jueves, 28 de febrero de 2013

Entrevista Segunda - Capítulo 4



CAPÍTULO 4

         Se han vaciado ya dos o tres litronas de cerveza. Hace horas que se apagaron las luces del Teatro Español, pero la noche es calurosa y no apetece marcharse a casa. A uno de los muchachos se le ocurre encaramarse sobre la estatua de Calderón y las chicas apoyan su idea. El otro amigo intenta hacerle desistir de su loca idea, pero no le hacen caso y termina por ayudar al colega a conseguir su propósito, al fin y al cabo “Todo en la vida es sueño y los sueños… sueños son”. Una vez arriba resbala y quiebra la pluma de piedra de la escultura. No se rompe la crisma de puro milagro, y los cuatro se alejan riendo y pasándose la piedra de mano en mano como si hubieran conseguido un trofeo al que transformar en talismán.

         La promesa quedó en el aire y no me arrepentí de haberla hecho porque Ernesto se mostró más locuaz.
         - Aparte de que nuestra presuntuosidad fuera manifiesta también hay que reconocer que en el fondo teníamos una buena dosis de autenticidad y, además, nuestras ideas no carecían de entidad. Cuando esculpía lo hacía poniendo en ello los cinco sentidos y me dejaba la piel en el trabajo. Y mis compañeros obraban cada uno en su campo de creatividad de una forma similar. Por ejemplo, Fonso y sus poemas, éstos podían tener una factura aleatoria pero respondían a un pensamiento muy elaborado. Recuerdo que en esta misma cafetería tuvimos una larga discusión sobre el tema y me dejaron muy convencido sus tesis. Estas venían a ser que la poesía había dejado de tener sus propios fundamentos, se había transformado en un ente profesionalizado y preciosista dejando de ser la libre expresión de un alma que tiene la imperiosa necesidad de cantar sus sentimientos al haber sido deslumbrada o herida por algo o alguien, y me puso algunos ejemplos extraídos del romancero popular, recitándolos con su gracejo tan particular. Bien, decía él, pues ahora los valores intrínsecos del sentimiento son lo que menos importa y todo se queda en un preciosismo de orfebre, los que escriben poesía con el fin de publicarla se imponen una jornada laboral como si de una cadena de montaje de automóviles se tratara su actividad. Y por eso prescindía él de las palabras como vocablos de un idioma y de las frases inteligibles, y construía sus poemas con otros inventados y sin significado alguno: si de cualquier forma nadie va a entender lo que le intentas comunicar porque la costumbre los ha atrofiado el sentimiento dales tan sólo el sonido y que cada cual se imagine lo que mejor le parezca. Una postura similar a la de los pintores abstractos.
         - Sí, pero considerar que eso es poesía o pintura…


         - Y, ¿por qué no? Están realizados por hombres con la intención de comunicar algo importante a sus semejantes, sensaciones o sentimientos que ellos también tienen. Lo mismo que un montón de tierra de dos metros por medio perdido en un bosque es un monumento funerario, aunque muy elemental es una huella humana que deja constancia del respeto que unos humanos han tenido por otro dándole sepultura. Antes las gentes ante un túmulo que se encontraran por el camino se paraban, se descubrían y musitaban una oración. El gran error está en no darse cuenta de que quien tiene los sentimientos atrofiados también tiene la imaginación capada. La sociedad se ha vuelto miserable en el rango y la ordenación de sus valores, y por ello la cultura que la representa tiene que ser mezquina por fuerza. El mercantilismo lo invade todo y… no era de extrañar que todo cuanto intentábamos acabara en el más estrepitoso de los fracasos.
         - Por lo tanto cuando Thérèse escribe con referencia a la exposción y al concierto no exagera.
     - Es algo difernte, ella hace literatura, que en cierto modo es una forma de distorsionar la realidad, pero puedes estar segura de que aquellos dos actos fueron sendos desastres.

