martes, 2 de abril de 2013

Entrevista Segunda - Capítulo 12



CAPÍTULO 12

         Las ovejas pastan por el ribazo. El suelo es árido pero aún quedan algunas matas de hierbas por aquí y por allá. El pastor es un hombre enjuto, seco y de baja estatura, que lleva la negra boina calada hasta las cejas. Se ha sentado sobre un gran bote de hojalata. CONSERVAS ARAGONESAS, se puede aún leer en las grandes letras medio borradas por el sol y la lluvia, junto a la estampa de unos tomates con forma de pera que parecen berenjenas verdes, pues también se ha perdido el color original de la litografía. Hay muchos raíles, todos iguales y paralelos que se pierden a izquierda y derecha. El hombrecillo está a gusto a la sombra del muro de la gran factoría. Sabe que allí dentro se fabrican esos ruidosos vehículos que traquetean sobre las vías y asustan a su rebaño. Es una suerte que hoy se encuentren de huelga los obreros, así no se espantaran sus ovejas y podrán aprovechar los hierbajos. El perro, un podenco deslustrado, ladra a un nítido cielo azul blanquecino en el que no se vislumbra ni una nube y viene a cobijarse entre las piernas de su dueño. En un cartel puesto sobre la puerta de madera pintada de verde oliva pone FACTORÍA VILLAVERDE.


         - Lo que me continúa extrañando es que hubieran conseguido hacer las paces después del follón de París.
     - Nunca se puede hablar de una paz absoluta, era una sucesión de continuos armisticios. Estaba claro que la armonía de antaño, en el supuesto de que alguna vez hubiera existido, estaba rota por completo.
         - Luego reconoces que la armonía pudo haber sido un mito más.
         - Puede que sólo fuera una especie de referencia para tener algo que añorar que nos uniera; no, no se trataba de un paraíso perdido sino de uno imaginado, de un espejismo. Tampoco hubo demasiado tiempo para saber si la armonía hubiera podido ser duradera. La banda en la que cantaba Cristal tenía una gira de actuaciones por diversas partes del país para presentar su disco, una gira, que dicen en su argot, y yo los acompañé para ayudarlos a montar los escenarios. Fue un verano tremendo, siempre de un lado para otro sin descanso, cruzando la geografía nacional en cien sentidos distintos. Una de las actuaciones fue en Valladolid, la ciudad natal de ella, y me presentó a su familia y los caí muy bien, lo que no era de extrañar porque entre tanto melenudo desaliñado debía de parecer un chico modelo. En fin, Cristal también acabó la gira agotada y la convencí para que dejara la banda aunque sólo fuera por una temporada. Nos fuimos a vivir a Valladolid, donde ella tenía conocidos que nos podían proporcionar trabajo, pero su familia, a pesar de que su padre era sindicalista de toda la vida, no tragaba con que ella y yo conviviéramos sin haber pasado por la vicaría, y tuvimos que arreglar los papeles a toda prisa.
         - ¿Cómo sentó a vuestros amigos ese asunto de la boda?
         - Les debió de parecer una actitud pequeño-burguesa, tanto a los míos como a los de ella, y reconozco que no deja de serlo, pero como en tantas otras  cuestiones el pragmatismo se impuso a la propia opinión. Tampoco hubo un rechazo muy tangible sino más bien una despreocupación. Luego, como la ceremonia se celebró allá tenían una magnifica disculpa para no asistir ninguno, aí que la ceremonia fue familiar.
         - Lo que te sentaría muy mal.
         - Pues sí, cómo no había de sentarnos mal a los dos, aunque teníamos cuestiones más importantes en las que pensar: había que montar el piso, buscar un trabajo estable, todas esas parafernalias que lleva aparejadas el matrimonio.
         - Pro todo fue bien.
        - Afortunadamente enseguida encontré curro en una academia de dibujo, y mi esposa, que ya estaba embarazada, daba clases particulares de piano en nuestro domicilio, pues a pesar de encantarla el rock había estudiado música clásica en el Conservatorio. Fue un periodo muy feliz, aunque no dejé de sentir una gran añoranza por esta ciudad: las exposiciones, las películas de estreno, el teatro… todo el ambiente en general, que cuando lo tienes que soportar a diario resulta enervante con tanto tráfico y tanta gente por todos lados, pero que se echa de menos cuando te falta.
         - Te comprendo muy bien, yo también he tenido esa experiencia. Somos urbanitas, y eso tara el disfrute de ambientes mejor adaptados a la escala humana.
         - A veces me escapaba de allí, aunque sólo fuera para un fin de semana. Para mí era como un balón de oxigeno respirar el aire enrarecido de la ciudad con todos sus humos y su toxicidad. No hacía grandes cosas, el simple viajar en un medio de transporte tan asqueroso como el metropolitano constituía para mí una aventura. En una de estas fugaces visitas a la capital vi por última vez a mi amigo Nando. Lo encontré en muy mal estado, tanto de salud como mental, parecía estar viviendo en otro mundo, y de hecho creo que ya moraba en un mundo personal que se había ido fabricando a su medida. En parte lo atribuí a la soledad, pues a la sazón Charo y Fonso ya vivían juntos y habían montado una librería en sociedad con los santiaguinos.

