtudes. Estas cuestiones impresionan a cualquiera, y mucho más a una persona dotada de una gran sensibilidad, como era el caso de Nando. Thérèse nunca llegó a conocer a nuestro amigo sueco, y es probable que ninguno de nosotros la hablásemos nada referente a su existencia. Es una laguna que considero muy fundamental en la novela, porque este hombre reveló a nuestro compañero unos aspectos de la vida y el arte muy peculiares. Soy testigo directo de que en unos pocos días surgieron en el piano de Nando acordes con un sabor a pena, misterio y sensualidad como jamás se los había escuchado antes. Y no eran una copia de los extraños compases flamencos ni mucho menos, de ellos había extraído el sentimiento y lo había reciclado en una notación muy diferente. Mejor dicho, el sentimiento no lo había bebido de la música que interpretaba Milán sino de la tragedia personal de nuestro amigo… Pocas semanas después Nando hizo un corto viaje a Marruecos.

         - ¿Qué fue del tal guitarrista?
        - Un día desapareció y no volvimos a saber más de él. Tal vez se cansara de cortejar a la ingrata bailaora y se volviera a su tierra, o tal vez… pero es lo mismo, se trataba tan sólo de poner un ejemplo entre otros muchos, la clave de las decisiones que toma una persona en un momento dado siempre estarán ocultas para los demás. ¿Por qué una persona sueña con peces y otra que duerme a su lado y comparte su vida cotidiana con canicas? Después de los trabajos de Freud y de Reich, entre otros, muchos se han interesado por el tema del subconsciente, pero la sicología es todavía una ciencia en mantillas y hasta el momento no pasa de cuantificar y diagnosticar.
          - Se ha dado un gran paso adelante.
       - Sí, pero aún esa buena zancada es insuficiente. Si no puedo mover esta mano y sufro grandes dolores cuando lo intento cualquier especialista en traumatología me examinará con el tacto el antebrazo y me podrá diagnosticar de que problema se trata y cuál es la causa que lo produce. También existe ya una medicina preventiva para las enfermedades del cuerpo que aconseja sobre las dietas que tengo que seguir y los esfuerzos que no debo realizar si deseo no tener jamás el problema en la mano… y todavía no se ha llegado a concebir esa parte de la medicina que prevenga contra las enfermedades del alma.
      - Siempre ha habido remedios seguros para encontrar el equilibrio anímico: la religión, las buenas costumbres…
          - Es muy sencillo cauterizar las zonas del cerebro necesarias para que una persona no sufra, pero inmediatamente deja de ser una persona para convertirse en una planta, suponiendo que los vegetales carezcan de alma, lo que todavía está por demostrar. Aunque tal vez con el tiempo…

       Su alusión al tiempo me hizo reparar en lo avanzado de la hora y me quedé estupefacta. La mañana había pasado volando y había acordado con Marina en recoger yo a los niños del colegio. Se lo expliqué a Pepe.
         - …Y la entrevista aún está a medias, tenía preparadas algunas preguntas más para formularte, tal vez nos podríamos encontrar más tarde.
         - Sea cual sea el tratamiento que en la novela se da a mi trasunto siempre habré de estarle agradecido a Thérèse por darme la oportunidad de volver a encontrarte.
       - Puede que sea su destino, no tener una vida propia sino proporcionársela a los demás. Un destino de escritor, llegar a la luna sin salir de un apartamento pequeño-burgués, como el célebre caso de Julio Verne.
         - Hubiera sido mucho más bonito que nuestro encuentro se hubiera producido de una forma casual, sin que lo hubieran forzado circunstancias externas.
         - Las cosas hermosas no suelen ocurrir en este mundo más que en los sueños, o en ese remedo de los sueños que es el cine. Lo más probable es que si nos hubiéramos cruzado por la calle ni nos hubiéramos reconocido.
      - ¿Quién sabe? Podría haber ocurrido un accidente, un simple tropezón en una baldosa de la acera levantada que nos hubiera dado motivo para hablar y llegar a través de la conversación a reconocernos… Sería muy divertido jugar a algo así. Hacer un paréntesis con cuanto nos sucedió desde anoche, no quedar citados para continuar nuestra charla en un lugar determinado ni a una hora concreta, sino dejar que sea el azar quien realice el trabajo.
       - Veo que sigues amando el juego como en los viejos tiempos en que formasteis el grupo.
        - Me siento como renacido y con muchas ganas de vivir. Sí, tú no tienes que hablarme para nada ni de la novela ni de que te proponía hacerme una entrevista, sólo formularme preguntas referentes a mi pasado, lo que es natural en dos personas que llevan una larga temporada sin tratarse. ¿De acuerdo?
         - De acuerdo con reservas, siempre quiero tener la posibilidad, en caso de que el azar no quiera colaborar con la labor que le vamos a asignar, de telefonearte y concertar una cita en firme para otro día, porque no olvides que este es mi trabajo y que tengo que acabar de escribir el artículo si no quiero perder mi empleo.
        - Supongo que el destino no tendrá ningún inconveniente en que se le haga alguna pequeña trampa en caso de extrema necesidad, pero estoy convencido de que no será preciso, para eso tenemos la comunicación telepática, para que cada cual dirija los pasos del otro hasta coincidir en un punto de reunión.
           - No creo que yo esté dotada de esos poderes extrasensoriales.
        - Según afirman los expertos en mayor o menor grado los poseemos todos, lo que pasa es que son muy pocos los que intentan ponerlos en práctica. ¿A partir de qué hora te quedarás libre?
         - Esta tarde tengo que pasar al papel algunas anotaciones que he ido guardando “in mente”, luego está la cena de los niños, dejar dadas instrucciones a Marina… pongamos que a partir de las ocho y media.
         - Acotaremos un poco el terreno para facilitar el encuentro, entre Colón y Cibeles pasa al cabo del día medio Madrid.
         - Perfecto. Mira por allí viene un taxi. ¡Hasta luego! -y le besé en la mejilla antes de salir corriendo a parar el automóvil. “Si es que es cierto que funciona eso de la telepatía”, pensé para mí.
         - ¿Te podía haber acercado hasta tu casa! -le oí gritar mientras me metía en el taxi.

         Miré hacia atrás cuando el vehículo se puso en marcha. Pepe se iba haciendo pequeño, diminuto, me lo imaginaba con un gorrito blanco de cocinero sobre la cabeza entre rojos autobuses de dos pisos empujando un carrillo humeante por las calles de Londres.

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