         “Divinas y sencillas formas en opinión de los componentes del grupo y sus aledaños. En la sala se encontraba una magnífica síntesis de las mejres creaciones artísticas contemporáneas. Aquel sótano estaba destinado a guardar en sus altas estanterías los fondos de la librería que se desarrollaba en la planta superior, pero con unos anchos pliegos de papel de estraza se habían cubierto los libros y formado paramentos lisos sobre los que se dispusieron los dibujos de Ernesto, las fotografías de Julián, copias ampliadas de los poemas de Fonso y hasta se había transcrito sobre un gran lienzo de más de dos metros cuadrados de superficie el comienzo de una sonata para piano de Nando con unas notas del tamaño de una pelota de tenis. Sobre unos cajones de embalaje, también revestidos de basto papel, se colocaron tres esculturas de Ernesto. La única nota discordante en el sótano acondicionado para sala de exposiciones la constituía un retrato de Carlos Marx, realizado en colores chillones tomando como base las isófotas de una rancia fotografía del barbudo pensador., pues no se había podido convencer al dueño de la librería para que lo retirara durante unos días mientras durase la muestra. Si tres asaltos de bandas de fachas provistos con cócteles de gasolina no le habían conseguido hacer renunciar de la muestra pública y hortera de sus ideas políticas no lo iban a lograr un grupo de incipientes artistas, por más labia que le echaran al asunto.
         En realidad aquello era un festival de Ernesto que era el único plástico de los presentes y que fue quien seleccionó las fotografías de Julián que había que exponer: retratos de los compnentes del grupo en solitario, por parejas o formando conjuntos, e instantáneas de algunas esculturas de Ernesto. A duras penas pudo Fonso convencerlo de que se colgaran algunas de las fotos realizadas en la Granja y del suceso desarrollado en Cibeles.
         Se hicieron programas, se enviaron a los medios de comunicación y a las amistades de cada uno de ellos, y el día de la inauguración sólo pasó por allí algún periodista despistado y una muchedumbre de jóvenes conocidos, estudiantes y artistas noveles como ellos, que tenían la esperanza de gorronear un hermoso refrigerio a su salud, y que cuando se percataron de la pobreza de éste transformaron sus falsas expectativas en críticas acerbas, aunque solapadas, a lo mostrado en el salón y a sus autores. La mayor alegría de la jornada la constituyó la recepción de un telegrama de su amigo Julián felicitándolos por sus actividades y agradeciendo que hubieran tenido el detalle de exponer algunas de sus obras.
         Pero su ánimo no decayó por la tibia acogida que tuvo la inauguración, y cuando consiguieron deshacerse de los más pertinaces plomazos marcharon contentos a un café a celebrar el éxito de haber logrado por lo menos inaugurar una exposición colectiva, y a planificar el concierto que tendría lugar al día siguiente…