         “Fonso ya le había advertido que su mutuo amigo se apartaba cada vez más de cuanto le rodeaba pera adentrarse cada vez con mayor intensidad en el infernal mundo de la creación. No obstante fue bien recibido por el músico.
         - ¡Cuánto tiempo sin vernos!, ¿qué tal os va? -le preguntó Nando con afabilidad.
         - Muy bien, aunque llevo una existencia mediocre dedicándome a la enseñanza soy feliz con mi esposa, es una forma de vida diferente.
         - Se te ve más gordo, señal de que el matrimonio te sienta a las mil maravillas.
      - Se puede aguantar, la sociedad acaba por imponerse al individuo y hay que someterse a ciertas sevicias. Dentro de poco voy a ser padre.
         - Eso está muy bien, es lo único que te falta para completar el perfecto cuadro de familia, un rorró en pañales entre tus brazos.
         - No tienes ninguna necesidad de ser mordaz. Sé muy bien que este no es el modelo de vida que imaginaba hace tan sólo unos pocos años., la bohemia con sus diversiones y su continuo movimiento me parecía algo ideal, pero después de la crisis nerviosa me lo tuve que replantear con seriedad y analizar cuidadosamente que era lo más conveniente para mi equilibrio.
         - Perdona si con mis palabras he herido tu susceptibilidad, no era esa mi intención. De veras que tienes un aspecto muy saludable.
         - Siento no poder decir lo mismo respecto del tuyo. Te encuentro muy demacrado y mucho más delgado, y eso que nunca te has caracterizado por la robustez.
         - Es que yo no tengo una linda mujercita que me cuide.
      - Si no la tienes es porque no has querido. Todas las damiselas estaban siempre ronroneando a tu alrededor, sólo tenías que haber estirado la mano para haber escogido la que mejor te conviniera.
      - Ninguna valía lo suficiente para dedicarme a ella con exclusividad. Por cierto, Miriam tuvo una niña preciosa.
         - No sabía nada de que se hubiera casado.
         - Continúa soltera por el momento.
         - ¿Quién es el padre?, ¿viven juntos?
         - Ella sigue viviendo con su familia y la personalidad del padre pertenece al secreto del sumario -sonrió Nando, dando a entender con la inflexión de su voz más de lo que decían sus palabras.
         - ¿Tal vez tú mismo?
         - Por el momento es sólo suyo y del Espíritu Santo. Como ella es tan católica tiene acceso a ciertos milagros.
         - No bromees con esas cuestiones tan sagradas, la paternidad es un asunto muy serio.
         - Y la maternidad también, ¿continúa tu esposa dando chillidos por los escenarios?
         - No, lo dejó hace ya tiempo, poco antes de casarnos, a mí tampoco me agradaba que permaneciera en esa profesión.
         - Hombre, ser soprano, por ejemplo, es una profesión muy digna y muy importante, alguien tiene que cantar lo que componemos los músicos. Claro que no es lo mismo cantar que pegar gritos.
         - Ella sabe cantar muy bien y tiene una voz muy agradable, aunque no un registro muy amplio de tonalidades, además estudió música en su juventud y en la actualidad está dando lecciones de piano particulares, de piano clásico -recalcó Ernesto.
        - Formáis una familia de maestros muy completa, las futuras generaciones de artistas os tendrán que estar profundamente agradecidos.
         - No te rías de mí, por favor. Ya sé que tu sigues en la brecha y que los demás hemos abandonado la lucha, pero la situación se impone muchas veces a los propios deseos.
         - No te reprocho nada, es el signo del tiempo presente y tú estás dentro de él. Unos buscaban la revolución mediante las convulsiones políticas mientras que otros lo hacíamos a través del arte, y de todos los esfuerzos realizados lo único que se ha conseguido es habitar sobre una mancha de aceite inmóvil, el reposo de los guerreros será largo y feliz. ¿Cuánto tiempo hace que no sale de tus manos una escultura?