         Soledad ante la muchedumbre era un sentimiento muy conocido y aceptado por el muchacho. Estaba en el vestíbulo, y de vez en cuando echaba una ojeada para controlar el aforo. El ver la sala tan llena de gente le intimidaba, le hacía reducirse de tamaño y sentirse un frágil insecto que cualquiera podría aplastar de un papirotazo. Y cada vez entraban más rostros desconocidos. Le acució el deseo de marcharse y dejar solo al músico, pero por encima de su miedo se imponía su fuerte sentido de la solidaridad. Todos estaban en la misma nave y si el concierto naufragaba estaba dispuesto a subir al escenario y compartir con el amigo la tempestad de silbidos o lo que viniese. No podía abandonar a su compañero por muy mal cariz que tomara la situación.
         - ¡Hola! -saludo Miriam a su abstraído amigo, que regresó en un cubo de limonada a la realidad.
         - El concierto está a punto de comenzar, ya pensaba que no ibais a llegar ninguno a tiempo.
         - Se trata tan sólo de un recital de piano -puntualizó ella.
         - Sí, pero no de un recital cualquiera, todos nos jugamos mucho en él.
       - No exageres -sonrió Miriam-, el recital es de Nando y sólo de él. Eso para empezar, y para continuar te diré que estoy muy descontenta con la forma en que se ha montado la exposición, las fotografías de mi hermano parecía que estaban de relleno, así que vamos a dejarnos de historias colectivistas…
         - Ayer no pensabas lo mismo, antes de la inauguración pensabas que todo estaba muy bien montado.
         - La evidencia me obligó a recapacitar.
         - Querrás decir el veneno que las lenguas viperinas han vertido en tus oídos.
         - Es que todo el mundo con quien he hablado sobre el tema ha llegado casualmente a las mismas conclusiones, y no pueden ser más desalentadoras.
         - De todas formas si has venido será por algo.
     - Te confieso que lo he dudado bastante, pero al fin y al cabo ya me había comprometido a asistir… y sé cumplir, no como otros que se limitan a hacer sólo aquello que es para su propio interés y beneficio.
         - ¿Por quién lo dices? -preguntó Fonso fingiendo inocencia.
         - Está muy claro y de sobra los sabes: por Ernesto.
       - También tú sabes que siempre llega tarde a todas partes, no sé si calificarlo de costumbre o de manía.
         - Cuando le interesa sabe llegar puntual, ayer estaba el primero.
        - Era natural, lo estuvo montando él todo, se pasó todo el día trabajando para que estuviera bien preparado -explicó Fonso.
       - Sí, encima el pobre muchacho es un mártir y habría que ponerle una medalla -ironizó Miriam.
       -Tampoco eso, a mí me molesta como al que más que todavía no esté aquí, pero discutiendo y mosqueándonos entre nosotros no vamos a sacar nada en claro.
         - La francesa tampoco ha llegado.
         - Bien que la pesa no poder asistir, hoy tenía vuelo.
         - Esa vuela mucho. Lo que pasa es que no soporta a Nando.
         - Tal vez sea cierto que no se caen muy bien, pero ella sabe poner por encima de sus rencillas particulares su sentido de colaboración con el grupo.
         - No hay peor ciego que el que no quiere ver.
      - No entiendo lo que pretendes decir, pero ya me lo explicarás más tarde. No es bueno que el público se impaciente y ya hace cinco minutos que debería haber comenzado el acto. Voy a presentar a Nando, tú espera un poco más a la pareja feliz y sentaros todos juntos, ya quedamos anoche que sería muy conveniente formar un poco de clá para animar las timideces.
         - Ya, ya, no te preocupes que vuestras órdenes serán cumplidas, mi general -e hizo un gesto con la mano que trataba de identificarse de una forma más bien cómica con un saludo militar.
         - No me lo pongas más difícil que ya estoy temblando como un flan y todavía no he subido al escenario.
         - No te preocupes y serénate, que voy a aplaudir con ardor tus palabras por muy inconexas o balbucientes que te salgan -y lo besó en la mejilla para darle ánimos.
         - Hacía siglos que no me besabas -comentó él.
         - No te lo merecías, tanto el protagonista de la velada como tú lleváis un cierto tiempo jugando a superhombres, y ya iba siendo hora de que os sintierais en alguna ocasión personas de carne y hueso.
         Fonso no supo que responder, tal vez su amiga tuviese razón, pero ya habría ocasión para pensar sobre ello con calma y detenimiento, ahora la obligación le reclamaba.
         - Ya discutiremos sobre el tema -dijo mientras entraba en la sala y se encaminaba hacia el escenario.
         - ¡Suerte! -le deseo ella, pero apagó su deseo el agudo sonido del primer timbre.
         - ¡Creí que no íbamos a llegar a tiempo! -jadeo la voz de Ernesto.
         - ¡Ya era hora! -se quejó Miriam mientras se besaban en las mejillas Lucía y ella.
         El segundo timbre hizo inaudible la disculpa de Lucía y los tres entraron en la sala de audiciones. Y cuando tras de sonar el tercero apareció Fonso en el escenario al lado del piano pudieron principiar un cálido aplauso que fue seguido con tibieza por la concurrencia.
         No fue larga la presentación y el improvisado locutor se sorprendió de su propio aplomo, no sólo hablaba con soltura sino que además tenía la suficiente capacidad de ánimo para analizar la reacción que producían sus palabras en el auditorio. El Público, contemplado desde el escenario no era tan abundante como le pareciera desde la entrada, pero ya era un triunfo que hubiera acudido tanta gente a escuchar la primera interpretación de una obra nueva compuesta por un músico novel.
         Desgraciadamente cuando terminó el recital no quedaban en las butacas ni la tercera parte de los comenzaron la audición.”

         - Y, en particular, lo sería para Nando.
       - Sobre todo teniendo en cuenta su carácter soberbio. Pero para ser justos con la realidad tampoco llegó a haber una estampida general, y hay que tener en cuenta que hay una considerable cantidad de gente que sólo acude a actos de este tipo por un mero afán de curiosear y tener algo que contar más tarde a sus mediocres amistades en las tertulias vespertinas. No obstante también afirmo que si maquino todo aquello nuestro amigo fue con el ánimo de lucirse todo lo posible.

martes, 26 de febrero de 2013

Entrevista Segunda - Capítulo 3



CAPÍTULO 3

         La mañana se vende en EL RASTRO. Allá podrás encontrar de todo cuanto se te ocurra imaginar, hasta un corazón de segunda mano en rebajas. La ribera de Curtidores se ha poblado de una fauna multicolor y el barullo y el griterío resultan agobiantes. Unos recitan sus mercancías y otros chillan sus ofertas, y el regateo parece un canto gregoriano entonado por monjes ebrios. Huele a incienso y a pachulí, a plástico quemado, a ropa enmohecida y a sótano cerrado, a ropa nueva y a sábanas tendidas al sol, a vegueros y a hachís… El general Vara del Rey rinde pleitesía a sus ancestros  morunos, y bajo un edificio de corte herreriano se extiende un zoco. Ojos foráneos hacen chiribitas ante la artesanía del cuero repujado: bolsos, cinturones, botas, carteras… y los vernáculos observan con delectación las pulidas carcasas de las cadenas musicales y los no menos pulidos muslos morenos apretados por mínimos pantaloncitos cortos. Huele a arrayán, a orgasmo y a jazmín, y se olvida que es la hora de la Misa Mayor.

         - El problema es que hoy en día se ha perdido el sentido de la heroicidad -continuó perorando Ernesto-, tanto en la vida real como en la literatura o en la cinematografía lo que está de moda es el antihéroe.
         - El asunto de los “sucesos” tiene un cierto halo heroico…



         “En la primavera restallante del Parque del Retiro la naturaleza cantaba su oda triunfante al sol que la hacía posible. Todo era paz y sosiego en la mañana dominical. La barahúnda ciudadana se encontaraba petrificada por la resaca de la noche anterior, aunque no tardaría demasiado en desperezarse e inundarlo todo con un aire festivo.

       - ¡Ya tenían que haber llegado! ¿Les telefoneaste antes de salir de casa? -se impacientaba Nando.

         - Claro que lo hice, y ya estaban levantados. Me dijeron que se pondrían en camino en cuanto se desayunaran -contestó Fonso.

         - Pues no lo entiendo -se desalentaba Nando-, ya es tardísimo y no aparecen por ninguna parte.

         - A lo mejor se han ido a ordeñar una vaca para que la leche del desayuno estuviera bien fresca -bromeó Miriam.

          - ¡Déjate de decir chorradas que no está el horno para bollos! -se irritaba Nando.

        - El caso es que hace frío -se lamentó Miriam-, en cuanto se nubla un momento y desaparece el sol se queda una destemplada. Debería haberme disfrazado de esquimal en vez de hacerlo de diosa griega, este peplo no abriga nada.

          - Presiento que va a cambiar el tiempo -pronosticó Fonso, por decir algo.

       - Lo que deberíamos hacer es dejar de hacer el pasmarote e intentar vender la revista, que es a lo que hemos venido, así nos moveríamos y entraríamos en calor -propuso Nando.

         - Pero por aquí no hay nadie, y si cambiamos de lugar corremos el riesgo de que no nos encuentren -advirtió Fonso.