         - Era demasiado duro para mí, sabes muy bien que aunque mis esculturas tenían una cierta calidad no llegaban a ser genialidades, y me dejaba la vida en su realización, el esfuerzo creativo tuvo mucho que ver en la célebre crisis… Sin embargo mis manos son más hábiles que antes, dibujo mucho y hago cerámicas, y tengo una mayor confianza en mis propias posibilidades. Corrigiendo a los muchachos se aprende mucho. Si tienes por ahí una hoja de papel te haré un retrato mientras seguimos conversando, siempre llevo encima varios lapiceros.
        - Desde que se fue Fonso aquí sólo queda papel pautado, pero puedes utilizarlo. Toma -y le entregó algunas hojas que recogió de encima del piano.
         - No sé si…
         - No te preocupes, es un papel como cualquier otro. Tú dibuja con tranquilidad.
         - Está bien, ponte cómodo y no te muevas mucho.
       Nando se arrellanó en un sillón, encendió un cigarrillo, se cruzó de piernas y prosiguió con su tema.
          - El poeta ya tiene ahora bastante con vender libros.
         - La poesía no le da a nadie para comer. Su otra alternativa hubiera sido dedicarse a la enseñanza y no tiene madera de pedagogo, o al menos eso afirma él -mientras hablaba su firme pulso iba trazando rasgos seguros sobre el papel.
       - La música tampoco produce una gran compensación económica, a no ser que te vendas y te dediques a hacer cosas facilonas y comerciales, o a dirigir orquestas para sordos, pero la compensación espiritual es inconmensurable. Si no pudiera componer la música que deseo la vida carecería de sentido para mí.
         - Si he serte sincero durante algún tiempo consideré que lo tuyo era una simple postura snobista, un montaje para hacerte más reseñable para los demás sin nada sustancial que lo respaldara. Pero los hechos me obligan a reconocer ante ti el profundo error en que me encontraba.
         - Tampoco estabas tan equivocado. Es cierto que en un principio no me tomaba mi profesión muy en serio, me gustaba la música desde pequeño porque es agradable y te ayuda a soñar, pero me quedaba en la superficie. Me surgían temas en la cabeza y me limitaba a desarrollarlos sin conseguir nada digno de perdurar, mucha floritura y poca sustancia. Tal vez era una cuestión de aprendizaje, en cuanto eres capaz de armonizar te quedas deslumbrado y piensas que has conseguido una maravilla. Más tarde vas alcanzando capacidad crítica y ya no te agrada nada de lo que haces, te parece todo trivial y frívolo, y te exiges más, cada vez más en pos de una perfección que sabes que es imposible de aprehender, que siempre se encuentra un paso más allá de aquel al que tú has llegado, pero que te reta a seguir avanzando y te obliga a caminar, a seguir su diabólico juego. Y un día llegas a la conclusión de que tu vida, mejor dicho, lo que le da su pleno sentido a tu vida es esa tensión existente entre lo que puedes y lo que te exiges.”

          - Pensé que ese pasaje era literatura, una forma de ensalzar la autora a su amor tan trágicamente desaparecido.
         - Pues no, tal vez se quedó corta en cuanto al dramatismo con su descripción. Resulta impresionante ver a una persona tan adentrada en sí misma. Palpar el sufrimiento reflejado en su rostro y saber que es esa su manera de ser feliz, de sentirse realizado.
         - Sin duda el dibujo que le hiciste en esa última visita es el que aparece en la portada de uno de los álbumes que se publicaron póstumamente.
            Sí, para ser exactos del que se publicó con motivo del homenaje a los pocos meses de su muerte; lo elegimos porque conseguí dar con la expresión que tenía Nando en las fechas que precedieron a su óbito.
           - En efecto que resulta impresionante su expresión -afirmé.

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