       - Mira que es a veces pesado este Ernesto, parece que habita en otra galaxia -sentenció Miriam.

         - Se pasa media vida en las nubes porque como es tan alto le pilla muy cerca, pero no deja de ser un buen y abnegado compañero -reconvino Fonso.

         - Sólo que es incapaz de tener una mísera idea práctica. Las acciones para vender la revista han sido ocurrencia mía, y lo de la exposición y el concierto tuyas, pero él nada de nada -se quejó Nando.

         - Vive para sus esculturas - afirmó Miriam.

         - Y para refocilarse con su amiga, que tiene tan poco seso -como él.

        - Pues para tenerle tan sorbido el seso tiene que tener un magnífico sexo -hizo Fonso el chiste fácil y grosero.

         - En el fondo con todo vuestro progresismo no sois capaces de quitaros el machismo de la cabeza -se disgustó Miriam.

         - Perdona, chica, reconozco que ha sido un chascarrillo necio, pero tampoco es para ponerse así -se disculpó Fonso.


         Su amigo se puso a pasear de un lado para otro en una actitud sin sentido, como un preso en la celda, que sólo podía justificar el nerviosismo causado por la espera. Sus pasos lo retornaron junto a sus compañeros.

         - Hay momentos en que siento deseos de tirar la toalla.

       - ¡Qué no cunda el pánico! -exclamo Miriam levantando los brazos en una actitud teatral, y con su peplo al viento parecía una Palas Atenea arengando a unos extraños griegos de siglos futuros al de esplendor de la Acrópolis., pues Nando se había disfrazado del “Werther” goethiano, aunque sin respetar demasiado los colores tradicionales de la indumentaria del personaje, y Fonso con traje amplísimo de rayas verticales en la línea de Clay, el célebre atracador compañero de andanzas y de cama de Bonnie.

      - Lo que nos van a dar son los siete dolores como sigamos aquí parados como espantapájaros. Pongámonos en marcha hacia el palacio de Cristal y sigamos nuestro plan, cinco o tres es lo mismo para hacer el mayor de los ridículos o tener una actuación triunfal -propuso Nando.

         - Además hemos quedado allí con Thérèse a las once y casi son ya -advirtió Fonso constatando la hora en su reloj de pulsera, pues no había podido conseguir uno de cadena que fuera más en consonancia con su disfraz.

         - ¡Siempre Thérèse! -se lamentó Nando.

         - No hay que hacer esperar a las buenas amigas -ironizó Fonso.

         - ¡Mundo loco! -fue lo único que pudo exclamar su amigo ya harto de renegar una y otra vez de las alusiones a su fracasado lance con la azafata, y se puso a andar. Sus amigos le siguieron.

       Balanceando Fonso la guitarra dentro de su funda con una mezcla de desgana y decisión daba bastante bien el tipo de un Clay con una repetidora disimulada encaminándose hacia una sucursal bancaria propicia.

         Miriam se sintió feliz con el movimiento, y bailando lo tomó por un brazo y lo llevó hasta la altura de Nado, de quien también se colgó. La alegría de la muchacha acabó por contagiar a sus compañeros y los tres, unidos y risueños, llegaron hasta el precioso y recoleto estanque antesala del Palacio, donde ya aguardaba Thérèse y… ¡también Lucía y Ernesto!

         Sólo hubo tiempo para la sorpresa, porque al correspondiente a los reproches por la tardanza no dio lugar la pronta y tragicómica explicación que les relató Ernesto.

         Lucía y él acudían a la cita a los lomos de un ciclomotor cuando en las inmediaciones del parque la brusca maniobra de un mastodóntico autobús los había arrojado contra la acera. Afortunadamente fue sólo el susto y el minivehículo desbaratado. Luego de recobrarse y discutir un rato con el conductor del autobús habían considerado que ya era demasiado tarde para llegar a tiempo a la cita primitiva y buscándolos por todo el parque se habían encontrado con la amiga…

         -¿Estáis bien de veras? -se inquietó Fonso.

       - Nosotros perfectamente, pero la vespino ha quedado hecha un churro, y me la habían prestado, mejor dicho, se la habían prestado a Lucía…

         - La moto es lo de menos -reconvino Nando mientras palpaba las articulaciones de los hombros a la pareja-. ¿No os habéis roto ningún hueso?

         - Sólo tengo algunos arañazos en la pierna  y la media rasgada, pero me lo he pasado como nunca -decía Lucía en tono jocoso-. Fijaos que divertido, cuando os estábamos buscando nos acercamos a un aguaducho a preguntar, y le dice Ernesto a la mujer que servía allí: “¿Ha visto por aquí a unos muchachos que van disfrazados como nosotros?”, y ella le responde muy asustada: “La verdad, la verdad, le juro por mis muertos que en mi vida he visto a nadie con una pinta como la suya” -y Lucía estalló en sonoras carcajadas que fueron coreadas por sus amigos, que les palmeaban la espalda felices de que la desgraciada aventura hubiera tenido tan feliz término.

          Cuando se restableció la calma causada por la hilaridad general Miriam se puso muy seria y mirando con fijeza a los ojos de Ernesto le dijo:

         - ¡Ten mucho cuidado con las motocicletas que es posible que te traigan una gran desgracia!

         Pero ninguno de los presentes entendió que aquellas palabras constituyeran una premonición, y pensaron que se trataba de una broma a la que daba pie su disfraz de pitonisa griega, por lo que rieron la frase haciendo imposible que Miriam pudiera insistir sobre el tema.

        Y sin más se dispusieron a organizar el suceso proyectado, que consistía en la lectura de un poema fonético de Fonso con acompañamiento de música ruidística a cargo de sus compañeros. Los paseantes domingueros se detendrían a contemplar el sonoro y singular espectáculo y se aprovecharía la oportunidad para intentar vender las revistas.

          Unos inconexos rasgueos de guitarra por parte de Thérèse prologaron el comienzo y nando se puso a hacer grandiosos aspavientos en ademán de estar dirigiendo a una nutrida orquesta sinfónica, pero era tan exagerado en su accionar que parecía estar intentando mover a todo un cuerpo de ejército acorazado. Mas apenas si algún que otro despistado viandante se detenía acuriosear de qué iban aquellas extravagancias cuando comenzó a caer un chubasco de mucho cuidado y todos corrieron despavoridos a buscar refugio en el atrio del Palacio de Cristal, que en un momento quedó repleto de un variopinto conglomerado de personas de todas las edades y condiciones. ¡Aquella era una excepcional ocasión de tener un nutrido y fiel auditorio incapaz de desertar por muy desagradable que les resultara lo escuchado, y además la obra sería refrendada por el fragor de la tormenta!
         Se distribuyeron los papeles:


         Solista………………………………………………Fonso

         Guitarra desafinada…………………………Thérèse.

         Bote de cerveza lleno de arena……… Ernesto

         Coros……………………………………………… Miriam, Lucía, Ernesto y, a destiempo, Thérèse 

         Dirección…………………………………………Nando

         Ambientación……………………………………Lluvia torrencial,                                                                                         imprecaciones varias,

                                                              llanto de bebés,

                                                              cuchicheos abundantes y                                                               truenos a discreción.

          Y dio comienzo la ODA A LA NATURALEZA:

         Solista:                ¡Acrapuntala, acrapuntala!
                                     Acrapúntala basa isostobolo
                                     Bela bela vega isaín
                                     Pia sia vega incrimiane, incripiane
                                     Seaboleva mea cansito ega prisí
                                     Vengasulaba pio sí
                                     Pluga sí
                                     Troncocogano tuuuuuuuuuuu asebí
                                     Encofago prisque mise jon

         Coro:                    jon jon jon jon jon

         Solista:                 Bila ise priscisite jápita
                                     Megasiltulgábico encicimeno ¡oh!
                                     Contriestrulabaje malaba sua ¡oh!
                                     Concicolapelimé
                                     Acanamamé encociaidobise
                                     ¡amila! peri ¡amila!

         Coro:                    jon jon jon jon jon

         Solista:                 Bila ise prabicoli encomi
                                     Aba enia aba sucati

         Coro:                    conk cont cab conk
                                     jon jon jon jon jon

         Solista:                 Incamisale usa perisamicride
                                     Tula prensanosolibo o sí
                                     Parlamiside aciamopridate
                                     Oncomolasolivime asulu

         Coro:                    asulu asulu asulu
                                     conk cont cab conk
                                     jon jon jon jon jon

         Solista:                ¡Asibilami encisatelemano!
                                     Encosibolosone acrisimuselo
                                     Encomianolecatroposefucolu
                                     Enmi baku
                                     Enmi baku
                                     Asulu asulu asulo

         Coro:                    conk cont cab conk
                                     jon jon jon jon jon
                                     achulu asulu achupé

         Solista:                 ¡Amila, ¡oh!, amicridecitebide!
                                     ¡Ay, enfg, amila!
                                     Incidate amila

         Coro:                    enmibaku enmibaku
                                     Asulu asulu asulu

         Solista:                 Ancribizolo amila

         Coro:                    enmibaku enmibaku
                                     Asulu asulu asulu

         Solista:                Encopisile acubara

         Coro:                    enmibaku enmibaku
                                     Asulu asulu asulu

         Solista:                 Encopisile mecabrisófolo
         Coro:                    enmibaku enmibaku
                                     Asulu asulu asulu

         Solista:                 Conk cont cab conk
                                     Jonc jonc jonc jonc jonc
                                     Aaaaa… aaaaaaaaaaaaaaaaaaí

         Coro:                    enmibaku enmibaku enmibaku
                                     asulu asulu asulu
                                     jonc jonc jonc jonc jonc
                                     conk cont cab conk
                                     í.
         Hubo algunos tibios aplausos dados sin demasiada convicción, muchas miradas de fastidio y la venta de unos pocos ejemplares de la revista.

         Al fin se calmó la lluvia, el sol alumbró de nuevo el parque y todos se sintieron un poco más libres.”
 
         - Tan sólo era un juego.
         - En plena dictadura aquellas actividades debían de tener un cierto riesgo. Gente disfrazada cuando estaban prohibidos hasta los carnavales, cantos extraños en las calles…
         - Nosotros también pensábamos entonces que aquellas demostraciones eran algo más que un entretenimiento, que contribuirían a provocar un cierto tipo de hecatombe. Éramos demasiado presuntuosos para reconocer que lo nuestro no era más que una gota de rebeldía en un océano de aburrimiento. Era el tedio lo que producía que la gente se inventara juegos, nosotros jugábamos al arte, otros jugaban a la política. ¿A qué lo hacías tú por aquellas fechas?
         - A ser madre. Estaba bastante entretenida con el embarazo de mi primera hija.
         - ¡Ah!, pero tienes hijos -se sorprendió Ernesto.
         - Tengo edad para ello, ¿no?
         - Sí, desde luego, pero no imaginaba yo… en fin, es muy natural. Me había formado una idea extraña y equivocada…
         - Pues sí, tengo tres. La verdad es que me puse a jugar a ello demasiado pronto y… Pero la entrevistadora soy yo.
         - Tus lectores tenemos de alguna manera un derecho a conocer algunas cuestiones referentes a tu vida personal.
         - Tal vez en alguna ocasión me decida a escribir algún artículo autobiográfico. Por lo demás mi existencia ha sido bastante trivial, y no creo que mereciera la pena.
         - Para los que te admiramos sería muy interesante, y ya podrías adelantar algo para uno de los más apasionados.
         Lo cierto era que me encontraba muy a gusto y me apetecía hablar con alguien de mis problemas, pero ¿tenía delante al interlocutor apropiado?
        - Tal vez más tarde, apenas si hemos comenzando la entrevista y tengo muchas dudas sobre cuestiones referentes al libro que espero que me ayudaras a aclarar.
         - Te tomo la palabra, luego hablaremos sobre tu vida personal.